viernes, 13 de marzo de 2020

Depresión atípica: rasgos fundamentales

Escrito por: DR. JOSE GARCÍA HURTADO   |   TopDoctors   |   11/02/2020

Editado por: ALICIA ARÉVALO
¿Existe una depresión atípica en la que la persona aparenta estar feliz?
Conviene precisar que en lugar de utilizar la expresión depresión atípica, resulta más ajustado a los criterios de diagnósticos para la clasificación de los trastornos mentales, la denominación de trastornos depresivos con características atípicas. Estos trastornos no deben valorarse como raros, extraños o infrecuentes. De hecho, comparten los criterios establecidos para la depresión común, sin embargo, poseen además un criterio adicional que consiste en un rasgo tendente a aparentar un falso estado de felicidad a pesar de hallarse bajo un trastorno depresivo. Esta peculiar respuesta se atribuye a poseer una acusada reactividad emocional.
¿Qué tipo de personalidad tienen los pacientes que padecen depresión atípica? ¿Es posible que sean personas de gran temperamento o fortaleza psicológica ante los demás?
No podemos afirmar que dichos pacientes tengan una personalidad específica o peculiar, ni tampoco que sean personas con gran temperamento o fortaleza. Sí puede afirmarse que poseen una acusada reactividad emocional frente a acontecimientos de naturaleza agradable emocionalmente, lo cual, y a pesar de estar deprimidos, les permite por un lapso de tiempo sentir una aparente felicidad.

También se da con frecuencia en estos pacientes un temor a ser rechazados por los demás si manifiestan su tristeza o cualquier signo de desajuste o debilidad emocional. Es por ello que tienden a ocultar su depresión, fingiendo un bienestar irreal e inexistente.
¿La depresión atípica es más peligrosa que la depresión común?
Como expresamos anteriormente, la depresión con características atípicas es ante todo una depresión común. La especificación de “atípica” se debe a la característica adicional de un rasgo atípico diferenciador, que consiste en una reactividad emocional acusada que hace que el paciente ante una circunstancia favorable o grata reacciona como si experimentara un estado de felicidad falso, efímero e irreal y, además, de corta duración.

Esta condición de falseamiento posterga la decisión de solicitar ayuda profesional, lo cual incrementa riesgos innecesarios cuanto mayor es el tiempo que transcurre desde su presentación y el inicio del tratamiento médico y psicológico. Es por ello que la depresión con características atípicas puede ser más peligrosa que una depresión común, puntualmente diagnosticada y tratada.
Una vez diagnosticada la depresión atípica, ¿el tratamiento del paciente es más o menos difícil que el que se aplica en una depresión común?
El tratamiento a aplicar a un paciente con depresión atípica ni es más difícil, ni tampoco especialmente diferente del que recibe un paciente afectado por una depresión común. Por lo tanto, el especialista optará selectivamente por aquel tratamiento que mejor se adapte a las características de cada paciente, a saber:
Añadiríamos que en el tratamiento el profesional oportuno, un especialista en Psiquiatra o en Psicología clínica, deberá resolver la resistencia del paciente ante su verdadera realidad emocional y así poder intervenir las características disfuncionales cognitivas y comportamentales de su depresión. El apoyo de las personas significativas del entorno más cercano del paciente será un elemento motivador del encuentro con el terapeuta, facilitando tanto el proceso diagnóstico como la propia terapia.

miércoles, 11 de marzo de 2020

La mejor App de control parental que existe son los padres mismos con su presencia


CARLOTA FOMINAYA   |   ABC    |   Madrid   |   12/11/2019

Entrevista con el profesor José Ramón Ubieto, autor del libro «Del padre al ipad, familias y redes en la era digital»
«¿Qué lleva a los padres a tener una serie de aplicaciones de control parental, o a los adultos a confiar en una serie de asistentes como Siri, Alexa, o a dejarse guiar ciegamente por el Gps o google maps? ¿Dónde está la confianza que teníamos antes en nuestros padres, que no tenían estas cosas? ¿En quién confiaban ellos?», se pregunta en voz alta José Ramón Ubieto, autor del libro «Del padre al ipad», quien concluye que «la sociedad ha perdido la confianza en la figura del padre, en mayúsculas, en la idea del personaje al que todos suponíamos potencia, poder y saber, para dársela a los gadgets tecnológicos».

Su libro se titula «Del padre al ipad», es una revisión muy profunda de esta situación.- Hemos elegido el ipad por el juego de palabras, es el nuevo padre electrónico. Por eso dedicamos todo un primer apartado del libro a entender esas transformaciones, básicamente lo que estudiamos es el eclipse de ese sistema. Decimos eclipse, porque aquí no ha desaparecido, no es tan contundente, lo que sí ha hecho es entrar en declive. Ahora es como un «fake», la versión del padre no es del todo segura, no es tan potente, no sabe todo, se pone en cuestión... Lo primero que queríamos era entender como ese «cuento del padre» que nos ha funcionado, en el sentido de que teníamos una garantía, hoy tiene detrás un fenómeno de incertidumbre.

¿Cómo tratamos hoy esa incertidumbre?,- La incertidumbre ha existido siempre. Nuestros padres no sabían lo que iba a pasar dentro de diez años, nadie sabía si se iba a morir, si tenía un cáncer... La vida siempre ha tenido incertidumbres. La diferencia entre antes y ahora es que tú tenías la garantía de que aunque no lo sabías había una reserva, había alguien que te protegía. La providencia era la garantía «numer one», «Dios proveerá». Esa creencia funcionaba. También el «pregúntale a tu padre». A pesar de que había incertidumbres había también alguien que tenía la respuesta.
Nuestros padres criaban a sus hijos con mayor o menor habilidad pero tanto si lo hacían bien o mal o menos mal, nunca se cuestionaban su funciónNo había padres que iban a escuela de padres, ahora hay universidades. Ese es un síntoma de esto que estoy contando.  Antes, aunque se equivocasen ellos, tenían la garantía de que su función emanaba directamente de la providencia, en cuanto a que el ejercicio de padres y madres era legítimante aceptado socialmente. Venía a ser: «Lo que diga el padre va a misa».

Ahora no tienen esa garantía.- No la tienen porque ya no miran para atrás para ver qué hay que hacer. Cuando tuve hijos mi mujer le preguntaba a su madre, a quien se lo había explicado la suya propia, mirábamos al pasado y encontrábamos las respuestas.

¿Dónde miran hoy los progenitores?.- Al futuro, a lo que la ciencia y la tecnología establezcan en cada momento. Si mañana sale un artículo en la revista de Cientific Journal of Paediatrics, o en Journal of Medicine, o en cualquiera de las revistas que leen los médicos, donde aparece una investigación hecha en el estado de Connecticut (EE.UU.), que dice que a los bebés hay que dormirlos en diagonal porque de esa manera no hay muerte súbita, se les pone así. Porque si no los ponen en diagonal entrarán en situación de negligencia por no hacer caso de lo que les dice la ciencia. Si dentro de tres meses la misma revista publica un artículo que desmiente eso, y que dice que tienen que dormir en cuclillas, pues en cuclillas. Antes había garantía de que uno ejercía la función de padre con un margen de maniobra, ahora eso no lo tienen las familias jóvenes, toman decisiones y son permanentemente evaluados por psicólogos pedagogos, por la ley... por todo el mundo. En fin. Eso hace que sean más fácilmente sugestionables por las promesas tecnológicas de control. Nuestros padres no necesitaban una herramienta de control, aparte de que no la hubiera, porque su voz y su mirada eran la App más eficaz. ¡Como te vea yo te acuerdas de mi! Ese era el mensaje de Whastsapp de más importancia.

En su libro ilustran esto con el terrible episodio de Black Mirror «Arkangel», dirigido por Jodie Foster, en el que una madre instala un chip experimental en el cerebro de su hija mediante el cual puede saber su localización exacta, así como todo lo que ve y escucha.- Es un episodio muy interesante. Describe muy bien los temores de una mamá soltera respecto a la educación de su hija. Todo cambia cuando le ofrecen una aplicación que le permite observar permanentemente a la niña. Cuando es pequeña todo fantástico, ve cómo esta va a la escuela, juega... Pero poco a poco eso se va convirtiendo en algo infernal, loco.
Es un ejemplo claro de cómo los padres son fácilmente sugestionables por cualquier idea de que un App puede garantizar su acto educativo, que antes tenían por su condición de padres y ahora la buscan en la electrónica. Es lo que sustituye a la creencia anterior. Cómo pasamos del cuento del padre al cuento del gadget, tablet, móvil, ordenador, aplicaciones... la vida algorítmica. Básicamente, la mejor App de control parental que existe son los padres mismos con su presencia.

También le damos al bebé la tablet.- Cada vez los padres son más conscientes de que si le dejan el móvil al niño cuando tiene 6 meses y no ponen ningún límite eso se convierte en el chupete eterno. Hay que pensar que estas tecnologías producen una sobre excitación sensorial. Ponle un capítulo de Bob Esponja o Peppa Pig a un bebé, que verás la cantidad de ruidos y sonidos que escuchan. Claro que se enganchan. Ponles a cambio una temporada de Heidi, que te llamará para decirte que se ha parado la tele. Vas porque está chillando y te das cuenta de que al aparato no le ha pasado nada, que Marco está por el Tirol paseando y no ha sonado un rap, ni unos efectos especiales. Ante la falta de excitación dicen «¡vaya mierda!». Los responsables de las empresas tecnológicas que tienen hijos se han dado cuenta de lo que eso produce. Por eso debe existir una mayor conciencia de la necesidad de desconexión y regulación.

Hay un exceso de confianza en las aplicaciones....- Nuestra confianza en estas aplicaciones no es solo que nos ayuden en nuestra tarea como padres y madres, sino además confiamos en que ellas nos darán la satisfacción y serán nuestra manera de vincularnos al otro. Que ellas nos guiarán en la relación al otro. Conectaremos, conversaremos por Sykpe, WhatsApp, encontraremos amigos en Facebook o en Instagram, pareja en Tinder y en otras webs de citas... Incluso aprendemos sin necesidad de maestro o maestra, el famoso e-learning o enseñanza sin presencia. Nos iniciaremos en la sexualidad a través del porno, e incluso cuidaremos a nuestros mayores a través de la tablet.
Ya hay una empresa americana proveedora de este tipo de servicios sociales llamada Care Coach. Se dedica a proporcionar tablets y cámaras a personas mayores que viven solas, y las vigilan a través de una tablet: les controlan la medicación que tienen que tomar, les hacen compañía a través de una voz o de una teleoperadora, con la que un par de veces al día mantiene una charla. Esto es lo que viene: la sustitución de la presencia por la asistencia digital.

También hay un sector que empieza a presentar un cierto hartazgo de las tecnologías. Somos cada vez más conscientes de la alineación que supone la tecnología. Hay arrepentidos digitales porque la propia tecnología ha generado un antídoto, una defensa contra esta especie de voracidad del «lo quiero todo»la «google info-obesidad», la gordura de internet, está todo menos el pensamiento.

Les costará más prescindir de la tecnología a los adolescentes.- Sí, les costará más a los adolescentes prescindir de esta prótesis humana que es el móvil en la mano, pero hay que mirar el ejemplo de Eton, un colegio de élite inglés que decidió hace unos meses que a partir de las 9 iba a confiscar los móviles de los chicos y se los iba a devolver por la mañana. Lo hicieron porque descubrieron que los adolescentes cada vez dormían menos y que por la mañana estaban KO. ¿Qué pasó? El primer día hicieron un motín, y al segundo día se acabó el motín. Ellos mismos se dieron cuenta de que era una liberación dormir ocho horas sin estar pendiente de la esclavitud del móvil, de si les había gustado la foto de Instagram, si había un personaje nuevo en el Fornite... Los adolescentes tienen dificultades como todos los alumnos para desconectarse del híbrido pero cuando les ayudamos a conseguirlo a través de la regulación y la dosificación (y no de la prohibición, porque prohibir significa eliminar y eso es imposible), es posible que lo logren. Sobre todo en el espacio del sueño, es muy importante porque se dan cuenta de que se liberan, son conscientes de la servidumbre voluntaria que implican las máquinas.

En el libro también se valora la presencia tranquila de los padres. ¿En qué sentido?.- En el sentido de escuchar lo que le pasa a tu hijo, de saber lo que necesita y le das, de darle tu testimonio de lo que tú pasaste, recordar que también fuiste adolescente, de cómo te las arreglaste... Porque dar testimonio no es un signo de debilidad. Si tu hija viene porque su novio la ha dejado, no está mal decirle: «a mi me pasó lo mismo». Es una manera de decirle que el amor es muy complicado pero se sale adelante, hasta que llega alguien que merece la pena. El 50% de la humanidad son hombres y con un poco de suerte lo encuentras. Es algo así como conectar un poco las propias dificultades que uno ha tenido con las actuales de tus hijos.
Los padres modernos creen que eso no hay que hacerlo y eso les pone en una situación difícil, como si ellos tuvieran que estar siempre en la excelencia. Los padres modernos se confunden con los managers, creen que un padre es alguien que tiene que resolverlo todo. Nosotros más bien decimos que un padre o una madre son los que tienen que darse un tiempo y darles un tiempo a los hijos, para encontrar una salida a las dificultades. Con su presencia, su acompañamiento... no decirles «ya te apañarás». Así ellos encuentran que su situación forma parte de la vida. Tienes que acompañarles, como decimos, en el sentido de estar presente.


lunes, 9 de marzo de 2020

A pie y de buen humor: caminar para aclarar la mente

ROCIO CARMONA    |    La Vanguardia   |   07/11/2019

“Me parece que en el momento en que mis piernas empiezan a moverse, mis pensamientos empiezan a fluir”. Con esta frase resumía el escritor y filósofo trascendentalista Henry David Thoreau su inclinación natural al movimiento, siempre en la naturaleza, como una forma de entrar en contacto consigo mismo y de unirse al flujo de la vida. “A pie y de buen humor”, leemos en la Canción del camino abierto, del poeta y humanista estadounidense Walt Whitman. Solvitur ambulando (se resuelve caminando), reza el dicho latino. También Nietzsche dejó escrito que todas las ideas verdaderamente importantes se suelen concebir mientras caminamos. Y es que andar tiene una tradición intelectual, poética y espiritual indiscutible.
Se supone que los seres humanos se pusieron en pie y empezaron a caminar hace seis millones de años, un hito importantísimo que ayudó a que se aprovecharan mejor las posibilidades del entorno y contribuyó de forma decisiva a la evolución. Caminar es un proceso que tardamos mucho tiempo en dominar y que damos por hecho a menudo, olvidando lo asombroso y maravilloso que resulta. Es, además de una de las actividades más características del ser humano, una actividad que posee poderosos beneficios físicos, mentales y espirituales.
¿Sabía que un paseo diario a ritmo moderadamente intenso, aunque solo sea de veinte minutos, disminuye las posibilidades de sufrir una enfermedad cardíaca, Alzheimer, depresión, diabetes y varios tipos de cáncer? Investigadores de la Universidad de Wakayama, en Japón, concluyeron que caminar 10.000 pasos al día reduce de forma importante la presión arterial en personas que padecen hipertensión. Al ser un ejercicio de bajo impacto, es ideal también para prevenir la pérdida de densidad ósea, y ayuda a mejorar la postura, el equilibrio y a combatir la fatiga.
Pero caminar también puede resultar un gran aliado para la creatividad. No en vano artistas y pensadores geniales como el mismo Nietzsche, Beethoven, Charles Dickens o la poetisa norteamericana recientemente fallecida, Mary Oliver, utilizaban las caminatas de forma regular como parte de su proceso creativo.
Aristóteles y los filósofos peripatéticos caminaban como método de indagación filosófica; se dice que Jesús realizó una travesía de cuarenta días en el desierto para prepararse para su misión en la Tierra, y que Buda caminó durante años antes de encontrar la iluminación. Recientes estudios de diversos campos señalan que caminar en un entorno natural ayuda a aclarar la mente y a potenciar la creatividad. También puede servirnos para practicar el mindfulness, un estado de calmada presencia en el que nos limitamos a vivir el momento presente.
Jack Kornfield explica en su libro Sabiduría del corazón que meditar mientras caminamos es una de la formas más útiles y básicas de cuidar del cuerpo. El arte de meditar de este modo, explica, “consiste en aprender a estar atentos mientras caminamos, utilizando el movimiento natural de la marcha para cultivar el mindfulness y una presencia atenta”. Para empezar a hacerlo, lo primero es escoger un lugar tranquilo en el que podamos caminar de ida y de vuelta una distancia de entre diez y treinta pasos. Kornfield explica que podemos usar esta meditación para calmarnos, centrarnos y estar más presentes en nuestro cuerpo.
Este autor propone empezar practicando en casa y luego extender el caminar consciente a otros momentos más informales de nuestra vida, por ejemplo, cuando vamos a comprar o salimos del coche para ir a algún sitio. “Podemos aprender a caminar sin más, en lugar de utilizar ese momento para planear o pensar cosas, y de esta forma tan sencilla empezar a estar presentes de verdad y hermanar el cuerpo, el corazón y la mente”.
Meditación en cuatro pasos
1. Comience en uno de los dos lados del camino elegido, con los pies firmemente plantados sobre el suelo. Deje que sus manos descansen cómodamente donde usted quiera. Abra sus sentidos para ver y sentir todo el entorno. Después de un minuto, lleve su atención hacia el cuerpo. Céntrese y sienta cómo está su cuerpo sobre el suelo. Sienta la presión en los distintos puntos de los pies, sienta todo lo que naturalmente sucede en su cuerpo por el hecho de estar de pie. Permítase estar presente y alerta.
2. Comience a caminar un poco más lento de lo habitual. Permítase caminar con comodidad y dignidad, como su fuera un rey o una reina que ha salido de paseo. Preste atención a su cuerpo. A cada paso, note las sensaciones de elevar el pie y la pierna sobre el suelo. Luego, vuelva a posar con atención el pie en el suelo. Sienta cada paso mientras camina.
3. Cuando llegue al final del camino haga una pequeña pausa. Céntrese, dé la vuelta con cuidado y haga una pausa otra vez para poder ser consciente de su primer paso cuando empiece el camino de regreso. Puede ir experimentando con la velocidad y caminar al ritmo que le haga sentirse más presente.
4. Continúe caminando de ida y de vuelta durante diez o veinte minutos, o más. Como suele suceder cuando meditamos sentados, observaremos quizá que la atención va de un lado a otro y muchas veces se dispersa. En cuanto lo notemos, tomaremos conciencia de adónde ha ido, pensando, escuchando, planeando... Volveremos entonces simplemente a centrarnos en el siguiente paso. Como sucedería con un cachorrillo que está aprendiendo, quizá deberemos repetir mil veces el proceso de hacer regresar nuestra atención al presente. No importa si nos hemos ausentado diez segundos o un minuto, simplemente, nos daremos cuenta de dónde estábamos y regresaremos al aquí y ahora con cada paso.

viernes, 6 de marzo de 2020

La heroína panafricana que quiere escuchar a los que hablan solos

ANALÍA IGLESIAS    |    Esauira   |    El País    |    14/11/2019

La actriz y realizadora Maimouna N’Diaye, jurado en el último festival de Cannes, trabaja por la dignidad de los enfermos mentales, abandonados a su suerte en las calles de Burkina Faso.


Aunque África no sea un solo país, hay hijos e hijas de este continente que eligen ser panafricanos. Maimouna N’Diaye, actriz y realizadora, jurado en la última edición del prestigioso Festival de Cannes, es una de ellos: se define como panafricana, y lo suyo no es mera provocación. Es verdad que, en el fondo, los países africanos están ligados a la suerte de aquellas fronteras arbitrarias, trazadas por los conquistadores sobre plano, sin tener en cuenta las comunidades étnicas ni los ríos, ni las montañas ni sus cumbres, ni los padres ni los hijos, ni los nómadas del desierto en sus caravanas. Pero, en el caso de Mouna (como le gusta llamarse entre amigos), sus orígenes tienen raíces en muchos puntos de la geografía africana y ella ha optado por instalarse en una región de su continente diferente a las de sus ancestros, para trazar su propia trayectoria y contar la vida desde allí.

“Soy hija de madre nigeriana, pero jamás puse un pie en Nigeria. Mi padre es de origen senegalés, del norte, donde nace el gran río. Pasé mi infancia en Guinea Conakry, fui a realizar mis estudios de arte dramático en Francia y, en un momento, supe que tenía que volver a África e instalarme allí, en un lugar donde creara mis propias referencias, que no fuera conocido para mí; así, viví en Costa de Marfil, Níger y Mali (por cierto, la familia de mi abuelo viene de Mali y él era carnicero e iba de ciudad en ciudad ofreciendo su mercancía). Tengo parientes en todos los países, pero vivo en Ouagadougou, Burkina Faso”, explica la protagonista de El ojo del huracán, de Sékou Traoré, un filme que abordaba el asunto sangrante del destino de los niños soldados, víctimas y victimarios de las injusticias que muchas veces traen otros a este continente, y por el que ella ganó el premio a la mejor interpretación femenina en la Fespaco.

Encontramos a Mouna en Esauira, la ciudad marroquí que alberga un foro sobre las violencias y la violencia, en el que ella participa como ponente para decir, sin temor a que la identidad se le desvanezca: “¿Por qué he de pertenecer a una sola cultura?”.

Hoy, los europeos celebran la presencia de N’Diaye en todos los escenarios, porque es portadora del apellido “Cannes”, que bendice todo lo que toca. Aunque Mouna viene trabajando desde hace décadas en el cine grande del mundo, con papeles en películas como La caza de la mariposa (1992) o Jardines en otoño de Ottar Iosseliani, o como una de las voces de la popular Kiriku y la bruja (1996), entre otras. A partir de 2009, gracias a su imparable carrera fílmica y de televisión, ha sido una presencia habitual en el Festival más importante de cine africano, la Fespaco, que se celebra en Ougadougou.

Pero, en realidad, Maimouna venía dedicando su energía cotidiana a trabajar en acciones teatrales terapéuticas en la comunidad, con las técnicas del Teatro del Oprimido que aportó el pedagogo brasileño Augusto Boal, desde los días de Abidjan, a mediados de la década del noventa, con la troupe del Ymako Teatri. Todo esto hasta que un día descubrió que alguien muy cercano se encontraba en la calle, hablando solo, como uno de esos seres invisibles que todos ignoran, y se decidió a documentarlo.

La película de N’Diaye es apenas un punto de partida para comenzar a indagar en las infinitas aristas de la locura, o el desamparo y sus contextos.

“Con mi cámara fui al encuentro de aquellos que uno no filma jamás en África, esos que nos dan miedo o vergüenza, aquellos a quienes llamamos ‘locos’. Cuando me gané su confianza, seguí su pista hasta dar con los familiares en sus búsquedas desesperadas de curación, entre médicos, sanadores, pastores o imames. De esa experiencia nadie sale indemne, porque entre los locos y los que les curan no sabemos dónde está la frontera que separa la sabiduría de la locura. A cualquiera le puede pasar”. Así es como N’Diaye describe la génesis de su documental Le fou, le génie et le sage (El loco, el genio y el sabio, de 2018).

En la calle, N’Diaye se encontró con intelectuales, niños autistas “bombardeados a medicamentos” y otras “patologías de las que la sociedad es la responsable” y, en las oficinas públicas, dio con números que dejaron sin habla, como que en Burkina Faso hay 10 psiquiatras para dieciséis millones de personas. Así, la realizadora fue adentrándose poco a poco en condiciones tan inestables como la cordura o la “normalidad” y, en el caso africano, atravesadas por la irreparable humillación y la incomprensión que caracterizó a los patrones coloniales, que han dejado una herida que aún no termina de cerrar. Y, hay más, porque en esa delgada línea entre la sabiduría y el sufrimiento también se balancea la particular ambivalencia africana de una existencia densamente habitada por la dimensión mágica, invisible, que suele tener tanto peso como la vida a la que solemos llamar “real”.

Los djins del Corán, espíritus como Eshu o los ancestros que siguen tomando decisiones a través de bisnietos y tataranietos dan cuenta de una espiritualidad presente en cada pequeña acción cotidiana, y que transcurre por debajo de los acontecimientos visibles, con una potencia indiscutible. ¿Cómo defenderse de un brujo o cómo es posible aliviarse tras los rituales prescritos por el curandero?, se preguntarán los pragmáticos ojos occidentales, del mismo modo que otros podrían cuestionar por qué confiar a pie juntillas en diagnósticos descritos sobre papel, para otras realidades y protocolos que en nada se parecen a los de Ouaga (como sus habitantes llaman a la capital de Burkina).

La película de N’Diaye es apenas un punto de partida para comenzar a indagar en las infinitas aristas de la locura, o el desamparo y sus contextos. El trabajo continúa fuera de la pantalla, ya que la actriz y realizadora es la fundadora y coordinadora de la Asociación Maumoundi para devolver la dignidad a las personas que se han aislado de esto que los demás llamamos realidad. El cine es apenas un aliado, a ambos lados de la frontera de la cordura.

martes, 3 de marzo de 2020

5 mitos sobre las pastillas antidepresivas

                                                                          
Escrito por: DR. ENRIQUE GUERRA GÓMEZ    |   TopDoctors   |   16/12/2019

Editado por: NICOLE MÁRQUEZ

Los antidepresivos son fármacos que se prescriben en los casos en que los síntomas de la Depresión son intensos, provocan un sufrimiento notable e interfieren en la vida diaria; como por ejemplo en los estudios, el trabajo, las relaciones familiares y sociales, disfrute del tiempo libre etc...
  1. Los antidepresivos son altamente adictivos
No. Los antidepresivos, a diferencia de los tranquilizantes derivados de las benzodiacepinas, no presentan ningún tipo de dependencia biológica. Eso no quiere decir que se puedan retirar de forma brusca.
  1. Te puedes curar solo con la ayuda de antidepresivos
Dependerá del origen de la depresión. Si la causa es mayoritariamente biológica, sería posible. Pero, si en la etiología influyen de forma significativa problemas de personalidad y/o acontecimientos externos, tendría que añadirse la psicoterapia.
  1. Los fármacos antidepresivos causan disfunción sexual
No todos. Han ido apareciendo antidepresivos en los últimos años que no presentan este efecto secundario, aunque el número de los que lo producen por el momento es superior.
  1. Los antidepresivos cambian la personalidad del paciente
No, en absoluto. No existe ningún fármaco antidepresivo que modifique el carácter de una persona. La personalidad se refiere a la forma de ser que los individuos tenemos de forma habitual, y solo se alteraría si un psicofármaco provocase daños en el cerebro; que no es el caso.
  1. La depresión viene y se va sola
En algunos casos (no muchos), sí. Aun así, si los síntomas de la Depresión son notables el psiquiatra no debería permitir que el paciente soporte tal sufrimiento; además, es muy difícil saber de antemano en qué casos una depresión remitirá espontáneamente.


domingo, 1 de marzo de 2020

Se busca empleado de hierro, hundirse ante las adversidades no está permitido

EPARQUIO DELGADO   |   El País   |   20/10/2019

Resiliencia. Un término en boca de empresas, educadores y psicólogos que plantea una pregunta radical. ¿Es posible ver el vaso medio lleno cuando está hecho añicos?.

Nada más acabar la licenciatura de Psicología, una profesora de la universidad me propuso participar en un proyecto de investigación sobre la “resiliencia psicológica”, de la que apenas había oído hablar por aquel entonces. Se trataba de descubrir qué hace que algunas personas se sobrepongan a las adversidades mejor que otras. Me explicó que, en lugar de enfocarse en las vulnerabilidades, trataban de averiguar cuáles son las fortalezas que hacen a algunas personas inmunes al impacto de la pobreza extrema, la guerra, el maltrato infantil y otras situaciones estresantes.

Para mi sorpresa, y a pesar de que estábamos en una universidad pública, mi profesora no ocultaba que el objetivo principal era crear un programa de resiliencia dirigido a empresas, instituciones educativas, ejércitos y otros organismos que contara con cierto aval científico.
En 2003, yo no sabía casi nada de psicología, pero aquello me recordaba bastante a los experimentos del malvado Romulus con Lobezno, ese personaje casi inmortal de la factoría Marvel con el esqueleto recubierto de un metal irrompible llamado adamantium, la capacidad de regenerar heridas mortales y el poder de bloquear en su mente acontecimientos traumáticos. Me estaba proponiendo participar en un plan para crear superhumanos.

La resiliencia se parece bastante a un cuadro de Monet. De lejos fascina, pero al acercarte se desdibuja y se convierte en una amalgama de trazos inconexos. La mayoría de las definiciones aportadas hasta el momento hablan, de una u otra manera, de un afrontamiento positivo en respuesta a la adversidad, lo que no hace más que desplazar el problema (¿A qué llamamos “afrontamiento positivo”? ¿Qué es objetivamente una “adversidad”?). No está claro si se trata de una capacidad, una competencia o una habilidad.
Si se refiere a un proceso o a un resultado. Si se trata de un fenómeno estable o cambiante en el tiempo, o si debe ser abordada como un rasgo o como un fenómeno interactivo. Todo el mundo habla de resiliencia, pero nadie consigue identificarla con rigor.

Eso no ha sido un impedimento para poner en marcha el negocio. Al fin y al cabo, la investigación sobre la resiliencia no busca ampliar nuestro conocimiento sobre el comportamiento humano, sino vender a empresas e instituciones públicas y privadas sus programas de intervención. Así lo dejaron claro tanto mi profesora como Martin Seligman, padre de la psicología positiva, cuando afirmó: “Hemos aprendido no solo a distinguir a aquellas personas que crecerán después de un fracaso, de aquellos que se quebrarán, sino también a enseñar a las personas a desarrollar las habilidades necesarias para que sean de los primeros”.

La cuestionada investigación sobre este tema busca distinguir a las personas que crecen después de un fracaso.

No en vano, el propio Seligman recibió 145 millones de dólares en 2008 para implementar el llamado Comprehensive Soldier Fitness (CSF) en el Ejército estadounidense. En su obra Happycracia, Edgar Cabanas y Eva Illouz hablan de los “resultados fabulosos” que se obtenían con el programa: mayor concentración y habilidad de los soldados en combate, mejor recuperación tras experiencias traumáticas sobre el terreno. A pesar de todo, su proclamado éxito no impidió las críticas a algunos aspectos éticos de la intervención, y sus profundas deficiencias metodológicas hicieron dudar muy seriamente de los resultados presentados por sus promotores.

Esta manera de considerar la resiliencia ha sido cuestionada desde muchos frentes. Autores como Marc T. Braverman y Suniya S. Luthar denunciaron el abuso del término “niño resiliente” por parte de los políticos y la población, haciendo creer que se podría crear a niños inmunes contra todo y resaltando el riesgo de olvidar que en muchos casos la causa de los problemas son los factores ambientales. A pesar de que la investigación sobre la resiliencia ha insistido en el papel de los vínculos familiares, el apoyo social, los cuidados y el ambiente del individuo como factores de protección ante las adversidades, las intervenciones se han centrado principalmente en promover características individuales como la flexibilidad, la autoestima, la perseverancia y las estrategias de solución de problemas. La propia Asociación Americana de Psicología nos anima a “cultivar una visión positiva de nosotros mismos” y a no perder la esperanza para construir resiliencia. Hay que ver el vaso medio lleno aunque esté hecho añicos en el suelo.

En línea con la ética empresarial que preside nuestras vidas, donde los premios son para los supervivientes y las crisis se convierten en oportunidades, romperse ante las adversidades es el indicador de que no hemos desarrollado un adecuado nivel de resiliencia. No es de extrañar que Google y American Express hayan apostado por crear empleados más resilientes y ya estamos viendo cómo se ponen en marcha estas propuestas en las escuelas. Quieren crear un ejército de invulnerables y no escatiman en recursos, pero
olvidan un pequeño detalle: Lobezno no era humano.

Claustrofobia o el temor de quedarse encerrado.

                         
Escrito por: DR. PABLO IGLESIAS RODRÍGUEZ   |   TOPDOCTORS   |   21/02/2020

Editado por: ALICIA ARÉVALO

La claustrofobia es una fobia específica que consiste en un miedo irracional a estar en una habitación pequeña cerrada o poco iluminada. La sensación del paciente es de estar enclaustrado con miedo a no poder salir, sienten un miedo incontrolable a no poder abandonar el lugar, a que le falte el aire, a que se acabe el oxígeno y por consiguiente a poder fallecer.
 
Este miedo produce conductas evitativas, es decir, el paciente evita ir a lugares en los que él crea que pueda tener estas sensaciones de pánico terror
Causas de la claustrofobia
La mayoría de las veces la claustrofobia se debe a que el paciente ha sufrido una experiencia muy desagradable en un espacio pequeño en el pasado, por ejemplo quedarse encerrado en un ascensor o quedarse encerrado en el aseo de un restaurante. Con el tiempo el paciente va desarrollando los síntomas de ansiedad limitativa.
 
Aunque también existen personas que padecen claustrofobia sin haber vivido este tipo de episodios tan desagradables. Hay pacientes que desarrollan esta patología sólo con la visión de un hecho o escuchar una situación, por norma general son personas muy sensibles o fácilmente aprensivas.
 
Los especialistas en Psicología destacan que estas personas cuando están en un lugar son incapaces de hacer una valoración real y objetiva del tamaño de la habitación o del espacio o lugar. 
Consecuencias de la claustrofobia
La claustrofobia es una patología que puede interferir de manera importante en la vida cotidiana del paciente. Por ejemplo, les puede impedir acudir a sitios como discotecas o desempeñar una actividad laboral normal por trabajar en un edificio con oficinas reducidas. También puede afectarles  a la hora de realizar determinadas pruebas médicas muy importantes como la tomografía axial computarizada o una resonancia magnética, ya que tienen que permanecer bastante tiempo en un sitio cerrado.
Síntomas de la claustrofobia
Los síntomas de la claustrofobia son:
  • sudores
  • aceleración del pulso cardíaco
  • temblor generalizado
  • aturdimiento
  • sensación de inestabilidad
  • miedo intenso
  • náuseas mareo
  • terrores
  • sensación de falta de aire y de asfixia
Tratamiento de la claustrofobia
El tratamiento para la claustrofobia se realiza con la combinación de varios tipos de tratamiento:
  1. Tratamiento psicológico: está basado en la terapia cognitivo conductual realizando:
  • desensibilización progresiva
  • control de la ansiedad
  • reestructuración cognitiva
  • exposición de manera in situ guiada por un terapeuta para control de la ansiedad
  1. Tratamiento psicofarmacológico: en un principio puede ser con tranquilizantes para enfrentarse a la situación fóbica solamente de manera puntual, como sucede también en otras fobias como en la aviofobia (miedo a volar).
    Si la persona padece cuadros de ansiedad con frecuencia, es recomendable comenzar con un inhibidor de la recaptación de la serotonina.