domingo, 1 de junio de 2025

Xavier Fàbregas, experto en adicciones: "Una persona que tiene fobias anticipa el sufrimiento, usando el recuerdo de una mala experiencia para crear una sensación constante de peligro"

LAURA VILLANUEVA      |     lavanguardia.com       |      19/05/2025


 “Las fobias son respuestas irracionales que limitan la vida cotidiana, creando un ciclo de miedo y evitación que refuerza el problema”

Las fobias son una manifestación específica de la ansiedad que afectan de manera directa a la conducta de quien las padece. Se caracterizan por un miedo intenso o irracional hacia objetos, situaciones o seres que, en la mayoría de ocasiones, no presentan un peligro real. Esta reacción, en ocasiones desproporcionada, lleva a una persona a modificar su comportamiento con el fin de evitar aquello que le genera angustia, aunque interfiera en su vida cotidiana. Por ejemplo, alguien con fobia a los espacios cerrados podría negarse a usar ascensores, incluso si implica subir numerosos espacios o perder oportunidades laborales.

Las fobias, de manera característica, lo que hacen es anticipar un sufrimiento que aún no se ha producido 

Aunque evitar esas situaciones puede parecer una solución momentánea, refuerza el miedo y limita la autonomía y bienestar. Así lo explica Xavier Fàbregas, psiquiatra y experto en adicciones, en esta entrevista. “Una fobia sería, de alguna manera, la exacerbación de lo que llamamos vulgarmente una manía, algo que no nos gusta, nos incomoda, pero que adquiere una intensidad difícil de manejar”. Lo más llamativo en las fobias es que el malestar o la incomodidad provoca que cuando una persona piense en ella, tenga una estrategia mental para evitar enfrentarse a ello. Y, por tanto, depende cuál sea su fobia, se limita su vida. 

“Y las fobias, de manera característica, lo que hacen es anticipar un sufrimiento que aún no se ha producido, utilizando, en este caso, el recuerdo de una mala experiencia anterior. Lo que te ha pasado antes lo extrapolas a todas las situaciones posibles, y en lugar de verlo como algo concreto de ese momento, piensas que te va a suceder cada vez que estés frente a aquello que te da miedo. Por tanto, se genera un montaje, un constructo mental, que va en la dirección de decir: “No puedo, no puedo, no puedo”. Y así comienzan esas maniobras evitativas, que son precisamente las que terminan por cronificar las fobias”. 

Diferencia entre miedo y fobia

El miedo es una cuestión reactiva que se produce cuando está pasando algo que provoca una reacción corporal. En cambio, la fobia, hace que una persona piense que se puede producir. No es una reacción a algo concreto, sino un tema que se escapa por la imaginación. “Hablamos de angustia y ansiedad. La angustia es una cuestión reactiva que percibimos como estresante, pero la ansiedad lo que hace es reproducir las dos reacciones habituales ante un peligro: la huida y la lucha. Por tanto, todas las reacciones de una crisis de ansiedad serían reacciones corporales dirigidas a mejorar nuestra capacidad de sobrevivir, porque serían factores facilitadores de esa huida o de esa lucha”, apunta el experto. 

Por ejemplo, en una crisis de ansiedad se produce una dilatación de las pupilas, se tensa la musculatura, el corazón bombea más rápido, la respiración se hace profunda para captar más oxígeno, la piel se pone más blanca... Todas, reacciones dirigidas a mejorar la posibilidad de sobrevivir. Además, son multiorgánicas porque dependen de la liberación de tres hormonas: la adrenalina, noradrenalina y el cortisol. “Son sustancias que se liberan y se agotan, duran 15 minutos”. 

Con las fobias, se genera un montaje, un constructo mental

“Y esto lo contraponemos a lo que llamamos angustia, que no es un proceso físico como la ansiedad, sino que es un proceso mental. Es la anticipación de una situación negativa, que ya has vivido anteriormente y que nos alerta, se va haciendo como un constructo mental, como un pensamiento circular, obsesivo, pensando en qué puede pasar”. Si lo enfrentas puede ir bien o mal, pero si lo evitas queda como tarea pendiente y con el tiempo puede ser invalidante. 

Frente a esa evitación que puede volverse invalidante con el tiempo, el tratamiento de las fobias ha evolucionado más allá de la clásica exposición directa. Existen técnicas conocidas como exposiciones controladas, que permiten que la persona “viva la experiencia de algo que le da mucho miedo y lo haga de forma progresiva, paulatina”, aprendiendo a controlar poco a poco sus reacciones corporales. 

Además, en los últimos años se han incorporado nuevas herramientas tecnológicas, como la realidad virtual. Gracias a ella, “una persona que tiene miedo a las alturas, en vez de subirse a una azotea, puede usar unas gafas 3D que reproducen de manera bastante fiel esas situaciones”. Incluso se recrean situaciones clásicas, como el uso de un ascensor, primero con una réplica falsa y luego en uno real, siempre de forma gradual: “al principio acompañado del terapeuta, después solo, subiendo uno o varios pisos”, para que la persona “se demuestre que controla esas historias”. Estas técnicas permiten realizar un entrenamiento emocional desde un espacio contenido, reduciendo el sufrimiento y aumentando la eficacia del tratamiento. 

viernes, 30 de mayo de 2025

Isabel Rojas Estapé: "Somos una generación de personas intolerantes al dolor y adictas al placer"

 JOSÉ ANTONIO MÉNDEZ      |     eldebate.com      |      05/04/2025      

 

La psicóloga y periodista, hermana de Marian Rojas, enseña en su último cuento cómo gestionar la rabia y el dolor para evitar que los niños somaticen

Conoce de primera mano situaciones dolorosas, incluso intentos de suicidio o enfermedades crónicas, porque pasan por su consulta del Instituto Español de Investigaciones Psiquiátricas con nombres, apellidos e historias concretas. Por eso, cuando la psicóloga y periodista Isabel Rojas, hermana e hija de los psiquiatras Marian Rojas Estapé y Enrique Rojas, habla de cómo gestionar las emociones, no lo hace de oídas ni desde teorías manidas, sino con elementos de probada solvencia que ayudan a las familias a vivir mejor.

 Prueba de ello son la saga de cuentos de Neurita, la neurona exploradora, que está publicando en Planeta, y cuyo tercer volumen, Hay fuego en mí, acaba de ver la luz. En este caso, para mostrar cómo gestionar la ira, las rabietas y los enfados, que tanto descolocan a los padres como a los hijos.

 – ¿Por qué es importante que los niños conozcan y validen emociones en apariencia negativas, como la tristeza o la ira?

–Porque si las conocen, pueden aprender a gestionarlas. Si una persona no conoce sus emociones, es imposible que pueda superarse, educarse o gestionarse. Pero si el niño detecta una emoción, puede decir: «Yo sé que ahora estoy triste y me duele el corazón, y cuando estoy triste puedo hacer tal cosa para evitarlo». Nosotros decimos mucho que comprender es aliviar, pero para comprender, tengo que entender qué me pasa, y para entender qué me pasa, tengo que reconocer qué estoy sintiendo. Conocer mis emociones me ayuda a gestionarme y a vivir mejor.

 – Por lo que ve en consulta, ¿sabemos los padres reaccionar (bien) ante una rabieta o un momento de tristeza?

– Muchas veces, no. Por eso, de corazón, creo que este libro es el que más puede ayudar a los padres. Ten en cuenta que, al niño, por la evolución de su cerebro, hasta los 8 o 9 años, le cuesta muchísimo posponer las recompensas. Antes de esa edad, el niño no busca recompensas, sino que necesita cubrir necesidades: tengo sed y bebo, me hago pis y tengo que ir al baño, tengo sueño y me duermo… Pero, a partir de los 7, 8 o 9 años, va a aprendiendo a controlar sus necesidades: empieza por el control de esfínteres y termina controlando el resto de apetencias. Y aquí es donde entra la familia.

Vivimos en un mundo en el que nos cuesta cada vez más que las cosas no salgan como uno quiere

– ¿Por qué?

– Porque vivimos en un mundo en el que nos cuesta cada vez más que las cosas no salgan como uno quiere. Hoy, a los niños les cuesta cada vez más gestionar la frustración, y es muy importante que las nuevas generaciones no vivan tan de la recompensa instantánea como nosotros.

– Pero si los niños tienen tan poca tolerancia a la frustración, ¿no será responsabilidad de los padres?

– Es una responsabilidad compartida socialmente. Vivimos en una bulimia de actividad constante, en la que ni siquiera somos conscientes de las necesidades que tenemos, porque ya las tenemos cubiertas. El otro día me decía una mamá: «¿Oye Isabel, ¿Qué me puedo pedir por mi cumpleaños? Porque no sé qué pedirme». Y me impactó mucho, porque demostraba que es una persona que no tiene necesidades que cubrir, que no necesita nada importante. Y eso lo estamos trasladando a los hijos.

– ¿Cómo pueden, entonces, salirse los padres de esa corriente, para salvar también a sus hijos?

– Tenemos que acostumbrarnos a tener más el «no» en la boca… pero empezando por nosotros mismos: no me compro esto, y no porque no tenga dinero, sino porque en realidad no lo necesito. Necesitamos apreciar el valor liberador de las pequeñas renuncias, como posponer cosas en el día a día, o aprender a tolerar un poco de dolor. Nos hemos convertido en una sociedad de personas que somos intolerantes al dolor, porque somos adictos al placer. Y estamos criando así a nuestros hijos.

Necesitamos aprender el valor liberador de las pequeñas renuncias

– Pero usted es psicóloga, y ayuda a aliviar el dolor de muchísimas personas…

– ¡Por supuesto! Pero es que no me refiero a soportar enfermedades o a vivir mal, sino que, igual que cuando me duele la cabeza me tomo rápidamente un ibuprofeno en lugar de hidratarme bien o cambiar de postura, también me resulta insoportable que la profesora me ponga mala cara o mi pareja no me escuche como quiero. Luego vemos en niños que, como no soporto la frustración, me enfado mucho si mi madre no me deja tomarme una galleta, o percibo como un dolor que mi amiga no me haya hablado como yo quería.

– Esa «intolerancia al dolor», ¿qué efectos nos produce, si tenemos en cuenta que el dolor es parte de la vida?

– Esa intolerancia al dolor, en la que estamos cada vez más, nos está deformando. Nos está convirtiendo en personas emocionalmente volubles, nos cuesta relacionarnos, nos cuesta crecer en madurez, nos cuesta conectar con los demás.

– ¿Y cómo puede un cuento ayudar a solucionar un problema semejante?

– Cada uno en su pequeña parcela puede hacer mucho más de lo que cree. A corto plazo, lo que a mí me gustaría es que los niños aprendan a gestionarse, y que los padres les ayuden a hacerlo, compartiendo tiempo juntos. Y que les ayuden a uno y a otro a saber que el «porque sí» o el «porque no», no sirven. Lo que sirve de verdad es conocerse, porque eso me permite salir de ese momento malo. A largo plazo, espero que los niños que ahora leen este cuento, dentro de unos años, puedan decir: «Sé que esto me está frustrando, sé que me estoy enfadando por esto o por lo otro, y para salir de esta situación tengo herramientas».

miércoles, 28 de mayo de 2025

Ainhoa Arruabarrena, psicóloga: "Si un adolescente quiere ir al gimnasio, hay que preguntarle que para qué"

 ARANTZA RODRÍGUEZ     |   Bilbao   |     deia.eus   |      06/04/2025      


Que diga que es “para tener un cuerpo en concreto o para perder peso” es una “señal de alerta”, afirma esta profesional

 

Más allá de si un chaval quiere hacer abdominales o levantar mancuernas, Ainhoa Arruabarrena, psicóloga de la Asociación contra la anorexia y la bulimia nerviosas de Bizkaia, insta a “ahondar en las razones” por las que quiere hacer ejercicio. “Si de repente te viene un adolescente con que quiere ir al gimnasio, hay que preguntarle que para qué. Si es para tener un cuerpo concreto o para perder peso, eso sería una señal de alerta”, explica esta profesional, que da charlas en los institutos para prevenir los trastornos de la conducta alimentaria y la vigorexia. “El estereotipo estético de la mujer tiende a la delgadez y el masculino, a la musculatura. En realidad, parten un poco de la misma base”, observa.

 

“El estereotipo estético de la mujer tiende a la delgadez y el masculino, a la musculatura” - Ainhoa Arruabarrena - Psicóloga de Acabe Bizkaia

Sin restarle méritos a la actividad física, que “a nivel emocional, como forma de regulación, de soltar estrés, está bien”, esta psicóloga advierte que practicar ejercicio para “tener un cuerpo determinado implica que hay un problema de autoestima, que se le está poniendo demasiado valor”, lo que conlleva que, “en el momento en el que el cuerpo cambie y no estén a gusto, se les desmonte la propia autoestima”.

 

Cuidado con la alimentación

 

Respecto a los modelos que les sirven de espejo en las redes, explica que “son personas que promueven la vida fit desde una perspectiva muy poco sana a nivel psicológico: la musculatura, despertarte a las cinco de la mañana y hacer no sé qué... Un montón de cosas que no atienden a la salud mental, sino a una cuestión estética”.

 

En el caso de la vigorexia, apunta, “también hay un desequilibrio en la alimentación porque empiezan a hacer cosas curiosas -que si hago volumen, que si hago definición...- y a esa edad es una señal de que algo pasa, al igual que si consumen productos con muchas proteínas. La alimentación tienen que estar equilibrada”.

lunes, 26 de mayo de 2025

José Luís Marín, psiquiatra: "Enfermamos porque nadie nos escucha"

JUDITH DEL RÍO     |      lavanguardia.com      |    17/03/2025

 


El doctor, presidente del Foro Internacional para la Formación en Psicoterapia, habla de las verdaderas claves del sufrimiento, la gran ‘moda’ actual

 

Parece que hablar de salud mental está de moda. Últimamente se escucha hablar sobre el tema en cualquier programa de televisión, leyendo artículos, hablando con compañeros de trabajo o pisando cualquier librería; conversaciones distintas, pero con un punto común: la sociedad está mal y no se sabe cómo solucionarlo.

Desde la pandemia del covid-19, la situación es incluso peor. “De esta saldremos mejores”, dijeron. Más bien no. La salud pasó del cuerpo a la mente, a lo emocional. De repente, muchos se dieron cuenta de su propio malestar, de su infelicidad, de lo que les pesan sus problemas cotidianos. La solución, acudir al médico y optar por lo más fácil y sencillo: una simple pastilla que ayude a terminar con las preocupaciones, sean cuales sean.

“El sufrimiento existe, la población está mal. Los problemas de salud mental son la primera causa de afectación en España”, afirma el doctor José Luis Marín, presidente del Foro Internacional para la Formación en Psicoterapia La Vanguardia. “El problema es considerar ese sufrimiento como una enfermedad mental individual. Eso es una trampa”.

El especialista está de acuerdo en que la sociedad está mal. La sanidad carece de recursos, más aún para un “mal” que aqueja a tantos miles de personas. “Los profesionales de la salud mental somos los primeros perjudicados, nadie sabe muy bien qué hacer con esta demanda de sufrimiento”. No obstante, insiste en la necesidad de hacer la diferencia entre malestar común y enfermedades mentales. “El sufrimiento es tremendo, pero estar mal no significa estar loco”.

Todos hablamos de salud mental, es el tema de moda, pero no se hace nada-Dr. José Luís Marín

Tal y como explica el especialista, el problema reside en individualizar este sufrimiento y tratarlo desde la serotonina. “A lo mejor, en vez de un psiquiatra, necesitan a alguien que pueda modificar los determinantes sociales que generan el malestar en el trabajo, el transporte, en la vida”, señala Marín. “No siempre se resuelve con psicofármacos, no es una carencia o alteración de la serotonina. La sociedad no queda libre; el problema colectivo se convierte en individual, y eso es un poco tramposo”.

La sociedad se está volviendo loca con esto de la locura. Una tendencia, respetada por influencers y gurús sociales. Un sufrimiento que da “validez” ante los demás y, sobre todo, la sociedad y la industria que dirige en realidad todo esto: el marketing. Con más de 40 años de trayectoria profesional, el doctor Marín asegura que “la cultura ha perdido el norte”. Los profesionales de la salud mental, como parte de esa cultura, no iba a ser menos.

 “El sistema de categorización e individualización del malestar, siendo un problema colectivo, ha llegado a todos. No es cosa de la industria farmacéutica o los compañeros que venden libros”, explica. “La cultura somos todos, estamos creando una sociedad muy tóxica y muy desconectada de la naturaleza y el ser humano”.

Para Marín, se da una curiosa paradoja en muchas personas que, además, alienta este fenómeno: sin diagnóstico no se quedan tranquilos, lo que fomenta que existan más programas, medicación, trastornos.

Unos trastornos que aparecen en los manuales de psiquiatría después de la fabricación de medicamentos por parte de las farmacéuticas; manuales que “enseñan” a vivir con dichos trastornos. Vuelta a empezar. “El que acude a consulta es porque lo está pasando mal”, insiste Marín. “Lo que tendríamos que aprender todos es a tratar ese sufrimiento sin medicalizar. Ahí está el matiz. Hay que mirar al paciente. Nosotros somos los expertos, tenemos que mirar su vida y ver de dónde viene su sufrimiento”.

Los psicofármacos ayudan, peto no son el único tratamiento. Hay que aprender a mirar al paciente

El futuro de la salud mental pasa, precisamente, por ese camino. Actualmente, los profesionales de psiquiatría están desbordados, sobre todo en los centros de salud pública. Lamentablemente, la forma de actuar de estos profesionales suele ser tratar a sus pacientes con ayuda de los psicofármacos. “Ahora mismo la psiquiatría es agotadora”, confirma Marín. “Mis colegas en sanidad pública con muchísima demanda saben que lo único que pueden hacer, viendo a pacientes cada seis meses, es usar un psicofármaco. Sufren mucho con esta manera de hacer psiquiatría”. Para acabar con esta situación, solo se puede optar por un cambio profundo y radical. “Mis compañeros me dicen: ‘Yo no me alisté para esto’. Estudié y me he convertido en un dispensador de recetas”, explica Marín. “Es un tema del que hay que hablar. Estamos incómodos todos. Todos hablamos de salud mental, es el tema de moda, pero no se proponen soluciones más allá de las de siempre”.

Para el veterano psiquiatra, o se busca un modo de tratar la salud mental desde el punto de vista social, o desaparecerá. “Lo que estamos haciendo no funciona. Si esto sucediese en otro sector, como la economía, se habrían tomado medidas”, explica el experto. “Tenemos que dejar de mirar la serotonina y pasar a mirar a la cara de nuestros pacientes”.

Acabar con el malestar: la importancia de hablar

La tendencia a intentar evitar o escapar de la tristeza y todos esos sentimientos negativos es de las más extendidas, pero también de las más contraproducentes. Entre los muchos consejos que se pueden escuchar prácticamente a diario para acabar con el malestar y la tristeza -alimentarse bien, un buen descanso, meditación, retomar el contacto con la naturaleza-, el doctor Marín hace hincapié en una de las grandes recomendaciones que muchas personas ignoran: tenemos que verbalizar nuestros sentimientos.

“Puedes estar triste o enfadado, no pasa nada”, insiste Marín, que da un consejo esencial para acabar con el malestar. Habla. Habla más. Busca a alguien de tu entorno que te escuche y le puedas decir que tienes miedo o estás enfadado. Cuéntalo. Cansado, triste, irritado”, dice. “Lo que te hace daño no es el estrés, es el no poder compartirlo. El ser humano enferma por falta de vocabulario, y últimamente nos ponemos enfermos porque nadie nos escucha”.

Las personas mayores enferman por soledad, por no poder hablar. Estamos enfermando porque nadie nos escucha

Precisamente, esta podría ser la gran clave del malestar actual. “Mis pacientes vienen a mi consulta para que les escuche y les mire, porque nadie les mira. No lo hicieron de pequeños y ahora no les miran y les escuchan poco. Hablar es terapéutico siempre. Así que hablad, hablad más”.  

domingo, 25 de mayo de 2025

Nilda Chiaraviglio, psicoterapeuta: "Cada vez que te das permiso para decir que no, se aflojan los barrotes de tu cárcel mental"

 CHRISTIAN JIMÉNEZ         |       lavanguardia.com        |      28/04/2025                                 

 

La experta afirma que saber poner límites sin culpa no solo te libera, también fortalece tus relaciones

Aprender a decir “no” se ha convertido en una tarea tan necesaria como difícil. Desde el entorno laboral hasta las relaciones personales, la negativa sigue siendo, para muchos, una fuente de incomodidad y culpa. Una negativa implica poner límites, reconocer nuestras necesidades y prioridades, y asumir que no podemos estar disponibles para todo y para todos. Sin embargo, el miedo a defraudar, a ser percibidos como egoístas o a generar conflictos, lleva a muchas personas a aceptar compromisos, responsabilidades y peticiones que en realidad preferirían rechazar. 

La psicoterapeuta Nilda Chiaraviglio ha reflexionado, en una de sus últimas intervenciones en el podcast de Marco Antonio Regil, sobre por qué nos cuesta negarnos a algo y por qué nos sentimos mal por ello. 

Aprende a decir no sin culpa. No tienes que justificar cada decisión. Cambia el enfoque: no se trata de rechazar a alguien, sino de priorizarte: “La cultura castiga al que dice que no. Hay que darle la vuelta”, empieza diciendo.

Adáptate como el agua. Si algo bloquea tu camino, no insistas en romperlo. Rodéalo. Responde con flexibilidad y calma ante la presión social.

No expliques de más. Usa frases simples como “lo voy a pensar” o “quizá más tarde” para marcar límites sin generar confrontación.

Deja que los demás se hagan cargo de sus emociones. Si alguien se enoja porque pones límites, ese enojo no es tu responsabilidad.

Acepta que no tienes que acompañar a todos. Está bien si otros siguen sin ti. Tú eliges cuándo y cómo estar disponible.

Reescribe tu historia interna. No te definas solo por lo que siempre has hecho o dicho que eres. Puedes cambiar tu narrativa cuando quieras: “Todos nos narramos una historia y esa narrativa es nuestra cárcel”, señala.

Cada vez que te das permiso para decir que no, se aflojan los barrotes de tu cárcel mental. Ser libre empieza con pequeñas decisiones.

viernes, 23 de mayo de 2025

"Educar es amar con disciplina", el psiquiatra Enrique Rojas da las claves para criar a los hijos en la era de las pantallas

LAURA RODRIGÁÑEZ      |      telva.com      |      03/05/2025

 

¿Cómo educar en un mundo hiperconectado? El reconocido psiquiatra Enrique Rojas lo tiene claro: educar es formar con amor y disciplina. En esta conversación con TELVA, comparte claves prácticas para criar hijos con valores sólidos, capaces de gestionar el uso de las pantallas y afrontar la vida con criterio.

En la actualidad, el teléfono móvil se ha convertido en una herramienta omnipresente en la vida de los niños españoles. Según datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), el 70,6% de los menores de entre 10 y 15 años posee un teléfono móvil, lo que representa un incremento del 1,1% respecto al año anterior. Este fenómeno ha sido especialmente pronunciado en adolescentes de 15 años, donde la cifra alcanza el 96%. Esta incursión masiva del dispositivo móvil en los hogares plantea interrogantes sobre las implicaciones de este uso generalizado sobre la salud, el desarrollo social y la educación de los más jóvenes.

En una reciente intervención en televisión, la psiquiatra Marian Rojas Estapé, hija del doctor Enrique Rojas, señalaba que el impacto de las pantallas en la salud mental, especialmente en relación con la gratificación instantánea que ofrecen plataformas como Instagram y TikTok pueden fomentar el egocentrismo, ya que "parece que eres el centro del mundo, porque te están contestando o están hablando de ti". Y, además, señalaba que el uso excesivo de dispositivos digitales puede llevar a una "intoxicación de dopamina", alterando el equilibrio químico del cerebro y dificultando la capacidad de concentración y tolerancia a la frustración.

Añadido a las preocupaciones sobre los efectos negativos del uso excesivo de pantallas, estudios recientes sugieren que los niños valoran mejor las actividades sin dispositivos digitales. Un informe del Instituto Tecnológico del Producto Infantil y de Ocio (AIJU), en colaboración con la Universidad Complutense de Madrid y la Fundación Crecer Jugando, revela que el 76% de los niños de Primaria se sienten más creativos sin el uso de pantallas, y el 61% desarrolla habilidades sociales y empatiza mejor con juegos físicos o de mesa . Estos datos subrayan la necesidad de equilibrar la exposición digital con experiencias que fomenten el desarrollo integral de los niños. Hablamos con el psiquiatra Enrique Rojas sobre el valor de educar en el uso de las pantallas entre los más pequeños.

 

Doctor Rojas, ¿qué es educar?

Educar es convertir a alguien en persona. Educar es seducir con los valores que no pasan de moda.

Por favor, desarrolle la idea.

Educar es amor y disciplina, ternura y rigor, raíces y alas. ¿Qué significa esto último? Raíces significa que haya formación, que la gente sepa. Yo tengo cuatro hijas y mi mujer y yo siempre hemos tratado de que tengan formación. La formación es tener criterio, ideas claras, saber a qué atenerse.

Con toda la información que disponemos hoy al alcance de la mano, ¿considera la formación tan importante como antes, cuando no había tanto acceso a la información?

Información es saber lo que está pasando. La última noticia del último teletipo, del último Rincón del mundo. Eso es interesante y y sabemos qué pasa, ¿no? En cambio, formación es tener criterio, saber entender el mundo que nos ha tocado vivir y saber uno gestionar bien la propia trayectoria.

Pero a día de hoy los valores se dejan notar menos, ¿los estamos perdiendo?

¡No, existen! Claro que existen los valores, pero se ven muchos problemas.

¿Como la falta de implicación de los padres en la educación sobre el uso de las pantallas?

Bueno, yo veo cada vez más niños que sus padres están implicados en ese tema. Doy una conferencia llamada "Cinco consejos para educar a los hijos en las pantallas", y uno de los consejos es que los padres eduquen a sus hijos en lo interesante de las pantallas, ya sea la televisión, TikTok, Instagram o cualquier otra. Hay que explicarles a los niños que es fundamental aprender a gobernar eso.

¿Cómo enseñar eso si ni siquiera muchos padres son capaces de controlar su propia adicción a las pantallas?

 Para combatir la adición a las pantallas, uno de los consejos que doy (y que en mi entorno lo están empezando a hacer bastante) es el parking de móviles. Yo recomiendo que por la noche, en torno a las 21.30 horas, todos los móviles se aparquen y se guarden. Es un esfuerzo importante. A los jóvenes de entre 15 y 20 años les cuesta mucho porque en el móvil hay mucha cosa negativa (la pornografía, la distracción, la cultura de la inmediatez...), pero también positiva.

No son los únicos enganchados...

 Casi todas las aplicaciones de las pantallas están diseñadas para quedar atrapado y ser adicto. Sabiendo que uno se queda enganchado ahí y son horas y horas que derivan en una patología tonta y ridícula, quizá ayude a soltar la pantalla.

 

miércoles, 21 de mayo de 2025

¿Se puede curar la depresión?

 MARIANA ALVES GUERRA        |      psicologíapositiva.com.uy      |     06/05/2025

 La depresión no siempre se ve como esperamos. No siempre es llanto, no siempre es aislamiento. A veces, es sonreír en una reunión mientras por dentro te sientes roto, es despertarse cada mañana con el alma exhausta.

 Es un trastorno del estado de ánimo que afecta profundamente cómo piensas, sientes y actúas. Puede aparecer sin una causa aparente (aunque en realidad es multifactorial), o despertar a partir de una pérdida, crisis o estrés prolongado. No discrimina edad, incluso podemos encontrar niños y adolescentes con depresión.

Quien la vive puede sentir una tristeza persistente, vacío emocional, pérdida de interés por las cosas que antes disfrutaba, fatiga constante, alteraciones del sueño y del apetito, dificultad para concentrarse y, en casos severos, pensamientos de inutilidad o suicidio.

Es importante comprender que la voluntad está rota, e incluso las tareas más sencillas pueden sentirse como titánicas. Su diagnóstico llega gracias a la intervención de un profesional de la salud mental. Se debe pedir ayuda inmediatamente cuando sientes que la tristeza se mantiene, si te cuesta realizar tus tareas diarias como bañarte, salir de tu casa, tender tu cama, o si has tenido pensamientos de lastimarte.

 Existen distintos tipos de depresión, aquí algunos ejemplos:

Depresión mayor (trastorno depresivo mayor)
Es el tipo más conocido. Se caracteriza por episodios intensos de tristeza, pérdida de interés, cambios en el apetito y el sueño, fatiga, pensamientos negativos, e incluso ideación suicida. Los síntomas duran al menos dos semanas y afectan significativamente la vida diaria.

Trastorno depresivo persistente (distimia)
Es una forma crónica de depresión. Los síntomas son menos intensos que en la depresión mayor, pero duran más (mínimo dos años). Las personas con distimia pueden seguir con su rutina, pero con un constante sentimiento de insatisfacción o vacío.

Trastorno afectivo estacional (también conocido como depresión de invierno)
Relacionado con los cambios estacionales, suele aparecer especialmente en invierno cuando hay menos luz solar. Provoca síntomas similares a la depresión mayor, incluyendo tristeza, fatiga y aislamiento.

Depresión postparto Afecta a algunas mujeres después del parto. Incluye tristeza profunda, agotamiento extremo, ansiedad y dificultad para vincularse con el bebé.

Depresión psicótica
Es una forma grave de depresión mayor acompañada de síntomas psicóticos como alucinaciones (ver u oír cosas que no existen) o delirios (creencias falsas), generalmente con un contenido negativo o de culpa.

Trastorno disfórico premenstrual 
Forma severa del síndrome premenstrual que ocurre en mujeres. Incluye irritabilidad, tristeza extrema, ansiedad y cambios en el sueño o apetito, poco antes de la menstruación.

La pregunta importante, ¿tiene cura? Sí, en la mayoría de los casos. Aunque algunas depresiones no remiten por completo, eso no significa que no se pueda vivir bien. Con tratamiento, apoyo constante, y la gestión adecuada de pensamientos y emociones, muchas personas aprenden a convivir con la depresión y llevar una vida más plena y satisfactoria.

El tratamiento es fundamental, ya que la depresión no desaparece sola, hay que tomar cartas en el asunto para poder disfrutar de la vida como te mereces.