viernes, 15 de julio de 2022

Entrevista a Pablo Carbajosa: así funciona la adicción a las drogas

 Psicología y Mente     |     04/06/2019
Este psicólogo habla desde su experiencia ayudando a pacientes con dependencia de sustancias.

La adicción a las drogas muchas veces es vista como un problema excesivamente simple; se criminaliza a los adictos, asumiendo que han "elegido" llevar sus vidas por esa senda, y que si no cambian a mejor es porque les falta fuerza de voluntad.
 
Sin embargo, la realidad es mucho más compleja que eso. La dependencia de las sustancias tiene varias dimensiones, y una de las más importantes tiene que ver con el modo en el que el contexto influye en la persona. Eso significa que no todo se reduce a la fuerza de voluntad del adicto o al hecho de tomar decisiones equivocadas, y afortunadamente significa también que modificando el contexto se puede lograr una recuperación, la superación del trastorno adictivo.
 
En las próximas líneas encontrarás una entrevista a Pablo Carbajosa, psicólogo especializado en Psicología Clínica, el cual trabaja en el Centro Psicológico Cepsim (ubicado en la zona de Chamberí, Madrid) ayudando a pacientes con drogodependencias de todo tipo, entre otras cosas. Veamos el modo en el que situar a los pacientes en otros contextos y entrenarlos para que ellos mismos modifiquen su entorno a su favor les puede ayudar a dejar atrás las drogas.
 
Entrevista a Pablo Carbajosa: la psicología de la adicción a las drogas
 
Pablo Carbajosa es psicólogo especializado en las alteraciones conductuales y de salud mental que tienen que ver con los contextos adversos: secuelas de la violencia familiar, los abusos sexuales y las drogodependencias. Desde el Centro Psicológico Cepsim, clínica de psicoterapia de Madrid, ayuda a los pacientes cuyas interacciones con su entorno cercano les han llevado a desarrollar alteraciones psicológicas como la dependencia a las sustancias, los traumas o una autoestima extremadamente baja.
 
¿Cuáles son las drogas más consumidas entre los pacientes con problemas de adicciones que acuden al psicólogo en busca de ayuda?
 
En nuestro centro las más comunes en adultos son el alcohol, la cocaína y el hachís. Entre los consumidores más jóvenes el principal problema es el consumo de hachís y drogas de diseño, y los fines de semana otros como el éxtasis y la cocaína.
 
¿Puede hablarse de un perfil del consumidor habitual de drogas con problemas de adicción? ¿O hay varios perfiles?
 
No existe un perfil único de consumidor de drogas. Las investigaciones muestran distintas tipologías de consumidores en función de variables sociodemográficas, la droga de consumo, severidad de la dependencia y los rasgos de personalidad.
 
A día de hoy sabemos que hay determinados rasgos de personalidad como la impulsividad, la búsqueda de sensaciones o autocontrol que se relacionan con la edad de inicio del consumo y con la gravedad de la adicción. También importan la alta prevalencia de rasgos y trastornos de personalidad límite y antisocial, especialmente en los consumidores de cocaína. La presencia de estos factores se relaciona con una mayor probabilidad de abandono de los tratamientos.
 
Es fundamental realizar una evaluación exhaustiva de caso prestando especial atención a cómo se configuran estos factores en cada persona para diseñar una intervención efectiva.
 
¿Cuáles suelen ser los principales motivos por los que las personas con problemas de adicciones a drogas empiezan a consumir estas sustancias?
 
De manera habitual el consumo comienza en la adolescencia o juventud, asociado al ocio en salidas de fin de semana. Suele comenzar con el consumo de alcohol, y en el grupo de pares se buscan probar nuevas experiencias probando el hachís, cocaína o drogas de diseño.
 
¿Y los motivos por los que empiezan a ir a psicoterapia?
 
Aunque cada caso es único y las motivaciones son múltiples, en general los motivos están relacionados con algún tipo de consecuencia negativa derivada del consumo continuado de sustancias.
El consumo empieza a generar problemas familiares, económicos, laborales y en el estado de ánimo. En adolescentes o jóvenes es habitual que los padres lo descubran por cambios en el estado de ánimo, aislamiento, problemas escolares, comportamientos agresivos o un gasto excesivo de dinero no justificado.

Inicialmente estos jóvenes acuden básicamente por la presión familiar, presentan poca motivación al tratamiento y muy poca conciencia del problema. Generar esta motivación al cambio y aumentar la conciencia de problema será una de las piedras angulares del inicio y durante el tratamiento.

En adultos es habitual que después de años de consumo semanal o mensual y de varios intentos fallidos de intentar controlar el consumo y de no ser capaces de mantener la abstinencia comiencen a aparecer la conciencia de problema. Suele darse que la pareja o la familia lo descubra y se ponga el tratamiento como condición para continuar la relación.
 
En otros casos, el consumo empieza a generar problemas laborales y económicos, o va afectando al estado de ánimo general (depresión, ansiedad, irritabilidad). En estos casos es habitual que la frecuencia del consumo en el último año haya ido en aumento, y también la sensación de descontrol.
 
Es complicado resumir el trabajo de los psicólogos, pero... ¿cuáles son las técnicas y herramientas que acostumbran a utilizar los profesionales de la psicoterapia para tratar a las personas con problemas de adicción?
 
Las técnicas dependerán del enfoque de tratamiento que utilicemos y de si se trabajaba en formato grupal o individual, en un centro público ambulatorio o en una comunidad terapéutica.
 
Sin embargo, junto a las técnicas generales, la entrevista motivacional para abordar la motivación y conciencia de problema son algo fundamental.
 
Las técnicas del modelo cognitivo conductual como la relajación, la reestructuración cognitiva o técnicas actuales como el protocolo Detur basadas en el EMDR o Mindfulness serán fundamentales para intervenir sobre características específicas de esta población, como el manejo de craving o la urgencia de consumo.

También es necesario utilizar técnicas dirigidas al estilo de vida del adicto y de los entornos de consumo. Es importante acordar con la persona y establecer compromisos de manera gradual de control estimular (el control económico, evitar los entornos y personas asociadas al consumo, etc.) y manejo de contingencias para reducir en la medida de lo posible los estímulos disparadores de las ganas de consumir.

De forma paralela es necesario ir trabajando todos los aspectos personales relacionados con el consumo. Al final del tratamiento las técnicas se centrarán en el enfoque de prevención de recaídas.
 
¿En qué aspectos crees que es importante que los psicólogos se muestren humanos y cercanos con los pacientes dependientes de sustancias?
 
Fundamental en casos de pacientes con adicciones. Una de las características específicas de este tipo de personas es que la baja motivación de cara al cambio y la conciencia del problema suele ser escasa de manera inicial y muy fluctuante a lo largo del tratamiento. Esto hace que establecer una buena alianza terapéutica sea clave para el éxito del tratamiento.
 
¿Es necesario reforzar la autoestima de estas personas para que confíen en su capacidad de dejar atrás la droga?
 
En muchos casos puede haber traumas o problemas de apego graves previos al consumo. Además, el propio consumo continuado hace que la persona se ponga en situaciones de riesgo personal y vaya erosionando la autoestima. Esto hace que el propio consumo genere consecuencias negativas a nivel personal, laboral y familiar.
 
Todo esto va a ir afectando a la autoestima y a la sensación de autoeficacia o capacidad para dejar de consumir. Reforzar la autoestima, motivar al cambio y aumentar la sensación de autoeficacia será un objetivo continuo durante el tratamiento.
 
Probablemente no es fácil que un paciente adicto a sustancias se comprometa seriamente con la terapia. ¿Qué pueden hacer los psicólogos y los familiares de los pacientes para favorecer que no abandonen el tratamiento?
 
La motivación y conciencia del problema son una de las claves de esta problemática. La motivación se alimenta de consecuencias positivas y negativas. Para favorecer la conciencia del problema y motivar al cambio, la familia tiene que apoyar el proceso de en todo momento, pero manteniendo la presión sobre las consecuencias negativas de abandonarlo. El equilibrio entre estos dos aspectos va a favorecer que la motivación se siga manteniendo.
 
En el caso de los profesionales, reforzar continuamente la alianza terapéutica y estar atentos a las fluctuaciones en la motivación. Por ejemplo, es habitual que los pacientes que consiguen un tiempo de abstinencia, tras un periodo de tratamiento, sientan que ya está superado el problema y piensen abandonar el tratamiento. Detectar estas situaciones y reforzar la necesidad de seguir avanzando en el proceso de cambio, para mantener la abstinencia a largo plazo, será fundamental.

jueves, 14 de julio de 2022

El consumo y la delincuencia como productores de identidad

 

MELINA N. GANCEDO      |    Psicología y Mente 

El bucle de consumo de drogas y violencia es, además, una forma de encontrar una identidad propia.


Consumir, delinquir, volver a consumir. El consumo problemático y el acto compulsivo de cometer delitos pueden ser pensados en el marco de un proceso de construcción de la subjetividad. Esta es una lectura diferente a la simple idea de que quienes se drogan y roban son personas que eligen la “vida fácil” o la mala vida.
 
El consumo problemático de sustancias implica una relación entre una persona y una droga, con un significado y funciones singulares. A su vez, para aquellos que también cometen delitos, este modo de comportarse tiene una función implicada.
 
Observamos identidades constituidas en función del tener, con relatos reiterados que hacen alusión a que "soy" (soy alguien, soy importante), "porque tengo" (armas o sustancia, ingerida o en el bolsillo y para compartir). Frases del tipo “Cuando consumía / cuando salía a robar, era distinto, me sentía mejor, más importante”. Más “completo”, podríamos agregar, entendiendo a la abstinencia de ambos actos compulsivos como equivalente a un vacío inquietante, una crisis en la identidad y una pérdida del sentido de pertenencia construido en los grupos de pares, en la esquina, en la calle.
 
Una identidad construida por el consumo de droga
 
El dejar de reunirse con los compañeros de consumo representa un proceso de duelo, un acto de des-afiliación, desvinculación con los lazos que ha podido armar y sostener en ese contexto. Son lazos unidos por el goce compartido que implica el consumir y delinquir con otros, lo cual hace las veces de generador de identificación que hace pertenecer. 
 
Si una persona se ha sentido excluida por su familia, escuela o contexto social más amplio, puede, por medio del consumo o del delito, sentir que es parte de la sociedad, por ejemplo bajo la etiqueta de ser parte de los “chicos peligrosos del barrio”. De esta manera es visto por la sociedad, mal visto pero visto al fin y al cabo.
 
En la cultura de la calle surge algo
 
En la esquina, en la calle, se producen procesos de socialización que no se han generado en otros ámbitos tales como la familia o la escuela, por las crisis que éstas instituciones padecen, ya que deberían integrar, contener, formar y terminan excluyendo. 
 
Frente a la ausencia de otras personas significativas, se idealizan nuevos referentes, como el líder de la banda, los compañeros de consumo o los chicos de la esquina. Se crea pertenencia, que empieza por consolidar algo de la subjetividad."
 
En la cárcel también surge algo
 
Al conceptualizar el acto de delinquir como modo de (y para) ser alguien, podemos pensar que el hecho de cumplir una condena y, al decir de muchos, “no deberle nada a la justicia” no representa en todas las situaciones un acto de liberación y libertad. En muchos casos, sienten que “en la cárcel estaba mejor”. Es más fácil trasgredir la ley que respetarla, dar lugar al acto compulsivo de delinquir que generar nuevas maneras de vincularse con la ley y los otros.
 
En tanto las reglas y normas sociales no sean interiorizadas, la resolución de conflictos no sea pensada mediante la palabra y el consumo compulsivo no sea visto como un problema de salud, estar en libertad en la sociedad no equivale necesariamente a sentirse libre. Al contrario, se está preso de sí mismo, de su falta de control y su dificultad para la puesta de límites, preso en libertad de su repetición imposible de controlar, por lo que pulsa e impulsa sin elaboración mediante. Sin incorporación de la ley, se la busca transgredir, de modo incontrolable.
Los adictos se sienten presos en libertad, condicionados a acatar una ley que no están dispuestos o preparados para respetar, presos de su propia libertad, con la magnitud de posibilidades y responsabilidades que la libertad significa.
 
Aunque parece paradójico, la transgresión de la ley está presente dentro del sistema carcelario habilitando los actos compulsivos, violencias, adicciones, entre otras situaciones de riesgo no interpretadas como tales por quienes las llevan a cabo. Por lo tanto, pueden hacerlos sentirse libres en el penal.
 
El sentido de la vida a través del consumo y la violencia
 
Consumo y violencia empiezan a ser vistos como necesarios y hasta más valorados que la propia salud y libertad. Los patrones de conducta y pensamientos construidos en el contexto carcelario son interiorizados de tal manera que el hecho de producir cambios al recuperar la libertad se constituye como un verdadero desafío.
 
Consumo y delincuencia terminan dando un sentido a la vida y para que esto deje de tener esa función se deberán construir nuevos sentidos. Será necesario un abordaje integral, con implicaciones a nivel personal, familiar, social, cultural, político, etc.
 
Promoción de salud, reducción de factores de riesgo y fortalecimiento de los factores de protección: enseñar y promover hábitos de vida saludable, modos nuevos de resolver los conflictos cotidianos, modificación de las maneras de relacionarse con los demás, auto-observación, control de impulsos y emociones, utilización de palabras en lugar de actos compulsivos. En definitiva, ya sin consumo compulsivo ni delitos, buscar y asumir nuevas maneras de ser y de vivir.

martes, 12 de julio de 2022

El síntoma de la depresión del que poca gente habla: ¿borra los recuerdos felices?


ENRIQUE ZAMORANO    |     El Confidencial     |     30/06/2022 

Hoy repasamos los estudios que confirman la relación que tiene este trastorno mental con la memoria y, en particular, con aquellos hechos del pasado que tuvieron una significación positiva.

En España, cerca de 2,1 millones de personas sufre un cuadro depresivo, lo que representa un 5,4% de la población. Más allá de este frío y abultado dato, hay historias humanas que se ven truncadas por una tristeza aguda que se manifiesta de diferentes formas, alterando las relaciones sociales, las perspectivas de futuro y la calidad de vida de quien la padece. Ahora más que nunca se pone el acento en la salud mental, un tema que ha adquirido mucha más notoriedad a raíz de la pandemia y que se ha visibilizado gracias, en parte, a las nuevas generaciones que cada vez están más dispuestas a hablar de ello para acabar con su doloroso estigma.

Quizás, una de la/s/ particularidades del estado de ánimo depresivo, es que tiende a borrar progresivamente los recuerdos felices de quien la sufre. Como si fuera un parásito, infecta a su huésped haciendo que cada vez se acuerde menos de lo bueno que le ha pasado en la vida. Son muchos los estudios que corroboran esta relación entre depresión y memoria, hasta el punto de emparentar sus efectos al de otras enfermedades que merman la capacidad de recordar del paciente, como el alzhéimer. 

Debido a un estado de ánimo continuado de tristeza o apatía, la persona ya no puede recordar momentos en los que se sentía diferente

"La depresión afecta negativamente a la memoria episódica, al recuerdo de los sucesos vividos", explica el neurobiólogo y catedrático de la Universidad de Salamanca, José Ramón Alonso, en una entrada en su blog. "La explicación más aceptada es que las responsables son alteraciones neuronales generadas por el estrés. El estrés es parte de nuestros mecanismos de adaptación y defensa, y en una etapa inicial prepara al organismo para una respuesta de lucha o huida. Si el estrés se vuelve crónico, si no es un suceso puntual sino algo que se mantiene en el tiempo, los glucocorticoides, como el cortisol, sobreestimulan las neuronas que están procesando la información para esa respuesta". 

Entonces, "las neuronas 'aceleradas' entran en situación de riesgo y empiezan a desconectarse para evitar la muerte causada por una estimulación excesiva". Por tanto, "el resultado es que la memoria, con parte de sus circuitos neuronales fuera de juego, empieza a funcionar mal", asevera el neurobiólogo. "Así que la primera idea es que la depresión es una enfermedad larga que genera estrés o que puede ser favorecida por una situación de estrés, lo que a su vez altera los procesos de memoria".

La "memoria congruente con el estado de ánimo"

Otra de las explicaciones que ofrecen los psiquiatras a esta pérdida de memoria aguda relacionada con la depresión es que debido a un estado de ánimo continuado de tristeza, apatía o indefensión, la persona ya no puede recordar otros momentos en los que su ánimo era diferente, más positivo y enérgico. A esto lo llaman en psicología "memoria congruente con el estado de ánimo", lo que demuestra una asociación entre nuestros propios pensamientos en un momento determinado y lo que somos más proclives a recordar.

Es más probable que recuerdes momentos tristes y sientas que nunca pasa nada positivo. Pero, en realidad, solo olvidas las cosas buenas 

En cualquier caso, ambas explicaciones coinciden en que la depresión acaba derivando en una espiral de sentimientos negativos de los que parece imposible salir. "Este efecto es muy negativo, ya que es más probable que recuerdes momentos tristes y perpetúes el ciclo de sentir que nunca pasa nada positivo cuando, en realidad, solo estás olvidando las cosas buenas", admite la periodista estadounidense Lauren Vinopal, en un artículo reciente en 'Mel Magazine' donde se explora esta problemática en este trastorno mental. 

Por otro lado, nuestro cerebro trata de protegerse mediante la disonancia mental, lo que puede hacer que no nos sintamos conectados del todo a nuestra mente, cuerpo y pensamientos, causando esta pérdida de memoria. Es el argumento que esgrime Brent Metcalf en la citada revista, quien piensa que la disonancia cognitiva, a menudo presentada por personajes en películas como producto de una división de la personalidad a raíz de un trauma significativo, "en la realidad puede mostrarse como un efecto muy sutil en el cerebro", en este caso, "sentir que no estás del todo en conexión con tu cuerpo, tus pensamientos y tu entorno".

Lo bueno: se puede recuperar

La buena noticia es que, a diferencia de las enfermedades degenerativas que implican una pérdida de memoria en la mayoría de los casos irreversible, en el caso de la depresión sí que se puede tratar y poner atajo. El centro de la memoria en el cerebro es el hipocampo, que a su vez es el área más afectada por el efecto del cortisol, la hormona del estrés. Toda la toxicidad de los glucocorticoides de los que hablamos más arriba va esta zona, por lo que si la depresión se vuelve crónica, su tamaño cada vez será más reducido. 

Pero tanto como se reduce, puede volver a agrandarse debido a su gran plasticidad. "Con terapia, ejercicios de memoria y estrategias cognitivas adecuadas puede volver a su tamaño original para mejorar nuestra atención y recuerdo", explican desde 'La Mente es Maravillosa'. Lo malo es que cada persona experimenta esta pérdida de memoria de manera distinta, pues no hay nada más subjetivo que la constancia que tenemos de nuestros propios recuerdos, por lo que se necesita un abordaje integral para mitigar los efectos de la depresión y a la vez recuperar los recuerdos felices perdidos. 

domingo, 10 de julio de 2022

Así manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas


VALERIA SABATER       |       La Mente es Maravillosa     |     05/08/2020


La forma en la que manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas dice mucho de sus habilidades psicológicas. No se dejan avasallar, saben poner límites y son conscientes del impacto que esas dinámicas desgastantes tienen en la propia salud. Así, uno de los mejores regalos que podemos hacernos es aprender a neutralizar y gestionar todas las estrategias que aplica este tipo de perfil.

 

Algunos sociólogos y expertos en psicología social se aventuran a decir que vivimos en tiempos con un grado alto de toxicidad. Somos conscientes de que nos hemos acostumbrado a escuchar con exceso este término y que a veces no sabemos dónde está el límite. Ahora bien, si hay algo que está claro es que vivimos un momento marcado por la inestabilidad y la incertidumbre y todo ello se impregna en muchos de nuestros contextos cotidianos.

 

 Las personas tóxicas no solo lesionan a los demás emocionalmente, también son una amenaza para la salud. Asimismo, algo que se ve con frecuencia es el hecho de que cuando el comportamiento tóxico se arraiga en un entorno, la mayoría de sus miembros acaban aplicando conductas dañinas y cínicas.

 

Tanto es así que, tal y como nos revelan diversos estudios, si hay un escenario donde abunda el comportamiento tóxico es en el trabajo. Sobre todo en aquellos entornos laborales donde la productividad es clave. Es ahí donde aparece la desconfianza, la competición, las envidias, la frustración y esos daños personales que atentan a todo el bienestar sistémico de la organización.

 

Ahora bien, tal y como sabemos, tampoco faltan ese tipo de presencias en el ámbito familiar. Personas que por su personalidad o situación particular despliegan conductas dañinas hacia sus hijos o parejas. En estos últimos casos, el impacto y el desgaste pueden ser mayores porque se les añade un componente emocional, un vínculo de cercanía.

¿Cómo manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas?

La forma en que manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas responde a una serie de factores. El primero es la asunción simple y evidente de que todo comportamiento tóxico carece de lógica. Entender esto nos ayudará mucho. Lo hará porque dejaremos de dar tanta relevancia a una serie de actos y palabras que carecen de sentido, ahí donde se busca casi de forma exclusiva proyectar el malestar, la frustración y las emociones negativas sobre alguien.

 

En segundo lugar, hay un aspecto que no podemos dejar de lado. Tal y como nos reveló un trabajo del Departamento de Psicología Clínica y Biológica de la Universidad Friedrich Schiller, en Alemania, la exposición continua a esta serie de dinámicas afecta a nuestra salud cerebral.


Experimentamos mayor estrés, ansiedad, agotamiento y problemas para concentrarnos y pensar con claridad. Tener claro este detalle desde un principio nos animará a establecer adecuados límites. Veamos por tanto cómo manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas a través de las siguientes claves.

Se enfocan en las soluciones no en los problemas

Cuando en nuestro entorno habita una persona tóxica vivimos en constante amenaza. Es como ver a diario la aleta de un tiburón rondando a nuestro alrededor. Así, y de algún modo, nos preocupamos más por su presencia, por aquello que dice, no dice, hace o no hace que en aplicar estrategias para que esa presencia no nos afecte tanto.

 

Las personas inteligentes se orientan más en buscar soluciones que en centrarse en el comportamiento tóxico. En cuanto algo les inquieta o les molesta reaccionan al instante.

Hay que poner límites lo antes posible

Sabemos ya que hay que tener una buena capacidad de respuesta. Sin embargo, ¿qué tipo de acción es la que debemos emprender para frenar el comportamiento tóxico? Bien, lo que debemos saber es que en estos casos no siempre vale la huida o nos es posible poner distancia.

Hay que poner límites, barreras de protección. Para ello hay que dejarle claro a la persona en cuestión que sus actos tienen consecuencias. Que no todo es permisible, que ciertas conductas duelen y crean malos entornos.

Debemos dejarles claro de forma temprana cuáles son nuestras líneas rojas, esas que no vamos a permitir que sobrepasen.

 

Adecuado control emocional

Hay que ser plenamente conscientes de nuestros estados emocionales. Si experimentamos desgaste o agotamiento psicológico hay que gestionar esa situación. Lo primero, entender que nadie tiene por qué arrebatarnos la alegría o la calma. Lo segundo, no dar excesiva relevancia en nuestra vida a quien sencillamente, no se gana su puesto en ella.

Puesto que nunca es posible poner distancia física lo mejor es poner distancia emocional, abrir nuestro paraguas y protegernos.

La empatía cognitiva ante la persona tóxica

Aplicar una empatía cognitiva siempre será más preferible a la empatía emocional en estos casos. ¿Qué queremos decir con ello? Sencillamente que es muy recomendable ser capaces de entender por lo que puede estar pasando la persona tóxica. Tal vez tras ese rostro y esas dinámicas agotadoras haya un perfil con una depresión encubierta. Alguien con baja autoestima o con problemas personales.

 

La empatía cognitiva nos permite comprender realidades ajenas sin impregnarnos de sus emociones. Y esto último es sin duda altamente recomendable. Una estrategia que define al modo en que manejan las personas inteligentes a las personas tóxicas.

Cuidan de su salud y bienestar

Podemos tener a una o varias personas tóxicas a nuestro alrededor. Podemos incluso manejarlas con efectividad. Sin embargo, hay algo que no hay que perder de vista ni un solo día: la propia salud. De ahí que debamos dar prioridad a nuestra alimentación, tiempos de descanso y ocio.

Aprender a desconectar y a no pensar en estos perfiles psicológicos nos permitirá ganar en calidad de vida. Queda claro que cuesta bastante, ya que hablamos de personas expertas en poner zancadilla. No obstante hagámoslo, seamos esas personas inteligentes que saben vivir, también, por encima de estas circunstancias. 

viernes, 8 de julio de 2022

Qué es y qué no es un trastorno bipolar, el problema mental grave más banalizado ( II )


GUILLERMO LAHERA     |    El País     |    01/07/202  

En el trastorno bipolar (antiguamente denominado enfermedad maníaco-depresiva), los episodios de depresión alternan con episodios de manía o con una forma menos grave de manía llamada hipomanía. La manía se caracteriza por una excesiva actividad física y sentimientos de euforia muy desproporcionados en relación con la situación

(sigue)

 

Litio

El litio puede reducir los síntomas de manía y depresión; además, ayuda en muchos casos a evitar los cambios de humor en muchas personas con trastorno bipolar. Dado que el litio tarda de 4 a 10 días en hacer efecto, a menudo se administra un fármaco de acción más rápida, como un anticonvulsivo o un antipsicótico nuevo (de segunda generación), con el fin de controlar la excitación mental y física. Las personas con antecedentes familiares de trastornos bipolares típicos son más propensas a responder al litio.

 

El litio puede tener efectos secundarios no deseados. Puede causar mareos, confusión, sacudidas involuntarias (temblores), contracciones musculares, náuseas, vómitos, diarrea, sed, micción excesiva y aumento de peso. También suele empeorar el acné o la psoriasis. Sin embargo, estos efectos secundarios suelen ser temporales y a menudo se reducen o alivian con un ajuste de la dosis. En algunos casos es necesario interrumpir el tratamiento con litio para que remitan los efectos secundarios.

 

Los médicos controlan el nivel de litio en la sangre mediante análisis de sangre periódicos, ya que si las concentraciones son demasiado altas, aumenta la probabilidad de que se produzcan efectos secundarios. El uso prolongado de litio puede provocar niveles bajos de hormona tiroidea ( hipotiroidismo) y afectar a la función renal. Por ello, la función tiroidea y la función renal deben ser controladas mediante análisis de sangre periódicos y el empleo de la menor dosis eficaz posible.

 

La intoxicación por litio se produce cuando la concentración de litio en la sangre es muy alta, y se manifiesta con dolores de cabeza persistentes, confusión mental, somnolencia, convulsiones y arritmias. La intoxicación es más probable en las circunstancias siguientes:

·        Personas de edad avanzada

·        Las personas con alteración de la función renal

·        Personas que han perdido mucho sodio por vómitos, diarrea o consumo de diuréticos (que hacen que los riñones excreten más sodio y agua en la orina)

Las mujeres que intentan quedarse embarazadas deben dejar de tomar litio, ya que, aunque en raras ocasiones, el litio puede ser causa de malformaciones cardíacas fetales.

Medicamentos anticonvulsivantes.

 

Los anticonvulsivantes valproato y carbamazepina actúan como estabilizadores del estado de ánimo. Pueden emplearse en el tratamiento del primer episodio de manía o de los episodios con síntomas depresivos y maníacos (episodios mixtos). A diferencia del litio, estos fármacos no dañan la función renal.

 

Sin embargo, la carbamazepina puede reducir considerablemente el número de glóbulos rojos (eritrocitos) y glóbulos blancos (leucocitos). El valproato puede dañar el hígado (principalmente en niños) o dañar de forma grave el páncreas, pero es muy poco frecuente. Un control médico adecuado ayuda a detectar a tiempo este tipo de problemas. El valproato no se suele prescribir a mujeres con trastorno bipolar si están embarazadas o en edad fértil, ya que este fármaco parece aumentar el riesgo de anomalías congénitas del encéfalo o de la médula espinal ( anomalías congénitas del tubo neural), de trastorno por déficit de atención/hiperactividad y de autismo en el feto. El valproato y la carbamazepina pueden ser eficaces, en especial cuando no se ha respondido a otros tratamientos.

 

La lamotrigina se utiliza en algunos casos para ayudar a controlar los cambios de ánimo y tratar la depresión. La lamotrigina puede causar una erupción cutánea grave. En muy escasas ocasiones, esta erupción cutánea evoluciona hacia el síndrome de Stevens-Johnson, que es potencialmente mortal. Las personas que toman lamotrigina deben estar atentas a la aparición de cualquier nueva erupción cutánea (especialmente en la zona alrededor del recto y los genitales), fiebre, ganglios inflamados, ampollas o úlceras en la boca o en los ojos e inflamación de los labios o la lengua. Deben informar rápidamente a su médico de que están sufriendo tales síntomas. Para reducir el riesgo de desarrollar estos síntomas, los médicos siguen cuidadosamente el calendario recomendado para aumentar la dosis. La administración del fármaco se inicia a una dosis relativamente baja, que se aumenta muy lentamente (durante un período de semanas) hasta la dosis de mantenimiento recomendada. Si la dosis se interrumpe durante 3 días o más, el calendario para aumentar gradualmente la dosis debe comenzar de nuevo.

 

Antipsicóticos

Los episodios maníacos de aparición repentina se tratan cada vez con más frecuencia con antipsicóticos de segunda generación, ya que actúan con rapidez y el riesgo de efectos secundarios graves es menor que el asociado a otros fármacos utilizados en el tratamiento del trastorno bipolar. Estos medicamentos incluyen el aripiprazol, la lurasidona, la olanzapina, la quetiapina, la risperidona, la ziprasidona y la cariprazina.

 

Para el tratamiento de la depresión bipolar, ciertos antipsicóticos pueden ser la mejor opción. En algunos casos, es necesario administrar un antidepresivo.

 

Los efectos secundarios a largo plazo de los antipsicóticos pueden consistir en aumento de peso y síndrome metabólico. El síndrome metabólico está caracterizado por la presencia de exceso de grasa abdominal con una disminución de la sensibilidad a los efectos de la insulina (resistencia a la insulina), una alta concentración de glucosa en sangre, niveles anómalos de colesterol e hipertensión arterial. El riesgo de aparición de este síndrome disminuye con el empleo de aripiprazol y ziprasidona.

 

Antidepresivos

Ciertos antidepresivos se utilizan a veces para tratar la depresión grave en personas con trastorno bipolar, pero su uso es controvertido. Por lo tanto, estos medicamentos solo se utilizan durante periodos breves y generalmente de forma conjunta con un fármaco estabilizador del estado de ánimo o un antipsicótico atípico.

Otros tratamientos

La terapia electroconvulsiva (a veces conocida como "terapia de choque") se utiliza a veces para la depresión y la manía resistentes a los tratamientos.

La fototerapia, en la que las personas observan luces brillantes que simulan la luz solar, puede ser útil para tratar el trastorno bipolar I o bipolar II estacional (con depresión otoño-invierno e hipomanía primavera-verano) o no estacional. Probablemente es más eficaz cuando se utiliza para complementar otros tratamientos.

La estimulación magnética transcraneal, en la que un dispositivo aplica un campo magnético inofensivo a la cabeza y que se utiliza en el tratamiento de la depresión grave y resistente, también ha demostrado su eficacia en el tratamiento de la depresión bipolar.

Psicoterapia

La psicoterapia suele recomendarse en personas que toman estabilizadores del estado de ánimo, sobre todo para ayudarles a observar correctamente el tratamiento prescrito.

La terapia grupal a menudo constituye una ayuda para la comprensión del trastorno bipolar y sus efectos, tanto para la persona afectada como para su pareja o sus familiares.

 

La psicoterapia individual ayuda a las personas con trastorno bipolar a desenvolverse mejor en las

actividades cotidianas.

 

Educación y apoyo

El conocimiento de los efectos de los fármacos utilizados en el tratamiento de la enfermedad ayuda a los pacientes a tomarlos conforme a lo prescrito. A veces las personas se resisten a tomar la medicación porque creen que disminuye su estado de alerta y su creatividad. Sin embargo, la disminución de la creatividad es relativamente infrecuente ya que los estabilizadores del estado de ánimo, por lo general, permiten que las personas se desenvuelvan mejor en el trabajo, en la escuela, en sus relaciones y en las actividades artísticas.

Los pacientes han de aprender a reconocer los síntomas en cuanto aparecen, así como la forma de evitarlos en lo posible. Por ejemplo, puede ser beneficioso abstenerse de tomar estimulantes (como la cafeína y la nicotina) y alcohol, así como dormir lo suficiente.

Los médicos o los psicoterapeutas pueden hablar con las personas acerca de las consecuencias de sus actos. Por ejemplo, si tienen tendencia a los excesos sexuales, se les proporciona información acerca de los efectos que sus acciones podrían tener sobre su matrimonio y sobre los riesgos de la promiscuidad para la salud, sobre todo en relación con el sida. Cuando la persona tiende al derroche, se le aconseja a veces que ponga las decisiones financieras en manos de un familiar de confianza.

Es importante que los miembros de la familia comprendan el trastorno bipolar, participen en el tratamiento y brinden apoyo.

Los grupos de apoyo pueden ser beneficiosos, ya que proporcionan la oportunidad de compartir experiencias y sentimientos comunes.