miércoles, 6 de julio de 2022

Marisa Moya, impulsora de la "disciplina positiva": El gran problema de los niños somos los adultos


ALDARA MARTITEGUI        |      Santiago     |      www.niusdiario.es     |     27/03/2022

Son varias las acepciones de la palabra ‘disciplina’ que podemos encontrar en el Diccionario de la Real Academia Española. Reconozco que cuando escuché por primera vez hace ya algunos años la existencia de una propuesta educativa llamada disciplina positiva, me sonó un poco contradictoria. Obviamente estaba cerrándome a una sola definición de ‘disciplina’; “observancia de las leyes y ordenamientos”, como dice la RAE. La palabra ‘disciplina’ me evocaba la imagen de niños dóciles sentados en sus pupitres o desfilando ordenadamente cual hermanos Trapp en Sonrisas y lágrimas.

Afortunadamente, después de una larga conversación con Marisa Moya -que además de maestra, psicóloga y directora de una escuela infantil desde hace más de 40 años, es la principal promotora de la disciplina positiva en España- me quedó claro que, en este contexto, ‘disciplina’ se refiere más bien a la segunda acepción que recoge nuestro diccionario: “arte, facultad o ciencia”.

Casi una década lleva ya Marisa Moya enseñando a familias y educadores este arte de educar desde un lugar diferente, desde una apertura de la mente, desde una invitación a hacerse uno a sí mismo la pregunta de ¿cómo estoy influyendo como madre, padre o educador en la tarea de mayor responsabilidad que tengo, que es la de acompañar a un ser humano en su desarrollo? “Es un compromiso enorme, asegura Marisa Moya, pero a la vez un privilegio enorme”.

Aunque la disciplina positiva surgió en EEUU hace ya 40 años, en España es un programa relativamente joven. Empezó su difusión en la escuela de Marisa Moya en el año 2013: “Llevamos poquito tiempo aquí, sin embargo, de alguna manera, resulta ya muy cercana a muchas personas”.

A educar también se aprende. Esta idea no es nueva (Marisa Moya, Disciplina Positiva)

Pregunta: ¿Qué es exactamente la disciplina positiva y a qué crees que se debe este éxito?

Respuesta: La disciplina positiva, en lo que incide, es en que no únicamente por el hecho de ser padre o madre todo lo que se haga sea correcto. Es abrir la mente al valor de la información y al conocimiento de otras destrezas para educar. Es decir, cuando somos madres y padres, tradicionalmente se ha dado por hecho que todo lo que haces es adecuado para los niños. Y hoy se sabe que esto no es así, que a educar también se aprende. Esta idea no es nueva, tiene sus raíces en la psicología individual. Alfred Adler, este médico psiquiatra, hace ya 100 años decía que la mejora de la humanidad dependía de la educación. P: Como padre o madre cuesta aceptar que a lo mejor uno no lo están haciendo de la mejor manera…Entiendo que ahí tenemos el primer obstáculo para aprender a educar.

R: Mucha gente dice que sí con la cabeza, pero luego, en la práctica, todavía hay muchas personas que se sienten enjuiciadas (…) Cuando tú eres madre, si alguien te dice que algunas de las prácticas que estás llevando a cabo, estrategias, recursos o incluso la mirada desde donde estás tomando las decisiones, no le sientan bien a los niños, se sienten enjuiciados. Entonces ya pierden la receptividad, se consideran atacados y entonces no quieren saber más de este tema. Esto es lo que está trabajando la Disciplina Positiva: abrir la mente a que las personas seamos capaces de hacer una tarea de autoconsciencia.

P: La disciplina positiva digamos que está dirigida a conseguir cambios en los padres, no tanto en los niños…

R: El foco es sin duda el adulto. El gran problema que tienen los niños es el adulto (…) El adulto con el entrenamiento en disciplina positiva se va dando cuenta de que no es lo mismo hacer las cosas de una manera que de otra, y de que hay muchísimas cosas que les achacamos a los niños -incluso que les tildamos de que hacen las cosas mal, de que no les sale nada bien y de que están interpretando mal las situaciones y la vida- y realmente eso proviene de ti, es decir de las decisiones que tú has tomado.

El adulto abre su cajita de herramientas y utiliza las de corto plazo: castigo, premio, amenaza. Y esto de momento sí para el comportamiento, pero es que parar el comportamiento no construye a un ser humano por dentro (Marisa Moya, Disciplina Positiva)

P: Siempre se ha dicho que se educa con el ejemplo. ¿Mantiene la disciplina positiva esta premisa?

R: En los talleres siempre les digo a los participantes que, como madres y padres, a todos nos hace muchísima ilusión que a los 25 años nuestros hijos sean seres pensantes, que sean capaces de haber construido su individualidad con cimientos sólidos sobre el afecto, la confianza, el respeto y que de alguna manera hayan podido desarrollar la responsabilidad, que sepan resolver mediante la búsqueda de acuerdos, comprometiéndose con el interés social, con enfoque en soluciones de manera responsable. Pero claro, esto exige la puesta en práctica de un montón de funciones cerebrales, esto no se da así de manera espontánea porque el niño ya cumplió 25 años. Desafortunadamente esto no sucede así, porque aprender a vivir lleva mucho tiempo, tiene la exigencia de ese adulto que sea modelo y que sea capaz de modelar todo eso que le exige a los niños. Si dices a tu hijo: “tienes que mostrarte empático y asertivo en la vida”, esto es una sobre-exigencia para la naturaleza infantil, porque los niños, los conceptos abstractos no los alcanza. Hacernos la pregunta de ¿qué es lo que necesitas de mi? Este es el planteamiento de la Disciplina Positiva

P: Los padres, muchas veces nos empeñamos en que los niños sean como adultos en miniatura…se nos olvida que no saben, que no tiene las mismas herramientas que nosotros y les sobre-exigimos.

R: Ahí está el lío, sí…que se les exige. A veces, incluso nos miran con cara desconcertada, como queriendo adivinarte…¿qué me estás pidiendo, por favor me lo puedes traducir? Porque mira, el lenguaje no te entiendo, porque lo que estás utilizando son términos abstractos y no sé cómo se aplica eso. Si tú me dices que sea respetuoso con mi hermana, yo necesito saber de manera concreta qué es el respeto. Si tú me exiges que yo sea tolerante, yo necesito saber cómo se hace la tolerancia porque soy un niño y yo no tengo estos datos en mi PC. Yo necesito que de vez en cuando tú te muestres tolerante, respetuoso, que muestres empatía y, entonces, yo, como soy un niño y estoy tomando nota todo el tiempo, pues entonces digo: ahora sí, ya lo sé, esto es tolerancia, esto se llama respeto, esto se llama generosidad, esto se llama bondad, esto se llama espíritu crítico.

P: ¿Qué me dices de la típica escena del padre diciéndole a gritos a sus hijos que no se grita?

R: Antes de decidir qué quieres que hagan los niños, decide qué vas a hacer tú y luego trasládalo con coherencia, porque esta es también una gran trampa: es decir, de manera verbal les decimos lo que hay que hacer, pero luego, con los hechos, hacemos algo que está en las antípodas, que es incongruente con lo que les hemos pedido. Por lo tanto, los niños se sienten desorientados, confusos y al final el adulto resulta como un ser no confiable porque toda esa información que me está dando no es información, es como una verborrea que necesita el adulto porque se siente inseguro, porque tiene miedo, porque tiene una obligación y una responsabilidad.

¿Usted quiere que su hijo tenga autocontrol? Pues usted tiene que trabajar su autocontrol (Marisa Moya, Disciplina Positiva)

P: ¿Qué alternativas al castigo propone la disciplina positiva?

R: Imagina el niñito de 3 años que quiere un coche. Lo tiene una niña que está enfrente, y el coche está detrás de la niña y él dice que quiere el coche…y si no consigue el coche le da un empujón a su compañera y, entonces consigue el coche. Esto, para el adulto, es algo terrible que hay que erradicar de la conducta. Pues el planteamiento de la disciplina positiva es: aprenda a verlo no como un problema que usted se tiene que quitar de encima de cualquier manera saltándose su propia dignidad y la de su hijo, sino como esa oportunidad de ese gimnasio para la vida. Muéstrele a su hijo cómo se resuelven los problemas de la vida sin utilizar la violencia, porque esto no se improvisa ni a los 15 ni a los 25. ¿Usted quiere que su hijo tenga autocontrol? Pues usted tiene que trabajar su autocontrol.

P: ¿Qué les dice a los padres que recurren a la disciplina positiva para conseguir que sus hijos cambien o dejen de portarse mal?

R: Que si un niño ha hecho algo y se ha equivocado…¡esto se llama infancia!. Porque claro, el adulto, lo que quiere es que dejen de meter la pata, pero es que mire usted, eso se llama infancia. La disciplina positiva no va a quitar el error, la disciplina positiva lo que va a hacer es aprovechar el error como oportunidad de construcción de habilidades para vivir, no para juzgar, sentenciar y penalizar a los niños por el hecho de serlo. Por eso digo tantas veces que el castigo, lo que denota es por un lado desconocimiento del adulto de qué es la naturaleza infantil: damos por hecho que porque tenemos hijos ya sabemos lo que es un niño y no es así, porque su mente, afortunadamente, funciona de una manera completamente distinta a la del adulto.

P: ¿Cómo se interpreta y enfoca desde la disciplina positiva esa señal, es decir lo que vemos como un mal comportamiento de un niño?

R: Para la disciplina positiva, el mal comportamiento es una señal. Cuando yo (niño) me equivoco, te estoy diciendo que esa conducta es apropiada por edad: si un niño de dos años araña, pues usted se lo puede tomar como algo personal o se puede mostrar como un educador empático. ¿Y esto qué es? Entender que un niño de dos años tiene un cerebro impulsivo y que no tiene destrezas para el diálogo, para la búsqueda de acuerdos, para el enfoque en soluciones, etc…si yo entiendo que no lo está haciendo porque quiera meterse conmigo, sino sencillamente porque no tiene otras herramientas, pues a lo mejor podemos ser ese adulto solidario que necesita la infancia.

P: ¿Y si ese mal comportamiento no es el adecuado para su edad?

R: Por ejemplo, si mi hijo es adolescente y sigue resolviendo los problemas con la violencia, pues la señal que te está dando es que en la casa, en el hogar, hay una necesidad encubierta: a lo mejor el gimnasio no se ha montado, a lo mejor no le hemos dedicado el tiempo que necesitan nuestros hijos para esa información previa, para sentarnos, decirles: estas son las pautas, así convivimos en casa, así aprendemos, así nos respetamos, así disfrutamos en casa…¿Usted le ha dedicado tiempo en su agenda a eso?, ¿dónde está la parte de información? Porque claro, si los niños no tienen esa información, resuelven como buenamente pueden. La urgencia es una trampa mortal en educación. Si usted está en formato 'piraña', usted está resolviendo un problema, que es trascendental para la construcción humana, a través de los mordiscos: usted está modelando violencia.

P: En resumen, podemos decir que la disciplina positiva no es tanto de enseñar técnicas a los padres para educar, como de cambiar el punto de vista. Podríamos decir que cuando uno cambia ese punto de vista …¿los recursos vienen solos?

R: Yo digo mucho: adulto, siente el culete con sus hijos, porque ¿qué conoce su hijo de usted?, ¿las fosas nasales? Mire usted, las fosas nasales son muy poco inspiradoras. Siéntese, siéntese con sus hijos, que su mirada pueda conectar con la de su hijo, con la inseguridad que en ese momento siente su hijo, porque usted es su fortaleza, usted es su entrenador, usted tiene que mostrarse como un adulto confiable. Y entonces, pues ahora sí: desde ahí tenemos un montón de recursos en nuestras mesas de soluciones.

P: Por último, ¿qué ocurre cuando un padre o una madre hace ese clic y se da cuenta de que estaba poniendo el foco en el lugar equivocado, de que quien necesitaba cambiar cosas era él o ella y no su hijo?

R: Es que ese clic además es muy esperanzador... aunque al principio la autoconciencia puede ser dolorosa, porque estabas pensando que el niño hacía esto mal, o eso mal. Pero realmente la oportunidad y la gran probabilidad de que las relaciones en casa y las experiencias mejoren, una parte importantísima, está en tu mano y eso es lo esperanzador: No cambiar al niño de cualquier manera, sino cambiar tú, abriéndote a lo que decíamos, a ese proceso de autoconciencia de preguntarte qué estoy haciendo y cómo lo estoy haciendo.

Nota.- Alguna respuesta no la he puesto completa para no alargar más el artículo. Si os interesa leerlo lo podéis encontrar en la referencia de cabecera. Saludos.  

domingo, 3 de julio de 2022

Qué ocurre si nunca sales de casa

 

GEMA SÁNCHEZ CUEVAS       |     La Mente es Maravillosa     |     01/02/2022

Escrito por Edith Sánchez

Si nunca sales de casa, es posible que empieces a ver cómo tu calidad de vida se resiente. Ahora, ¿de qué forma? En este artículo lo analizamos. 

El aislamiento puede ser una situación cómoda para alguien introvertido o una obligación impuesta por las condiciones de salud pública. En uno u otro caso, de todos modos, no es conveniente si se extiende por mucho tiempo. Si nunca sales de casa, las consecuencias pueden ser significativas. 

Uno de los aspectos problemáticos es que el hogar se suele imantar; cuanto menos sales de casa, también menos te suele apetecer salir de tu refugio. Incluso en personas que acostumbran a salir, pasada semana y media de aislamiento, aproximadamente, experimentan esta especie de pereza frente al exterior. 

Salir es muy importante para la salud física y mental. Unos lo hacen más y otros menos, pero lo cierto es que es importante entrar en contacto con el mundo exterior de forma periódica. Si nunca sales de casa y el aislamiento es muy prologado, puedes padecer afecciones graves. Enseguida hablaremos de esto. 

Mi misión en la vida no es solo sobrevivir sino prosperar; hacerlo con cierta pasión, cierta compasión, algo de humor y un poco de estilo”. – Maya Angelou -

Si nunca sales de casa, adoptas otra rutina

La primera consecuencia de no salir de casa es que tu rutina cambia. En principio, la variación no tiene por qué afectar a tu autocuidado. Quizás ya no te preocupe este aspecto y es posible que pases a prestarle mucha menos atención. Esto, ciertamente, no es algo fundamental. Sin embargo, con el tiempo, puede aparecer el peligro del abandono total.

Te pasas toda la semana con la misma ropa, descuidas tu higiene. Quizás no llegue al extremo, pero en definitiva se reduce el autocuidado. Todo comienza con la apariencia, pero sigue con aspectos que pueden perjudicar su salud.

Es común que también cambien los hábitos de sueño y de comida. Los horarios pueden volverse caóticos. Esto es algo que también tiene efectos sobre la salud física y mental, ya que el organismo funciona mejor cuando mantiene ciclos regulares en esas funciones básicas.

Las consecuencias psicológicas

Un estudio publicado en Psychiatry and Clinical Neurosciences sobre el retraimiento social indica que un encerramiento prolongado puede provocar síntomas de ansiedad e insomnio. Así mismo, puede incrementar los estados depresivos. Esto afecta tanto a personas con antecedentes de esos problemas, como a quienes nunca antes los habían tenido. 

Así mismo, si nunca sales de casa es posible que también se vea afectada tu dimensión psicosocial. Es muy probable que se reduzcan los contactos físicos con otras personas y, de manera imperceptible, vas reduciendo tu círculo social al mínimo. Esto, a su vez, incide en los posibles síntomas de ansiedad y depresión. 

Cuando el encerramiento se extiende por mucho tiempo, la calidad de vida se ve seriamente comprometida. Lo más preocupante es que la persona afectada difícilmente nota lo que le está ocurriendo. Poco a poco normaliza una situación que no es normal, pero al volverse rutinaria termina pareciéndolo. 

Cuando alguien tiene un trastorno previo, el aislamiento suele incrementarlo. Los síntomas serán más visibles e intensos. Lo mismo ocurre cuando alguien presenta algún tipo de trastorno en gestación; lo más común es que este termine de manifestarse plenamente.

Efectos sobre el cuerpo

Además de los efectos ya señalados, el encerramiento por largos periodos tiene otra importante consecuencia en la salud física. Viene dada por la falta de sol. Como muchos lo saben, el sol es una fuente fundamental de vitamina D. También está en algunos alimentos, pero por norma en una proporción muy pobre.

Si nunca sales de casa, lo más probable es que presentes deficiencia de vitamina D. Eso hace que tus huesos se vuelvan más frágiles y aumenta el riesgo de que sufras enfermedades cardiovasculares y diabetes. Esta deficiencia también se ha asociado con arteriosclerosis.

Aunque tomar el sol durante mucho tiempo de manera directa no es lo indicado, estar siempre fuera del alcance de sus rayos genera los problemas que ya hemos indicado. Además de estos, también la piel se torna más pálida, reproduciéndose las arrugas. Así mismo, influye en el estado de ánimo y aumenta el riesgo de los trastornos asociados a este.

Como ves, encerrarte por mucho tiempo no es una buena opción -salvo que te encuentres en circunstancias que te obliguen a ello-. Puede que haya motivos para hacerlo y también es posible que sientas al principio que has ganado con el cambio de rutina; sin embargo, si nunca sales de casa, lo más probable es que después de un tiempo sufras los efectos negativos del encerramiento y, como lo hemos expuesto, pueden llegar a ser graves.

sábado, 2 de julio de 2022

María Inés López-Ibor, psiquiatra: "La alegría, muchas veces, pasa desapercibida" ( II )


ALDARA MARTITEGUI      |     Madrid     |      Niusdiario      |        25/06/2022

-María Inés López-Ibor acaba de publicar su libro ‘En busca de la alegría’

-Hablamos con la reconocida psiquiatra sobre cómo cultivar la alegría en el día a día para alcanzar  una vida bien vivida

-La hipótesis del libro es que, aunque no sea fácil, se puede conseguir convertir la alegría en una experiencia personal, en una vivencia 

(2ª parte)…. 

P: Porque, a pesar de que la alegría se puede entrenar, no siempre es algo que dependa de la voluntad de uno…como psiquiatra esto lo habrás visto mucho. Para curar una depresión, por ejemplo, no basta con querer curarse. 

R: Es que la voluntad no lo es todo. No conozco a nadie que se quiera encontrar triste o se quiera deprimir; todavía no lo he visto…habrá alguno por ahí, pero yo todavía no lo he visto. La gente lo que quiere es estar bien, lo que quiere es estar tranquilo, alegre, poder disfrutar. Hay gente que es más melancólica, pero eso no es nada malo. La gente lo que quiere es estar bien. La depresión es una enfermedad que para mí tiene alterados dos sentimientos: la manera de cómo te encuentras tú contigo mismo, que es un sentimiento más vital, de tu interior, tienes esa tristeza vital, pero también es del ánimo, de cómo me encuentro yo en relación a lo que me está sucediendo. 

Y hay veces que eso, la tristeza, se convierte en un síntoma y aparecen otros: problemas de sueño, de concentración, tensión interna…y aparece algo que para mí es muy llamativo en la depresión, yo creo que es uno de los síntomas que marca la diferencia y es lo que no les permite cambiar: es la incapacidad de disfrutar de las cosas. Cuando les dices: “date un paseo”, les da igual darse un paseo. Van al cine y no disfrutan, están con su pareja y no disfrutan, están con los nietos y no disfrutan. Si uno no lo pasa bien, pues lo deja de hacer…pero eso no depende de ellos, ellos lo que quieren es pasarlo bien. Cuando ya se recuperan, es cuando ya empiezan a experimentar placer: dan un paseo y se encuentran mejor, se arreglan y se encuentran mejor, leen y vuelven a disfrutar de la lectura…y, entonces, en ese momento, ya dejan de pensar solo en ellos. 

Porque el discurso de una persona deprimida siempre habla de él; es como un mecanismo de protección: “no me encuentro bien, no quiero, no puedo”. Pero cuando empiezan a pensar en las otras personas; empiezan ya a preguntarse ¿cómo está mi marido?, ¿y mis hijos?...ahí ya es cuando empiezan a recuperarse. Por eso te digo que es un tema que no tiene nada que ver con la voluntad ni con la intencionalidad.

A mí me gusta que se hable ahora de salud mental; pero hay que entender que la salud mental no es la enfermedad mental (María Inés López-Ibor, psiquiatra) 

P: ¿Crees que la pandemia ha dejado tan tocada la salud mental de la población como dicen? ¿Tú también estás viendo esta pandemia paralela en consulta?

R: Yo creo que hay dos cosas, creo que la pandemia la tenemos que ver desde el punto de vista psíquico como un desastre. Desde este punto de vista psíquico es una situación de desastre o catástrofe; es una situación para la que nadie estaba preparado y que afecta a personas previamente sanas. Es como si hay un terremoto enorme y las consecuencias del hecho afectan a personas previamente sanas. Si tú vives en ese lugar y pierdes toda tu casa… o la guerra en Ucrania: eso supera nuestra capacidad de afrontamiento. Y eso es lo que ha pasado con la pandemia. No nos esperábamos eso. 

P: Pero la mayoría de las personas han salido adelante… 

R: La gran mayoría lo ha superado muy bien y eso es lo que me gusta. Ahora, como ha habido pandemia, pues todo el mundo tiene ansiedad. Pero el periodo de confinamiento lo hemos superado, la gran mayoría hemos vuelto al trabajo, hemos vuelto a hacer las cosas que hacíamos, sí. Lo que ha generado es mucha ansiedad, pero no solo por la pandemia sino por las consecuencias de la pandemia: sociales, políticas, económicas… y ahora, hay muchos síntomas de ansiedad…y no todos lo hemos vivido igual. Quien ha tenido la desgracia de estar enfermo o perder un familiar o haber trabajado en primera línea, pues tienen más síntomas de ansiedad. 

P: Muchas veces hablamos de salud mental y enfermedad mental como si fueran lo mismo ¿Cuál es la diferencia y por qué es importante hacer la distinción entre ambos conceptos? 

R: A mí me gusta que se hable ahora de salud mental; pero hay que entender que la salud mental no es la enfermedad mental. Es como la salud cardiovascular y la enfermedad del corazón. Hay una parte que es verdad, que tenemos que cuidarnos, para que estemos sanos mentalmente y hay algunas personas que van a tener síntomas de enfermedad mental, y algunos van a tener la enfermedad mental. 

Yo puedo tener ansiedad porque la ansiedad es normal…todos tenemos que tener ansiedad porque es la respuesta normal al estrés. Algo ha sucedido y tengo que responder. Pero, en algún momento, la ansiedad se convierte en un síntoma de una depresión, o de otra enfermedad, o de un trastorno en sí mismo y ahí ya necesito un tratamiento. Entonces, yo creo que ahora sí que estamos viendo que hay personas que no están bien y que, además, empiezan a venir a consulta con síntomas relativamente leves porque ya se está perdiendo un poco el tabú de ir al psiquiatra o al psicólogo. Yo necesito ayuda y voy a ir, entonces, vienen con síntomas más leves que antes y las posibilidades de recuperación son muchísimo mayores, como en cualquier enfermedad… 

Lo que no podemos hacer es medicalizar todo el sufrimiento o todos los sentimientos del ser humano (María Inés López-Ibor, psiquiatra)

P: ¿Cómo saber que ha llegado el momento de pedir ayuda profesional? 

R: Creo que el límite en cada persona es distinto, pero es cuando ya te afecta a tu vida; incluso cuando tú ya empiezas a pensar “esto no es normal” (…) cuando los demás te lo dicen: “oye, es que estas muy irritable”. Cuando ya tienes señales en tu cuerpo, que a veces no las prestamos atención: no duermo, me cae mal la comida, estoy como con un perro aquí en el estómago que me está mordiendo todo el rato, tengo dificultad respiratoria, salto con mis hijos, salto en el trabajo. Cuando todo se me hace muy pesado y me afecta ya…yo creo que ya hemos pasado el límite. Y entonces, ahí es cuando hay que ir al médico de cabecera o a un especialista. 

P: Unas personas aguantan y aguantan y no van al profesional de la salud mental cuando tienen que ir, y otras van cuando en realidad no sería necesario…de ahí viene la queja de que se patologiza la vida cotidiana porque, como dices, cierto nivel de ansiedad, es normal… 

R: Claro, lo que no podemos hacer es medicalizar todo el sufrimiento o todos los sentimientos del ser humano, no. Yo tengo que tener ansiedad si tengo un examen o si tengo esta entrevista porque, si no, es que no me importa. Tengo que estar triste, igual que tengo que ponerme muy contenta si algo bueno me sucede. 

P: ¿Tenemos mucho que aprender todavía sobre salud mental? 

R: Exactamente, porque medicalizamos el sufrimiento. Mira, a mí, lo que realmente no me gusta, es que viene mucha gente a la consulta y me dice: "yo tengo la autoestima baja"…¿pero eso que es? Y yo digo, "la autoestima no es ni baja, ni alta, ni gorda, ni delgada… es que tú no te estimas a ti mismo de manera adecuada: tu autoconcepto todavía no está bien", pero claro, si ya le pones un apellido, ya lo dejas así: “yo soy morena: punto” Y no es así, porque yo puedo trabajar, conocerme bien… efectivamente, hay cosas de mí que no me gustan nada, pero puedo irlas modificando y, al final, estar más contenta conmigo misma. Por eso digo que la alegría es como un camino. El subtítulo del libro se me ocurrió en el último momento es cómo vivir una vida bien vivida, bien sentida, bien pensada…y a lo mejor te han pasado miles de desgracias pero, si las has afrontado bien, tú vas a tener esa sensación de que tu vida ha sido plena. 

P: Para terminar: ¿Algún consejo para lograr esa vida bien vivida? 

P: Hay algunos muy sencillos…yo creo que hay uno que es importantísimo, y es que cada día te fijes en tres cosas buenas que te hayan pasado y les des importancia; que tus hijas sonríen, que hayan ordenado el cuarto, que el vecino te salude, que te ha llamado un amigo…porque siempre estamos con el ‘pero’… “ya, pero es que no me llamó ayer”. No, pero te ha llamado hoy. O que alguien te diga un detalle…Es que todas esas cosas buenas las damos por hechas, no les damos importancia, pero si uno las reflexiona cinco minutos, toda la angustia, todo el estrés de la vida cotidiana, puede bajar un poco…

María Inés López-Ibor, psiquiatra: "La alegría, muchas veces, pasa desapercibida" ( I )


ALDARA MARTITEGUI      |     Madrid     |      Niusdiario      |        25/06/2022

-María Inés López-Ibor acaba de publicar su libro ‘En busca de la alegría’

-Hablamos con la reconocida psiquiatra sobre cómo cultivar la alegría en el día a día para alcanzar  una vida bien vivida

-La hipótesis del libro es que, aunque no sea fácil, se puede conseguir convertir la alegría en una experiencia personal, en una vivencia

Cuenta la reconocida psiquiatra María Inés López-Ibor que, debido a su práctica clínica, se pasó muchos años de su vida investigando sobre la tristeza, hasta que un buen día se propuso estudiar sobre la alegría: el sentimiento que aparentemente parece el contrario a la tristeza. Pero la alegría es mucho más que eso: “Porque también es una forma de pensar”, asegura.

Uno de los frutos de esos años de investigación sobre la alegría es el libro que acaba de publicar: En busca de la alegría (Espasa, 2022). María Inés López-Ibor, que pertenece a una de las mayores estirpes de psiquiatras de nuestro país, responde en su libro a las preguntas que muchos nos hacemos y que son fundamentales para lograr ese ansiado bienestar interior: ¿es verdad que la alegría puede cultivarse?, ¿es lo mismo alegría y felicidad? 

Sí; la alegría puede cultivarse y entrenarse, explica…pero es que, además, todos tenemos muchos más motivos para sentir alegría en el día a día de lo que creemos. Entonces, ¿por qué pasan desapercibidos todos esos momentos? Una de las propuestas de María Inés López-Ibor es precisamente que entrenemos nuestra mente para poner la atención en lo positivo de cada día y que lo honremos como merece. Este pequeño cambio de foco puede suponer el punto de partida del camino para vivir una vida bien vivida.

Me he dado cuenta de que la alegría es mucho más que un sentimiento: es también una manera de pensar (María Inés López-Ibor, psiquiatra) 

Pregunta: Para muchas personas eso de buscar la felicidad es demasiado grande, algo inabarcable que puede llegar a generar frustración. La alegría tal vez sea más superficial ¿pero es más asumible? 

Respuesta: Claro, es que de eso se trata. Creo que la felicidad es básicamente imposible porque la felicidad se asocia a conseguir algo que tú quieres, como una meta. Y eso me da alegría, pero una vez que lo tienes, vas buscando otra cosa… y vas buscando otra cosa…por eso es efímera (…) Es imposible que estés completamente feliz, puedes estar feliz porque has conseguido el trabajo de tu vida, pero puedes estar preocupado porque tienes un niño muy pequeño y no sabes qué va a ser de su futuro. Entonces, por eso, yo creo que es muy difícil. Pero, empezando por la alegría, podemos vivir muchísimo mejor. Yo me he pasado años de mi vida…¡muchos años! dedicándome al estudio de la tristeza por mi práctica clínica… ¿Y dónde está el límite entre la tristeza normal y la tristeza patológica?, ¿y cuando la tristeza se convierte ya en un síntoma? Pero luego decidí que era mejor estudiar el sentimiento que parecía que era el contrario de la tristeza, que es la alegría y, me he dado cuenta de que la alegría es mucho más que un sentimiento: es también una manera de pensar. Hay personas que son capaces de pensar de una manera más positiva. La alegría está relacionada con nuestras motivaciones. Tú puedes ser más positivo. También está un poco relacionada con la personalidad, con los rasgos. Hay personas más melancólicas, pero hay otras que son más positivas, ¡pero lo podemos cambiar! Y la hipótesis del libro es que de lo que se trata en esta vida -que no es fácil, pero hay que trabajarlo- es de conseguir convertir la alegría en una experiencia personal, en una vivencia. 

P: ¿Podemos cambiar más de lo que pensamos? 

R: A mí, cuando alguien me dice: “es que yo soy muy impulsivo, muy temperamental”. Yo les digo: “ya, si te va bien así y no lo quieres cambiar, bien, pero si eso te supone un problema, cámbialo”. Es cierto que seguirás, instintivamente, tendiendo a eso, pero lo puedes modular… 

P: Una de las cosas que más clara queda en tu libro es que la alegría se puede cultivar y entrenar; lo cual trae mucha esperanza... 

R: Mi abuelo [Juan José López-Ibor, 1906-1991] decía que las vivencias es todo aquello que te sucede y que forma parte de tu biografía…y eso lo tienes que trabajar. Si lo recuerdas, lo vives y lo acumulas, pues tu biografía, tu historia de vida, será más positiva que tu historia de vida más negativa porque le has dedicado tiempo a esa parte positiva, que a veces pasa desapercibida… porque la alegría muchas veces pasa desapercibida. 

P: Vivimos un poco en la inercia del 'yo soy como soy y punto'. ¿Crees que si hiciéramos un poco más de introspección nos daríamos cuenta de que tenemos muchas posibilidades de cambio y, por tanto, de vivir una vida más plena? 

R: Yo creo que sí, fíjate que se critica mucho a Freud, y yo creo que aportó algo muy importante, que es enseñarnos a mirar para dentro: analizarte y de ahí vas encontrando cosas. Con el psicoanálisis simplemente tú vas buscando. Yo creo que Freud se equivocó porque trataba de encontrar una causa, y a veces no las hay. A veces, incluso hay muchos traumas que deben permanecer olvidados porque ya han pasado. Pero sí; el mirarte un poco hacia dentro es importante porque si te conoces, te puedes cambiar. Siendo un poco más superficial es un poco como cuando te miras al espejo: si hay algo que no te gusta o no está bien en tu cara, te pones un poco de colorete o algo que te favorezca más, y ya te ves de otra manera. Pues igual que lo hacemos con el cuerpo, lo podemos hacer con la mente.

P: El ritmo frenético de la sociedad actual no favorece para nada este trabajo de introspección, que requiere tiempo y paciencia…¿Cómo ves tú la sociedad de ahora? 

R: Para mí es una sociedad que creo que es muy compleja, más de lo que creemos. Es una sociedad en la que el ser humano lo quiere todo y para ya. Mi padre [Juan José López-Ibor Aliño, 1941-2015 ] ya hace años lo llamaba la cultura del Telepizza, pero es un poco así: Quiero comer, me lo traen a casa; quiero ropa, ahora me la traen a casa; necesito arreglar algo de casa, y Amazon me trae el pegamento. Todo para ya, en este momento. Y eso genera mucha insatisfacción, porque no aprendemos a esperar, a reflexionar, a ver realmente qué quiero. Entonces, todo lo que queremos, se nos convierte en necesidad y no es así. Nos hemos dado cuenta en la pandemia de que necesitamos la mitad de las cosas. Pero esa cultura de todo, todo, todo, es ¿lo necesito o lo quiero? Siempre pienso que con los niños nos equivocamos porque siempre les preguntamos qué quieren ser de mayores, y ellos contestan con una profesión: bailarina, pintor, médico, arquitecto. Y yo creo que la pregunta adecuada debe ser tú, ¿cómo quieres ser?, ¿cómo quieres vivir tu vida? Quiero ser una buena persona, estar alegre, disfrutar de la vida…y luego, será bailarina, pintor, periodista o lo que toque. 

P: Ir en busca de la alegría ¿significa que tenemos que huir de otras emociones más incómodas, como la tristeza?  

R: Es que también tenemos que estar tristes: muchas veces, en nuestra vida, vamos a estar tristes y eso es importante porque todos los sentimientos tienen un papel adaptativo. La tristeza existe para que yo identifique que esa persona me importaba, que esa situación me importaba, que el trabajo me importaba. Y tengo que hacer un duelo. También necesito tener rabia para protegerme, para decir “hasta aquí hemos llegado” y me tengo que enfadar… Por ejemplo, no me gusta nada cuando te dicen que alguien ha fallecido y enseguida parece que necesitan un psicólogo, terapeuta o un especialista. No, tienen que hacer un duelo, es normal, se pasa mal, te angustias mucho, pasas unos días con problemas de sueño, con mucha tristeza, con mucho abatimiento…pero luego lo superas…A lo largo de la vida tenemos que hacer un montón de duelos. Por eso, ese falso ‘buenismo’ de aquí no ha pasado nada…no. Tienes que vivirlo. 

No conozco a nadie que se quiera encontrar triste o se quiera deprimir; todavía no lo he visto (María Inés López-Ibor, psiquiatra) 

P: ¿Qué piensas de este boom de la industria de la autoayuda? 

R: A mí, en general, lo de la autoayuda no me gusta. Yo, de hecho, en el libro hablo de autocuidado. Porque yo creo que sí tenemos la responsabilidad de cuidarnos a nosotros mismos. Uno no tiene la culpa de tener la tensión alta, te ha tocado… pero sí tiene la responsabilidad de comer sin sal y seguir el tratamiento…así es un poco la mente (…) Tú tienes que tener angustia, tienes que tener ansiedad y dolor porque has perdido a una persona que te importa y, además, tú lo tienes que reconocer como normal y, además, lo que a mí me duele, me duele, a ti te duele menos, pero a mí me duele…y tengo que vivir con eso, ocuparme, sentirlo, reflexionarlo… y ya se me pasará y lo colocaré en su sitio y lo superaré y recordaré a esa persona con cariño. 

De la misma forma tengo que estar triste o angustiado si pierdo mi trabajo…no puedo estar como si nada, porque entonces es falso y eso genera muchas inseguridades (…) No hay que vivir superficialmente. Por eso creo que esa historia de la autoayuda, mal utilizada, genera muchísima insatisfacción… SIGUE en (II)

lunes, 27 de junio de 2022

30 frases sobre la felicidad que pueden ayudarte a ser más optimista

BEATRIZ BENÉITEZ BURGADA       |       La Vanguardia      |      27/03/2022

Estas citas de grandes pensadores y filósofos a lo largo de la Historia pueden ayudarte a reflexionar acerca de ese estado llamado felicidad

La RAE define la felicidad como un estado de grata satisfacción espiritual y física. A lo largo de la Historia han sido muchos los pensadores y filósofos que han escrito sobre ella, dejando importantes escritos acerca de cómo alcanzarla y mantenerla en el tiempo. Estas son 30 grandes citas que pueden ayudarte a encontrarla.

1.      De vez en cuando es bueno hacer una pausa en nuestra búsqueda de la felicidad y simplemente ser feliz. Guillaume Apollinaire.

2.     Sólo hay un camino a la felicidad y que es dejar de preocuparse por las cosas que están más allá del poder de nuestra voluntad. Epitecto.

3.     La acción no siempre puede traer la felicidad; pero no hay felicidad sin acción. Benjamin Disraeli. 

4.     Aprender a dejar ir. Esa es la clave de la felicidad. Buda. 

5.      La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos: por lo tanto, cuídala cautelosamente y trata de no entretener nociones impropias de la virtud y de la naturaleza razonable. Marco Aurelio

6.     Sólo hay una felicidad en esta vida, amar y ser amado.George Sand.

7.      Si quieres ser feliz, sé feliz. León Tolstoi.

8.     La felicidad se alcanza cuando lo que uno piensa, lo que uno dice y lo que uno hace están en armonía. Mahatma Gandhi. 

9.     Cada mañana cuando abro los ojos me digo a mí mismo: yo, no los acontecimientos, tienen el poder de hacerme feliz o infeliz hoy. Puedo elegir lo que será. El ayer está muerto, el mañana no ha llegado todavía. Tengo sólo un día, hoy, y voy a ser feliz en él. Groucho Marx. 

10.  No son las riquezas ni el esplendor, sino la tranquilidad y el trabajo, los que proporcionan la felicidad. Thomas Jefferson.

11.    Todo el mundo persigue la felicidad, sin darse cuenta de que la felicidad está en sus talones. Bertolt Brecht.

12.   Nunca permitas que una dicotomía gobierne tu vida, una dicotomía en la que odies lo que haces para poder tener placer en tu tiempo libre. Busca una situación en la que tu trabajo te de tanta felicidad como tu tiempo libre. Pablo Picasso.

13.   La felicidad a menudo se cuela por una puerta que no sabías que dejaste abierta. John Barrymore.

14.   La felicidad no reside en las posesiones ni en el oro, la felicidad habita en el alma. Demócrito.

15.   El hombre más feliz del mundo es aquel que sepa reconocer los méritos de los demás y pueda alegrarse del bien ajeno como si fuera propio. Goethe.

16.   La felicidad sólo puede existir en la aceptación. George Orwell.

17.   Pero ¿qué es la felicidad sino la sencilla armonía entre el hombre y la vida que lleva? Albert Camus.

18.   Demos gracias a las personas que nos hacen felices; ellos son los encantadores jardineros que hacen florecer nuestra alma. Marcel Proust.

19.   La verdadera felicidad es… disfrutar del presente sin ansiedad y dependencia en el futuro. Séneca.

20.  Es la misma marca del espíritu de rebelión la que anhela la felicidad en esta vida. Henrik Ibsen.

21.   Soy una especie de paranoico a la inversa. Sospecho que la gente conspira para hacerme feliz. J.D. Salinger.

22.  He descubierto que la mayoría de las personas son tan felices cuando preparan su mente para serlo. Abraham Lincoln.

23.  La felicidad es ese estado de conciencia que procede del logro de los propios valores. Ayn Rand.

24.  Feliz es el hombre que ha roto las cadenas que perjudican su mente, ha abandonado de una vez por todas la preocupación. Ovidio.

25.  Dentro de 20 años estarás más decepcionado por las cosas que no hiciste que por las que hiciste. Así que suelta amarras, navega lejos de puertos seguros, coge los vientos alisios. Explora. Sueña. Descubre. Mark Twain.

26.  La felicidad ininterrumpida aburre; debe tener alternativas. Molière.

27.  La verdadera felicidad cuesta poco; si es cara, no es de buena clase. Chateaubriand. 

28.  La alegría solo puede darse entre personas que se sienten iguales. Honoré de Balzac.

29.  No juzgues cada día por lo que cosechas, sino por lo que plantas. Robert L. Stevenson.

30.  El arte de ser feliz está en el poder de extraer felicidad de cosas comunes. Henry Ward            Beecher.