lunes, 8 de junio de 2015

El difícil reto de sacar a la luz el trastorno mental

Reclama un cambio social y cultural y admite que la meta todavía está lejana.
La asociación Obertament mantiene una lucha desigual contra el estigma.

TONI SUST / BARCELONA | El Periódico | 05/05/2015

Obertament, agrupación de agentes privados del sector de la salud mental, nació hace más de cuatro años con el objetivo de combatir el estigma que sufren las personas con un trastorno mental. La causa requerirá un lento caminar, dicen los que la defienden.

Obertament aposta por su propia salida del armario. La mayoría son reacios a dar detalles de su trastorno y consideran que quedarse solo con eso es etiquetar a una persona. Se trata de explicar a la gente que alguien con un trastorno puede trabajar, tener una vida normal y ser de confianza. En ocasiones más que gente que no ha sido diagnosticada y se considera «normal», esa palabra tan terrible.
REDUCCIONISTA
«No soy un diagnóstico con patas», afirma Pedro Antonio Cencerrero, 39 años. «Todos me ven como una persona, no como un diagnóstico», dice Anna Maria Esteve, de 52 años. Ambos son portavoces de Obertament, activistas que conocen el paño y que han tomado la decisión de luchar por propiciar salidas de ese armario menos conocido. Si hay algo que les parezca incómodo es tener que explicar cuál es su trastorno. Lo consideran reduccionista.

A nadie con problemas de estómago se le definiría por esa dolencia, argumenta Esteve, nacida en Molins de Rei (Baix Llobregat) y residente en Arenys de Mar (Maresme). Cuenta que una vez tuvo su primer contacto con el trastorno, en su caso esquizo-afectivo, «una mezcla de esquizofrenia y depresión», quiso saber más y se interesó por un curso organizado para familiares de personas con problemas de salud mental. «Pero yo no quería que fuera nadie de mi familia. Quería ir yo. Me dijeron que el curso era para familiares de personas con problemas de salud mental, no para personas con problemas de salud mental». Y Anna Maria vio que había que hacer algo. Creó la asociación Resorgir, que forma parte de Obertament.

Esteve, que antes llevaba una empresa, estudió posteriormente Trabajo Social y ahora cursa un posgrado especializado en salud mental colectiva, de la URV. Ella tuvo el primer contacto con un trastorno por el de un familiar: «Entonces vi claro que se tenía que tratar como algo normal, como cualquier otra dolencia, con algo más de sensibilidad».
A Cencerrero, nacido en Vilassar de Mar y residente en Mataró (Maresme), le marcó la muerte de un hermano que falleció a los nueve meses, con parálisis cerebral. Él, el mayor de seis hermanos,  consiguió eludir el veto de los mayores y estar unos minutos junto al cuerpo. Por eso y por el problema de salud mental que tuvo mucho después, dice, acabó estudiando Integración Social. Ahora estudia Administración de Empresas en la UB. Él sufre un trastorno bipolar: «Es la primera vez que lo digo en un medio de comunicación». Sufrió el primer brote al irse a la mili, en Ibiza, algo que parece lógico porque para él irse al servicio militar fue «una liberación» después de muchos años trabajando para ayudar a la familia. Flirteaba con la carrera militar, pero la mili se acabó en seguida: lo llevaron al hospital en Palma y de allí le acompañaron a Barcelona: «Me dijeron que me acompañaba un teniente, pero era un enfermero». Intentó volver a la vida militar. Se presentó en el Cuartel del Bruc ofreciéndose. No pudo ser.
Ahora eso es pasado: «Estoy aquí hablando gracias a mis hermanos, incluido el que falleció». Y de lo que Pedro Antonio quiere hablar es de su activismo y de cómo esta sociedad no debería clasificar tan rápido: «Todas las personas tienen oscilaciones emocionales. No son lineales. Y hay mucho rechazo, cuando una persona diagnosticada puede estar mejor que alguien sin diagnosticar».
LUCHA INDIVIDUAL
De eso él tiene pruebas reales: aquella gente que un día se reía de él por el barrio y que luego fue a pedirle consejo porque estaba en una situación similar. «Mi lucha ha sido individual. Cuando he encontrado el equilibrio personal es cuando la he hecho colectiva».
El director de Obertament, Miquel Juncosa, subraya que según la Organización Mundial de la Salud, una de cada cuatro personas experimentará un problema de salud mental en algún momento de su vida. Pensar que no le tocará a uno es, por lo tanto, estadísticamente temerario. Pero sigue siendo la constante.
«Hay que tener un poco de locura», dice Esteve con una sonrisa. «La locura no significa falta de sentido común; a veces supone un exceso de sentido común». ¿Qué le pide esta portavoz a los políticos?: «Una mayor implicación, que nos tengan presentes, porque somos los últimos de la fila». Dice que un paso se ha dado en las familias de los que sufren un trastorno, que años atrás a menudo acababan encerrados: «Ahora quieren que sus hijos ocupen su tiempo, salgan de casa».
Pedro Antonio prefiere no pedir nada a las autoridades, se le ve bastante convencido de que lo que logre el colectivo será mérito suyo.
«Todavía no hay condiciones para que la gente salga del armario», asegura Juncosa, que sabe que no podrán lograr sus objetivos sin despeinarse: «Queremos un cambio cultural. Sabemos que ahora estamos poniendo la semilla. La lucha será a largo plazo».

Nota.- Me parece recordar que el artículo era más largo. Como siempre, si os interesa leerlo completo podéis encontrarlo en el periódico y fecha que figura junto al autor del artículo. Saludos.

La risa verdadera es muy beneficiosa para nuestra salud mental y física.

El humor se relaciona con el desarrollo cognitivo, la época y la cultura, el carácter y la forma de procesar la 'chispa'
EUROPAPRESS / Madrid | El Periódico | 28/04/2015

Cuando la risa es verdadera, puede ser muy beneficiosa para la salud tanto desde el punto de vista mental porque reduce el estrés, eleva el estado de ánimo y, en general, fomenta el bienestar psicológico, y desde el punto de vista físico porque reír estimula el sistema inmune, incrementa el umbral del dolor y es muy saludable porque acelera el ritmo cardiaco y aumenta el aporte de oxígeno al cerebro.

RISA PATOLÓGICA
Según explican desde la Sociedad Española de Neurología (SEN), algunos estudios han llegado a afirmar que las personas risueñas tienen un 40 por ciento menos de problemas vasculares y que viven 4 años y medio más de media. Por otra parte, diversos estudios han demostrado que el humor puede ayudar a ser más inteligentes, porque es una forma de ejercitar el cerebro. Habitualmente, la risa es considerada un fenómeno biológico normal y saludable. Sin embargo, la risa en casos excepcionales puede ser debida al síndrome de la risa patológica, en tal caso es debido al estrés, la ansiedad, la tensión o como consecuencia una lesión neurológica.

"La risa puede constituir un síntoma indicativo de patología cerebral, sobre todo si se presenta sin un estímulo específico, no se relaciona con un cambio afectivo o si su intensidad y duración están fueran de control. Es lo que se conoce como síndrome de la risa patológica, que también se puede trasformar en llanto o alternar ambos procesos", señala el doctor Manuel Arias Gómez, coordinador del Grupo de Estudio de Humanidades e Historia de la SEN. Enfermedades como el síndrome de Angelman, esquizofrenia, demencia, pero también epilepsia, ictus, esclerosis múltiple, ELA, Parkinson o tumores cerebrales, entre oros, pueden ser causas del síndrome de la risa patológica que puede manifestarse o bien como un inmotivado sentimiento de regocijo o como una disociación emocional voluntaria.

¿QUÉ OCURRE PARA QUE NOS RIAMOS?
Las nuevas técnicas de neuroimagen ha permitido conocer que el procesado del humor tiene lugar en tres etapas, que implican a varias regiones encefálicas: percepción de la incongruencia sorpresiva por parte de la región prefrontal dorsolateral y la unión temporoparietal del hemisferio dominante; activación del circuito de la recompensa y liberación de dopamina y cese de la desinhibición frontal no dominante que conduce a la risa.
"Cuando en lugar de la racionalidad cognitiva que nuestro cerebro espera percibir, lo realmente percibido es una incongruencia, se origina una controversia que, al ser detectada por el cerebro, éste se auto-recompensa. Y lo hace liberando dopamina, un neurotransmisor que nos produce sensación placentera. Es decir, el humor está íntimamente ligado al sistema de la recompensa que también se activa con la comida, el sexo, las relaciones sociales y en las adicciones", explica Arias Gómez.
Neurológicamente esto es posible porque los músculos de la cara pueden ser movidos por dos partes diferentes del cerebro. "Por un lado las áreas motoras del cerebro, que son capaces de producir gestos conscientes y por otro, las zonas cerebrales responsables de las emociones que, en esta ocasión de forma involuntaria, también conectan con los músculos de la cara para producir expresiones que reflejan una emoción", añade el coordinador del Grupo de Estudio de Neurogeriatría de la SEN, el doctor Marcos Llanero Luque.
EL HUMOR Y LOS FACTORES QUE LO AFECTAN
Por otra parte, el humor está íntimamente ligado al desarrollo cognitivo; por eso, las personas de edades distintas se ríen de cosas distintas. "También está relacionado con la época y la cultura en la que vivamos y, por supuesto, con el carácter de cada individuo en particular. Además, las técnicas de neuroimagen también han visto que hombre y mujeres tienen distintas formas de procesar el sentido del humor", afirma.
Como curiosidad, las mujeres se ríen más y disfrutan más del humor porque la risa activa más en ellas dos áreas concretas del cerebro: las del lenguaje y las de memoria a corto plazo que, a su vez, tiene que ver con la forma en la que se gestionan las emociones; la inteligencia fluida y la capacidad creativa son capacidades que nos ayudan a tener un mayor sentido del humor; y los bebés comienzan a esbozar sonrisas a las cinco semanas de vida.



jueves, 4 de junio de 2015

La prevención del suicidio, un imperativo mundial - Informe de la OMS

Infocop online | 10/09/2014

Hoy, 10 de septiembre, la Asociación Internacional de Prevención del Suicidio (International Association for Suicide Prevention- IASP), junto con la Federación Mundial de la Salud Mental (World Federation for Mental Health) y la Organización Mundial de la Salud (OMS), celebran el Día Mundial para la Prevención del Suicidio, con el objetivo de priorizar la importancia del desarrollo de políticas nacionales encaminadas hacia la prevención de este problema, que se ha convertido en una seria amenaza para la salud pública mundial.

Coincidiendo con la celebración de este día, la OMS ha dado a conocer los resultados del informe Preventing suicide – a global imperative (La prevención del suicidio, un imperativo mundial). Se trata del primer estudio que ha intentado agrupar datos de un total de 172 países para ofrecer una estimación de la tasa de suicidios mundial, y establecer recomendaciones para su prevención a escala global.

Según la evidencia científica y la información recogida en dicho estudio, en el año 2012 se produjeron unas 804.000 muertes por suicidio, lo que supone una tasa anual mundial de 11,4 por cada 100.000 habitantes, representando el 50% de todas las causas de muertes violentas registradas entre hombres y el 71% entre mujeres.

Si bien los datos pueden estar subestimados, debido a la dificultad para registrar las causas finales de los fallecimientos, la lista de regiones y países con tasas más elevadas de suicidio está encabezada por Guyana (44,2), Corea del Norte (38,5) y Corea del Sur (38,5). En el polo opuesto, con tasas por debajo de 5, se encuentran el norte de África, Arabia Saudí, Indonesia y México, así como España, con una tasa de suicidio de 5,1 por cada 100.000 habitantes.

Los datos también ponen de manifiesto que cada año, por cada adulto que se ha suicidado, otros 20 lo han intentado, lo que da cuenta de la verdadera dimensión e impacto de este problema. Así, se da la circunstancia de que aunque los fallecimientos por suicidio son más frecuentes en hombres (15,0 en hombres frente al 8,0 en mujeres), las mujeres constituyen el grupo con más intentos de suicidio.

Asimismo, el informe arroja luz sobre los grupos más vulnerables, concluyendo que, con respecto a la edad, las tasas de suicidio son más elevadas entre las personas de 70 años o más, tanto en hombres como en mujeres, en casi todas las regiones del mundo. La OMS también advierte de que en algunos países, los jóvenes (entre 15 a 29 años) suponen un nuevo grupo de riesgo, siendo el suicidio la segunda causa principal de muerte en este rango de edad.

A pesar de la elevada incidencia de los suicidios en la población mundial, de los 172 países analizados, solo 28 cuentan con un plan de acción coordinado para reducir el impacto del comportamiento suicida. Según se señala en el informe: “a pesar de que los datos científicos indican que numerosas muertes son evitables, el suicidio con demasiada frecuencia tiene una escasa prioridad para los gobiernos y los responsables políticos”.  El tabú acerca del suicidio y el estigma asociado, constituyen, según los expertos,  importantes obstáculos para que las personas en riesgo acudan a pedir ayuda a los servicios de salud, y los pocos que lo hacen, se encuentran que estos servicios no están preparados para proporcionales la ayuda eficaz que necesitan. Por este motivo, los autores del informe hacen un llamamiento a los responsables políticos, para que prioricen la atención y la prevención del comportamiento suicida en sus políticas de actuación nacionales, independientemente de la tasa de suicidios que afecte a cada país. “Mediante intervenciones basadas en la evidencia y tratamiento y apoyo oportuno y eficaz, tanto el suicidio como los intentos de suicidio se pueden prevenir.  El peso del suicidio no recae únicamente sobre el sector sanitario; tiene múltiples impactos en muchos sectores y en la sociedad en su conjunto. Por lo tanto, para iniciar un viaje exitoso hacia la prevención del suicidio, los países deben emplear un enfoque multisectorial que aborde el suicidio de una manera integral, reuniendo a los diferentes sectores y grupos de interés más relevantes para cada contexto",establece el informe.
   

La esquizofrenia son ocho trastornos genéticos distintos

Cada uno de los desórdenes tiene un perfil clínico y genético diferenciado

J. P. Valencia | El País | 16/09/2014                                       

No existe un único tipo de esquizofrenia. Esta enfermedad mental que afecta a un 1% de la población mundial responde a ocho trastornos genéticos diferentes, cada uno de ellos caracterizado por un conjunto de síntomas asociados distintos, como publican en The American Journal of Psychiatry investigadores de las universidades de Granada y Washington en Saint Louis (Estados Unidos).
El estudio ha rastreado tanto en los datos genéticos –las variaciones en una sola letra de la cadena del ADN, los llamados SNP- como en las manifestaciones clínicas de la enfermedad (delirios, alucinaciones) de 4.196 pacientes y 3.200 personas sanas como grupo control.
Con toda esta información se agruparon los pacientes en función de las principales alteraciones genéticas observadas –registradas en un centenar de genes- y se compararon con las distintas manifestaciones de la enfermedad. Tras asociar los perfiles genéticos identificados con las diversas expresiones de la enfermedad, los investigadores identificaron ocho tipos de esquizofrenia distintas.
En un extremo, explica, Igor Zwir, investigador de la Universidad de Granada y coautor del artículo, estarían los pacientes con los llamados síntomas positivos, aquellos que sufren alucinaciones y delirios, unas personas que responden mejor a la medicación y suelen tomarla. En el otro extremo estarían aquellos con manifestaciones negativas (falta de iniciativa, problemas para organizar pensamientos, falta de conexión entre emociones y pensamientos), personas con más dificultad de adherencia al tratamiento. “Estos serían los dos extremos, entre estos dos grupos hay otros seis en los que varían tanto los síntomas como su severidad”, añade Zwir, cada uno de ellos con sus particularidades genéticas. Hasta un 90% de los enfermos estudiados en el trabajo encajan en esta clasificación, según el investigador de la Universidad de Granada.
“Lo que hemos hecho con este trabajo es identificar la manera en que los genes interactúan unos con otros, de manera orquestada en el caso de los pacientes sanos, o desorganizada como ocurre en las formas que conducen a las distintas clases de esquizofrenia”, apunta Zwir.
“En el pasado, los científicos habían estado buscando asociaciones entre genes individuales y la esquizofrenia”, apuntan los investigadores, “lo que faltaba era la idea de que estos genes no actúan de forma independiente, sino que lo hacen en conjunto para perturbar la estructura y la función del cerebro, dando así lugar a la enfermedad”.

El hecho de conocer mejor la enfermedad, sus alteraciones genéticas concretas y sus manifestaciones clínicas asociadas puede servir en el futuro para diseñar mejores tratamientos en función del tipo de esquizofrenia de cada paciente. En ello confía Zwir. "No se si llegaremos a una terapia individualizada, pero sí más adaptada a las características de cada persona", indica.

domingo, 31 de mayo de 2015

La tiranía del "me sabe mal".

PSICOLOGÍA
La empatía por exceso o por defecto deja de ser una virtud para convertirse en limitación
Hay que saber decir no y asumir nuestra propia forma de ser

XAVIER GUIX | eL pAÍS | 22/03/2015
                                            
Y de repente asoma a nuestro discurso una especie de lamento que dice: “Lo siento, me sabe mal”. Es difícil afirmar que todo el mundo lo haya dicho al menos una vez, porque los humanos podríamos dividirnos entre aquellos a los que les cuesta horrores aceptar sus faltas y los que se precipitan en atribuirse todas las culpas, es decir, que casi todo les sabe mal. La empatía, por exceso o por defecto, pierde su condición virtuosa para devenir en una limitación.
Exploremos ese “me sabe mal” más allá de su uso protocolario, aquel que resuelve de un plumazo una situación que no tiene solución, o no da más de sí. Es esa carita que ponen los profesionales cuando tienen que decirte que no. Es también el intento de amigos o familiares de empatizar, algo forzadamente, cuando no están por resolver nuestras expectativas.
“El alma desordenada lleva en su culpa la pena” -  San Agustín
Tampoco se tratará el tema como justificación. Quien más, quien menos se ha escudado alguna vez en lo mal que le sabe no poder correspondernos.
En todos estos casos funciona la convención. Lo que se experimenta no es un verdadero sentimiento, sino un mero uso del lenguaje despojado de su significado literal, con fines meramente protocolarios. Sin embargo, para muchas personas, lo que les sabe mal, les sabe muy mal, tan mal que su vida queda condicionada por ese tirano que les muestra su rostro más débil.
Sin duda quienes llaman la atención son aquellas personas que siempre tienen en la boca el “me sabe mal” y que de verdad lo sufren. ¿Qué les ocurre? Que viven de la pena ajena, que se hacen cargo del sufrir de los demás, que acarrean con lo que los otros deberían resolver por sí mismos. Les puede su corazoncito buenista. No saben cómo decir que no y, sobre todo, anticipan la culpa que sentirían de quedarse con los brazos cruzados o de ir a su conveniencia.
Las personas que dan más valor a los demás que a sí mismas no acaban de ser conscientes de que, con el tiempo, han creado un patrón de comportamiento basado en la culpa anticipada, aunque no la tengan. De repente, se notan tan débiles que prefieren cargar con la situación en lugar de atravesar ese sentimiento culpatorio. Se han metido en un complejo dilema: ¿cómo se puede ser feliz si para ello alguien saldrá damnificado?
Sin duda, para algunas personas el tema del merecimiento no está nada claro. Pasan por la vida como deudoras y creen de veras que no merecen nada. Y mucho menos si, por lograr sus propósitos, otros tendrán que fastidiarse. Toda la atención la tienen puesta en un único objetivo: no molestar.
Padres a quienes les sabe mal haber regañado a los hijos, luego les compensan exageradamente. Parejas que han roto viven un auténtico calvario porque quien lo ha dejado o ha llevado la iniciativa no soporta ver sufrir al otro. Es tanta la pena que prefieren volver, malvivir en la relación, antes que sostener ese dolor y atravesarlo de una vez. Quien sufre de debilidad emocional se acaba uniendo a los demás a través de la culpa.
Existe otra manera aún más rebuscada de usar el “me sabe mal”. Es una práctica habitual de las personas adictas a la inmediatez, de las que no saben esperar, de las precipitadas. Dado que no pueden contenerse, lo fuerzan todo y se fuerzan a sí mismas. Dicho llanamente, “la lían” y luego les sabe mal.
“Lo que se mueve por sí mismo es inmortal” -  Platón
Llegados a este punto ocurre algo curioso. Una vez liada, en lugar de dejar las cosas en su sitio, siguen adelante con los compromisos, solo que ahora por obligación. Como les sabe mal, pagan su penitencia aguantando el chaparrón, procurando quedar lo mejor posible. De ahí la frase anterior de san Agustín. No obstante, esa es siempre una mala solución, un grave error, porque entonces todo va a la deriva. Prefieren hundirse con la situación a reconocerla, a asumir su error: “Lo siento, me precipité”. Es preferible el coraje de ser sinceros a malvivir en una mentira, por muy extraordinaria que sea.
Muchas de estas dificultades tienen su origen en lo que el filósofo Soren Kierkegaard denominó “la enfermedad mortal”. Entre otras cosas, la describe como la desesperación del hombre por no querer ser uno mismo o querer desesperadamente ser uno mismo. O pecamos de debilidad, o pecamos de obstinación.
No es tarea fácil la asunción de nuestra propia forma de ser. No nos enseñan a ser nosotros mismos, sino a serlo según mamá o papá, según la familia, según los modelos sociales, según la tradición, según la religión, según… Cuando realmente somos como queremos se produce la paradoja de que nos sabe mal. Asumir nuestra propia esencia es una tarea de por vida, que queda abortada cada vez que lamentamos ser como somos.
Preguntas a hacerse antes de sentirse culpable
¿Hasta qué punto la capacidad de empatizar me está confundiendo?  /  ¿Hay alguna verdad que trato de ocultar?  /  ¿De verdad, de verdad que me sabe tan mal?  /  ¿Me cuesta expresarme con sinceridad?  /  ¿Siento que no voy a poder ver sufrir al otro?  /  ¿Me estoy haciendo cargo del dolor ajeno?  /  ¿Anticipo algún sentimiento de culpa?  /  ¿Estoy aguantando la situación porque me he precipitado?  /  ¿Tengo un sentimiento de no haber obrado bien?  /  ¿Me siento mal por ser yo mismo?

“La moral descansa naturalmente en el sentimiento” -  Anatole France
Visto de esta manera, cuando algo nos sabe mal quizá se expresa una conciencia moral. Por muchas razones que justifiquen nuestra conducta, el sentimiento nos advierte que algo, para nosotros, no está bien con relación a nuestra actitud. Ante nuestros ­dilemas morales, disponemos de una brújula interior, de un sentimiento moral, que acompaña y distingue el bien y rechaza el mal.
Solo tres palabras, “me sabe mal”, designan algo cuyo sabor es amargo, difícil de tragar o que nos deja mal cuerpo. Esas tres palabras intentan describir cómo se organiza en nuestro interior un desajuste exterior. Lo que sabe mal, como el asco, pretende ser expulsado para sentirnos aligerados. Si se queda dentro, sufriremos. Si se arroja hacia fuera de cualquier manera, también. Si tratamos de disimular, aún será peor. A menudo, la única manera de resolver lo que nos ha sabido mal es ingerir algo que nos sepa bien. Algo que, como la alquimia, transforme el sabor. Y ese algo pasa por el movimiento y por el sonido, es decir, por los gestos y las palabras. Gestos amables y palabras de corazón. Cuando es así, nada sabe mal.

miércoles, 27 de mayo de 2015

El psicólogo Pallarés amplía su obra con "La memoria".

PSICOLOGÍA

El autor navarro despliega una labor divulgativa en su libro sobre una función tan vital.

EL PAÍS | Bilbao | 19/04/2015
                                    
El psicólogo navarro Enrique Pallarés es el autor de un nuevo libro “La memoria” de la editorial Mensajero. En  línea con sus anteriores creaciones literarias, Pallarés, que el pasado viernes ofreció una charla en San Sebastián, vuelve a ofrecer un ejercicio de divulgación sobre una materia que domina ampliamente.
Doctor en Psicología, es profesor y consultor psicológico en la Universidad de Deusto. Además  colabora en varias revistas e imparte conferencias sobre temas relacionados con la psicología.
En su libro se da respuesta a las principales preguntas sobre la memoria: tipos o sistemas, evolución a lo largo de la vida, base biológica, aspectos sociales, relación con el sueño y la hipnosis, olvido, distorsiones y falsos recuerdos, problemas de la memoria (amnesia, confabulación, criptomnesia, etc.) y qué estrategias y técnicas utilizar para mejorarla.
Las informaciones y orientaciones de este libro resultan aplicables a la práctica de la memoria, tanto en la vida diaria (recordar nombres, actividades a realizar, recordadores externos, etc.) como para el aprendizaje formal en el sistema educativo o en la formación permanente (aprender un tema o un texto, organizar con esquemas, etc.).
Desde el aspecto divulgativo, Pallarés ha incluido al final de cada capítulo un apartado en el que se proponen varias cuestiones o preguntas, que le ayudarán a la mejor comprensión del capítulo y a poner en práctica las estrategias y técnicas desarrolladas.
Al abordar las cuestiones seleccionadas, el autor reconoce que "he procurado tener siempre presente a las personas que, sin poseer muchos conocimientos de psicología están interesadas en el tema de la memoria y aceptan realizar un pequeño esfuerzo para conocerla mejor".

También admite que "he tratado de informar sobre algunas de las cuestiones de la memoria que considero interesantes. En los capítulos dedicados a la práctica de la memoria he seleccionado las que son de aplicación más general y no tanto las que pretenden adiestrar para hacer exhibiciones de memoria o ganar concursos". Según Pallarés, "hay que tener en cuenta que la práctica continuada de algunas de esas importantes técnicas es la mejor estrategia para mejorar o mantener la memoria".



"Hay que eliminar la distinción entre salud y enfermedad mental"

 DARIAN LEADER | PSICOANALISTA Y ENSAYISTA
El investigador británico identifica la industria farmacéutica como responsable de la nuevas modas en las patologías

PABLO GUIMÓNLondres | El País | 22/02/2015
                                                                  
Igual que la ansiedad fue la enfermedad de la posguerra y la depresión fue la de los ochenta y noventa, la época actual es la del trastorno bipolar. Así lo defiende el psicoanalista y autor británico Darian Leader, que ya dedicó un famoso libro (La moda negra, 2008) a la gestión de la melancolía, y ahora aborda el trastorno antes conocido como maniaco depresivo en Estrictamente bipolar (Sexto Piso). Un ensayo corto y claro que señala la mano de la industria farmacéutica detrás de estas modas en las patologías. Recibe a EL PAÍS en el luminoso despacho donde aún pasa consulta en su casa londinense de Hampstead, no lejos de donde vivió Freud. El analista lacaniano elige la butaca, no el diván, para ser interrogado.

Pregunta. ¿Está de moda la bipolaridad?
Respuesta. El diagnóstico bipolar se ha expandido enormemente en los últimos 20 años. Las estadísticas dicen que afecta a entre un 10% y un 15% de la población, cuando la prevalencia histórica del trastorno maníaco depresivo es de en torno a un 1%. La razón es que ha habido un cambio en la definición de bipolaridad, convirtiéndola en reflejo de algunas de las características de la vida moderna. Más y más gente encaja en esa nueva definición de bipolar.
P. El éxito rápido, el carácter emprendedor, la sociabilidad… ¿Se refiere a esas características propias de las etapas maníacas que la sociedad moderna tiende a glorificar? -/- R. La crisis económica trajo los contratos cortos, no hay seguridad laboral. Y estamos obligados a mostrar un entusiasmo extraordinario por cada trabajo. Incluso si vas a una clase de yoga, se te exige una entrega en cuerpo y alma. Debes afrontar cada proyecto con un entusiasmo desaforado. Eso significa que habrá un ritmo natural de agitación seguida de agotamiento, lo que puede llevar a un poco científico diagnóstico de bipolaridad. Además, en los estados de manía el sujeto tiene un compulsivo deseo de comunicarse con otra gente. Eso, que se percibía tradicionalmente como el rasgo principal del maníaco, es hoy una obligación social. Hay que estar en Facebook, en Twitter...
P. Defiende que este auge comenzó justo cuando, a finales de los noventa, expiraban las patentes de antidepresivos. -/- R. A mediados de esa década se empezó a ver que iban a vencer las patentes de los principales antidepresivos, que tenían ventas extraordinariamente altas. Los departamentos de marketing de las farmacéuticas decidieron —todos los historiadores coinciden— poner el dinero en el trastorno bipolar: congresos, artículos científicos… Hay que tener en cuenta que la investigación está financiada principalmente por las farmacéuticas. Esto condujo a la expansión gradual del diagnóstico y a la venta de fármacos antiepilépticos tradicionales, que ahora tenían nuevas patentes para tratar estos llamados trastornos bipolares. La epidemia de depresión que vimos en los noventa, a su vez, fue producida por el colapso de los tranquilizantes. En los setenta el mercado de ansiolíticos era enorme. Cuando se publicitaron los efectos negativos de su uso regular, el dinero del marketing fue al mercado de la depresión. Gente que había sido diagnosticada como ansiosa recibía diagnósticos de depresión. Ahora, el 25% de los sujetos deprimidos están siendo rediagnosticados como bipolares. Es muy curiosa la comercialización de medicamentos.
P. El cambio en la terminología, de maníaco depresivo a bipolar, no parece inocente.  /  Por cada tres médicos hay un vendedor de una farmacéutica que trata de que prescriban sus medicamentos"  -/-  R. Así es. Hay mucha gente que, a los pocos minutos de conocerte, te dice que es bipolar. Nadie te dice en una fiesta “soy esquizofrénico”.
 P. La televisión y el cine también se fijan en esos perfiles bipolares. Como Carrie Mathison, protagonista de la serie Homeland. Resulta difícil creer en una conspiración entre las grandes farmacéuticas y la cultura popular.  -/-  R. No quiero decir que sea una conspiración. Pero si lees la documentación de los recientes casos judiciales en EE UU…, es difícil usar otra terminología.
P. ¿Quién sitúa la barrera entre lo normal y lo patológico?  -/-  R. Mire el ejemplo del colesterol. ¿Qué es el colesterol alto? Ha cambiado cuatro veces en los últimos 12 años. Lo deciden comités cuyos miembros, la mayoría, están pagados por las farmacéuticas. Ellos determinan la barrera entre la normalidad y la enfermedad.
P. El foco en los síntomas y no en las causas, ¿es un signo de nuestro tiempo?  -/-  R. Se nos llena la boca con la historia de la humanidad, pero en realidad abolimos la dimensión narrativa de la vida humana. El tiempo medio en que un médico está con un paciente en este país es seis minutos. ¿Qué puedes aprender de la historia de alguien en seis minutos? Nuestros lazos con el pasado están siendo borrados. No hay tiempo para escuchar a las personas. En esta sociedad tardocapitalista el ser humano es un agente en el mercado, compitiendo por bienes y servicios para aumentar su riqueza, éxito y felicidad. Cuando identificas a un ser humano como un recurso humano, como se hace en las empresas, quiere decir que te interesa su potencial, en qué puede convertirse, y no de dónde viene. Una fuerza cada vez mayor nos aleja de la historia de las personas.
P. En su libro “Qué es la locura” defiende que hay más gente loca de la que creemos, pero su locura no ha sido activada.  -/-  R. Hay una diferencia entre estar loco y volverse loco. Entre tener una estructura psicótica, que mucha gente tiene, y tener la psicosis realmente activada. Una vez que has hecho esta distinción tan elemental, que hizo la psiquiatría en el siglo XIX, se abre todo un nuevo camino en la terapia. Debes preguntarte qué permite a toda esta gente llevar vidas estables. Yo no creo en las categorías de salud mental o enfermedad mental. No existe la salud mental. Cuando la gente hace cosas terribles, a veces resulta que son muy sanos. ¿Qué es alguien sano mentalmente? Hay que eliminar la distinción entre salud y enfermedad mental, y ver a las personas en términos de estructura mental. Que no necesiten ser etiquetados para obtener ayuda.
P. ¿Qué viene después de la bipolaridad?  -/-  R. Creo que, en los próximos 10 años, veremos un masivo auge de la comercialización de medicamentos para la ansiedad. La era de la ansiedad va a volver.