miércoles, 20 de noviembre de 2019

Dos preguntas que ayudan a aliviar la ansiedad en la era de la incertidumbre

ANDRÉS  MASA   |   El País   |   28/10/2019


Cada vez hay más personas que experimentan estrés a causa de no saber qué les depara el futuro. Responder a dos cuestiones fundamentales puede cambiarles la vida.

Pocas cosas estresan tanto como no saber qué pasará. Ya sea el anhelo de una llamada de amor que no llega, la espera de los resultados de un diagnóstico médico que cambiará -o segará- una vida o la incógnita de cómo castigará a nuestros nietos el clima que les dejamos. La incertidumbre tiene la culpa, y la ansiedad es su sicario. Algunas personas la controlan sorprendentemente bien, pero cada vez hay más que caen derrotadas. La buena noticia es que se puede aprender a aceptar la incertidumbre, incluso a rebajarla, y que es un esfuerzo muy rentable en una era en la que una vida regida por la certeza es, cada vez más, un sueño.


Hasta tal punto sienta mal no saber qué nos deparará el futuro que a veces uno prefiere vivir un desenlace doloroso a seguir preguntándose cuándo acabará la amenaza. Es lo que comprobaron unos científicos en un complejo experimento de laboratorio, pensado para profundizar en la naturaleza del estrés. Según su trabajo, preferimos que nos apliquen una corriente eléctrica a soportar la incertidumbre de saber que es posible que nos llegue en algún momento, o no... Los especialistas saben que esto sucede porque los momentos de incertidumbre suelen hacer que la imaginación proyecte el futuro más negativo que uno pueda construir. Y aconsejan que no debemos dejarnos llevar por este mecanismo psicológico, ya que produce un estrés que afecta negativamente al rendimiento y al bienestar de las personas (hasta puede decirse que engorda igual que una hamburguesa doble con queso). También hace que sufran inútilmente. Para evitarlo, siempre que la incertidumbre no llegue a dar pie a conductas que deben ser reconducidas por un especialista, basta plantearse dos preguntas.

Es viernes por la tarde y te esperan dos días infernales. Acabas de recibir un correo electrónico de tu superior, uno de esos que no pueden traer nada bueno: "Tenemos que hablar seriamente. El lunes te espero cuando termines de trabajar. Que descanses". ¿Descansar? ¿Quién podría, después de semejante mensaje? Pronto surge la ansiedad. Le siguen la frustración -siempre hay motivos para pensar que el encuentro no podía llegar en peor momento-, y la rabia por tener que cancelar una cita importante, así como la inseguridad, al recordar algunos fallos que has cometido últimamente en el trabajo... incluso la tristeza, si uno concluye que seguramente haya llegado el momento de buscar otro empleo. Son justo las emociones que un psicólogo esperaría detectar: "Es lo que le pasa a la gran mayoría de la población ante una situación de incertidumbre, se ponen en lo peor", dice la especialista en ansiedad y estrés Cristina Wood. Sucede por una buena causa pero, como dice el refrán, el infierno está empedrado de buenas intenciones.


"A tu cerebro le da igual que seas feliz, lo único que le importa es que estés dentro de tu zona de confort, que estés a salvo, protegido, que no corras el mínimo riesgo", explica la psicóloga del Centro Área Humana. Ponerte en lo peor forma parte de un sistema de protección crucial que ha evolucionado para protegernos de los peligros inmediatos del mundo, como el de los depredadores que no dudarían en atacarnos por la espalda si se cruzaran con nosotros en la oscuridad de la selva. Pero no siempre es una estrategia deseable, y ahora menos que nunca, ya que alimenta la ansiedad, que es una de las formas que toma la bestia en la sociedad urbana contemporánea. No muerde, pero es capaz de generar un estrés que merma el bienestar, el rendimiento y el descanso. "Lo negativo suele ser lo que nos viene de forma automática, pero no tenemos que hacer nada con ese pensamiento, simplemente identificarlo, dejarlo pasar y fijar nuestra atención en lo que nos gustaría que ocurriera", recomienda Wood.


La psicóloga anima a hacer lo que, según un esquema que se conoce como modelo de valoración cognitiva en los círculos especializados, consiste en pasar de ver la realidad como una amenaza a entenderla como un reto. Tanto si uno imagina su futuro cuando espera un diagnóstico médico como si espera a que el hijo que llega tarde responda a los mensajes de WhatsApp o aguarda una reunión inesperada con un superior, debería hacerse una pregunta: ¿Qué me gustaría que ocurriera? Quizá quien será tu próxima pareja está en una reunión y, aún así, no ha podido esperar a ver tu mensaje (por eso figura como leído y no te ha respondido), mientras tú estás pensando que no quiere salir contigo. Es posible que la jefa preocupada un viernes por la tarde quiera recabar información sobre un empleado que sospecha que está robando a la empresa, y desea hacerlo de una forma discreta. Si la respuesta a esta pregunta no es ingenua y entra dentro de lo posible, ayuda a eliminar las emociones desagradables y a que afloren otras más beneficiosas: primero el alivio, luego la ilusión, la motivación. 


Por otra parte, es importante tratar de recabar información siempre que sea posible. ¿Por qué no preguntar a tu jefa el motivo del encuentro? Recabar nuevos datos puede ayudar, como mínimo, a descartar situaciones negativas. Pero conviene ser muy selectivos y solo tener en cuenta información válida y fiable. Según Wood, Internet, con sus inmensas opciones informativas salpicadas de noticias falsas e infinitas vueltas de tuerca en el plano de la opinión, es uno de los motivos por los que vivimos en una era de gran incertidumbre. Algunos científicos están de acuerdo y van más allá, piensan que cada vez toleramos peor la incertidumbre. Según un análisis de 52 estudios norteamericanos, el nivel de intolerancia a la incertidumbre aumentó significativamente de 1999 a 2014, aunque la seguridad se haya incrementado durante las últimas décadas. Su hipótesis también apunta a la penetración de los teléfonos móviles y de Internet. Por supuesto, no siempre es posible tener la información que uno querría. En esos casos, Wood aconseja recurrir a la distracción, aceptar que hay esperar a que llegue el desenlace para pensar qué hacer. "La preocupación es una estrategia tóxica", insiste.


Pero convertir la incertidumbre en un reto de una manera eficaz exige responder a una segunda pregunta: ¿Hay algo que yo pueda hacer para favorecer que eso ocurra? Es un punto crucial, como pone de relieve el movimiento que los jóvenes han iniciado para combatir el cambio climático. Saben que quieren frenar el proceso, pero también que reciclar y animar a que otros lo hagan no es todo lo que pueden hacer. Han decidido unirse y exigir cambios como los que las generaciones pasadas exigieron en terrenos como el de los derechos laborales. La fuerza de la iniciativa es inmensa porque la manera en la que gestionamos la incertidumbre no solo nos afecta a nosotros, tanto lo bueno como lo malo de la manera en la que la afrontamos se contagia a los demás. En la era de la incertidumbre solo hay dos opciones, elegir un círculo vicioso de ansiedad o uno virtuoso de optimismo.


Optimistas, pesimistas y el poder de las pequeñas cosas.- Una habilidad que tienen los buenos médicos y que puede pasar desapercibida es la de ayudar a sus pacientes a elegir el mejor tratamiento. Es un apoyo fundamental, pero es vulnerable a la propensión humana a dejarse llevar por la respuesta de protección automática que desencadena la incertidumbre. Por ejemplo, la literatura científica ha documentado cambios en las estadísticas de parto por cesárea en función de la tolerancia a la incertidumbre de los ginecólogos, a la hora de interpretar el embarazo de una mujer y su historia clínica. La bibliografía también recoge investigaciones como la que un equipo italiano publicó en 2003, en la que observaron cómo una intervención que puede parecer ajena a la labor sanitaria ayudó a un grupo de pacientes que se enfrentaban a cirugía torácica.


Es habitual que se administre morfina a estas personas para que el dolor no sea tan fuerte cuando termina el efecto de la anestesia, pero, según su experimento, el malestar es significativamente menor cuando el fármaco se acompaña de palabras. Cuando los médicos dijeron a los pacientes que este tratamiento les haría sentir menos dolor, eso fue lo que consiguieron. Lo mismo pasó cuando repitieron el experimento en personas con ansiedad y depresión. "Se redujo la incertidumbre de esas personas, que pensaban que todo iba a ir bien. El cerebro escucha eso y se relaja", interpreta Wood. Eso sí, si bien todos podemos aceptar, e incluso reducir la incertidumbre y sus efectos negativos, unas personas lo tienen más fácil que otras.

"Los optimistas lo llevan mejor porque no se ponen en el peor de los casos", aunque hay que distinguir a los optimistas inteligentes -o realistas- de los ingenuos. "Las personas pesimistas mantienen ciertas creencias erróneas -prosigue Wood- como que 'es mejor ponerme en lo peor que llevarme un chasco', que es mentira; 'si me pongo en lo peor estaré más preparado para cuando me llegue la noticia', también mentira; o 'si me pongo en lo peor no me pillará de sorpresa', una gran mentira". Las malas noticias siempre hacen que decaiga el estado de ánimo, "pero si baja cuatro puntos es mejor que lo haga de nueve a cinco que de tres a menos uno", argumenta la psicóloga.


"Cuanta más atención se le preste a la amenaza y más negativa sea la interpretación, más ansiedad generan las incertidumbres", continúa. Según ella, lo más importante es buscar el equilibrio entre lo que una situación demanda y lo que uno tiene que hacer con los recursos disponibles, puesto que verse sobrepasado conduce al estrés. Y no hay que esperar a afrontar grandes situaciones. "Está demostrado que los pequeños estresores del día a día, esas pequeñas incertidumbres que vamos solucionando cotidianamente, pueden ser muchísimo más graves para la salud a largo plazo que una grande". Además, a diferencia del ciclo virtuoso de los jóvenes que afrontan la incertidumbre del cambio climático, cuanto más estrés tiene una persona, mayor es su tendencia a prestar atención a las amenazas.


Por último, Wood señala que dos preguntas pueden ayudar a cambiar la relación con la incertidumbre, pero que no es lo único que podemos hacer. Hacer deporte ayuda, puesto que, además de proporcionar un cóctel hormonal que sienta bien al cuerpo y a la mente, nos distrae de la trampa de centrarnos en las amenazas. La respiración abdominal también contribuye a rebajar el estrés, y las autoinstrucciones positivas, las que pueden ayudarte a convertir la tristeza en una oportunidad, también contribuyen.

viernes, 15 de noviembre de 2019

Pasar tiempo a solas es la mejor manera de descansar, incluso si eres extrovertido

ROCÍO CARMONA   |   La Vanguardia   |   27/10/2019


Consejos de los expertos para disfrutar al máximo de una soledad reparadora en el ámbito físico y emocional
¿Descansamos lo suficiente? ¿Cuál es la mejor forma de hacerlo? ¿Cuántas horas de reposo necesitamos en realidad? Cuando pensamos en recargar pilas, ¿nos referimos a las del cuerpo o a las de la mente? Una encuesta reciente llevada a cabo entre 18.000 personas de 134 países ha concluido, entre otras cosas, que el tiempo que pasamos a solas es el que más descanso nos proporciona, incluso entre las personas que se consideran extrovertidas.

Al parecer, para descansar de verdad, tengamos un carácter más o menos sociable, necesitamos pasar más tiempo con nosotros mismos. En este sentido, los participantes del estudio, realizado por la BBC y Hubbub –un grupo internacional de académicos, artistas, poetas y expertos en salud mental–, mostraron una clara preferencia por descansar sumergiéndose en actividades que no implicaban compañía. Ver a los amigos o a la familia, charlar o tomar algo con otras personas fueron ocupaciones consideradas mucho menos restauradoras por los encuestados.

La necesidad de desconectar es independiente del carácter de cada persona.- Si hasta el momento solía pensarse que solo las personas introvertidas necesitaban soledad para recargar pilas, este estudio británico ha descubierto que también el descanso de los extrovertidos pasa por conectar consigo mismos. Así, leer, pasar tiempo en la naturaleza, estar solo, escuchar música o no hacer nada en particular fueron las actividades de descanso más escogidas por los participantes de dicha encuesta.

La psicóloga y psicoterapeuta Pilar Sanz afirma en este sentido que “la mejor forma de descansar es el silencio interior. En esta era se anhela la desconexión, pero lo que necesitamos de verdad es conectar; conectar con nosotros; conectar con nuestra esencia para desconectar del personaje”.
Silvia Congost, psicóloga y autora de A solas (Zenith), una obra que reivindica las bondades del reencuentro con uno mismo, explica que, a pesar de que sus beneficios están más que demostrados, la soledad todavía tiene mala prensa. “Básicamente porque la relacionamos con el fracaso y la vergüenza. Al ser seres sociales, el hecho de estar solos nos lleva a sentirnos abandonados, desamparados y eso, a ojos de los demás, pensamos que será interpretado como una señal de ser poco importantes y valiosos. Pero todos tenemos la capacidad y la necesidad de llevarnos bien cuando nos quedamos solos con nosotros mismos”, comenta.
El monje zen Shunmyo Masuno, autor de El arte de vivir con sencillez (Urano) explica en su libro que en Japón se utiliza el concepto “tener una morada en la montaña” para referirse a un estilo de vida que nos permita alejarnos de vez en cuando del mundanal ruido: “Leer mientras escuchas el canto de los pájaros y la corriente del agua. Disfrutar de una copa de sake mientras contemplas el reflejo de la luna en la copa (…)”.
Para los monjes budistas zen, la soledad en la naturaleza es el estilo de vida ideal, pero como observa Masuno en uno de los capítulos de su obra, “en realidad es todo un desafío. Adaptando el concepto de tener una morada en la montaña a la vida moderna, incluso sumido en el barullo de la ciudad, el monje y famoso maestro del té Sen no Rikyu acuñó la frase “reclusión en la ciudad”. Tener un lugar donde poder desconectar de los demás y pasar un tiempo a solas y donde poder recuperar la libertad de espíritu”.
Los beneficios de la soledad.- Y es que, a veces, puede resultar difícil encontrar estos espacios de soledad en los que recargarse: ¿quién tiene tiempo para ello? Como señala este autor japonés, en ocasiones no hace falta más que una pequeña pausa en mitad de la jornada para notar los efectos reparadores de la soledad. “Un día de estos, busca diez minutos. No necesitas más. Intenta buscar un espacio para el vacío, para dejar de pensar. Solo procura despejar la mente, sin dejarte atrapar por las cosas que te rodean”, apunta.
Numerosos estudios señalan que pasar tiempo a solas −y en este punto quizá conviene recordar que es muy diferente buscar esos momentos a estar forzosamente solo− también favorece la empatía, incrementa la productividad, ayuda a reducir problemas de comportamiento en los niños, es un estímulo para la creatividad y fortalece la resiliencia.
Pilar Sanz afirma que la sociedad del siglo XXI tiene una marcada tendencia a la acción, a la inmediatez, a la intervención, a lo externo y a la distracción que nos aleja del silencio y de la conexión con nosotros mismos: “Creo que existe una gran falta de descanso físico, mental y emocional”, advierte, “y muchas de las consultas en psicoterapia tienen que ver con eso”.
Sanz señala a las nuevas tecnologías y a las redes sociales como uno de los elementos que más perturban el descanso, el silencio interior: “Antes, discutías con tu novio y te ibas a casa. Los dos teníais un espacio donde pensaros, sentiros, tomar distancia física, mental y emocional. Descansar. Y, tras consultar con la almohada, retomar. Ahora, no hay espacio para consultar a la almohada, porque se sigue en sesión continua por las distintas redes”.
Esta psicoterapeuta resalta la importancia de aprender a autoregularnos para conectar con nosotros mismos, y proveernos de los espacios imprescindibles para recargar el cuerpo y la mente. Se descansa a solas, explica, cuando se ha aprendido a estar a solas con uno mismo. Y esa educación empieza en la infancia: “Es importante que no enseñemos a los niños a calmarse con la tablet o con chuches, por ejemplo”.
Conectar con nuestro espacio interior,-  Los expertos recomiendan recurrir tanto a estímulos internos como externos para fomentar el descanso en soledad. Algunos de ellos, según Pilar Sanz, pueden ser escuchar una música monótona, como los mantras; mantener un entorno ordenado, limpio, ventilado; pasar tiempo en la naturaleza; rodearse de olores que evoquen un entorno natural con inciensos o velas, utilizar la respiración consciente...
El descanso también pasa necesariamente por dormir las horas suficientes y así regenerar el sistema nervioso, algo que puede resultar difícil si vivimos acelerados.
“Cuando no puedo estar a solas conmigo, me cuesta meditar, me cuesta estar en silencio, y al final me cuesta dormir… porque la mente no descansa y no permite al sistema relajarse. Nuestro cerebro no distingue ficción de realidad, y si recibe el estímulo de activarse porque hay un peligro, real o imaginario, no puede distinguir uno de otro y pone en marcha al cuerpo para la defensa automática. Cuando se está en este estado y nos vamos a dormir, el sueño no es reparador, y uno se levanta y sigue agotado. En estos casos yo recomiendo incluir una actividad física consciente que te vaya ayudando a conectar contigo a través del cuerpo y facilite que se deje de alimentar con “comida basura”, concluye Sanz.
Silvia Congost afirma, por su parte, que son ideales los espacios de silencio y aislamiento, “la naturaleza o cualquier entorno que nos aporte paz y nos conecte con una sensación de armonía interna y calma mental. Se trata de lograr detenernos y sentir la vida que llevamos dentro. Las actividades que nos ayudan a conectar con este espacio interior de cada uno, con el cuerpo, con nuestras células, con nuestras emociones van muy bien, pero al final, uno se da cuenta que se trata de ir más allá. Cuando eres capaz de conectar con esa parte interna tuya, puedes estar en medio de un concierto y volver allí en cuestión de segundos, y pasar de sentir emociones de rabia, enojo o frustración a conectar con una paz de lo más profunda y sincera”.
“En nuestra sociedad existe una gran falta de descanso físico, mental y emocional”
PILAR SANZ Psicóloga y psicoterapeuta

lunes, 11 de noviembre de 2019

Trastorno límite de la personalidad (TLP) - II

VICENTE RUBIO LARROSA. Jefe del Servicio de Psiquiatría. Unidad de Trastornos de la Personalidad. Hospital Ntra. Sra. de Gracia. Zaragoza.   |   Infocop online

SÍNTOMAS “ESCONDIDOS” CONSIGO MISMOS.

(1)   AUTOENGAÑO.
(2)   EL MIEDO A SÍ MISMOS.
(3)   LA TOMA DE DECISIONES ERRÓNEAS.
(4)   LOS MECANISMOS DE DEFENSA.
(5)   LA INCAPACIDAD PARA ESCUCHAR.
(6)   LA HERIDA NARCISISTA.
(7)    EL REMORDIMIENTO Y LA CULPA.
(8)   EL SÍNDROME DE ARROGANCIA.
(9)   LA SOMATIZACIÓN

En la Tabla 2 enumeramos una serie de situaciones que los pacientes TLP experimentan habitualmente y que se presentan, agrupadas o no, con mayor o menor intensidad, a lo largo de toda su vida y que se caracterizan por dificultar lo que podríamos llamar “relación consigo mismos”, lo que favorece su sentimiento subjetivo de abandono, el deterioro de su auto estima, el abandono de los tratamientos, justifica su ira inapropiada, la alteración de su identidad, la necesidad de autolesión, etc.

Si describimos someramente cada uno de los síntomas veremos como el AUTOENGAÑO es la manera que tienen los pacientes de negar, de no darse cuenta de la situación que viven, de desplazar el aquí y ahora de pensar que lo que hacen y lo que viven es lo bueno y lo cierto y que no les perjudica.

EL MIEDO A SI MISMOS es, por el contrario, la percepción que les da la experiencia de haberse complicado la vida, de haberla arruinado, de preguntarse cómo será su próxima reacción impulsiva, de que consecuencias le deparará. Este síntoma es también el resultado de integrar y vivenciar ese sentimiento crónico de vacío que les atenaza, que les lleva a no reconocerse, a sentir la angustia vital del “no ser”, a interiorizar con perplejidad y estupor el “hueco existencial” de la “nada”, la naúsea sartriana y el no poder asumir el “das sein” heideggeriano.

LA TOMA DE DECISIONES ERRÓNEAS es una característica muy frecuente en estos pacientes y que es la que les lleva a elegir lo peor entre dos opciones, los peores amigos, el ocio más perjudicial, la peor comunicación, etc, etc.

LOS MECANISMOS DE DEFENSA ya conocidos por estar descritos en múltiples textos y artículos por muy diversos autores, siendo los más frecuentes la negación, la proyección y el desplazamiento que repercuten sobre el paciente de una forma dañina al generar una falta de conciencia de enfermedad, una responsabilización de la enfermedad hacia otros y la creencia de que lo que hace es lo idóneo y acertado.

LA INCAPACIDAD PARA ESCUCHAR se caracteriza por esa peculiaridad del paciente TLP en no “oír” lo que se le dice, en hacer caso omiso de los consejos, pautas terapéuticas, advertencias y todo aquel mensaje inicialmente positivo que venga del exterior.

LA HERIDA NARCISISTA es la vivencia que tiene el paciente TLP en vivir la más mínima frustración como una intensa afrenta a su YO, es la vivencia subjetiva de que al “ser especiales” no se les puede llevar la contraria, están en posesión de la verdad, no cometen equivocaciones y los errores son siempre de los demás, siendo incapaces de asumir cualquier error o falta.

Contrariamente a lo que muchas veces se piensa el paciente TLP no es un paciente egosintónico, no disfruta siéndolo y es debido a que en su fuero interno, ocasionalmente pero no infrecuentemente, aparece EL REMORDIMIENTO Y LA CULPA, este síntoma es como una transitoria vivencia de realidad que repercute de forma negativa en su estado anímico al hacer un somero balance del estado en que se encuentran y enterarse de las consecuencias de sus actos, de sus conductas y de sus decisiones.

Denominamos SÍNDROME DE ARROGANCIA a la situación vivencial que, de alguna manera, justifica el criterio diagnostico del DSM de ira inapropiada, el paciente TLP interioriza una especie de soberbia, una estimación excesiva de sí mismo y que no es exactamente un rasgo narcisista sino la forma defensiva de justificar el rumbo calamitoso de su vida.

Por último, LA SOMATIZACIÓN es otro de los síntomas escondidos que se presenta con inusitada frecuencia, los síntomas somatomorfos son de frecuente aparición en la clínica TLP, la sensación de malestar que padecen les obliga a racionalizar su angustia, “llenan” su sentimiento crónico de vacío mediante cefaleas tensionales, alteraciones digestivas, temblores, insomnio, astenia, taquicardias, dificultad respiratoria, etc.


Trastorno límite de la personalidad (TLP) - I

VICENTE RUBIO LARROSA. Jefe del Servicio de Psiquiatría. Unidad de Trastornos de la Personalidad. Hospital Ntra. Sra. de Gracia. Zaragoza.  |   Infocop online
El trastorno límite de la personalidad (TLP) o borderline es conocido como un cuadro clínico abigarrado con una gran cantidad de matices sintomáticos que lo convierte en una de las “bestias negras” de nuestra práctica clínica diaria.
En los últimos años hemos pasado de una casi inexistencia diagnóstica del mismo a una autentica inflación de casos, diagnosticando como tal otras entidades clínicas por no decir otras situaciones que no son, en si mismas, patológicas como niños consentidos, maleducados, psicópatas que no son trastorno de personalidad y todo aquella situación que aparece en nuestras consultas y que no sabemos filiar en el concreto espacio de lo categorial.
Lógicamente que lleguemos a esta situación nos ayuda la falta de un cuerpo teórico que dé una respuesta ecléctica y satisfactoria a todo lo que son los trastornos de personalidad, ya que nos debatimos ambivalentemente entre una escueta concreción categorial y una prolija, cuantiosa, diversa y confusa dispersión dimensional, además los instrumentos diagnósticos, admitiendo su mejora, al ser subsidiarios de una u otra clasificación no solventan nuestras dudas, siendo sabido por todos que un psicodiagnóstico mediante cualquiera de los instrumentos existentes o es ininteligible o tiene escasa aplicación práctica o nos da un elenco de posibilidades diagnósticas por medio del cual etiquetamos al paciente con varios trastornos de personalidad, quedándonos tan tranquilos al decirnos que hay una gran comorbilidad intra eje II o todavía más tranquilos, si cabe, adjudicando al paciente la tranquilizadora (para nosotros) etiqueta de “trastorno de personalidad no especificado”. Seamos sinceros a mi todo esto no me cuela.
Si nos acogemos, casi por obligación, a la clasificación DSM, tenemos que admitir que esta ha servido de utilidad como unificadora de criterios, facilita un mismo lenguaje, pero en el caso de los TP existe poca concreción, hay un gran solapamiento sintomático entre los diversos TP, genera muchos falsos positivos y además, considero, que es empobrecedor pues ignora la riqueza psicopatológica que presenta este trastorno, en definitiva resumiría que si se quiere entender y abordar clínicamente el trastorno límite de la personalidad no nos podemos quedar en lo categorial.
Existe un lógico y polémico debate entre la biogenia o psicogenia del trastorno límite de la personalidad, son muy numerosos los estudios que abogan por una u otra opción, de cualquier manera defender como única la existencia de una u otra es absurdo y además científicamente insostenible, es evidente que la génesis del trastorno límite es una aglutinación de diversos factores y circunstancias genéticas, bioquímicas, neurofisiológicas y también aprendidas, trasmitidas y moduladas de una forma dinámica desde la infancia a la etapa adulta, no siendo desdeñable una vulnerabilidad en el sujeto que padece trastorno límite de la personalidad.
En la Tabla 1 diseccionamos los 9 criterios diagnósticos del trastorno límite de personalidad según el DSM IV-TR en sustrato de predominancia psicosocial o de predominancia biológica, pudiendo apreciar como hay más criterios psicosociales que biológicos, pero en definitiva todos ellos llevan a lo que quizá más complica la existencia de un paciente TLP; la complicación o dificultad de relación con los demás e incluso consigo mismo, que es lo mismo que “un patrón general de inestabilidad en las relaciones interpersonales, la autoimagen y la afectividad”.
Tabla 1
Sustrato psicosocial
• Esfuerzos en evitar abandono (1)
• Relaciones interpersonales inestables e intensas con alternancia entre idealización y devaluación (2)
• Alteración identidad. (3)
• Inestabilidad afectiva debido a una gran reactividad. (6)
• Sentimientos crónicos de vacío.(7)
• Ideas paranoides o síntomas disociativos transitorios relacionados con el estrés. (9).
Todos estos criterios dificultan la relación con los demás y consigo mismos.
Sustrato biológico
• Impulsividad. ¿siempre?, ¿por qué lo más habitual es que se presente en su casa o en un entorno   conocido?. (4)
• Conducta o ideación suicida y/o automutilante. (5)
• Ira inapropiada (8)
• Observación: los fármacos antiimpulsívos no actúan cuando estas conductas son utilizadas como chantaje o manipulación.
Todos estos criterios complican o impiden la relación con los demás o consigo mismos.
Consecuentemente nos podríamos plantear varias dudas: ¿Los criterios diagnósticos del DSM son los únicos síntomas que presenta un TLP?, ¿El trastorno límite de la personalidad es un trastorno de las relaciones interpersonales?, ¿podríamos denominar al trastorno límite de la personalidad "trastorno relacional de la personalidad"?, ¿Con ellos?, ¿Consigo mismos?. Queda para debate.
Lo cierto es que cuando tenemos delante a un paciente con TLP vemos, notamos y sentimos que los criterios DSM se nos quedan cortos, el paciente nos desborda con una auténtica catarata de sensaciones y sentimientos mucho más ricos e ilustrativos que los criterios diagnósticos, podríamos decir que son unos síntomas que están "escondidos" y "ocultos", no porque no sepamos que están y existen sino porque no son "oficiales" ya que no nos aparecen en las clasificaciones y evidentemente el ignorarlos nos condiciona el abordaje terapéutico del paciente.
Nuestra práctica clínica en la Unidad de Trastornos de la Personalidad del Servicio de Psiquiatría del Hospital Ntra. Sra. de Gracia de Zaragoza y los muchos años dedicado a esta patología nos ha facilitado la realización de un catálogo de síntomas “escondidos” que presentan los pacientes TLP, su búsqueda y su identificación nos van a aportar una serie de recursos hacia donde orientar nuestros objetivos terapéuticos, estos síntomas los agrupamos según creemos que condicionan su relación consigo mismos o con los demás.

domingo, 10 de noviembre de 2019

Trastorno límite de la personalidad (TLP) - III

VICENTE RUBIO LARROSA. Jefe del Servicio de Psiquiatría. Unidad de Trastornos de la Personalidad. Hospital Ntra. Sra. de Gracia. Zaragoza.   |   Infocop online

SÍNTOMAS “ESCONDIDOS” CON LOS DEMÁS.

(1) LA DISCUSIÓN DEL PEQUEÑO DETALLE.
(2) EL “OTRO” ES UN SUJETO MANIPULABLE.
(3) LA “SEDUCCIÓN” Y EL “ENCANTO” SUPERFICIAL.
(4) EL MIEDO AL COMPROMISO.
(5) NADIE LES ENTIENDE.
(6) EL MUNDO IDEAL.
Enumeramos aquí los síntomas ocultos que tienen que ver con su relación con el entorno que les rodea, con el cómo establecen y efectúan sus relaciones interpersonales, la aparición de uno o varios de estos síntomas y según la intensidad con la que se presentan condicionan el ser y el estar en el mundo de estos pacientes, como vivencian a quien les rodea, a su familia, a sus parejas, su medio laboral, sus relaciones sociales. Estos síntomas, en definitiva, son los responsables de la “imagen” que el paciente da al exterior y consecuentemente el exterior “devuelve” e interacciona en función de cómo es esta.
Llamamos DISCUSIÓN DEL PEQUEÑO DETALLE a la continua pérdida de energía que el paciente TLP malgasta en las discusiones con otras personas, casi siempre sus discusiones se centran en detalles sin interés, prima lo anecdótico y se desprecia lo trascendente, se orilla lo importante de la discusión, lo nuclear, para centrarse en lo circunstancial. Esto hace que el paciente y sus interlocutores inicien una escalada de tensión en su conversación, que la comunicación se distorsione hasta tal punto que al final se encuentran discutiendo por una nimiedad colateral y alejada de lo que fue el inicio de la discusión generando un aumento de la problemática y siendo incapaces de resolver nada.
El paciente TLP tiene integrado de una forma inconsciente que EL “OTRO” ES UN SUJETO MANIPULABLE, la dinámica que este establece en su relación con los demás pasa por utilizar las relaciones interpersonales como una forma de explotación, la mayoría de las veces sin un fin concreto y en muchas ocasiones con un resultado negativo, el paciente, por su victimismo, hace que los demás estén pendientes de él, los utiliza, pero al no ser una manipulación consciente y planificada puede volverse contra él, lo cual hace que su ira aparezca al no encontrar la atención y los cuidados que pretende obtener que en definitiva son el fin último de esa conducta manipuladora inconsciente. El resultado positivo o negativo de esta “manipulación” hacia el otro, influye en que el paciente viva a los demás como muy buenos o muy malos y esta vivencia es lo que conforma el criterio diagnostico 2 del DSM, la alternancia extrema entre la idealización y devaluación del otro.
La mayor parte de los pacientes TLP tiene una “SEDUCCIÓN” Y “ENCANTO”, es una capacidad inconsciente que les sirve para “enganchar” a determinadas personas, es bien sabido como estas personas tienen una innegable atracción para muchas personas, hasta bien avanzado el trastorno han dejado en el camino una legión de admiradores a pesar de haberles hecho sufrir. Este síntoma oculto explicaría la conducta de promiscuidad sexual que estos pacientes tienen cuando se une a una falta de control de impulsos. La gran cantidad de excusas, disculpas, etc, que tienen para justificar sus incumplimientos laborales sociales y personales están bañados de esta seducción, a la cual se acostumbran y cuando les falla, dada su reiteración y abuso, les provoca una terrible frustración que al no soportarla les lleva a la ira desproporcionada.
Es característico de los TLP el MIEDO AL COMPROMISO, cuando estas personas ven aparecer en su horizonte la posibilidad de una continuidad en su proyecto vital, un trabajo, una pareja estable, la continuidad en sus estudios, etc., hacen esfuerzos denodados por romper esta dinámica, se les hace imposible, diríamos que les aburre lo cotidiano, la rutina, lo normal, parece como si se negasen a que la vida les discurriera bien. Curiosamente esta situación les lleva a que su soledad vaya en aumento y aparecen los esfuerzos desesperados por no sentirse abandonados.
Una expresión que escuchamos con demasiada frecuencia a los pacientes TLP es la de que NADIE LES ENTIENDE, justifican sus conductas más disparatadas argumentándolas como si fueran tan normales, siendo la falta de comprensión de los que les rodean lo que hace que esas conductas sean “diferentes”. Este síntoma está cargado de victimismo y justificación, de falta de empatía ya que, curiosamente, estos pacientes difícilmente entienden o comprenden las reacciones reprobatorias de los demás hacia ellos, exigen que los demás entiendan su conducta pero no pueden entender que les censuren a sabiendas de lo negativo de su acción.
Cuando a un paciente le proponemos que imagine su futuro, en muchas ocasiones, describe un MUNDO IDEAL y fantasioso ajeno por completo a la realidad, si reflexionamos con ellos respecto a ese futuro, lógicamente, lo ven inalcanzable. Esta situación vivencial es la que les hace fracasar ya que se plantean objetivos a largo plazo e imposibles de conseguir por su falta de constancia, llevándoles seguidamente a pensar que para no conseguir lo propuesto no merece la pena seguir luchando, favoreciendo el abandono de las terapias. De ahí que sea trascendental el planificar las terapias con objetivos fácilmente alcanzables y a corto plazo.
Estos son algunos de los que denominamos síntomas ocultos, es evidente que esta elucubración, fruto de la observación clínica, no es otra cosa que un modesto borrador para profundizar en la descripción de la rica sintomatología de estos pacientes, su identificación nos ayuda a diseñar la terapia para atenuar la intensidad de los mismos, un descenso de estos síntomas ayudará a estos pacientes a reencontrarse consigo mismos y mejorar la relación interpersonal con los demás y con su entorno.
El estudio y abordaje de estos síntomas nos facilita el buscar el núcleo comportamental del paciente que no nos es proporcionado por los criterios diagnósticos categoriales.

miércoles, 6 de noviembre de 2019

"Me apeo del hiperchurumbelismo"

ANA PANTALEONI    |   Barcelona   |   El País   |   17/05/2018

Eva  Millet, autora de 'Hiperniños', pide a los padres "que se relajen" y subraya que la educación "no es un maratón".

Tengo sensación de cierto alivio. La experta me dice que con tres hijos y un oficio como el de periodismo difícilmente tengo tiempo de criar hijos perfectos o hiperniños. A la más pequeña le acabo de dar de merendar cruasán de chocolate y un helado, a la mayor le he dejado ver cuatro capítulos seguidos de una serie americana, y su padre pierde muchas horas de su vida llevando al mediano al fútbol en la otra punta de la ciudad. Todo eso me lo callo delante de la experta.

¿Qué es un hiperniño? Contesta Eva Millet, autora de Hiperniños (Plataforma Actual): “Es el producto de una crianza intensiva, de una absoluta dedicación de los padres al niño, pero una dedicación más enfocada a ver el hijo como un producto. Tienen de antemano un plan establecido para ese niño incluso antes de nacer. Es un modelo norteamericano. Este niño es el absoluto rey de la casa, el Luis XIV. Es el modelo altar, se le rinde culto, se le da todo, se le consulta todo pero, por otro lado, tiene una presión brutal para triunfar. Son niños hiperprotegidos, que gestionan mal la frustración, que se muestran muy poco autónomos. Es un fenómeno del primer mundo”.

¿Cuáles son los síntomas? “Cuando es incapaz de hacer algo que le tocaría hacer sin ayuda del adulto. El ejemplo son los deberes. Cada vez hay más niños que no saben hacer los deberes sin sus padres, y cada vez más padres que los hacen para subirles la nota. Otra característica son los miedos, y uno cada vez más común es el miedo a equivocarse, el miedo a fallar. También la ansiedad y el estrés, que son estados de los adultos, que cada vez se detectan más incluso en niños. Se ve un poco la crianza de los hijos como un campo de entrenamiento, porque cada vez hay que llevarlos a más sitios, son infancias muy estresadas”.

El último informe del Estudio del Plan Nacional sobre Drogas en España, detalla Millet, ha detectado que uno de cada seis adolescentes calmó sus tensiones ante un examen o una ruptura tomando ansiolíticos. Los tranquilizantes por primera vez superan al alcohol y al tabaco como droga de inicio.
Millet explica que los hiperpadres han entrado en la escuela y los colegios están apabullados. Padres que se meten en el AMPA para cambiar el menú, padres que montan grupos de WhatsApp para criticar al profesor… “Me cuentan profesores que encuentran niños que escuchan la palabra NO por primera vez en la escuela, que llegan con muy pocos límites, que no duermen, que se caen en el patio y se quedan inmóviles a la espera de que alguien los levante…”.

Pregunto a Clara Blanchar, compañera de EL PAÍS, impulsora (como yo) del blog De Mamas and de Papas y también madre: “La mera descripción del hiperniño estresa y angustia. Claro que queremos lo mejor para nuestros churumbeles, pero precisamente porque mis hijas (primer mundo, clase media) tienen de todo y fácilmente, considero importante poner en valor la capacidad de espabilarse y ser autónomas. Consultarles y tenerlas en cuenta, vale. Pero elegir… a veces sí; y otras, te comes la verdura porque es lo que hay. Y recordarles que son unas privilegiadas; que comparadas con otras realidades, esto es Disneylandia. Hace tiempo que me he apeado de esta infinita competición por ‘lo más’. Me cuesta, porque la presión (mía y ajena) es intensa y el sentimiento de culpabilidad por no hacer más acecha, pero intento relajarme, consciente de que juego en otra liga (en la que también hay buenas escuelas, extraescolares y campamentos). Y buscar espacios para que hagan lo que más mola de ser niño: jugar y jugar y jugar, si puede ser al aire libre y con primos y amigos, mejor”. 

Blanchar piensa en su amiga Mariluz: “Es la reina del mambo de apearse  del hiperchurumbelismo. Ha pasado hasta del inglés (¡les ha borrao!) y el curso pasado, al ver el ritmo y el nivel de fiestas de cumple que llevaba su clase solo tres meses después de comenzar el curso, decidió bajarse del tren y llevarse a cuatro amigas a dormir a casa. Yo hace años que lo hago y triunfo”.

Cuesta creer que la generación que Millet llama del niño mueble sea ahora la que produzca hijos altar. No entiendo que aquellos niños que no tuvieron fiestas de cumpleaños en room escapes ni vacaciones de verano para ver tortugas en Costa Rica ahora se maten por buscar los campamentos más especializados o elijan la guardería que enseña mandarín. Por el camino, y eso es cierto, los padres y las madres han perdido autoridad. “Yo veo que es un fenómeno cada vez más extendido. La media de hijos es 1,3 por pareja, los tenemos más tarde y hemos pensado cómo van a ser, además las madres contamos con experiencia laboral. Una cosa de la hiperpaternidad es que el hijo se gestiona y tú importas herramientas del trabajo para educar; tenemos más recursos y además existe la competencia entre familias. Hay un terror a que tu hijo se crea que va detrás porque este modelo está basado en la precocidad. Al final ejercer de padre o de madre es un maratón. Un fenómeno muy curioso es hablar en plural: “hemos aprobado, hemos suspendido, nos hemos enamorado…”, explica Millet, que muestra una imagen que se repite: el niño que baja del bus y entrega a su madre/padre la mochila para que la cargue o el que persigue a su hijo bocadillo en mano por el parque para que lo mordisquee.

El alivio se transforma progresivamente en agobio conforme avanza la conversación. ¿Tan mal lo estamos haciendo? “Hay miedo a poner límites porque seremos unos fachas. Afecto y límites son los pilares de la educación. Lo que tenemos que hacer es relajarnos. Nos hemos complicado la vida de forma innecesaria. Hay que pensar que la educación es a largo plazo y que tú no eres enteramente responsable de lo que le va a pasar a tu hijo. Abogo por confiar en nosotros, pero también en los hijos”.

Fin de la conversación. Dos mensajes me quedan claros: no pienso llevarle la mochila a mis hijos nunca más y voy a poner límites. Aunque hoy vuelvo a equivocarme. La merienda vuelve a ser chocolate.

martes, 5 de noviembre de 2019

¿Quién me ha robado mi mente?

MARIAN ROJAS ESTAPÉ |   19/11/2018

Volvía hace unos días de México y, cuál era mi sorpresa, al leer en el periódico una noticia impactante: “Facebook admite que juega con la mente de sus millones de usuarios”.
Sucedía en un evento médico en Filadelfia donde el cofundador de Facebook, Sean Parker reconocía que Facebook había sido creada, “para explotar una vulnerabilidad  de la psicología ser humano: la retroalimentación de la validación social“. La idea que plantearon al inicio era, “¿cómo conseguir que los usuarios pasen muchas horas en la red?”. Ahí surgió la idea de crear el botón like en su aplicación.
¿Qué sucede en el cerebro cada vez que vemos un like? Entremos a entender este proceso mental y digital. Siempre me ha interesado el mundo de la mente ante las diferentes circunstancias de la vida: ante el amor, el apego, el estrés, los cambios, el trauma, la adversidad, la compasión o… las redes sociales.
Los que nos dedicamos al mundo de las emociones y del comportamiento, sabemos que el mundo de la pantalla (internet, redes sociales, vídeos y aplicaciones varias) está afectando profundamente la manera en la que nos relacionamos, la manera en la que procesamos la información (memoria, concentración, multitarea, educación, motivación…) y por tanto, a la larga, la felicidad.
A principios de octubre de este año, el periodista David Remnick, del New Yorker entrevistó a John Ive, uno de los diseñadores principales de Apple, creador del iPhone, iPod y iPAD. En dicha entrevista, habló de su experiencia trabajando para Steve Jobs y sobre temas relacionados con la creación de los diferentes aparatos de Apple. En sus palabras, elogió las ventajas de estos artilugios pero a continuación, dejó paso a la crítica:
 – Remnick: ¿Cuál es el uso erróneo de un iPhone?           
– Ive: Creo que el uso constante…Tenemos que ejercitar el autocontrol para encontrar el equilibrio.
No faltaron voces discrepantes días después a la entrevista. Entre ellos, Nicholas Carr, escritor estadounidense que ha publicado numerosos libros y ensayos sobre la tecnología, educación, cultura y negocios, replicaba en su blog sobre esta entrevista. En su opinión (y por supuesto en la de muchas personas que se dedican a observar el mundo de la mente y del comportamiento), esta consecuencia negativa (“el uso constante del iPhone”) es CONSCIENTE. Es decir, los fabricantes de estos aparatos, saben y conocen exactamente cómo funciona la mente ante la pantalla y la tecnología y fabrican los aparatos para generar un efecto adictivo, de uso constante.
Sí, los gadgets y las múltiples aplicaciones recientes están diseñadas para ser adictivas. .- Esto es algo crucial e importante de entender (tanto a nivel personal, como para padres y educadores). Expliquemos en qué consiste. Toda adicción tiene una base molecular y fisiológica conocida desde hace muchos años. Las drogas como alcohol, cocaína, pastillas, marihuana…. el apostar, el juego, la pornografía… están reguladas por la misma hormona: LA DOPAMINA.
La dopamina es la hormona encargada del placer. Actúa en el instante en el que se interactúa con el objeto de placer (sexo, alcohol, drogas….o redes sociales) y en los instantes previos (muchas veces se anticipa al placer y es un activador de la motivación). En ocasiones, genera un vacío posterior, y provoca una necesidad de volver a consumir ese producto al poco tiempo. Una persona adicta a la cocaína, al sexo o a las redes, tiene una afectación profunda en su capacidad de atención, tiene alterada su voluntad (regulada por el autocontrol) y a la larga, llega a producir sentimientos de tristeza y de vacío profundos.
¿Qué reconoció el cofundador de Facebook en el evento de Filadelfia? Sus palabras fueron, “cuando la gente da al like, recibe ese pequeño golpe de dopamina que les motiva a subir más contenido…”. Impresiona saber que en abril de este año, en una conferencia en la Bahía de San Francisco, un grupo de programadores y  emprendedores tecnológicos, se reunían tras pagar 1700 dolares/persona para aprender a manipular a las personas en el uso de sus productos tecnológicos.
¿Qué sucede? Las compañías hoy en día, no solo buscan el marketing tradicional y conservador, sino que intentar aunar psicología, neurofisiología y neurociencia. Captando tu mente, tu atención, generan más contenidos, más datos y más capacidad de dominar lo que compras, lo que ves, lo que decides y lo que haces.
Contamos con personas que comienzan a alzar la voz desde Silicon Valley para alertar sobre estos temas. Uno de ellos es Tristan Harris que ha trabajado durante varios años como diseñador en Google. Es denominado por el Atlantic Magazine como “the closest thing Silicon Valley has to a conscience(lo más cercano que tiene Silicon Valley a una conciencia)En su conferencia TED, con más de 1,5 millón de visualizaciones, explica una realidad que él conoce en profundidad: un grupo de empresas controla tu atención cada día. Su pensamiento se resume en esta frase “Our Minds have been hijacked by our phones” (nuestras mentes han sido secuestradas por los teléfonos). Expone un concepto nuevo: las empresas digitales exitosas se mueven por la “economía de la atención“. Esto significa que el hecho de conseguir captar la atención de los usuarios-consumidores, tiene un impacto en “algo” que se ha convertido en uno de los medios más productivos y apreciables hoy en día: los datos.  The Economist titulaba un artículo hace unos días, The world’s most valuable resource is no longer oil, but data(el recurso más valioso hoy en día, no es el petroleo, sino los datos).
Llegamos a una afirmación interesante: la dopamina está alimentando la economía. - De hecho, me resulta muy sugerente el simil que Harris realiza de muchas aplicaciones, “Cada vez que haces un scroll-down (actualizar la aplicación) es como una máquina tragamonedas de Las Vegas. No sabes lo que viene después. A veces es una foto hermosa. A veces es sólo un anuncio“. Es decir, al tocar el teléfono o la tablet, siempre puede surgir algo, un like, un whatsapp, un mail, una notificación de alguna venta online, un mensaje a través de alguna red social….Siempre puede aparecer una notificación, y sino basta con subir una foto, mandar un mensaje, para que segundos después, “algo” suceda, no solo a nivel digital, y aquí radica el tema, sino a nivel mental.  
Ahí reside la base de las drogas: en el cerebro, se activan mecanismos para pedirnos un consumo seguido y prolongado de esas sustancias. La mayor parte de estos productos, o bien están prohibidos o bien están regulados. No nos estamos dando cuenta que los niños desde edades tempranas están siendo expuestos a todo este mundo digital- sin restricción- y con grandes posibilidades de alterar profundamente sus mentes, su procesamiento de la información y su capacidad de gestionar las frustraciones y las emociones.
Esto es así, 100%, porque todo ser humano desde la infancia-adolescencia busca vías de escape para manejar sus altibajos, sus frustraciones, vacíos…. y un alto porcentaje de la población, acude a las redes (whatsapp, instagram, facebook, twitter, tinder…) buscando ese pico de dopamina que se activa al contacto con ello.
Los avances cambian a una velocidad impresionante, e impiden que la sociedad, frene, pare y reflexione sobre el impacto que está teniendo todo ello en su mente, en su cuerpo y en su vida. Cuando ya estamos imbuidos por completo, y alterados moderadamente, es cuando intentamos sacar la cabeza y observar con cierta perspectiva. En esos momentos (ahora están surgiendo voces desde múltiples ámbitos), nos preguntamos, ¿es demasiado tarde? ¿hemos creado el monstruo y ahora no sabemos frenarlo? Los programadores de Silicon Valley llevan a sus hijos a colegios donde no existen apenas ordenadores, ¿qué nos estamos perdiendo?
La tecnología ha aportado grandes beneficios. Este articulo probablemente se moverá en alguna red citada más arriba. Como todo, hay que aprender a usarlo de nuevo; cada uno de nosotros tiene que decidir de qué manera desea controlar su atención: empezar por ver a qué dedica su tiempo y posteriormente a realizar un examen real de hasta qué punto estamos conectados-enganchados. Internet y sus derivados, poseen ventajas poderosísimas para hacer la vida más sencilla en múltiples aspectos, pero su mal uso deriva en conductas perjudiciales para la mente y para el comportamiento.
Estamos en la era de la crisis de la atención. Dispersión al máximo, empezamos por la multitarea, seguimos por sentir que estamos y no estamos en nuestra realidad y terminamos en una crisis de identidad, dónde no sabemos ni quienes somos ni hacia donde nos dirigimos. Un mundo con personas sin capacidad para controlar su atención, sin voluntad y adicto a gratificaciones instantáneas puede alterar el futuro de la humanidad. No olvidemos que la pantalla nos aleja de la realidad, de la naturaleza, del asombro, del amor y de la amistad verdadera.
Hemos de volver a prestar atención a lo que realmente vale la pena.