martes, 17 de junio de 2014

¿Quién ayuda a Noé?

Un trastorno lleva a decenas de personas a acumular animales en pésimas condiciones

STEFANIA GOZZER ARIAS | Barcelona | El Pais | 12/ 05/2014
                      
Un trayecto en coche marcó al equipo de la cátedra Fundación Affinity, dedicada a mejorar la convivencia con los animales. Fue hace cuatro años, cuando una llamada telefónica les llevó a un pequeño pueblo. Allí, una casa guardaba celosamente un secreto: 150 perros desnutridos y enfermos, a cargo de un matrimonio que buscaba cada día nuevos animales. Los tenían en condiciones lamentables. La etóloga Paula Calvo recuerda que seleccionó a diez de entre los más graves y los metió en su vehículo. Dos fallecieron de camino al veterinario. Los suficientes para que los investigadores decidieran estudiar el síndrome de Noé.

Sobre el trastorno psiquiátrico por acumulación de animales se sabe poco. Uno de los motivos es que no fue reconocido como tal hasta el año pasado, cuando la Asociación Americana de Psiquiatría lo incluyó en la quinta edición de su Manual diagnóstico y estadístico de enfermedades mentales. El grupo de Calvo, que reúne a científicos del Hospital del Mar de Investigaciones Médicas y de la Universidad Autónoma de Barcelona, ha publicado un artículo en la revista Animal Welfare el primero en España y uno de los primeros en Europa sobre este trastorno.

Reincidentes al 100%
El Ayuntamiento de Barcelona prepara un protocolo para casos de trastorno por acumulación de animales. El objetivo es detectarlos de forma precoz y atender a los afectados. La tasa de reincidencia es del 100%, según Jaume Fatjó, coordinador de la comisión.

La Guardia Urbana, servicios sociales, los centros de acogida del Consistorio, la Universidad Autónoma de Barcelona, los Agentes Rurales, la Fundación para el Asesoramiento y Acción en Defensa de los Animales y la Cátedra Fundación Affinity colaboran en el desarrollo del protocolo.

Jaume Fatjó, director de la Cátedra, explica que, además de acumular animales, se necesitan otras dos condiciones para diagnosticarlo: que la persona no pueda garantizar el bienestar de sus mascotas y que niegue las evidencias de su negligencia. "Tienen una distorsión total de la percepción. No creen que sus animales estén en mal estado”. Ha estudiado 24 casos en toda España —27 personas y 1.218 perros y gatos— entre 2002 y 2011. Los resultados apuntan a ancianos aislados socialmente como principales afectados.

En Pontons, el pueblo del que hablábamos en el principio, basta con preguntar por "el de la tele" para que alguno de sus poco más de 500 habitantes indique cómo llegar donde Joan Jiménez. El fontanero, de 54 años, pidió ayuda para sus 100 perros hace un año en un telediario. Había sido inhabilitado para tener animales durante cinco años. Las imágenes mostraban una vivienda a medio construir con decenas de canes ladrando desde el balcón.

“Reconozco que debí arreglar la casa o curarlos en vez de recoger más. Pero, ahora, necesito ayuda para habilitar un núcleo zoológico, no que me pisoteen más”, lamenta. Le ha molestado que un programa de televisión use las imágenes de sus perros para ilustrar un debate sobre el síndrome de Noé. “Dicen que estoy loco… ¡Y a mí no me ha diagnosticado nada ningún médico! Si estoy enfermo, que me lo digan, que soy el primer interesado en curarme. Solo he recogido la mierda que dejaban otros en la calle y la he metido en casa. Me he sacrificado”.

Joan Toran, responsable de fauna doméstica de los Agentes Ruralesexplica casos como el de un hombre que tenía más de 30 ovejas en un piso en Barcelona. "Robaba periódicos en un quiosco para ponerlos en el suelo. Antes de entrar ya veíamos escarabajos saliendo por debajo de la puerta”.

Calvo explica que no existe tratamiento y sospecha que "el detonante es una crisis como perder el empleo o a algún ser querido. Buscan apoyo en los animales, pero sin control". Ahora, necesitan que los afectados colaboren para definir el perfil. "No es fácil hablar con ellos. El último que fuimos a ver nos sacó una escopeta".

Toran advierte que pueden llegar a ser muy manipuladores. Recuerda la intervención en el hogar de Jiménez: “Mi equipo tuvo que ponerse un mono protector. Las condiciones higiénico-sanitarias eran muy malas”.

La vivienda de Pontons está rodeada de vallas para que los perros no escapen. Lo que sí se escabulle es un hedor que no parece molestar a los dueños. La madre admite que el inmueble está siempre sucio, pero dice que siente mucho cariño por lo canes y que por eso les deja estar en casa.


Nota.- He abreviado el artículo, era más largo, pero lo que he omitido son otros casos que se explican sobre esta nueva patología. Para leerlo entero consultar El País.



"La música sólo cura cuando no se está aterrorizado"


Miembro de la Filarmónica de Los Ángeles, en 2010 fundó una organización que ofrece conciertos gratuitos a enfermos mentales.

MARÍA SOSA TROYA |Madrid |El País | 30/11/2013                                              

Tiene 26 años y dos carreras. Empezó a estudiar la primera de ellas, Biología, con 13. A los 19 ya había acabado la segunda. Robert Gupta es músico y científico de formación. A lo largo de su vida ha tenido que elegir en varias ocasiones entre su pasión, el violín, y lo que le exigían sus padres, que continuara trabajando en el laboratorio. Cuando tenía 19 años, decidió presentarse a las pruebas para obtener plaza en la Filarmónica de Los Ángeles. Y la consiguió. Hoy sigue siendo el miembro más joven de la orquesta. Además de tocar en los auditorios más selectos del mundo, también interpreta a Bach y a Beethoven y a Mozart frente a otro tipo de público, enfermos mentales que viven en la calle o en la cárcel. “Al principio creí que estaba haciendo una gran labor social, pero luego caí en la cuenta de que no podía estar más equivocado. Ellos me enseñan a mí, juntos nos sentimos seguros”, dice.

Gupta está acostumbrado a hablar en público, lo hace dos o tres veces al año, normalmente, en su país, Estados Unidos. Recientemente ha estado en Madrid, en la IV edición del Congreso de Mentes Brillantes, donde, con la ayuda de su violín, trató de explicar a un millar de personas que la música cura.

 “Hay estudios científicos que revelan cuáles son los efectos en el cerebro, pero para que eso suceda, que la música cure, es fundamental que los pacientes no estén aterrorizados. Y así es como se encuentran los enfermos mentales en la cárcel —donde viven muchos—, en la calle o en los albergues a los que van a dormir. Han sido excluidos de la sociedad. Nosotros creamos una verdadera conexión con ellos, y eso hace que vuelvan a sentirse personas, les recuerda que pueden y tienen derecho a experimentar algo bonito”, relata Gupta mientras bebe un café solo.

Su vida cambió cuando, con 20 años, conoció a Nathaniel Ayers, un músico que sufre esquizofrenia paranoide y que, durante tres décadas, fue indigente. “Es un virtuoso, podría tocar el contrabajo en cualquier orquesta, pero está enfermo”, lamenta. Y continúa: “Él venía al auditorio y yo le daba clases de violín. Para llegar, tenía que subir una colina y aparecía fatigado y sudoroso. Un día decidí hacer yo el camino contrario e ir a Skid Row, una zona de los suburbios de Los Ángeles en la que viven miles de indigentes, muchos con problemas con las drogas o el alcohol o veteranos de guerra con trastornos mentales. Pensé entonces que Ayers no pasaría más apuros porque su historia había inspirado un libro y una película [El Solista], ¿pero y el resto?”. Por ello, al ver cómo la calle se congregaba a su alrededor cuando tocaba, fundó Street Symphony, una asociación que cuenta con 35 músicos y que, desde 2010, ha ofrecido unos 150 conciertos en albergues y cárceles.

Con la agenda repleta entre la filarmónica, las charlas en colegios, su organización y su reciente boda —“me casé en mayo”, afirma orgulloso mientras muestra su alianza—, se declara feliz. Cree que, por fin, después de una adolescencia “dura” en la que no hizo otra cosa más que estudiar, ha conseguido encontrar un equilibrio: “Mi objetivo es provocar, que la gente se pregunte por qué músicos como yo van a la cárcel a tocar el violín. Y no estoy dispuesto a dejar de hacerlo. Quiero seguir estando ahí para ellos”.
  

viernes, 13 de junio de 2014

El alcoholismo se puede tratar.

REVISIÓN | Eficacia de las terapias.

·        Una revisión de un centenar de estudios avala la eficacia de las terapias
·        Los médicos insisten en que los pacientes se deben involucrar en la terapia

ÁNGELES LÓPEZ | Madrid | El Mundo | 14/05/2014

El problema del alcoholismo es cada vez más importante en el mundo. Aunque nuestro país está en la media europea de ingesta de alcohol, con un consumo de 11,2 litros de alcohol por persona y año, según datos de la OMS. Conocer el número de personas con adicción a la bebida es más complicado.
Cuando un consumo esporádico se convierte en una adicción, la persona no puede controlar la ingesta. Aunque la bebida en muchos países como España está incrustada en la cultura popular y no se suele considerar un problema para la mayoría, su exceso sí que está detrás de muchos problemas de salud: trastornos psiquiátricos (ansiedad, depresión o suicidio), hipertensión, daño hepático y cardiaco, mayor riesgo de cáncer y alteraciones neurológicas.

De hecho, la conciencia de esta enfermedad es inversamente proporcional a su gravedad por lo que, en muchas ocasiones, serán los familiares los que soliciten ayuda médica. "Algunos pacientes sí que llegan a darse cuenta de que tienen un problema, tal vez porque se han visto tirados en la calle o en una situación poco agradable que no quieren que se repita, pero en la mayoría de las ocasiones son los familiares los que dicen que tiene un problema con el alcohol. En estos casos, a través de la familia y el médico de cabecera se puede convencer al paciente de que tiene que ponerse en tratamiento”.

Eficacia de las terapias
Cuando esto ocurre, la terapia psicológica es una de las más demandadas pero cada vez hay más evidencia científica que sostiene la eficacia de fármacos para lograr la abstención o reducir el consumo alcohólico. La revisión publicada por la revista JAMA hace un repaso de los datos publicados en 123 estudios clínicos que incluyeron en total a 22.803 pacientes. La mayoría de estas investigaciones se habían llevado a cabo con dos fármacos, acamprosato o naltrexona, o con ambos.
El primer fármaco actúa revirtiendo el estado de hiperexcitación del cerebro vinculado a la ingesta de alcohol, lo que supone que sea efectivo para dejar de beber o, por lo menos, para empezar de nuevo a beber más tarde y en una situación más controlada. Por su parte, el mecanismo de acción de la naltrexona es sobre el sistema opioide cerebral, bloqueándolo, y evitando también el efecto de pérdida de control.

Involucrar al paciente
"Parte del tratamiento de estas personas se basa en explicar e instruir al paciente y a sus familiares en qué consiste esta enfermedad, porque hay mucha culpabilidad, vergüenza y estigma ya que no se suele reconocer al alcoholismo como enfermedad.”

Josep Guardia, de la Unidad de Conductas Adictivas del Servicio de Psiquiatría del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau ha sido el codirector de la tercera edición de la Guía de intervención en el trastorno por consumo de alcohol.
Por otro lado, este experto hace referencia a una nueva opción terapeútica: nalmefeno. "Todavía no está aprobado en España pero sí en Europa. Este fármaco tiene por objetivo no la abstinencia del paciente".

En España
Pero, ¿qué ocurre en nuestro país? ¿Qué ayuda solicitan las personas alcohólicas? "En primer lugar el paciente va al médico de cabecera y, quizás, a un centro de salud mental pero no a un centro de drogodependencias. Y por lo general, se pide ayuda por otro síntoma, como ansiedad, insomnio o depresión, que probablemente esté provocado por el alcohol. Y en muchas ocasiones se le receta tranquilizantes que no le solucionará el problema sino que se lo agravará", explica el especialista catalán.

Esa falta de buen manejo también la señala el representante de “ Semergen “ grupo de trabajo de Salud Mental de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria. "Muchos médicos de Atención Primaria tratan de derivar lo antes posible a estos pacientes porque no saben cómo manejarles. Creo que primero deberían estudiar la situación de cada uno y si el paciente está capacitado para hacer un diagnóstico compartido, es decir que se comprometa a reconocer su enfermedad. Y entonces derivarle al sitio adecuado", explica.
Según datos de la última Encuesta Escolar sobre Drogas, el 40% de los menores que beben lo hace en forma de atracón. "El hábito de beber está totalmente vinculado a fiestas, partidos de fútbol y ocio en general. La sociedad no es consciente de esto y de que cada vez hay más jóvenes con problemas de alcohol”.
Hay mucho desconocimiento tanto del problema como de las soluciones. Sin embargo, los expertos demuestran que hay fármacos eficaces para tratar el alcoholismo. Pero en nuestro país no hay suficientes unidades especializadas en el tratamiento de esta adicción. "Ni en centros ambulatorios ni en hospitales. Y debería, pues uno de cada tres hombres ingresados por una patología médica o psiquiátrica está causada o agravada por el alcohol. Lo que ocurre es que, en los últimos años, los centros de drogodependientes han dado más protagonismo a la atención a las drogas, y el alcohol ha quedado relegado a un segundo término. Algunos pacientes no se sienten bien atendidos en estos centros".

Por último, tanto el editorial como este especialista insisten en la falta de equidad en la atención a estas personas. "Los pacientes alcohólicos reciben cuidados de menor calidad que los de otras enfermedades crónicas. Hay medicamentos carísimos que se dan con gran falicidad para otras patologías. En cambio, cuando hablamos de tratamientos para el alcohol, a los médicos se nos ponen unas barreras grandísimas. ¿Por qué esta desigualdad? Quizás por el desconocimiento de que esto también es una enfermedad del cerebro, tan orgánica como un Alzheimer, algo que no busca el paciente sino que está por encima de su voluntad. Por otro lado, el alcoholismo en comparación con las adicciones a otras drogas es la que tiene una respuesta más eficaz al tratamiento"

jueves, 12 de junio de 2014

"Todo lo vi negro"

DÍA MUNDIAL | Prevención suicidio

·        La depresión es uno de los motivos más frecuentes de suicidio
·        El testimonio de David quiere ayudar a otras personas en su situación

Ángeles López | Madrid | El Mundo | 10/09/2013

La vida de David, nombre ficticio, se volvió negra el pasado 10 de abril. Ese día no acertó con ninguna otra solución distinta del suicidio. Su historia la comparte con ELMUNDO.es porque cree que es bueno hablar de este tema, que todavía es tabú para la sociedad, y por si sirve de ayuda a alguien que esté en un momento tan crítico como él pasó.

Nunca había pensado en suicidarse, pero sí que había pasado por momentos difíciles. "Llevo desde los 20 años con depresiones. Son endógenas, sin un motivo aparente. Otras veces los tratamientos me habían funcionado, pero se ve que el fármaco que tomaba ya no me servía", afirma.

Lo que hizo saltar el disparador fue "una tarde complicada en el trabajo". Como él mismo reconoce, no había pasado nada especialmente malo, "me puse nervioso, todo lo vi negro, pensé que me iban a echar del trabajo y que no iba a poder llevar la vida de siempre".
Al terminar su trabajo, sin todavía saber muy bien cómo ni cuántas, tomó todas las pastillas que encontró en su casa. "No sé si eran todas antidepresivos o qué, estaba fuera de mí".

Cuando su mujer regresó del trabajo, él estaba inconsciente. Le llevaron a Urgencias y de allí a la unidad de cuidados intensivos, donde pasó varios días. Una vez le dieron el alta, le remitieron a la Unidad de Prevención del Suicidio del Hospital de la Santa Creu i Sant Pau de Barcelona.
Allí ha recibido un tratamiento psicológico y farmacológico: "Estoy convencido que sin medicación no se sale de una depresión mayor. Pero, mientras los medicamentos surten efecto, es bueno que el psicólogo te dé consejos para pasar esa etapa lo mejor posible".

Otro efecto positivo de este programa, según explica el propio David, ha sido poder hablar de lo que le pasó. "En la sociedad se procura no hablar del tema. Tampoco de las enfermedades mentales, que son un tabú todavía, aunque les afectan a muchas personas. Están consideradas como un poco... no es como romperse una pierna. Como la depresión no se ve, no hay signos externos, se sigue pensando que el que va al psiquiatra es que está loco".
A pesar de todos estos estigmas, David sí ha podido hablar de su depresión con familiares y amigos, aunque el suicidio "es otro tema". "Sólo lo sabe mi mujer y la gente que he encontrado en el hospital y en la unidad. Cuando me he encontrado con una persona en una situación parecida a la mía, hablar sí es positivo", señala.

A los 52 años, después de más de 30 sufriendo depresiones, sabe perfectamente identificar cuándo empieza una: "Empiezo con palpitaciones, entro en un estado de angustia y cualquier cosa la veo desde una perspectiva negativa, como si estuviera en un pozo negro". Por eso afirma que la peor depresión es la de alguien que la sufre por primera vez, "porque creen que nunca van a salir de ahí".
Ahora que ya se encuentra bien, no piensa volver a intentar nunca más terminar con su vida y quiere decirle a quien esté pasando por una depresión que "tras uno o dos meses, con la medicación que hay hoy día, va a salir de ahí".

Según los datos del último Congreso Catalán de Salud Mental, celebrado el pasado mes de junio, los casos de depresión en nuestro país han podido aumentar un 19% desde antes de la crisis, en función de las consultas atendidas en Atención Primaria. Se estima que esta enfermedad afecta a 1,5 millones de personas en nuestro país, siendo considerada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) como la tercera patología causante de discapacidad en el mundo.


miércoles, 11 de junio de 2014

Las asociaciones de cannabis estarán reguladas por la ley.


DROGODEPENDENCIAS

Salud trabaja en un anteproyecto de Ley de Adicciones que entre otras cuestiones también prohíbe el cigarrillo electrónico en los bares y hospitales

ANIA ELORZA | Vitoria | El País | 10/06/2014  14:30

El Gobierno arrancará antes de que acabe el año el segundo intento para reformar la Ley de Adicciones, cuya última modificación se aprobó en 1998, para adaptarla a los nuevos tiempos y los nuevos consumos. El consejero de Salud, Jon Darpón, ha presentado este martes tras el Consejo de Gobierno las líneas generales de un anteproyecto de ley que se hará público en los próximos días y que recoge la definición y las características de las asociaciones de consumo de cannabis para que estas tengan cobertura legal de la que hoy carecen.

La regulación detallada se recogerá en el desarrollo de la ley, pero se exigirá a las asociaciones que trabajen exclusivamente para garantizar el consumo propio y no dejen participar en ellas a los menores de edad. El abordaje de un futuro paraguas legal ya fue planteado por el anterior Gobierno pero no llegó a ser aprobado en el Parlamento.

Entre las novedades del anteproyecto, que no tendrá luz verde para su remisión al Parlamento hasta finales de este año, destaca también la prohibición de lanzar mensajes sobre las supuestas bondades para la salud en el consumo del cigarrillo electrónico, que estará vedado en hospitales, colegios y también en los bares, de forma similar a las fronteras interpuestas al tabaco en la legislación actual.

Con respecto al alcohol, habrá sanciones relacionadas con los trabajos sociales, tal y como planteó semanas atrás Darpón, aunque el consejero ha reconocido que esperan que la mayoría de las sanciones sean leves y se tramiten a través de los ayuntamientos. La venta se limitará también, con un veto a las bebidas alcohólicas de alta graduación en lugares tales como los espacios deportivos o las universidades. A estas medidas se sumará también la delimitación de la publicidad de bebidas alcohólicas.

En el anteproyecto de ley se incorporan adicciones que no están motivadas por sustancias, como la adicción al juego, a las nuevas tecnologías y a las redes sociales,  para las que se incide en la prevención.




domingo, 8 de junio de 2014

Sobredosis de cafeína

-El 68% de los adolescentes europeos toma bebidas energéticas
-La mitad las combina con alcohol

EMILIO DE BENITO | EL PAÍS | 06/05/2014

Tres de la madrugada en una discoteca de cualquier ciudad española. Un joven pide un carajillo de café y coñac. A su lado, un amigo solicita una bebida energética con vodka. Ambos pretenden lo mismo: que la cafeína amortigüe el efecto del alcohol. Un truco para prolongar la noche. Pero el primero, no lo consigue (en muchos garitos no hay ni cafetera). El segundo se aleja de la barra sin problemas con su combinado en un vaso de tubo.

La situación no es inusual. Según una encuesta publicada en 2013 por la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA), el 36% de los adolescentes (de 10 a 18 años) toman combinados de bebida energética con alcohol. La encuesta se hizo en 16 países de la UE, España incluido, y en ella participaron 52.000 personas. Entre los mayores, el porcentaje es del 18%. La proporción de los que toman la bebida energética sola es mucho mayor: el 30% de los adultos, el 68% de los adolescentes, y un sorprendente 18% en niños.

Estos datos son una de las bases de una proposición no de ley para que el Gobierno haga un estudio sobre los peligros de estas bebidas y valore, “junto con los profesionales sanitarios y a través de los estudios pertinentes, la posibilidad de no recomendar su venta a menores de 16 años.

La diputada socialista Sofía Hernanz (Baleares) afirma que ello se debe a que están observando dos peligros: “El abuso en el consumo y, sobre todo, el de la mezcla con alcohol en jóvenes y adolescentes”. “Se trata de bebidas que estaban pensadas para momentos de sobreesfuerzo, para estar alerta si hay que conducir, más hábiles mentalmente, pero que se usan para lo que no estaban pensadas. Se ha tornado en un consumo recreativo”.

En la literatura científica se recogen algunos efectos adversos, aunque es difícil distinguir en un joven que llega a urgencias de madrugada un fin de semana cuál es la causa, ya que el riesgo de policonsumo aumenta por la sensación de euforia que produce la mezcla de alcohol y cafeína. Esta puede aumentar por la taurina y la glucuronolactona que contienen muchas de estas bebidas, que son, curiosamente, sustancias más naturales para el organismo que la propia cafeína (se producen en procesos biológicos, pero no en esas altas dosis). Y a ello, no hay que olvidarlo, se une la energía que aporta la elevada cantidad de azúcar que contienen.

La EFSA recoge que ha recibido “informes de graves problemas de salud, incluida la muerte, en personas jóvenes que consumen gran cantidad de bebidas energéticas (en un caso, fueron 1,42 litros), tanto en combinación con ejercicio físico o, más frecuentemente, con alcohol .

Cada marca tiene su formulación, lo que dificulta compararlas

En España el Ministerio de Sanidad se limita a señalar: “No tenemos constancia de incidencias”.

La situación, según las estimaciones oficiales, no tiene nada que ver con la que se da en EE UU. Allí, hace un año se emitió un informe en el que calculaban que las urgencias por consumo de estos productos se habían duplicado en cuatro años, pasando de 10.000 a 20.000, y define las bebidas energéticas como un “problema de salud pública emergente”

Manuel Romero, especialista en aparato digestivo de la Sociedad Española de Patología Digestiva, afirma que “la paradoja” es que los principales componentes de estas bebidas “en pequeñas dosis, tienen efectos beneficiosos. La cafeína es buena para el hígado graso, y la taurina también”, dice. “Pero no hay que olvidar los riesgos cardiovasculares y neurológicos. Por eso hay que hacer balance, y lo complicado es saber dónde está el límite en la respuesta del organismo”. Otra cosa son las dosis altas: “En esas cantidades, son tóxicas”, afirma Romero.

Hay confusión sobre la composición y esto se ve en los artículos, por eso cobra todo su sentido: “Hacer cumplir la legislación específica en cuanto a etiquetado de dichas bebidas” y ampliarla “para incluir en ese mismo etiquetado otros productos”. “Sería acertada una regulación sobre el acceso y consumo por parte de embarazadas, adolescentes y niños, además de una mejora en la información general que se ofrece”, coincide la OCU.

La industria fabricante, como hacen casi siempre sectores que se ven cuestionados, opta por dar la respuesta más institucional ante este debate. Aparte de aclarar que estas bebidas representan el 2% del total, en un comunicado la Asociación de Bebidas Refrescantes (Anfabra) expresa que “un envase de 250 mililitros contiene unos 80 miligramos de cafeína, aproximadamente la misma cantidad que una taza de café. Las bebidas energéticas están destinadas a una población adulta. “Apostamos por una línea de información clara y recomendación de un consumo moderado y responsable de las bebidas energéticas”, añaden.

Esta última frase es asumible por todos. Falta por definir qué es una información clara, sobre todo si se va a leer a las tres de la madrugada en una discoteca y con unas copas de más.

Fuente: Agencia Europea de Seguridad Alimentaria y OCU.



sábado, 7 de junio de 2014

Amortiguadores contra la crisis

OPINIÓN

Algunos indicadores muestran los efectos de la crisis sobre la salud. Preservar los servicios públicos reducirá el impacto.

MILAGROS PÉREZ OLIVA  | Barcelona | El País | 13/04/2014                               

La historia ofrece algunos ejemplos claros de cómo las crisis económicas se traducen en un deterioro de la salud de la población. Diez años después de la caída del muro de Berlín, la esperanza de vida en Rusia había caído desde los 65 años en hombres y 74,6 en mujeres alcanzados en 1987 a 60 y 73 años respectivamente. La crisis que siguió a la caída del muro y los cambios sociales que produjo el paso a un capitalismo descarnado dejó sin servicios públicos ni protección social a millones de rusos, lo que se tradujo en un rápido aumento de la mortalidad.

¿Está provocando la crisis económica un retroceso en los estándares de salud en los países del sur de Europa? La cuestión es de la máxima relevancia, pero no tiene fácil respuesta, como pudo verse en un debate organizado por Cáritas el pasado jueves. Depende, como siempre, de qué se observe y cómo se miren las cifras.

En las sociedades con mayor bienestar y más cohesionadas, las repercusiones sobre la salud suelen ser a más largo plazo. Los niños catalanes que hoy sufren malnutrición no morirán por ello, pero es seguro que su salud se resentirá.

Lo importante, como señala Carme Borrell, de la Agencia de Salud Pública de Barcelona, son los determinantes de salud, es decir, los factores que inciden sobre ella. Y no cabe duda de que la crisis los está afectando. Si la población en riesgo de pobreza ha pasado del 24,5% al 28,2% en cinco años y la mayor pobreza se traduce en peor salud, no tardaremos en ver su impacto en las estadísticas. De hecho ya aparecen algunos signos. Por ejemplo, la peor alimentación conduce a una mayor obesidad, de la que se derivan otros problemas de salud como la diabetes. Pues bien, en la población con menos ingresos, el porcentaje de niños obesos casi se ha duplicado entre 2006 y 2012.

Pero es en la salud mental donde antes debutan las consecuencias de una crisis, normalmente en forma de depresión, crisis de ansiedad, adicciones y suicidios. Un estudio encabezado por Margalida Gili publicado en el European Journal of Public Health concluye que ha aumentado significativamente la frecuencia de los trastornos mentales y el abuso de alcohol, especialmente entre quienes están en paro y tienen riesgo de perder la vivienda. Otro estudio dirigido por Carme Trilla observa cómo el 70% de las personas que acuden a Cáritas por problemas de vivienda afirma sufrir problemas de depresión u otros trastornos mentales, cuando en la población normal el porcentaje es del 15%.

Esta mayor vulnerabilidad no se ha traducido, según Josep Ramos, psiquiatra del hospital Sant Joan de Déu, en una mayor demanda de atención especializada para adultos, pero sí para niños. ¿La razón? Probablemente porque en el caso de los niños hay mayor vigilancia y los adultos con trastornos de ansiedad y depresión se quedan en la asistencia primaria, que es donde se recetan ahora más antidepresivos.

La memoria colectiva guarda la terrible imagen de empresarios arruinados arrojándose por la ventana en la Gran Depresión de 1929. Uno de los primeros indicadores a los que se recurre para evaluar el impacto de una crisis económica es la tasa de suicidios. Aquí encontramos datos tan contradictorios como reveladores.
Un estudio realizado en Gran Bretaña muestra un ligero repunte de la tasa de suicidios en paralelo a la crisis y al incremento del paro. Pero la tasa sigue estando por debajo de hace diez años. Algo parecido ocurre en España y Portugal. En Grecia, en cambio, un trabajo publicado en The Lancet daba cuenta de que los suicidios habían aumentado un 17% entre 2007 y 2009 y a lo largo de la crisis el aumento ha sido del 43%.

Desde luego, la solidaridad familiar juega un papel muy relevante. Pero lo más importante es poder mantener las estructuras del Estado de bienestar que amortiguan el impacto de la crisis sobre los factores que determinan la salud: prestaciones y servicios sociales, asistencia sanitaria, educación... Aunque recortados y sobrecargados, los servicios públicos siguen en pie. Cuanto mayor y más larga es la crisis, más importante es preservar estos grandes amortiguadores sociales.

Nota.- He recortado algunos párrafos que daban estadísticas que no me han parecido importantes. Si se quieren consultar se puede encontrar en la hemeroteca de El País.