viernes, 13 de enero de 2017

66 días bastan para cambiar un hábito

PSICOLOGÍA
Las transformaciones exigen tiempo. El cerebro se reorganiza constantemente si tenemos interés en hacerlo; solo hay que dejar espacio al proceso

PATRICIA RAMÍREZ  | El País | 05/07/2015
                                                                                                                                             
Cambiar de hábitos está al alcance de todos. Para ello necesita dos ingredientes importantes: elegir un cambio que sea coherente con su escala de valores, y entrenarlo hasta que se convierta en un hábito. Poco más.
Ya nada es “obligatoriamente” para siempre, ni siquiera lo que eligió como afición, profesión o lugar de residencia. La idea de que podemos ser quien deseemos, practicar nuevos deportes, aprender otras culturas, probar todas las gastronomías, tener otros círculos de amigos…, convierte una vida estanca en otra rica en oportunidades y variedad.
El cerebro es plástico. Las personas evolucionamos, deseamos cambiar, crecer interiormente, y estamos capacitadas para ello. Atrás quedaron las teorías sobre la muerte de neuronas y los procesos cognitivos degenerativos. Hoy sabemos que las neuronas generan nuevas conexiones que permiten estar aprendiendo hasta el día que morimos. La plasticidad cerebral ha demostrado que el cerebro es una esponja, moldeable, y que continuamente vamos reconfigurando nuestro mapa cerebral. Lo dijo William James, uno de los padres de la psicología, en 1890, y todos los neuropsicólogos hoy día confirman las mismas teorías.
En esta sociedad impaciente, basada en la cultura de “lo quiero todo ya y sin esfuerzo”, cambiar de hábitos se ha convertido en un suplicio. No porque sea difícil, sino porque no le damos el espacio suficiente para convertirlo en hábito. ¿No le ha ocurrido alguna vez que al iniciar una dieta, las primeras semanas son más difíciles de encauzar que cuando lleva ya una temporada?
La neurogénesis es el proceso por el que se generan nuevas neuronas. Una de las actividades que retrasan el envejecimiento del cerebro es la actividad física. Sí, no solo debe practicar ejercicio por los beneficios emocionales como el bienestar y la reducción de la ansiedad, o por verse más atractivo y fuerte, sino porque su cerebro se mantendrá joven durante más tiempo. Un estudio del doctor Kwok Fai-so, de la Universidad de Hong Kong, correlacionó el running con la neurogénesis. El ejercicio ayuda a la división de células madres, que son las que dan lugar a la aparición de nuevas células nerviosas.
Dado que la reorganización cerebral se estimula a lo largo de toda la vida, no hay una sola etapa de las personas en la que no podamos aprender algo nuevo. La edad de jubilación no marca un declive, ni cumplir 40 o 50 años debería ser deprimente. Todo aquel que tenga interés y actitud en algo está de enhorabuena, podrá aprender, entrenar y convertirse en experto independientemente de la edad. Si usted es de esas personas que se han dedicado durante su vida a una profesión de la que han vivido medianamente bien, pero se quedaron con la miel en los labios por no estudiar Antropología, Historia, Exactas, Bellas Artes, lo que sea, puede empezar ahora. No hay límite de edad ni de tiempo para el saber.
Hasta hace poco se pensaba que modificar y automatizar un hábito requería 21 días. ¡Demasiado optimismo! Un estudio reciente de Jane Wardle, del University College de Londres, publicado en European Journal of Social Psychology, afirma que para convertir un nuevo objetivo o actividad en algo automático, de tal forma que no tengamos que tirar de fuerza de voluntad, necesitamos 66 días.

Sinceramente, ¡qué más da que sean 21 o 66! Lo interesante es que somos capaces de aprender, entrenar y modificar lo que elijamos y deseemos. Diez consejos para empezar con lo que desee:

1. Elija su propósito y conviértalo en su proyecto. Seguro que, si confecciona una lista, se dará cuenta de que tiene muchas inquietudes. Pero no podemos cambiar o embarcarnos en todo a la vez. Olvide su cerebro multitarea y no quiera modificar todo de golpe. Cuando consiga automatizar el primero, pase al segundo.
2. Reflexione sobre su meta. Si contesta a las siguientes preguntas en relación a su objetivo, su compromiso con él aumentará: ¿qué quiero?, ¿por qué?, ¿para qué? y ¿con qué? El “con qué” hace referencia a sus fortalezas, valores y actitud para lograrlo.
3. Hágale hueco. Sea lo que sea lo que desea aprender o iniciar, necesita tiempo. Si no le busca un espacio en su agenda y lo convierte en rutina, lo normal es que termine postergando lo que ahora no forma parte de su vida.
4. Resáltelo. Todo aquello que no forma parte de nuestro orden habitual es fácil olvidarlo. Si tiene una agenda, márquelo con fosforito. Si utiliza la alarma del móvil, póngase una diaria con el nuevo objetivo. No abuse de su memoria o del “debería acordarme”.
5. Rodéese de todo lo necesario, así no tendrá excusa para no empezar. Por ejemplo, si está a dieta, compre los alimentos del régimen; si empieza a hacer deporte, busque la ropa que va a ponerse, o si se inicia en la fotografía, prepare el material.
6. Empiece hoy. No hay ningún estudio con rigor científico en el que se relacione el lunes o el primero de enero exclusivamente con el comienzo de un nuevo hábito. El martes o el jueves son tan buenos días como cualquier otro.
7. Emociónese. Las emociones avivan el recuerdo, le producen bienestar, y estar apasionado con lo que se hace fideliza el hábito. Busque cómo se siente, lo que va a conseguir, cómo mejorará su vida personal o profesional. Disfrute y esté presente.
8. No escuche a la voz interna que le dice que está cansado, que qué sentido tiene y que la vida tiene cuatro días y son para disfrutarlos. Nuestro cerebro está muy entrenado para buscar excusas y seguir en la zona confortable.
9. Sea disciplinado. Tómese en serio su hábito. Tomarlo en serio no significa que se ponga serio, sino que sea una prioridad para usted, algo a lo que dedicarle su valioso tiempo. Y que ocupe un lugar especial en su agenda.

10. Convierta su nuevo hábito en su filosofía de vida. Esto le dará otra dimensión y calma. No se trata de aprender algo ya, sino de que lo disfrute y sepa que tiene toda la vida para practicarlo. 

Cómo salir de la frustración con el principio de reacción positiva


Si quieres salir del atolladero, tu estado de ánimo es tu prioridad

Pilar Jericó | El País | 12/12/2016

Cuando tienes la sensación de darte golpes contra un muro corres un riesgo invisible: agotar tu depósito de reacción positiva, que te ayuda a recuperarte y a lograr lo que deseas. La buena noticia es que se puede evitar e, incluso, prever. Veamos cómo.

Hay personas que van a una entrevista de trabajo como si fueran al matadero. Han pasado por tantos “no” que inconscientemente piensan: “será otro no”. Actúan con esa sensación de fondo y después no consiguen el trabajo. El resultado le da un nuevo argumento para confirmar que ellos tenía razón, que era un “no” de partida. Y puede que hubiera un mejor candidato, que su perfil no se ajustara o quizá que su actitud tampoco le ayudó. Esto mismo ocurre cuando queremos encontrar una nueva pareja, lanzar un proyecto, aprender un idioma o cualquier cosa que se nos resiste. La frustración continuada genera residuos invisibles que se van acumulando, nos van llenando de energía negativa y al final conseguimos que cualquiera que se acerque a nuestro alrededor quiera salir escopetado. El motivo es sencillo: nuestro depósito de energía interior, es decir, nuestra actitud y fuerza con la que vivimos las cosas, impacta en la reacción que tenga el resto hacia nosotros. Esta relación podríamos denominarla como el principio de reacción positiva: yo estoy bien, el otro tiene más probabilidades de estar también bien (esta relación no significa que sea inmediata, sino que ayuda enormemente).

Un comercial amargado tendrá menos probabilidades de vender que otro que esté ilusionado. El producto puede ser el mismo, pero la actitud con la que lo cuenta influye en las ganas del comprador. Y todos lo hemos vivido desde una tienda a un restaurante. En algunos te hacen sentir como un rey y la tarjeta de crédito reluce con fuerza y en otros deseas salir lo antes posible (y contigo también tu tarjeta de crédito). Por ello, no es que esta crisis económica haya dejado un sinfín de conversacionesácidas y quejumbrosas, que lo único que atraen es precisamente de lo que tanto se quejan: no lograr los resultados. El principio de reacción positiva se apoya en una premisa: la actitud con la que abordamos los desafíos condiciona los resultados. Henry Ford lo resumía maravillosamente: “Si crees que puedes, tienes razón; y si crees que no puedes, también tienes razón”. Entonces, ¿qué podemos hacer?.

Primero, tomar conciencia: la frustración acumulada o las heridas mal cerradas tienen impacto en nuestro futuro e incluso en aquello en lo que inicialmente no estaba ni relacionado. Como cuando a alguien le va mal en el trabajo, llega a casa cabreado, tiene broncas y, al final, también tiene problemas con la pareja. La frustración en alguna de las dimensiones de nuestra vida tiene impacto en otras. Por ello, identifiquemos señales que nos advierten que no estamos bien como un enfado constante, malhumor o falta de ilusión (lógicamente, estamos hablado de situaciones no patológicas, que en ese caso requieren otras soluciones).

Segundo, aceptar nuestras emociones y vivirlas aunque sean negativas. Salir del atolladero no se resuelve llenándonos de actitud positiva y punto. Eso solo ocurre en las teorías fáciles. Giorgio Nardone sugiere dos maneras de salir de la tristeza. Una de ellas es crear un espacio al día para darle rienda suelta y así dejamos el resto del tiempo libre. Y otra, concentrarnos para estar muy muy tristes y paradójicamente cuando lo hacemos, la cabeza se va al lado opuesto. En cualquier caso, necesitamos vivir la emoción de la que nos queremos liberar.

Y tercero, crear espacios de reconstrucción para variar nuestra actitud: momentos spa personales, agradecimientos diarios aunque sean pequeños y modificar nuestra mirada. Si nos estamos dando golpes contra un muro, no vale la pena insistir, sino cambiar la estrategia para buscar una puerta.


En resumen: el principio de reacción positiva se apoya en una idea. En la medida que nosotros estemos bien, habrá más posibilidades de generar una reacción positiva en el resto que nos ayude a conseguir nuestros objetivos. Por ello, para salir de los atolladeros, además de crear planes de acción y de tareas, necesitamos poner nuestro estado de ánimo como una de las prioridades a resolver.

lunes, 9 de enero de 2017

El nuevo plan de salud mental refuerza la atención a la infancia

El anteproyecto de la Ley del Voluntariado prevé mecanismos de flexibilización de la jornada laboral

ÁNGELES LUCAS | Sevilla | El País | 05/10/2016

La atención a los menores como eje prioritario en el nuevo plan de Salud Mental presentado este martes en el Consejo de Gobierno andaluz de la Consejería de Salud. Un documento con vigencia hasta 2020 en el que se establecen los trastornos de la infancia y los sectores vulnerables en el centro de las políticas para trabajar en la mejora de la accesibilidad de los servicios. Desde la puesta en vigor de este tercer plan, los menores de 18 años podrán acudir a las unidades de salud mental más cercanas tras una primera valoración del pediatra, un servicio implantado para fomentar la detección precoz, el tratamiento y la recuperación de las personas. A los 14 años surgen la mitad de los problemas de salud mental que aparecen a lo largo de la vida, informa la consejería.

Entre las medidas, se ha llegado a un acuerdo con Educación para implantar programas escolares de infantil a secundaria en la que se introducen herramientas de inteligencia emocional. "El III PISMA (como se llama el plan) busca también mejorar la detección de situaciones de abuso,  desprotección y abandono de menores, y pondrá en marcha programas de prevención destinados a la población infantil y adolescente en situación de riesgo", se lee en la información remitida por Salud. 

El documento prevé también reducir un 10% el consumo de ansiolíticos y antidepresivos en la población andaluza ante el 25% de ciudadanos que sufre ansiedad y depresión. "Alrededor de 250.000 personas son atendidas cada año en las Unidades de Salud Mental Comunitaria de Andalucía", ha apuntado el portavoz del Gobierno andaluz, Miguel Ángel Vázquez, tras el Consejo de Gobierno sobre este plan, que ha contado con la participación del movimiento asociativo.

"La estrategia promueve un plan regional de investigación en salud mental que incorpore proyectos de investigación de carácter multicéntrico y líneas de investigación epidemiológica, priorizando las enfermedades mentales en la infancia y adolescencia, la prevención del suicidio, los resultados en salud sobre la recuperación en las personas con trastorno mental grave, el desarrollo de intervenciones con las TIC y el uso de herramientas psicológicas, incorporando la perspectiva de género", añade la consejería.

"Nos congratulamos de tener esta herramienta, que nos da soporte social y sanitario para que se puedan considerar ciudadanos de primera", declara Concepción Cuevas, presidenta de la Federación Andaluza de Familiares de Personas con Enfermedad Mental (Feafes), que destaca que echa de menos más atención en prisiones o más tratamiento para el trastorno de límite de personalidad. "Las cárceles se están llenando de presos que necesitan tratamiento sanitario y social y que deben ser tratados en comunidad, en otro tipo de centros. Al estar privados de libertad, no podemos trabajar con ellos", apunta Cuevas.

Por otro lado, en el Consejo de Gobierno de este martes también se ha presentado el anteproyecto de la Ley de Voluntariado, que regulará la participación de los menores, incorporará las modalidades de acción vinculadas a las nuevas tecnologías y marcará los límites entre las tareas de voluntariado y las laborales. "En estos tiempos de crisis se ha llamado voluntariado a muchas cosas. Tienen que quedar claros los extremos de cada ámbito para que no se dé la duda", ha declarado la consejera de Igualdad, María José Sánchez Rubio, en San Telmo.


Entre las novedades destaca también que no se podrá despedir a los trabajadores que desarrollen estos servicios. "La nueva ley impedirá que la acción voluntaria organizada sea causa justificativa de la extinción de contratos por cuenta ajena. Recoge además la posibilidad de establecer mecanismos de flexibilización de la jornada laboral que permita a los trabajadores participar en estas actividades", informa la Consejería de Igualdad.

lunes, 19 de diciembre de 2016

¿Qué es la culpa y cómo podemos gestionar esta sensación?

PSICOLOGIA
Marianela Esquivel | Psicóloga |psicologiaymente.net | 12/09/2016
En mis años como terapeuta he presenciado como muchas personas viven presas de un gran fantasma que les atormenta: su nombre es culpa. Son personas que no logran disfrutar plenamente su vida porque suelen privarse de experiencias, tomar decisiones, asumir retos, cerrar círculos en su vida por sentirse culpables.

Lo que entendemos por culpa.

Comencemos por explorar un poco el término: la culpa. Solemos definir este concepto como un sentimiento desagradable nacido de la sanción, el señalamiento acusador o la condena producida por “algo que hicimos o que no hicimos y se asumía que debíamos hacer o no hacer”. 

Este señalamiento genera sentimientos como la tristeza, el remordimiento, el lamento, la angustia, la impotencia y la frustración.

Los pequeños juicios imaginarios.

Precisamente, sobre este punto me interesa reflexionar. En consulta suelo mencionarles a mis pacientes que, consciente o inconscientemente, suelen vivir en un constante “juicio” en el que, lamentablemente, ellos mismos son quienes se obligan a sentarse en la “silla de los acusados”.

De esta manera, se trata de ejemplificar lo desgastantes que suelen ser sus vidas, por la propia decisión de “sancionarse o reprocharse” por “lo que se hace o no se hace en la vida”. Es decir, en muchas ocasiones no existe ese “otro que señala”, sino que es la misma inflexibilidad del sujeto la que se acusa.

Cuando la culpa se la pone uno mismo.

La crianza y la educación recibida en general puede influenciar en la adquisición de conductas auto-punitivas, pero una vez que se pasa a la vida adulta, somos responsables de cambiar nuestro repertorio de tal manera que adquiramos cada vez más herramientas emocionales asertivas.

El ejemplo del segundo idioma.

Para aclarar este punto suelo ponerle el siguiente ejemplo a mis pacientes. Cuando se es niño, muchas veces, los padres no pueden brindarles a sus hijos la opción de adquirir una segunda lengua; mientras son niños y adolescentes, están sujetos a las posibilidades que le permitan sus padres. Y si les preguntan por qué no hablan otro idioma, con mucha naturalidad dirán que sus padres no pueden brindarles esa opción.


Pero cuando se es adulto, ya no pueden justificarse hablando sobre lo que sus padres no pudieron brindarles, pues teóricamente ya es absoluta responsabilidad de ellos proveerse de todas las herramientas profesionales necesarias para competir en el mercado laboral, y cuanto más necesitados estén de una herramienta para destacar en el campo profesional, mayor debería ser su esfuerzo por conseguirlo.

De esta misma manera, si nuestros padres no pudieron brindarnos las herramientas necesarias para tener salud mental y por ende, calidad de vida, de adultos es nuestra responsabilidad adquirir nuevos recursos. Por eso, utilizar la culpa asertivamente es una decisión absoluta de la persona. Lo ideal es saber gestionar estas creencias y sentimientos para hacer que nuestra calidad de vida mejore en aquellas áreas en las que puede mejorar.

¿Por qué se debe exterminar la culpa cuando no es asertiva?

La culpa genera sentimientos desgarradores, porque hace prisionera a la persona ante una situación emocional.

Ejemplo: imaginemos que cerca de donde vivimos ocurre un desastre natural y muchas personas queridas se vieron afectadas; sentimos su dolor y preocupación, por tanto, si está en nuestras posibilidades corremos a auxiliarlos, procurando dar lo mejor de nosotros ante tal catástrofe; casi impensable sería que una persona se coloque unas esposas en sus manos y se ate a la cama, de tal manera que sienta el dolor de sus amigos pero sin poder hacer nada.
Este precisamente es el panorama que asumen las personas que se culpan; se quedan paralizadas, se lamentan, sienten dolor, pero no asumen acciones que le permitan mejorar el panorama. Se quedan “atadas”, “prisioneras” en su sentimiento sin capacidad de colaborar.

Formas de compensación.

Es necesario aclarar que en ocasiones las personas claramente asumen la responsabilidad de sus actos, en tanto buscan maneras de compensar su error. Por ejemplo, si en una pareja uno de los dos fue infiel, es posible que se reconozca el error y que la persona luche por recuperar la confianza, de tal manera que no se queda en lamentaciones o sanciones, sino en la manera de volver a recuperar la estabilidad emocional de la pareja en caso de querer continuar juntos. Es decir, la culpa nos permite sensibilizarnos ante el sentimiento humano y por ende, delimitar ciertas acciones para la sana convivencia. Está sería la utilización asertiva de la culpa.

No obstante, en muchas ocasiones las personas se sienten culpables por acontecimientos que no son su responsabilidad. Volviendo a uno de los ejemplos, sería como si la persona se sintiera responsable por el desastre natural, el cual arrasó con el vecindario y por ende, comience a disculparse con los otros y no logre continuar con su vida por la tristeza que le ocasiona la experiencia.

La culpa que nos ata.

De esa misma manera, las personas pasan gran cantidad de su vida sumidas en esta “creencia irracional” de que se es responsable de acontecimientos que pertenecen al propio transcurso de la vida. Y lo difícil del caso es que se genera un círculo, pues al “paralizarse” y no buscar maneras alternas de mejorar la situación, se cae en el reclamo o a las lamentaciones constantes.

Por eso, cuando se les ayuda a las personas a encauzar la culpa se les cuestiona si realmente desean liberarse de esos sentimientos desagradables. La pregunta más importante que debo hacerles como terapeuta es: “¿Quiere asumir la responsabilidad de su vida?”. Porque eso implica en muchas ocasiones emprender acciones que inconscientemente evitamos asumir. En algunos casos, de hecho, se dan cuenta que es más cómodo estar lamentándose por el pasado que empezar a construir el presente.

La temporalidad.

Otro aspecto importante mencionar en el tema de la culpa es su temporalidad. La culpa, como ya se mencionó, nos ayuda para sensibilizarnos ante aquellas acciones que hacemos o dejamos de hacer y que nos permite enmendar o mejorar como personas; pero debe estar inscrita dentro de un tiempo. Tiene un inicio y un fin, así como un objetivo que como se menciona se centra en la superación.

No obstante, se distorsiona su uso cuando inicia pero no finaliza, es decir, cuando nos sentimos mal por una falta que cometimos pero continuamente nos estamos recriminando una y otra vez.

En este punto suelo hacerles la siguiente pregunta a mis pacientes: ¿cuál es el fin de convivir con ese sentimiento de culpa? ¿Será acaso que nos funciona para victimizarnos, manipular, o evitar asumir responsabilidades? Es sumamente importante que las personas encuentren la verdadera razón por la cual se culpabilizan. Es el inicio para lograr obtener cambios.

Nota.- Perdonad que la presentación no sea correcta, el interlineado no obedece mis órdenes. Saludos.

domingo, 4 de diciembre de 2016

Las diferencias entre síndrome, trastorno y enfermedad.

PSICOLOGÍA CLÍNICA

Explicamos las similitudes y diferencias entre estos conceptos

En el ámbito de la salud y de la psicología, es muy frecuente el uso de tres conceptos clave: el síndrome, el trastorno y la enfermedad

Se trata de palabras con mucha fuerza, porque a nivel popular acostumbran a asociarse a la falta de salud y los problemas en el organismo, algunos de los cuales podrían ser crónicos y por lo tanto no tener cura. Sin embargo, eso no significa que en los entornos científicos, académicos y de la salud se utilicen como sinónimos. De hecho, no lo son.

A continuación examinaremos las diferencias entre la enfermedad, el síndrome y el trastorno, pero antes debemos aclarar el significado de la palabra "síntoma" para poder entender todo el resto.

¿Qué es un síntoma?.-  En el ámbito de la salud, un síntoma es la expresión de un estado anómalo, es decir, la consecuencia de un fenómeno que se está manifestando en un cuerpo. De este modo, un síntoma podría ser una señal de alerta de que un paciente puede tener su salud comprometida de algún modo, o podría ser una "falsa alarma".

Es decir, un síntoma puede ser muchísimas cosas, y el hecho de que estén presentes no sirve como confirmación definitiva de que la salud de alguien se vea comprometida: por ejemplo, un paciente puede decir que le duele la cabeza (síntoma) sin que esto sea señal de que se tiene una enfermedad.

El síndrome.-  Un síndrome es un conjunto de síntomas que se dan juntos y que ya ha sido estudiado previamente y que, por tanto, ha sido identificado como un cuadro clínico vinculado con uno o varios problemas de salud. Así pues, en un síndrome hay una serie de síntomas que se dan juntos con mucha frecuencia. Sin embargo, los síntomas que componen un síndrome pueden variar con el tiempo y por lo tanto este puede llegar a desaparecer.

¿Cuál es la diferencia entre un síndrome y una enfermedad? Ahora lo veremos.

La enfermedad.-  El concepto de enfermedad, como el de síndrome, es una entidad clínica, y por tanto tiene que ver con los problemas de salud. Sin embargo, si un síndrome no es más que un conjunto de síntomas ya estudiados e identificados como algo que tiene una entidad propia al tener una forma típica de manifestarse, una enfermedad debe presentar, además de uno o más síntomas, o cambios reconocibles en el cuerpo o bien una causa biológica conocida (o ambos elementos).

Es decir, que un síndrome, al ser esencialmente un conjunto de síntomas, no tiene por qué tener una causa conocida ni desarrollarse a la vez que alteraciones anatómicas.
Así pues, algunos síndromes pueden ser la manifestación de una enfermedad, pero otros no, ya que sus causas pueden ser tan biológicas como, por ejemplo, sociales.

¿Qué es un trastorno?.- En términos genéricos, por trastorno puede entenderse simplemente una alteración del estado de salud normal debido o no a una enfermedad. El ámbito en el que es más frecuente hablar de trastornos es del de la salud mental. Un trastorno mental suele ser entendido como un cambio desadaptativo (y, por tanto, problemático) que afecta a los procesos mentales.

Muchas veces el término trastorno se utiliza como un modo más laxo de referirse a la enfermedad en aquellos casos en los que las causas no están muy claras y las posibles alteraciones anatómicas con las que está asociado pueden ser a la vez causa o consecuencia suya. En el caso de los trastornos mentales esto se hace mucho, ya que muchas veces no queda muy claro si los desequilibrios bioquímicos asociados a algunos trastornos son lo que produce los síntomas o son un producto de una dinámica de interacción entre la persona y su entorno.

De este modo, el concepto de trastorno sirve simplemente para describir las señales del estado de anormalidad y de alteración de la salud en el que se encuentra una persona, mientras que el de enfermedad señala una relación de causalidad, porque incluye las causas concretas (etiología) de la falta de salud.


Nota.- La Psicología clínica se encarga de investigar las distintas funciones mentales de individuos que sufren algún tipo de alteración o padecimiento, no solamente trastornos mentales sino también trastornos relacionados con la potencialidad de cada ser humano para lograr sus metas. Para ello, los psicólogos clínicos se apoyan en distintas metodologías y pruebas para trazar la mejor terapia posible.

miércoles, 23 de noviembre de 2016

Un test para predecir la respuesta a los antidepresivos.

DANIEL MEDIAVILLA  | El País | 15/06/2016
Con los métodos actuales, la depresión es una dolencia muy difícil de acotar - VOLKAN OLMEZ

La depresión, como otras enfermedades mentales, es difícil de definir con criterios objetivos.

De hecho,  entre los psiquiatras hay dudas sobre las fronteras que separan esta dolencia de otras como la esquizofrenia o el autismo. En los últimos años, los investigadores han realizado muchos avances para obtener marcadores que acoten los límites de la enfermedad para poder así tratarla con mayor precisión. Esta semana, un equipo del King’s College de Londres ha anunciado un nuevo paso en esa dirección: el desarrollo de un test de sangre capaz de predecir si un paciente deprimido responderá a los antidepresivos habituales.

Los autores del trabajo, que se ha publicado en la revista The International Journal of Neuropsycho-pharmacology, sabían que la mitad de los pacientes deprimidos no responden a los medicamentos con los que se empiezan los tratamientos y un tercio son inmunes a cualquier tratamiento farmacológico. También era conocido que las personas con mayores niveles de inflamación respondían a los antidepresivos, pero no se había identificado con precisión la causa.

Para resolver, al menos en parte, el enigma, los investigadores analizaron la cantidad de dos marcadores en la sangre de pacientes deprimidos antes y después de tomar algunos de los antidepresivos prescritos con mayor frecuencia. Estos dos marcadores eran el MIF (factor inhibidor de la migración de macrófagos), una proteína que el sistema inmune emplea para ponerse en alerta cuando detecta una amenaza, y la interleucina 1 beta, otra proteína con funciones similares, que se produce en grandes cantidades ante infecciones, lesiones o estrés.

Los científicos del King’s College observaron que cuando esos marcadores sobrepasaban cierto umbral en la sangre, la respuesta a los antidepresivos convencionales desaparecía, pero se podía esperar que los pacientes reaccionasen bien si sus niveles no superaban determinado límite. La probable explicación para que esto suceda es que tanto el MIF como la interleucina desempeñan un papel relevante en mecanismos importantes para la depresión como el nacimiento y muerte de neuronas.

La información de este tipo de análisis haría más racional el proceso de selección de los antidepresivos, que ahora tiene mucho de ensayo y error. Eso significa, por ejemplo, que un paciente que por sus características no va a responder a la medicación común debería esperar tres meses o más para averiguarlo, con el consiguiente tiempo perdido y las posibilidades de empeoramiento.

“Los pacientes con elevados niveles de inflamación y que tendrían altas probabilidades de no responder a tratamientos antidepresivos convencionales podrían empezar desde el principio con un tratamiento más fuerte, introduciendo antiinflamatorios o combinaciones con distintos antidepresivos”, explica Annamaria Cattaneo, investigadora del King’s College y autora principal del estudio. Cattaneo señala que este sistema es aún experimental y que están tratando de replicarlo. Además, añade, quieren “probar la eficacia de combinar fármacos antiinflamatorios con antidepresivos para mejorar los síntomas en pacientes con altos niveles de inflamación”.

Jerónimo Saiz, jefe de servicio de psiquiatría del Hospital Universitario Ramón y Cajal de Madrid, considera que, aunque el estudio es interesante, “desde el punto de vista práctico no va a ser útil porque estos procedimientos no son económicos ni pueden utilizarse de forma rutinaria”. También considera que la eficacia de medir estos marcadores será limitada porque definir cuándo se está delante de una persona con depresión “se basa en unos síntomas que a veces no permiten una delimitación clara entre si la depresión existe o no o entre casos distintos de depresión”.

“La depresión como término diagnóstico ha perdido sus límites, porque puede depender de situaciones de estrés, de situaciones desfavorables, de cuestiones de debilidad de carácter”, continúa Saiz, que también es miembro de la Comisión Ejecutiva de la Sociedad Española de Psiquiatría (SEP). “Y luego está la depresión que antes se llamaba endógena, más ligada a factores genéticos y de funcionamiento biológico”, añade.


Saiz señala que, pese a las limitaciones, la psiquiatría sigue trabajando para mejorar el tratamiento combinando el conocimiento sociológico, psicológico o biológico, porque “no son enfoques separados”. El objetivo final es, como en muchos otros campos de la medicina moderna, lograr personalizar tratamientos que hasta ahora han sido demasiado generales.

viernes, 18 de noviembre de 2016

Los Neurotransmisores y su relación con la ansiedad, la depresión y la agresividad.

Evelin Doriana Castañeda Gutiérrez Blog Psicoactiva.com | 10/10/2016

Las células del cerebro son las neuronas y la comunicación entre estas células nerviosas tiene ciertas características, una de ellas es que casi nunca se tocan, aunque están separadas por pequeñísimos espacios.
A la zona de interacción de las neuronas se le llama sinapsis que significa unión- enlace. Todas las acciones del cerebro como ordenar a los músculos que se contraigan y se relajen en forma coordinada para llevar a cabo un simple movimiento, tareas intelectuales, etc., son capaces de modular nuestras emociones.

El sistema límbico tiene una gran importancia en el origen y el control de las emociones. Y dentro de este gran circuito, una pequeña región, el hipotálamo, está asociada a muchas conductas emocionales  y a funciones como el hambre y la sed. Se ha podido observar que cuando se destruyen algunos núcleos del hipotálamo, el sujeto puede dejar de comer e incluso incluso morir de hambre literalmente en medio de la más apetitosa comida. A través de este núcleo es que se siente la necesidad de comer. A esta región del hipotálamo se le conoce como centro de la saciedad.
En el hipotálamo y en otras áreas del sistema límbico se localizan los núcleos celulares que al ser estimulados provocan respuestas de cólera y agresividad en los animales.
La conversación entre las neuronas
Las neuronas tienen dos tipos de prolongaciones, unas ramificadas, que confieren a estas células su aspecto estrellado o arborizado característico, y otras más largas y más sencillas, los axones, que son aquellas a través de las cuales las neuronas se comunican entre sí. La parte final del axón, que establece la comunicación con la neurona adyacente, se llama terminal sináptica o presinapsis, y se identifica en un gran número de sinapsis por la presencia muy característica de estructuras esféricas: las vesículas sinápticas.
En el interior de las células nerviosas predomina el potasio y algunas proteínas también con carga eléctrica mientras que afuera existe una alta concentración de sodio y cloro. Cuando la neurona está “callada” su interior es más negativo eléctricamente que el exterior, pero esta situación cambia abruptamente cuando la neurona se comunica con otras neuronas. Los neurotransmisores son los comunicadores de la relación entre las neuronas.

Los transmisores químicos
Se trata generalmente de sustancias sencillas. Considerando el número enorme de contactos que se establecen entre las neuronas, es sorprendente el número tan pequeño de moléculas que la naturaleza ha diseñado para transmitir  los cientos de miles de mensajes entre las neuronas. Los neurotransmisores pueden clasificarse, desde el punto de vista de su estructura, en tres grandes grupos: los aminoácidos, las aminas y los péptidos.

Como se libera el neurotransmisor
Los neurotransmisores son expulsados de la neurona presináptica para llevar el mensaje a la postsináptica. Los neurotransmisores se almacenan en las estructuras características de la  presinapsis, las vesículas sinápticas, y permanecen ahí  secuestrados hasta que el calcio los hace salir en camino hacia la neurona a la que han de transmitir el mensaje.
Los receptores
El contacto del receptor con el transmisor origina el mensaje que reconocen las neuronas, es decir, un cambio en la permeabilidad celular a un determinado ion y el cambio consecuente en la distribución de las cargas eléctricas.
Los receptores postsináticos desempeñan un papel clave en la fisiología de la conducta. Los receptores de un mismo neurotransmisor no siempre son iguales, tienen diferencias en su estructura que obligan a pensar que son moléculas distintas. Una vez que el mensaje ha sido transmitido, el neurotransmisor, ya terminada su función, debe dejar de interactuar con el receptor y desaparecer del espacio sináptico para que pueda iniciarse una nueva comunicación, si es necesario. Existen dos tipos de acciones que permiten que esto suceda: el neurotransmisor es destruido, ese transmisor destruido es transportado de nuevo a las neuronas.

Interferencias en la comunicación neuronal
El proceso de salida del neurotransmisor se puede alterar, con sustancias que cierran la entrada de los canales del calcio, interceptando así  la señal para liberar el neurotransmisor. Otra forma de modificar el proceso de liberación del neurotransmisor es impedir su entrada a las vesículas sinápticas. Algunas toxinas, como el veneno de la viuda negra, incrementan en forma extraordinaria e indiscriminada la salida de los neurotransmisores de las vesículas, con lo que alteran los mecanismos normales de comunicación, en particular la de las neuronas con los músculos. La muerte por botulismo se debe a que la toxina impide la liberación de los neurotransmisores.
Los receptores, es decir las proteínas con las que interactúan los neurotransmisores, también pueden ser afectados por sustancias, algunas naturales, otras sintetizadas en el laboratorio.
La ansiedad natural y la ansiedad patológica
La ansiedad es una condición natural. A nivel biológico, considerada como un estado de superalerta, es un elemento clave para la supervivencia del individuo. La ansiedad, con todas sus características orgánicas (temblor ligero, palpitaciones, manos frías, sudoración). La ansiedad también puede llegar a ser una respuesta patológica.
La ansiedad se puede manipular por medio de algunos de los receptores de las neuronas
Los ansiolíticos más eficaces son compuestos conocidos como benzodiazepinas. Además de su efecto ansiolítico, las benzodiazepinas son utilizadas también como auxiliares en el control  del sueño, y contribuyen en esta forma, aunque indirectamente, a disminuir la ansiedad. Es conocido por todos la falta de sueño es una causa poderosa de ansiedad y que los problemas se agigantan durante las horas de insomnio. El efecto de las benzodiazepinas como de los barbitúricos, es el de aumentar la eficacia de este proceso de entrada de cloruros a las neuronas. La presencia en el cerebro de estos receptores a las benzodiazepinas, que son sustancias artificiales creadas por el hombre, sugiere la existencia de  una “benzodiazepina natural”, es decir, la sustancia que es legítimamente dueña del sitio de las benzodiazepinas en el receptor.


La depresión
Las fluctuaciones en el estado de ánimo no afectan las funciones orgánicas cotidianas como, comer o dormir. Tampoco infieren en sus actividades de trabajo, su desempeño intelectual y sus relaciones con otros individuos. La depresión endógena es una enfermedad tan real como la pulmonía. Las personas que padecen depresiones, los esquemas de conducta pueden aparecer en forma recurrente, es decir, desparecer por un tiempo para luego repetirse con características muy similares. Los síntomas son falta de motivación, falta de interés por actividades  que antes parecían  atractivas, pasividad, falta de concentración. Algunos pacientes depresivos adelgazan en forma notable, mientras que otros por el contrario, aumentan de peso. En algunos, el insomnio es frecuente mientras otros pasan la mayor parte del tiempo dormidos. Hay pacientes que se muestran agitados y sin reposo, y otros apenas si pueden salir de la cama. En etapas más avanzadas pueden presentarse alteraciones psícoticas como alucinaciones o sentimientos de paranoia; el número de suicidios   en pacientes depresivos es muy elevado.
En el Trastorno Bipolar, muchos enfermos responden bien a tratamientos farmacológicos con medicamentos que en su estructura y por sus efectos, tienen una relación  con los neurotransmisores del grupo de las llamadasaminas biogénicas.
El Litio se emplea también como terapia de mantenimiento para evitar la recurrencia de los estados de depresión y manía en este trastorno; el litio disminuye la severidad, duración y recurrencia de los episodios de manía y de depresión en los trastornos bipolares.

La agresividad y la pasividad, también dependen de la química del cerebro
La agresividad es el resultado de la función de las neuronas integradas en circuitos. Actualmente se conocen al menos seis áreas en el cerebro relacionadas con la agresión, de las cuales las más importantes son la amígdala y el hipotálamo, que forman parte del sistema límbico. El primero está relacionado con una actitud depredadora, el segundo se refiere a un comportamiento defensivo. En estos dos casos, la conducta agresiva se manifiesta hacia un individuo de una especie distinta. Un tercer tipo de comportamiento agresivo, es la llamada agresividad social. Este tipo de conducta se manifiesta dentro de una colonia entre individuos de la misma especie. En muchos casos este tipo de comportamiento agresivo está restringido a los machos y tiene un claro vínculo con la actividad de la hormona masculina, la testosterona.