jueves, 13 de febrero de 2020

Salud mental: un tema tabú que precisa de una visión integral.

NICOLÁS LÓPEZ, ALBA CALVO   |   Heraldo   |   30/9/2019

El próximo 10 de octubre se celebra el Día Mundial de la Salud, que este año lleva como lema 'Conect@ con la vida'.
Los desórdenes mentales y neurológicos afectan a 700 millones de personas en todo el mundo, según los últimos datos ofrecidos por la Organización Mundial de la Salud (OMS). A nivel europeo, hay 30 millones de casos y, en lo referente a España, medio millón de personas sufren trastornos mentales, lo que supone un 19,5% de la población, siendo los responsables del 40% de las enfermedades crónicas.

Pese a que las dolencias que afectan a la salud mental constituyen la principal causa de discapacidad en el país, en la actualidad, aún existe mucho desconocimiento sobre este tipo de patologías, que afectan en gran medida a la población joven. La discriminación social, el acoso escolar, el consumo de estupefacientes o los abusos sexuales son las principales causas que han derivado en que el 30% de los jóvenes haya sufrido alguna de estas enfermedades, sintiéndose la gran mayoría reacios a la hora de buscar ayuda profesional. Estos trastornos mentales pueden ocasionar otro tipo de patologías más graves e incluso el suicidio, que es la segunda causa de defunción entre los jóvenes de 15 a 29 años.

Cada año, más de un millón de personas fallecen por esta causa y otras muchas intentan suicidarse. Dadas las altas tasas de defunción y las consecuencias que tienen en las personas cercanas a la víctima, en la sociedad y en todo un país, la prevención del suicidio será el tema central del Día Mundial de la Salud Mental de este año, que se celebrará el próximo 10 de octubre. Bajo el mensaje ‘Conect@ con la vida’, la jornada servirá para realizar una llamada de atención en positivo, todo ello con el fin de concienciar y movilizar a la población sobre esta problemática.

Un contexto en el que también influye notablemente el estilo de vida que predomina actualmente en la sociedad, con la correspondiente presión social y laboral que existe y que hace que los trastornos depresivos y de ansiedad de tipo reactivo sean dos de las afecciones más frecuentes en este sentido.

A este respecto, cabe destacar igualmente los prejuicios que existen con respecto a este tipo de enfermedades en buena parte de la sociedad y que llevan a que los estigmas se perpetúen en los afectados. Una situación que las entidades que trabajan con los enfermos mentales y sus familias tratan de revertir a través de diversas campañas de sensibilización y que conforma, junto a la demanda de que mejore la atención individualizada de los afectados en la sanidad pública, uno de sus principales caballos de batalla.
Un completo abordaje
Las enfermedades mentales suponen la segunda causa de discapacidad en el territorio nacional. Solo en Aragón, se estima que existen más de 7.000 afectados graves. Unas cifras que muestran solo una pequeña parte de todo el entramado social y sanitario que se despliega en el momento en el que se da el diagnóstico. Se trata de unas patologías en las que hay diversos factores que entran en juego. Pues, además de los síntomas y los problemas físicos y emocionales que suponen, los pacientes que las sufren se enfrentan a los estigmas y el desconocimiento que existen aún en la sociedad.

Un tema que conoce muy bien Lola Sobrino, que, como psicóloga de Asapme (Asociación Aragonesa Pro Salud Mental), trabaja con los afectados y sus familias: "Cuando se recibe el diagnóstico, las familias están muy desconcertadas y desorientadas. Por eso, la primera atención se basa en aportar más información, explicarles todo aquello que no entienden sobre la situación psicopatológica, hablar del pronóstico y darles las primeras pautas de conducta para el abordaje del problema familiar que tienen. Eso a nivel individual. Luego, en los abordajes que hacemos en grupo se busca transmitir toda la información que se considera necesaria y permitir que se creen unos foros de intercambio de experiencias que enriquecen mucho a las partes", explica la psicóloga.

Junto a ella, 74 profesionales conforman la plantilla de Asapme, en la que se encuentran psiquiatras, psicólogos en atención de adultos, de infantil y juvenil, terapeutas ocupacionales, monitores y cuidadores. Esta asociación, creada hace 35 años, realiza también campañas de sensibilización sobre todos los ámbitos de la salud mental para tratar de acabar con los prejuicios que existen en torno a este colectivo.
En este sentido, la médico psiquiatra y psicoterapeuta Eva Doménech indica: "El desconocimiento lleva a ideas preconcebidas, erróneas, y se tiende a banalizar sobre las enfermedades mentales". "A veces, la falta de solidaridad y empatía lleva a una ignorancia frívola que mete en el mismo saco conceptos diferentes. Por ejemplo, en la esquizofrenia se padece de un trastorno del contenido del pensamiento y perceptivos y no tiene porqué ser alguien incontrolado o agresivo. Alguien que está triste puede estar elaborando vivencias difíciles sin ser una depresión y una persona con trastorno bipolar puede sufrir fases depresivas y maniformes con características específicas, pero todos podemos cambiar de estado de ánimo sin ser bipolares", apunta la experta.

Desde Asapme, por su parte, señalan que para poder normalizar este tipo de enfermedades es importante que existan los recursos necesarios, tanto sanitarios como sociales, pero que también disminuyan los prejuicios y que se aborden de la misma manera que otras patologías, como la diabetes o los problemas cardíacos, ya que ello contribuye a la recuperación de los afectados. Para conseguir este fin, es esencial utilizar las estrategias de comunicación adecuadas, razón por la cual la entidad forma parte de la Asociación de Directivos de Comunicación. "Cómo se cuentan las cosas es clave para erradicar los prejuicios, porque estos se sustentan en el desconocimiento. Por ejemplo, ha existido siempre un gran debate sobre si se debe hablar o no de un problema tan importante como los suicidios, ya que había un tabú sobre él en los medios para que no se desencadenara un efecto llamada, algo que se ha demostrado que es falso. Los expertos recomiendan tratar el tema, siempre que no se trivialice ni se haga de ello un escándalo porque, según la base científica, redunda en la evitación de nuevos casos", expone la médico y gerente de Asapme, Ana López.
Atención individual
Otra de las demandas que traslada la asociación es la de una mayor atención individual en la sanidad pública. En estas enfermedades hay una gran variabilidad y entran en juego muchos factores clínicos y sociales, por lo que se considera esencial facilitar información al afectado y a su familia, pero también escucharles. "El entorno ofrece una imagen más fiel de qué grado de sufrimiento está viviendo el paciente. A veces, en una entrevista se nos escapa información que puede ser importante a la hora de establecer las pautas, no solo terapéuticas en el ámbito sanitario sino de estilos de vida, como las costumbres y los cuidados de la salud. Es conveniente tener una visión más integral, ya que cuando los factores ambientales se adaptan a las circunstancias de cada persona pueden ser unos facilitadores de su recuperación", explica López.

En cuanto a los más pequeños, y teniendo en cuenta que según datos de la OMS cerca de la mitad de los trastornos mentales se manifiestan antes de los 14 años, Doménech destaca que "la familia y la escuela son buenos referentes para detectar cuándo un niño está sufriendo patológicamente". "Es decir, cuando le afecta a su manera de ser, a su rendimiento escolar y a sus relaciones sociales, sobrepasándole y desbordando a su entorno. Es entonces cuando hay que consultar al especialista", concluye la profesional.


lunes, 10 de febrero de 2020

¡Deja de disculparte por todo!. Pedir perdón en exceso mina la confianza.

ROCÍO CARMONA    |   La Vanguardia   |   09/12/2019

¿Te disculpas demasiado? Pedir perdón es algo que nos enseñan a hacer desde muy pequeños. Una disculpa bien planteada es una herramienta de cohesión social y de reparación de daños excelente. Pero, ¿sabías que usarla en exceso podría llegar a perjudicarte? Aunque a priori no lo parezca, disculparse por todo, incluso por cosas que no lo requieren, puede llegar a convertirse en tu kriptonita, y minar de forma dramática tu autoconfianza.
No hablamos aquí de pedir perdón cuando ofendemos a alguien, llegamos tarde a un encuentro o le tiramos el café a otra persona por accidente, sino de todas aquellas otras veces en las que pedimos disculpas antes de empezar a hablar o de pedir algo, cuando nos disculpamos por ser demasiado sensibles, porque alguien nos pise o tope con nosotros, o cuando le pedimos perdón a nuestro hijo porque solo quedan yogures naturales y no de sus favoritos, los de fresa.
Numerosos estudios señalan que son sobre todo las mujeres las que tienden a sufrir un exceso de “perdonitis”. Así lo ha denunciado la socióloga canadiense Maja Jovanovic en su charla TED titulada How Apologies Kill Our Confidence, en la que cuenta cómo se decidió a estudiar el asunto tras asistir a una conferencia en una universidad en la que una tras otra las ponentes, todas ellas eminentes académicas e investigadoras expertas en su campo, comenzaban invariablemente sus discursos pidiendo disculpas por hablar o intervenir.
Jovanovic cree que esos “perdona” sin sentido que vamos soltando a lo largo del día nos hacen mucho daño, pues nos empequeñecen ante los ojos de los demás, nos hacen parecer más tímidos de lo que somos y, sobre todo, minan nuestra confianza.
Jovanovic afirma que pedir perdón se ha convertido en una forma muy corriente de comunicarse. Algunos ejemplos que esta socióloga recogió mientras investigaba acerca de los efectos del exceso de disculpas rozan lo ridículo, como el de la mujer que le pidió perdón al repartidor de pizza porque este llegó tarde a su casa. Al parecer cuando el repartidor finalmente llegó, su cliente se disculpó por vivir tan lejos e incluso le preguntó si había sido muy problemático para él encontrar el apartamento.
Pero, ¿por qué nos disculpamos tanto? ¿Cuál es la razón por la que pedimos perdón de forma desaforada? Algunos expertos aducen la inseguridad como una de las causas principales de este comportamiento. Otros, el deseo más o menos inconsciente de aparecer como más amigables o menos demandantes. Algunos hablan incluso de que hacerlo es un síntoma de ansiedad.
Un estudio de la Harvard Business School concluyó que las disculpas superfluas en muchos casos generan confianza. En la investigación, un actor se acercaba a diferentes personas desconocidas en una estación en un día lluvioso y les pedía prestado el teléfono móvil. La mitad de las veces el actor encabezaba su petición con un “¡Lo siento mucho por la lluvia!”. La otra mitad de ocasiones el actor iba directamente al grano y preguntaba: “¿Podría prestarme su teléfono móvil?”. Al final del experimento resultó que disculparse por la lluvia realmente marcaba la diferencia: el 47% de las personas abordadas le ofrecieron su teléfono al actor si este pedía primero perdón por la lluvia. Solo el nueve por ciento hizo lo mismo cuando el actor obvió la disculpa superflua y pidió el favor directamente.
Proyectar confianza puede ser importante en ciertos contextos, pero no a costa de tener que pedir perdón casi por existir. Algo que, según los especialistas, acaba por afectar a nuestra autoestima y nos hace perder nuestro poder personal.
¿Cómo podemos deshacernos entonces del exceso de “lo siento” sin parecer desconsiderados? Para Maja Jovanovic, lo primero es prestar atención y tratar de eliminar la disculpa automática de nuestro vocabulario. Al menos durante algún tiempo: “En lugar de decir «Perdona por interrumpirte», ¿por qué no probar con «Tengo una idea» o «Me gustaría añadir esto» o «¿Por qué no probamos aquello?». La idea es ser educado sin tener que hacernos pequeños”.
Esta socióloga canadiense también aconseja estar atentos a nuestras comunicaciones por escrito y recomienda un conector (plug-in) de Google Chrome llamado “Just Not Sorry” que nos alerta cuando incluimos disculpas innecesarias en nuestros textos. Así, por ejemplo, evitaremos el típico automatismo de incluir un “lo siento” cuando no contestamos a un mensaje inmediatamente.
 “No te disculpes”, insiste Jovanovic, “en lugar de eso di: «Estaba trabajando» o «Estaba leyendo» o «Estaba conduciendo». Sea lo que sea, todo está bien, no tienes por qué disculparte”.
Algunos expertos sugieren también que una buena estrategia para evitar este comportamiento es sustituir el “perdón” por el “gracias”. Y así, en lugar de decirle a alguien: «Perdona por el rollo que acabo de soltarte» podemos decirle: «Gracias por escucharme». Y en lugar de pedir perdón cuando entramos en un tranvía abarrotado de pasajeros podemos decir: «Gracias por hacerme sitio».
Por último, dejar de disculparse en exceso también pasa por trabajar nuestra aceptación. No es necesario disculparnos cuando nos manchamos la camisa, cuando nos cuesta aparcar o cuando tenemos un mal día y estamos algo más distraídos de lo normal. Dejar a un lado el perfeccionismo y aceptarnos tal y como somos a cada momento nos ayudará a darnos cuenta de la diferencia entre una disculpa necesaria y genuina y otra innecesaria que nos disminuye como personas y tampoco contribuye a crear vínculos honestos con los demás.

jueves, 6 de febrero de 2020

Mindfulness: ¿moda? ¿autoconocimiento? ¿o un gran negocio? (II)

ROCÍO CARMONA    |   La Vanguardia   |    11/01/2020

(Sigue…)


Gaspar Hernández, por su parte, ve en esta técnica una buena iniciación para todas aquellas personas a quienes les cuesta meditar, puesto que su recomendación pasa siempre por la meditación, “ya sea con los ojos cerrados o, como también propone el mindfulness, mientras nos duchamos, o lavamos los platos, o paseamos... Hay personas a las que les cuesta sentarse a meditar y que gracias a las prácticas informales de mindfulness pueden lograr la atención plena en el momento presente. O sea, ir más allá de la mente racional, de los pensamientos. La meditación tendría que ser asignatura obligada en la escuela. Tenemos una sociedad profundamente enferma, como dijo Jiddu Khrisnamurti. Mi propuesta para sanar la sociedad, es la meditación. Y, insisto, el mindfulness puede ser una buena puerta de entrada”.
Otros autores van incluso más allá y señalan que esta técnica está quedando obsoleta y tiene algunos inconvenientes y limitaciones. Es el caso de Rajshree Patel, autora de The Power f Your Vital Force (HayHouse) y experta en meditación vedanta, quien argumenta que el mindfulness puede ocasionar lo contrario de descansar la mente: entrena los músculos de la atención a partir del enfoque y el control del pensamiento.
“Es como si estuvieras caminando todo el día, todos los días, con un personaje de Woody Allen en tu cabeza que emite constantes comentarios negativos sobre todo lo que piensas, dices y haces. Lo que hace el mindfulness es pedirle a Woody Allen que esté calmado, tranquilo y sin juzgar. Le pide que se observe a si mismo desde una perspectiva separada y neutral, lo cual va en contra de su propia naturaleza”, explica en su libro.
¿Y qué es lo que tiene la práctica de la atención plena para que se haya puesto tan de moda? ¿Y qué hay de malo, podemos llegar a preguntarnos, en que se ofrezca en las empresas, la practiquen los directivos o la propongan los anuncios de la tele?
Para el autor de Mc Mindfulness, la pregunta relevante aquí es “qué tipo de mindfulness se nos ofrece. A los ejecutivos les llega el mismo producto que a cualquiera, y lo que proporciona no deja de ser una herramienta para apaciguar el estrés sin la sabiduría y el conocimiento de los cuales proviene. Un mindfulness verdaderamente revolucionario desafiaría la idea occidental de que existe un derecho a la felicidad independiente de la conducta ética. Pero los programas de mindfulness no les piden a los ejecutivos que examinen cómo sus decisiones de empresa o las políticas corporativas han institucionalizado la codicia, el deseo enfermizo o el engaño que el mindfulness budista busca erradicar”, denuncia Pursuer.
Para Daniel Ramos, el mindfulness “no es una simple moda cool, pasajera y superficial, o una práctica de la que hago uso a modo de píldora que me tomo (como quien toma una aspirina) para no sentir el dolor o el malestar que provoca una determinada situación en mi vida, sino que es una manera de entender la vida y de vivirla. La conexión con el cuerpo y con la respiración, estar presente en la experiencia (en lugar de actuar por inercia y en piloto automático), vivir desapegadamente comprendiendo la transitoriedad y la impermanencia de todo cuanto conocemos, fluir con los ritmos propios y naturales, atender las propias necesidades, poner atención en qué sentimos y cómo regulamos nuestras emociones, vivir más ecuánimemente, sin juzgar e interpretar tanto, cuidar la calidad de los vínculos íntimos que establecemos con otras personas, ser conscientes del impacto que generamos en nuestro entorno, y un largo etcétera, conformarían algunos de los valores y pilares de esta filosofía de vida desde mi manera de entenderla”.
Sobre este asunto, Sergi Torres argumenta también que si el mindfulness está tan de moda quizá sea “porque hoy en día hay muchas personas buscando sentirse bien. Como hemos confundido sentirnos bien con no sentir aquello que no nos gusta sentir, y a su vez hemos confundido al mindfulness con una herramienta que te hace sentir bien, pues oferta y demanda se encuentran. Hacer frente, en cambio, a nuestras sombras ya no vende tanto. El propósito de cualquier propuesta de autoconocimiento debe ser el autoconocimiento. Una vez esto está claro, podemos difundir dicha propuesta dentro de formatos que incluso pueden llegar a ser comercializados, como libros, cursos, charlas y demás; pero si invertimos su orden, el contexto —vender libros— pasa a ser lo importante, y la herramienta y su propósito, lo secundario. Así es como, sin darnos cuenta, estaremos vendiendo sacacorchos para abanicarnos”.
La necesidad creciente de volver a conectar con la propia esencia, con la propia autenticidad, y de vivir guiados por un propósito más elevado son los factores que, en opinión de Daniel Ramos, han contribuido a que la popularidad del mindfulness suba como la espuma.
“Actualmente, la sociedad en la que vivimos, el sistema socioeconómico imperante, contribuye a que vivamos totalmente alienados de nuestras necesidades reales, de nuestros ritmos y tempos naturales, y desconectados de un sentido y de un propósito mayor que nosotros mismos que trasciende el individualismo radical de las sociedades capitalistas. Pero lo cierto es que vivimos en una sociedad capitalista. Lo extraño, lo extraordinario en este contexto socio económico”, explica, “sería lo contrario, es decir, no convertir absolutamente cualquier cosa, cualquier experiencia en un bien de consumo”.
Y prosigue: “Pues con el mindfulness pasa lo mismo: hay una industria que lo trata como un producto de consumo masivo disfrazado de falsa espiritualidad. Ahora le toca al mindfulness, hace algunos años le tocó al coaching, a la Programación Neurolingüística, a la psicología positiva, a la inteligencia emocional... Así es y así funciona el supermercado del desarrollo personal y la espiritualidad. De nuestra consciencia y nuestra responsabilidad como consumidores críticos dependerá la evolución de esta industria tan potente y tan lucrativa”.
La principal denuncia del libro del profesor Pursuer es precisamente la mercantilización −que tiene como consecuencia la pérdida de sentido− del mindfulness. ¿Qué papel juegan en su este proceso los libros de desarrollo personal o de autoayuda, a menudo tan criticados? Crianza mindful, comida mindful, sexo mindful, trabajo mindful… Resulta difícil encontrar una sola área humana que no tenga ya su correspondiente libro… mindful.
¿Hasta qué punto hemos comprado la idea de que la felicidad, como la serenidad o el bienestar, son bienes de consumo? Sergi Torres quita hierro al asunto: “Si me permites un poco de humor, quizás algunas de las personas que demonizan los libros de autoayuda deberían practicar un poco de mindfulness y quizás aquellos que practican el mindfulness y los libros de autoayuda como si estos fueran un blanqueador dental deberían permitirse sentir su enojo igual que lo hacen aquellos que demonizan los libros de autoayuda. Al final, todos nos enseñamos los unos a los otros”. Para Torres, “algunas relaciones, ya sean de pareja o familiares, son las mejores maestras de autoconocimiento que conozco y, por ahora, no hay que pagar por ellas”.
Gaspar Hernández puntualiza en este sentido: “Yo escribo sobre psicología y espiritualidad. No escribo “autoayuda”. Sin embargo, hay lectores que me dicen que mis libros les han “ayudado”. Lo respeto, solo faltaría, y lo agradezco. Salvando las infinitas distancias, a mí me han ayudado libros de Josep Pla, Marcel Proust o Shakespeare. En los clásicos siempre encuentro valiosas lecciones de vida”.
Daniel Ramos, por su parte, reconoce que “hay una moda creciente que cuestiona y demoniza este género de una manera generalizada porque hay mucho desconocimiento y mucha ignorancia sobre el mismo. Quien juzga más duramente muchas veces lo hace desde el desconocimiento de la gran variedad que existe dentro del género y de la grandísima calidad que tienen muchos libros. Se suelen meter en el mismo saco libros y propuestas muy heterogéneas, que van desde lo más ortodoxo, racional y científico, hasta lo más intuitivo, poético e innovador, desde lo más riguroso o profundo hasta lo más carente de base o superficial. Hay de todo, y por eso es importante leer con espíritu crítico, no ser un mero receptor pasivo de información, sino ser protagonista activo en la lectura”, declara.



Mindfulness: ¿moda? ¿autococimiento? ¿o un gran negocio? (I)

ROCÍO CARMONA    |   La Vanguardia   |    11/01/2020


En los últimos años el mindfulness (o atención plena) se ha convertido en una práctica cada vez más popular. Famosos como Oprah Winfrey, empresarios como Steve Jobs, actrices como Jennifer Aniston o Angelina Jolie, y también deportistas de todas las disciplinas, como Pau Gasol, han encontrado en esta mirada hacia el interior una forma de concentrarse y de combatir el estrés y la aceleración de la vida diaria. Cada vez son más quienes dejan de correr y eligen una vida más slow .
El mindfulness , término acuñado por primera vez por Jon Kabat-Zinn y que significa «atención plena», se ha vuelto tan mainstream, tan general, que incluso ha pasado a formar parte de la publicidad, que este año lo utiliza como argumento de venta de una conocida marca de turrones. Las empresas lo usan para aumentar la productividad de sus empleados, las escuelas empiezan a aplicarlo en clase para mejorar el rendimiento académico de los alumnos; los militares, en Estados Unidos, para tratar el estrés post traumático; proliferan las aplicaciones de móvil que enseñan a practicarlo y, poco a poco, la atención plena se está convirtiendo no solo en una herramienta de autoconocimiento cuyo origen encontramos en el budismo, sino también en un gran negocio. Así lo denuncia el profesor de Management de la Universidad Estatal de San Francisco Ronald Purser en su libro McMindfulness: How Mindfulness Became the New Capitalist Spirituality (Repeater Books). ¿Podría estar convirtiéndose el mindfulness, en efecto, en la nueva espiritualidad capitalista?
 “Igual que la psicología positiva y la industria de la felicidad en general, el mindfulness ha despolitizado y privatizado el estrés”, lamenta el profesor Purser en su libro. “Si somos infelices por el hecho de estar en paro, por perder nuestro seguro de salud o por ser testigos de cómo nuestros hijos se endeudan hasta los topes pidiendo créditos para pagar la universidad, es nuestra responsabilidad por no verlo bajo el prisma del mindfulness.
Jon Kabat-Zinn asegura que “la felicidad es un trabajo interno” que tan solo requiere que atendamos al momento presente de forma plena y sin juzgarlo. Otro gran promotor de esta práctica de meditación, Richard Davidson, sostiene que “el bienestar es una habilidad” que puede ser entrenada, como los bíceps en el gimnasio.
La así llamada “revolución del mindfulness” acepta dócilmente los dictados del mercado. Guiada por un ethos terapéutico destinado a mejorar la resiliencia mental y emocional del individuo, respalda supuestos neoliberales tales como que todos somos libres de elegir nuestras reacciones, de manejar las emociones negativas y de “florecer” a través de distintas modalidades de autocuidado.
Al presentarlo de este modo, la mayoría de profesores de mindfulness no desarrollan un currículum que se enfrente con las causas del sufrimiento que residen en las estructuras de poder y los sistemas económicos de las sociedades capitalistas. Si esta versión del mindfulness tuviera un mantra este sería: yo, mí, me, conmigo”, denuncia Purser.
El periodista y divulgador Gaspar Hernández, autor de numerosos libros de psicología y espiritualidad, señala en este sentido que “como sucede a menudo, la verdad se encuentra en el matiz. Mindfulness sí, por supuesto, estoy a favor de su práctica: ha contribuido a popularizar la meditación, y a introducirla en ámbitos en los que hasta ahora parecía imposible. Por ejemplo, las grandes empresas y corporaciones. Pero −y he aquí el matiz− tiene que ir acompañado de ética, de alma. Por ejemplo: no tendría sentido practicar mindfulness en la industria armamentística, cuyo objetivo último es matar. O sea, mindfulness sí, pero con una ética detrás. La atención plena no es éticamente neutra”, asegura.
Explica Hernández que es muy común presentar el mindfulness como simple observación sin juicios. “Pero, como dice el monje zen Dokusho Villalba en su libro Atención Plena: mindfulness basado en la tradición budista (Kairós)”, aclara, “una explicación y una comprensión incorrectas de este punto son dos de los mayores peligros del mindfulness moderno. «El juicio, la evaluación, la apreciación son cualidades sanas y necesarias», escribe Dokusho Villalba. «El mismo hecho de querer evitar la rumiación de pensamientos y actitudes impregnadas de prejuicios y de sentimientos de culpa y de condena, tanto hacia uno mismo como hacia los demás, presupone ya un juicio, una valoración y una actitud moral. Es natural que enjuiciemos y califiquemos algunas actitudes como insanas y que queramos liberarnos de ellas, así como es natural que evaluemos algunas actitudes como sanas y queramos afianzarnos en ellas». Esto dice el maestro Villalba, y estoy de acuerdo con sus palabras. Lo importante es recordar lo que él dice: que la atención plena no es éticamente neutra”.
Millones de personas se benefician hoy en día del mindfulness cuando lo practican: mejor salud, menos estrés, mayor concentración, quizá incluso un poco más de empatía. Casi cada día leemos un estudio científico nuevo que reporta las numerosas ventajas de esta práctica para la salud, o cómo puede producir incluso cambios neuronales. Pero ¿podría ser que algo que aparentemente nos sana y nos libera escondiera también un lado oscuro? ¿O es la aplicación de una determinada versión del mindfulness lo que nos confunde?
 “No es el mindfulness lo que tiene un lado oscuro”, explica Daniel Ramos, editor de libros de desarrollo personal y autor de 365 semillas de conciencia para una vida plena (Luciérnaga), “sino la conciencia humana entregada al ego y al servicio de la mente inferior. El mindfulness, por sí mismo, es una herramienta neutra. Son nuestros mecanismos automáticos los que intentan convertirlo en un medio para satisfacer nuestro deseo de transcendencia, o los que tratan de utilizarlo como un anestésico para no sentir un malestar o un dolor psicológico que no queremos afrontar, etcétera. O como una herramienta de amansamiento y dominación de un tercero o de un grupo”.
Y prosigue: “El ego se apropia de la herramienta y la pone a su servicio alimentando la ilusión de que cualquier elemento externo, llámalo mindfulness en este caso, o bien pareja, dinero, un mejor trabajo, etcétera, puede llenar su vacío y su sentimiento de carencia o de inadecuación. O, del mismo modo, desde una posición de poder, el ego puede utilizar el mindfulness o cualquier otra herramienta como mecanismo de manipulación, influencia u opresión disfrazada de beneficio”.
Ramos recuerda aquí las numerosas ventajas que se derivan de su práctica y advierte de que es el nivel de conciencia desde el que se utiliza el que redunda en uno u otro resultado: “Con una consciencia baja puede uno caer en la docilidad, la complacencia, aceptar ciertos abusos, vivir en el “todo está bien” tan new age de nuestros días y abierto a malas interpretaciones. Con una rabia bien conectada y una actitud de presencia absoluta, se pueden defender ideales, se puede denunciar la injusticia, se pueden desafiar las arbitrariedades del sistema desde la firmeza, la vehemencia y la convicción, a la par que, desde la serenidad, la compasión y con ánimo constructivo. Sería algo así como lo que algunos llaman la rebeldía compasiva”, afirma.
Sergi Torres, autor de ¿Me acompañas? o de Un puente a la realidad (Urano), explica, tras reconocer que él no utiliza esta técnica, que “cualquier propuesta que esté dirigida a la introspección debe apuntar a la libertad del individuo. Si el mindfulness se enfoca hacia este cometido, es uno mismo el que elige practicarlo. Por otro lado, a una herramienta, cualquiera que sea, como por ejemplo un sacacorchos, no tiene sentido menospreciarla ni enaltecerla, porque la herramienta por sí misma no hace nada. En realidad, aquellos que demonizan el mindfulness solo están cuestionando el uso que algunas personas hacen de él. Volviendo al ejemplo del sacacorchos, éste puede ser usado de maneras muy alejadas del propósito para el que se creó. Muchas personas, con el mindfulness, solo tratan de sentirse mejor —algo muy legítimo—, confundiendo así su propósito inicial”.
Y continúa: “En nuestra sociedad del bienestar pareciera que estamos obligados a sentirnos motivados y contentos todo el tiempo. El positivismo y el “motivacionismo” se están convirtiendo, junto al ya conocido dinero, en los nuevos dioses. Estar bien se ha confundido con no sentir aquello que incomoda. Sin embargo, la paz tan deseada se alcanza conociéndose a uno mismo hasta el fondo de las entrañas, y eso incluye aprender a sentir —y no rechazar— emociones como la tristeza o la ira. Usar una herramienta de autoconocimiento para terminar rechazándome por sentir algo en concreto no tiene sentido”.
Para Torres, mindfulness “no es más que un estado mental en el que se reconoce la plenitud de la mente humana. En este sentido, tanto la atención plena, que conocemos hoy en día, como su esencia, el budismo, son solo vías de acceso a esa plenitud. Plenitud, insisto, que pasa por incluir nuestras luces y nuestras sombras”.
(Continúa, otro artículo con el mismo título…II)

lunes, 3 de febrero de 2020

Fotos de perfil podrían diagnosticar depresión u otros trastornos.

DPA    |    Madrid  |   La Vanguardia-MX   |   21/05/2019

Los usuarios de Twitter con depresión y ansiedad son más propensos a publicar fotos con valores estéticos más bajos y colores menos vivos, particularmente imágenes en escala de grises, lo que permitiría identificar a quienes padecen depresión o ansiedad, según un nuevo estudio dirigido por científicos norteamericanos.
Investigadores de Penn Medicine, de la Universidad de Pensilvania, en Estados Unidos, encontraron también que los usuarios tendían a suprimir las emociones positivas en lugar de mostrar más emociones negativas, como mantener una cara seria en lugar de fruncir el ceño, en sus fotos de perfil. El estudio buscó utilizar la visión artificial y la inteligencia artificial para determinar qué cualidades de las fotos publicadas y configuradas como imágenes de perfil en Twitter podrían asociarse con la depresión y la ansiedad, con el objetivo de utilizar la plataforma como un método de detección de ambas.

En 2018, los investigadores de Penn Medicine encontraron que la depresión podía predecirse hasta tres meses antes de un diagnóstico mediante el uso de inteligencia artificial para identificar palabras clave que marcaban a ciertos usuarios. A medida que las redes sociales se centran cada vez más en la imagen (más de la mitad de todos los tuits, más de tres mil, por segundo, ahora contienen una imagen), el valor de obtener pistas sobre las condiciones de salud a través del contenido de la imagen será cada vez más valioso para la medicina.
"Si bien la asociación entre la depresión y los patrones de uso del lenguaje está bien estudiada, los aspectos visuales de la depresión no lo fueron tanto, señala el autor principal del estudio, Sharath Guntuku, investigador del Centro para la Salud Digital de Penn Medicine. Es difícil transformar los píxeles que forman las imágenes en características interpretables, pero con los avances en los algoritmos de visión de computadora, ahora estamos intentando descubrir otra dimensión de la condición tal como se manifiesta en línea".

Los investigadores utilizaron algoritmos para extraer características como colores, expresiones faciales y diferentes medidas estéticas (como la profundidad de campo, la simetría y la iluminación) de imágenes publicadas por más de cuatro mil usuarios de Twitter que aceptaron ser parte del estudio. Para clasificar rápidamente sus puntuaciones de depresión y ansiedad, analizaron los últimos tres mil 200 tuits de cada persona. Mientras tanto, 887 usuarios también completaron una encuesta tradicional para obtener puntajes de depresión y ansiedad. Luego, las características de la imagen se correlacionaron con las puntuaciones de depresión y ansiedad de los usuarios. De esto, surgieron varias relaciones significativas.
Además de encontrar una asociación entre la depresión y la ansiedad, los que publicaron fotos menos vívidas, los investigadores también descubrieron que las imágenes de perfil de los usuarios ansiosos están marcadas por la escala de grises y la baja cohesión estética, pero menos que las de los usuarios deprimidos. También había algo que interpretar en lo que no estaba incluido en las fotos. Así, los usuarios deprimidos a menudo publican fotos de sus propias caras sin familiares, amigos u otras personas que aparecen en ellos. Además, las publicaciones rara vez incluían las actividades recreativas o los intereses, que con mayor frecuencia aparecían en fotos de usuarios no deprimidos.

La depresión a menudo se acompaña de afecto plano, que se caracteriza por una expresión reducida y una muestra de emoción, explica Guntuku. La condición también tiene un costo en la atracción hacia pasatiempos o juegos, actividades en general, que normalmente se disfrutan".

Así, trabajan en el desarrollo de una versión más automatizada. "Esta herramienta está lejos de ser perfecta para ser utilizada para diagnosticar. Sin embargo, una herramienta de aprendizaje automático puede ser un método de bajo costo para los clínicos, con el permiso de sus pacientes, para monitorear sus cuentas y detectar niveles elevados de depresión o ansiedad", precisa Guntuku.
El autor principal del estudio, Lyle Ungar, profesor de Genómica y Biología Computacional y Psicología, opina que existen grandes posibilidades para esta herramienta más allá de Twitter. "Algo como esto podría aplicarse también a Instagram y a los mensajes de texto. Esperamos que esto pueda dar una idea de las diferentes facetas de la depresión. Y también estamos observando una variedad de otras afecciones, desde la soledad hasta el TDAH", avanza.


sábado, 1 de febrero de 2020

"Si nos pasamos la vida buscando ser perfectos enfermamos"

MARIAN ROJAS    |    07/01/2020
Entre el «imperativo de felicidad» y las altas tasas de depresión navega una sociedad conectada más a las pantallas que a las personas. En medio de esa tensión existencial, la psiquiatra Marian Rojas relativiza los dramas, elogia la tristeza, fustiga  las ansias de perfeccionismo y reivindica el miedo. Exige el «modo avión» en un universo que gira en «modo supervivencia». Autora de Cómo hacer que te pasen cosas buenas, habla en plata de comerse el mundo en dosis equilibradas de conocimiento propio.
Pregunta.-Una psiquiatra joven entre los libros tendencia. ¿Cuál es su diagnóstico de este éxito inesperado?. Respuesta.- En una época donde la gente no encuentra sentido a las cosas tendemos a sustituir las razones de vivir por sensaciones, que dan placer y son buenas pero no llenan. Hemos reemplazado los porqués por emociones intensas. Somos adictos a experiencias cada vez más vibrantes que nos dejan más solos por dentro cuando no existen. El estudio de nuestro circuito neuronal confirma que funcionamos así.
¿Su libro triunfa porque queremos desengancharnos de un tren que descarrila hacia algún precipicio?.- Una sociedad llena de vacíos se agarra a cualquier cosa: una persona, una idea, un libro… La felicidad depende del sentido que damos a nuestras vidas. Como psiquiatra, me dedico a ayudar a que la gente tenga un equilibrio sano, porque la felicidad es un concepto muy manido. Trato de animar a superar el pasado y mirar con ilusión al futuro conectando con el instante presente.
Terminó” Cómo hacer que te pasen cosas buenas” con un hijo ingresado en el hospital y su tercer embarazo en marcha.- Lo escribí en el momento más duro de mi vida. No he llegado a las librerías para dar un sinfín de pautas de comportamiento, sino que propongo una cuestión de fondo que he investigado para entender mejor cómo somos, porque comprender significa aliviar. Cuando uno entiende por qué le pasan las cosas, por qué reacciona así su cerebro ante determinadas situaciones, por qué su organismo enferma en momentos de amenaza, es más fácil hacer frente a todas esas circunstancias reales y universales.
¿Se puede ser feliz sin asumir que somos vulnerables y que el sufrimiento forma parte de la vida?.- No. Huir de la realidad nunca nos hace felices, solo incentiva la búsqueda de vías de escape que o son sanas o son destructivas. No hay términos medios.
¿Las redes sociales se consideran una herramienta de evasión?.- El 95 por ciento de los jóvenes del siglo XXI utiliza las redes sociales como huida en falso frente a los problemas porque estimulan la atenciónla corteza prefrontal— y la dopamina —la hormona del placer propia de las sustancias adictivas—. Es un reflejo de la nula tolerancia a la frustración que nos caracteriza como sociedad.
¿Nadar en la superficie de las personas nos hace injustos?.- Nunca hemos tenido acceso a tanta información y nunca hemos sido tan vulnerables al engaño. Estamos enamorados de lo superfluo, y cada vez somos más incapaces de profundizar y llegar al trasfondo de las personas y las cuestiones. Gran parte de la felicidad consiste en autogestionar lo que me conviene para evitar la frustración. Las capacidades del cerebro o las usas o las pierdes. Si sustituimos la memoria por Wikipedia, el sentido de la orientación por Google Maps, y la atención por la pantalla, tendremos menos capacidad para conducir la realidad desde dentro.
¿Pretender una vida sin errores es saludable?.- No conozco vidas sin errores, sin dolor y sin batallas. Si nos pasamos la vida buscando ser perfectos y no fallar, enfermamos. El empeño por mostrarnos perfectos en las redes sociales ya nos está enfermando. El perfeccionista es el eterno insatisfecho que nunca está a la altura de lo que quiere, por eso vive siempre alerta para controlarlo todo. Rema con esfuerzo en un mar imposible.
Nos gusta tenerlo todo atado, y al final nos controla la ansiedad. ¿Cómo ser audaces y, a la vez, vivir en paz?.- Sueña en grande, actúa en lo pequeño. Ese es mi lema. Construye castillos en el aire cuando seas capaz de levantarlos. Plantearse objetivos y poder celebrarlos en la meta es importante, porque disfrutar con la pelea por esos objetivos ya nos está conectando con lo bueno de la vida. 
«Somos una sociedad que ha perdido el sentido de la vida», ha dicho usted. ¿Y de la muerte?.- La muerte como final de una vida de lucha y de amor da sentido a todo. Nos hace pensar. Reflexionar sobre cómo quiero llegar a la muerte —cómo me despediré de mis seres queridos o cómo quiero que me recuerden— nos ayuda a replantearnos la vida con visión de conjunto.
En este siglo XXI frenético usted receta contemplación, mindfulness, desconectar el móvil… - El ser humano no está diseñado para ir constantemente en «modo supervivencia», sino para conectar y disfrutar de lo que tiene: la naturaleza, las personas… ¡Ojo, que vivimos en una sociedad que conecta mejor con las pantallas que con los seres humanos y la relación directa con las personas es lo único que nos llena de felicidad en la vida!
¿Existe una tendencia a patologizar y a medicalizar estados de frustración o duelo?.- El 20 por ciento de la población está medicada por ansiedad, depresión, insomnio… ¡Las cifras son terribles! Cualquiera que lea el nuevo manual de trastornos mentales se verá reflejado en diferentes patologías de algún modo, y en el caso de los niños es particularmente llamativo. El mundo se ha psicologizado. Yo tiendo a quitarles hierro a los diagnósticos, incluso, a veces, ni los doy, porque los nombres técnicos generan perturbación. 
 Fingimos que empatizamos. Fingimos que sufrimos. Fingimos que fingimos. ¿Cómo reconectar con la autenticidad?.- Lo que más motiva al ser humano es ser amado y ser reconocido, por eso hacemos todo lo que sea para aparentar que vivimos bien. Si no estamos sanos por dentro, buscaremos ese aplauso o ese afecto como compensación a nuestros vacíos. Y germinará la envidia, que demuestra superficialidad, no profundidades. Fingiendo pensamos que los demás nos ven como queremos, porque las ganas de querer que todo el mundo piense que nuestra vida es casi perfecta son universales. Me encanta desmitificar a la gente que parece perfecta.
Ser optimista, alargar los telómeros y tener menos posibilidades de enfermar. Explique esta trilogía del emoticono sonriente.- Los telómeros son los capuchones de las puntas de los cromosomas, que se van acortando cuando nos vamos haciendo mayores. Sabemos que la manera en la que nos enfrentamos a los problemas de la vida puede acortar o alargar nuestros telómeros. La actitud proactiva —me levanto, leo, hago deporte, quedo con alguien, me venzo a mí mismo y voy hacia adelante— mejora los telómeros, la salud física y la psicológica. El optimismo es ver la vida como una gran posibilidad para mejorar. La gente que tiende a ver la vida en positivo, a pesar de las circunstancias, tiene menos riesgo de minar su salud. El pesimista, el que convierte las emociones en una soga, se acerca al diván.
Usted receta optimismo y observa enfermedades sociales. ¿Dónde encuentra el equilibrio una psiquiatra?.-Es una profesión de riesgo mental. Pasar el día escuchando fantasmastraumas y problemas puede conducir a no creer en el ser humano. Uno también acaba teniendo sus miedos y sus fobias, porque tú ayudas al paciente pero el paciente te provoca sentimientos con cada una de sus palabras. Yo tengo momentos diarios para encontrar calma mental. Me sirve conectar con mi marido y mis hijos, con la lectura, darme un paseo y echar el freno por completo en vacaciones. 
Drogodependientes emocionales, chutes de sensaciones fuertes, mendigar likes a cualquier precio. ¿Cuál es la metadona contra esta adolescencia crónica?.-La mejor manera de conectar con el mundo online es estar de lleno en el mundo offline. Uno de los grandes abonos para el cerebro es azuzar nuestra capacidad de asombro y volver a mirar las cosas con interés. Debemos volver a educar en la espera en las diferentes facetas de la vida, porque el cerebro, cuando no tiene lo que quiere, se frustra, se pone triste y se irrita. Las dos esferas que nos hacen más felices están relacionadas con el amor y con el trabajo, dos ámbitos que nunca ofrecen resultados inmediatos y requieren la paciencia y la perseverancia de saber esperar. Hay que aprender a vivir en la rutina encontrando la belleza en lo cotidiano
¿Está proscrita la tristeza en nuestra sociedad?.- La tristeza tiene muy mala fama, y eso es un problema. Decía Darwin que el ser humano que sobrevive es el que mejor se adapta a las circunstancias, y esa capacidad de adaptación depende en buena medida de cómo gestionamos todas las emociones: la tristeza, la alegría, la ira, el asco… Aunque no tenga buena prensa, es fundamental, porque es la emoción que mejor nos conecta con nuestro interior. La tristeza nos sirve para reflexionar y decidir cambiar las cosas que no funcionan.
¿Estamos en pie de guerra contra emociones como la ira, el miedo, el asco o la envidia, además de la tristeza?.- Todas las emociones son necesarias porque constituyen las respuestas lógicas ante las diferentes circunstancias, y todas vienen precedidas de un razonamiento, aunque no seamos conscientes. Las emociones —buenas o malas— son básicas para la supervivencia.
¿Por qué tenemos dificultad para encontrar palabras que expresen las emociones?.- En la generación de nuestros padres y abuelos expresar los sentimientos era lo propio de personas débiles. A ellos les enseñaron que había que tragárselo todo. Luego descubrimos que quien se traga las emociones se ahoga. Hay estudios que relacionan el silencio emocional con problemas dermatológicos, cardiológicos, digestivos… Las siguientes generaciones han ido aprendiendo a gestionar las emociones y estamos en una etapa interesante.
¿Cuáles deben ser las pasiones dominantes de una sociedad que quiere romper el cascarón y madurar?.- Urge educar en valores como la empatía, de tal manera que se evite juzgar a los demás. Todos ponemos etiquetas y tenemos nuestros prejuicios sobre personas, razas, orientaciones sexuales… Aprender a ponernos en el lugar del otro es una pasión urgente para la convivencia social.
Las páginas de su libro mezclan cuerpo y mente. ¿Los médicos que solo ven huesos, cartílagos y venas pueden ser perjudiciales para nuestra salud?.- Hipócrates decía que el médico no tiene que estudiar la enfermedad que tiene el enfermo, sino al enfermo que tiene la enfermedad, y su sabiduría sienta cátedra más de dos mil años después. El paciente es quien se merece el foco de atención. Esto requiere tiempo, empatía y paciencia. Es más fácil prescribir una pastilla que preguntar qué te ha pasado, cuál es tu situación personal…
La familia se rompe cada vez más. Lo dicen las estadísticas y se palpa en su consulta. ¿Corremos el riesgo de envejecer teniendo como compañera de fatigas a la triste soledad?”?.- La salud física y psicológica predice nuestro modo de envejecer, y la manera de envejecer depende de cómo nos sintamos queridos. Mi gran preocupación del siglo XXI es la soledad. Recomponer las relaciones de familia no es solo una medida importante, sino una urgencia sanitaria
¿Es viable comerse el mundo sin atragantarse?.- Cuidado con comerse el mundo muy rápido y obsesionarse por alcanzar pronto el éxito. No pasa nada por ir avanzando poco a poco. El trabajo bien elaborado con ilusión es más sano.
¿Cómo se cura el odio?.- Perdonando, que es un acto de amor. Sin el perdón, se instala en nosotros el odio y el rencor, dos reacciones incompatibles con la felicidad. Si no somos capaces de perdonar, el problema es nuestro, porque nos quedamos intoxicados.
¿Seremos capaces de incorporar a nuestras rutinas el deporte de reírnos de nosotros mismos y de nuestras imperfecciones?.- Reírnos de nuestros fracasos y problemas y priorizar el sentido del humor es básico. No podemos tomarnos tan en serio lo que nos pasa. Para superarse es necesario asumir el error y la imperfección, y reírse de uno mismo. Está comprobado que cuando uno se ríe a carcajadas hay una explosión luminosa en el cerebro, como se ha visto en alguna resonancia magnética. El sentido del humor es una vitamina para el cerebro muy buena para la salud.
¿El optimismo realista y sanador de Rojas Estapé será un tsunami crónico?.- A raíz de esta publicación he descubierto otra forma de ayudar más allá de conferencias o terapias. Mi única finalidad es  ofrecer un apoyo basado en la evidencia científica y en mis reflexiones personales para alegrar la vida de muchas personas, para alcanzar la paz y el equilibrio en un mundo hiperestresado e hipercomunicado.