jueves, 25 de junio de 2015

Epilepsia, una cicatriz en el cerebro

NEUROLOGÍA |  Día nacional
·        El 24 de mayo se celebra el Día Nacional de la epilepsia
·        Julieta Hough cuenta cómo es su vida con la enfermedad

CRISTINA G. LUCIO | El Mundo | Madrid | 25/05/2015

La epilepsia llegó a la vida de Julieta Hough de repente y en plena noche, como si fuera una pesadilla. Era 1998 y esta argentina que entonces tenía 21 años se despertó desorientada, en el suelo de su cuarto, sin saber qué le había pasado y por qué se sentía tan débil. Pensó que habría sido un mal sueño y se volvió a dormir, pero al poco tiempo, la escena se repitió. El mal sueño era real y tenía un nombre, le dijo el médico: epilepsia.
"Me hicieron una resonancia magnética y vieron una marca en mi cerebro que estaba ahí desde el nacimiento. Dijeron que era como si tuviera doblada una capa y así es como imagino yo la lesión", recuerda esta periodista que, desde 2004, vive en España.
Al principio, sintió vértigo, pero la medicación consiguió borrar las crisis a cambio de un poco de somnolencia y un ligero temblor en las manos -"me costaba pintarme las uñas-, recuerda-. La enfermedad llegó a estar tan controlada que, en 2007, Hough creyó que se había librado de ella. Sin embargo, en 2010, las crisis volvieron con ímpetu, de nuevo, en plena noche.
"Mi marido se dio cuenta de que me estaba poniendo rígida y empecé a convulsionar. Llamó a una ambulancia y todo empezó de nuevo", relata Julieta que tuvo miedo y se puso a bucear en internet, buscando información y ayuda. En el camino, se encontró con laAsociación Madrileña de Epilepsia (AME), con la que hoy colabora activamente, y que, junto a su familia, le sirvió para mirar adelante.
Hoy, sus crisis están de nuevo bajo control y hace una vida normal. Está a punto de terminar su tesis, conduce, va a menudo a la piscina y cuida de sus hijas, Ainara, de tres años, y Olivia, de ocho meses.
Pero no todos los casos son como el suyo. El 70% de las aproximadamente 400.000 personas que sufren epilepsia en nuestro país consigue mantener la enfermedad bajo control, explica el doctor José Serratosa, presidente de la Sociedad Española de Epilepsia (SEEP). "Pero un 30% no lo logra, lo que afecta seriamente a su calidad de vida y les provoca problemas en el aprendizaje o a la hora de trabajar". Según datos de la Sociedad Española de Neurología (SEN), en España el número de enfermos con discapacidad por epilepsia en edad activa es superior a las 26.000 personas y, de ellos, más de 18.000 sufren limitaciones respecto al trabajo.
Además, en muchos casos, el desconocimiento y el estigma que sigue rodeando a la enfermedad discriminan y dificultan aún más la vida de estos pacientes.
"Sigue habiendo muchos prejuicios. La enfermedad sigue siendo una gran desconocida en parte porque los que la tenemos controlada no hablamos del tema. Sólo se ven los casos más graves, por eso creo que es importante que los que tenemos la epilepsia bajo control lo contemos, demos la cara para que la gente vea que muchos podemos hacer una vida normal. Me gustaría que la gente lo hiciera, sobre todo las personas con proyección pública. Que alguien famoso dijera públicamente que tiene epilepsia ayudaría mucho", señala Hough.
Serratosa apunta que, en los últimos años, se ha avanzado mucho tanto en el diagnóstico como en el abordaje terapéutico de la enfermedad. "Gracias a pruebas de imagen, como la resonancia magnética o el electroencefalograma en vídeo se puede detectar mejor dónde está el foco del problema", explica el también especialista de la Fundación Jiménez Díaz de Madrid.
Hay más de 100 tipos de epilepsia y, aunque las displasias corticales (alteraciones en la corteza cerebral) son la causa más frecuente, cualquier lesión cerebral (ya sea congénita o adquirida) puede dar origen a una epilepsia. En algunas áreas cerebrales, como el hipocampo, la posibilidad de que un daño se traduzca en una crisis es más habitual.
Al igual que hay una gran variabilidad en el origen de la epilepsia, también son muy distintos los síntomas que puede provocar. En algunos casos, las crisis provocan alteraciones leves del estado de consciencia o sensaciones anormales, mientras que en los más graves se presentan convulsiones generalizadas y una pérdida completa de la consciencia.
En cuanto al tratamiento, "cada vez hay más alternativas", señala José Serratosa. Cuando los fármacos no funcionan, continúa, "en algunos casos se puede recurrir a la cirugía, que permite retirar el foco epiléptico como si fuera un tumor". En nuestro país, hay siete unidades especializadas en cirugía de la epilepsia. También hay tratamientos basados en la estimulación cerebral o basados en seguir una dieta cetogénica, y la investigación sigue avanzando.
"Además, los pacientes deben controlar algunos aspectos, como la falta de sueño o el estrés emocional, porque suelen ser desencadenantes de las crisis", recuerda el especialista.
"Es necesario apoyar más a la investigación en este campo, que está arrojando muy buenos resultados", afirma el doctor Serratosa, quien también reclama que todos los posibles afectados puedan tener acceso a unidades especializadas, donde "se puede afinar en el diagnóstico y acceder a todas las alternativas terapéuticas disponibles".
            ¿Qué hacer si presencia una crisis
            Mantenga la calma y aleje cualquier objeto cercano que pueda hacer daño al paciente
Espere que ceda la crisis. Lo habitual es que dure más o menos un minuto.
No introduzca nada en su boca. Puede provocarle una lesión.

Ponga al paciente de costado y, en caso necesario, afloje su corbata o cualquier otro accesorio que pueda dificultar su respiración.


lunes, 22 de junio de 2015

Colgados de los ansiolíticos

El consumo de medicamentos psiquiátricos aumenta a pesar de que las patologías mentales permanecen estables

MILAGROS PÉREZ OLIVA | El País | 28/09/2014                          

La tristeza no es una enfermedad. Sentir dolor por la muerte de alguien querido no es patológico. Y temblar cuando se habla en público por primera vez, tampoco. La vida no se puede tratar con pastillas y, sin embargo, cada vez recurrimos más a ellas para combatir lo que no es otra cosa que el simple malestar de vivir. En lugar de asumir por la mañana los nubarrones con un “buenos días tristeza”, corremos al médico para que nos recete antidepresivos. Y en lugar de encararnos con el jefe tóxico que nos acosa, corremos al psiquiatra en busca de ansiolíticos.
En 10 años se ha producido en España un aumento del consumo de medicamentos psiquiátricos que no está justificado. De hecho, la mayoría de las patologías mentales de causa endógena tienen una incidencia estable en el tiempo y similar en todo tipo de sociedades. Lo que sí puede aumentar es la incidencia de trastornos transitorios de carácter reactivo, la depresión causada por estrés, por ejemplo. Pero ni siquiera eso explica el aumento que se ha observado en la prescripción. No hay en España, país alegre y soleado donde los haya, por mucho que apriete la crisis, tanta depresión como indican las ventas de Prozac y otros antidepresivos. Ni se justifica que en las estadísticas de la OCDE, España figure en segundo lugar en consumo de tranquilizantes.
¿Qué ha propiciado este salto tan espectacular de lo que podríamos denominar psiquiatría de complacencia? La presión de la industria farmacéutica, con su estrategia de ganar mercados a costa de crear nuevos síndromes, es señalada por muchos autores como el desencadenante de la espiral medicalizadora. Resulta más barato y más lucrativo crear nuevos mercados para viejos principios activos reciclados como nuevos fármacos que encontrar nuevos tratamientos. Después de alertar en el British Medical Journal en 2002 (Selling sickness: the pharmaceutical industry and disease mongering), Ray Moynihan hurgó en varios libros e investigaciones los mecanismos que han llevado a etiquetar como enfermedades procesos que no lo son: desde la fobia social al síndrome de las piernas inquietas. La psiquiatría infantil, con el espectacular aumento del diagnóstico de autismo e hiperactividad, ha resultado el campo mejor abonado.
La presión de la industria farmacéutica es señalada por muchos autores como el desencadenante de la espiral medicalizadora
Pero aunque es fácil colocarle a la industria farmacéutica la etiqueta de villana, no es el único factor. Y en ocasiones, ni siquiera el más importante. Desde la salud pública se dice que somos lo que comemos, pero más que nada somos lo que pensamos. Autores como Byung-Chul Han o Zygmunt Bauman nos dan, desde la sociología y la filosofía, claves que ayudan a explicar mejor el fenómeno. Por un lado, como dice Han en La sociedad del cansancio, las consecuencias de dejar atrás la organización social disciplinaria, en la que si uno cumple con su deber podrá vivir satisfecho, para sumergirnos en la sociedad del rendimiento, cuyo paradigma es ese individuo exhausto por una competitividad autoimpuesta y sin límite que le obliga a estar siempre alerta y siempre en forma, y que percibe cualquier distracción o contratiempo como una amenaza para su carrera. Si fracasa, será por su culpa. Para Bauman, en estos tiempos hipercompetitivos, los que no siguen quedan excluidos, y eso crea mucha angustia. La gente ve la vida como el juego de las sillas, en el que un momento de distracción “puede comportar una derrota irreversible”. Y así es cómo, “incapaces de controlar la dirección y la velocidad del coche que nos lleva, nos dedicamos a escrutar los siete signos del cáncer, los cinco síntomas de la depresión, los fantasmas de la hipertensión o el colesterol, y nos entregamos a la compra compulsiva de salud”.
Todo eso, en el marco de una cultura que fomenta el consumismo y el individualismo hedonista, que produce individuos exigentes, impacientes y con escasa tolerancia a la frustración y que, como advirtió Daniel Callahan, director del proyecto Los Fines de la Medicina, del Hastings Center de Nueva York, esperan de la medicina aquello que esta no les puede dar. Esos individuos son muy vulnerables a la publicidad, abierta o encubierta, que les ofrece el recurso a las pastillas como el elixir mágico que les ayudará a construir una burbuja de felicidad, aunque sea inducida por la química.

La mayor parte de esa presión se canaliza hacia la consulta del médico de cabecera, que muchas veces solo tiene el talonario de recetas para hacer frente a tan perentorias demandas. Pero los medicamentos no son inocuos. Barbara Starfield, de la Universidad John Hopkins, señalaba ya en 2002 en To err is human que la iatrogenia de los tratamientos era la tercera causa de muerte en Estados Unidos. El problema es que, como indica Enrique Gavilán, médico de familia que ha investigado los procesos de medicalización, si no se hace un seguimiento adecuado, algunos de estos fármacos crean dependencia. Y ahí tenemos una nueva forma de hacerse adicto. Andreu Segura, especialista en salud pública, lamenta que la sociedad no sea consciente de que las pastillas pueden ayudar cuando son necesarias, pero también tienen efectos adversos, y eso es lo único que producen cuando se recetan sin justificación. Pero mientras nos excedemos en la prescripción en procesos que no son patológicos, hay al mismo tiempo muchos enfermos con verdaderas enfermedades mentales que ni siquiera están tratados. Para Antoni Bulbena, jefe del Departamento de Psiquiatría de la UAB, esa es la gran e injusta paradoja de este historial. Al final, unos sufren por demasiado medicados y otros por demasiado poco.


Más importante que el fonendo

COMUNICACIÓN | Entorno sanitario
CRISTINA G. LUCIO | Madrid | El Mundo | 28/04/2015

Durante décadas, la comunicación ha ocupado un lugar secundario en el entorno sanitario. La competencia técnica ha primado muy por encima de las habilidades para interactuar con el enfermo; un enfoque que permite abordar las enfermedades, pero no siempre el sufrimiento. Desde hace unos años, sin embargo, hay un cierto cambio de tendencia y los médicos con mano izquierda están pidiendo paso.
«En realidad siempre ha habido profesionales empáticos, personas con aptitudes para la comunicación, pero lo cierto es que antes la mayoría de los médicos tenían que aprender estas habilidades como podían, con la práctica, y si tenían la suerte de tener un buen modelo al que imitar y la sensibilidad suficiente para saber qué técnicas eran acertadas y cuáles no», apunta Juan José Rodríguez Salvador, médico de familia en un centro de salud de Vizcaya que ha estudiado a fondo el fenómeno de la comunicación sanitaria.
Ahora, en cambio, hay un mayor interés por aprender estrategias para conectar mejor con el paciente, un giro que coincide con «un reemplazo del modelo paternalista de atención por otros modelos que priman más la autonomía del paciente y su derecho a la información».

“El interés aumenta porque cada vez se siente más esa necesidad entre los profesionales”, coincide Elena López Parra.  “Cuando el médico llega por primera vez a la consulta se da cuenta de que tiene muchas carencias, que el paciente reclama información y que hay cosas que no se aprenden en los libros”.
Ella misma vivió esa sensación en primera persona, por lo que al inicio de su carrera- y cuando no muchos lo hacían- decidió pedir ayuda tras constatar que tenía una buena formación en las técnicas de exploración y la teoría médica, pero no conseguía conectar con los pacientes. «Se me enfadaban mucho», recuerda. En el camino que inició, aprendió -entre otras muchas cosas- aspectos que ahora enseña: como que hay mirar siempre al paciente a los ojos, que se puede leer la comunicación no verbal, que es importante adecuar el lenguaje a diferentes niveles y que es clave dejar espacio a las preguntas. También, y quizás eso fue lo más difícil, que hay formas de dar bien una mala noticia.

«Si un profesional es poco hábil a la hora de dar una mala noticia puede provocar un sufrimiento añadido y que se deteriore su relación con el paciente», señala Rodríguez Salvador, quien subraya que, en cambio, saber manejar el proceso permite que el paciente asimile la realidad poco a poco y que se afiance esa relación.

Una información clara, explica, da la oportunidad al paciente de tomar decisiones sobre su asistencia y elimina una proporción considerable de ansiedad y aislamiento. «Aunque no le informemos, el paciente siempre se entera de que se muere, y si no puede transmitirle a nadie sus miedos, porque hay una conspiración de silencio, la angustia es mucho mayor», comenta. En ese sentido, añade, es fundamental colaborar y establecer lazos comunicativos también con la familia. Hay varias estrategias para dar malas noticias, que engloban una serie de pautas para facilitar el proceso.

Es fundamental que el profesional busque un lugar privado, que permita la liberación de emociones y la transmisión tranquila de la información.
«Hay que estar muy atento a la reacción del paciente, a cómo responde a esa primera información. Por ejemplo, que diga frases como 'Doctor, me pongo en sus manos' es un indicador de que prefiere no saber. En esos casos -que son minoría- hay que respetar su deseo», indica Rodríguez Salvador.
Si, en cambio, el paciente sí quiere saber en qué situación está, necesita comprender todos los detalles, por lo que el profesional debe adecuar su mensaje a su nivel de compresión. «Esta máxima es aplicable a cualquier diálogo, pero debe extremarse en el caso de las malas noticias. Y es una de las cosas que más les cuesta a los médicos, que tienden a abusar de los tecnicismos», añade el especialista.
En todo el proceso, recuerda, el sanitario debe mostrarse empático, reconociendo y respondiendo a las posibles respuestas emocionales del paciente. Y, por último, debe plantear una estrategia para atender la incertidumbre que suele surgir tras recibir una mala noticia. Es importante demostrar que el personal médico estará accesible para responder dudas o atender necesidades que puedan aparecer. «En ese sentido, es clave dejar una puerta abierta a la esperanza, sin mentir. Ser honesto no significa ser categórico», recuerda.

Además, en su día a día, el médico también tiene que estar atento para detectar e intentar soslayar las múltiples barreras que el actual modelo sanitario impone a la comunicación. La principal es la del tiempo, resume March, porque las apretadas agendas dejan apenas unos pocos minutos por paciente y en ese espacio hay que conjugar muchas labores fundamentales. Pero hay muchas más: la voracidad de los registros, la necesidad de estar pendiente del ordenador, las interrupciones en la consulta, la falta de espacios de privacidad, y las etiquetas o prejuicios que profesional y paciente hacen del otro son algunos ejemplos.

Otra barrera muy importante es la asunción por parte de algunos profesionales de que la comunicación sólo es importante en determinados entornos, como la Atención Primaria o los Cuidados Paliativos. «Es por esto por lo que muchos pacientes se sienten tratados como si fuesen órganos, no personas ante determinados especialistas», señala Rubén Mirón, profesor de Enfermería de la Universidad de Castilla La-Mancha
En general, son muchos los muros frente a la comunicación que se levantan en una consulta médica, reconocen los especialistas consultados. Sin embargo, estos «no deben tomarse como excusa» para abandonar este aspecto en un rincón. «En realidad, se pierde gran parte del potencial de un médico si falla la comunicación». Un buen profesional debe aunar al menos cuatro cualidades básicas: conocimientos actualizados, adecuado manejo de las técnicas exploratorias, habilidad para tomar decisiones, y aptitudes para conectar con el paciente. «Si una de esas cuatro patas falla, la mesa acaba cojeando por algún lado. Y hay que recordar que la comunicación es una herramienta que se utiliza mucho más que el fonendo»
Si el siglo XX fue el del avance de la tecnología médica, señalan los expertos consultados, el XXI tiene que ser «el de la recuperación del humanismo». Y eso, aseguran, pasa por una buena comunicación.
«Hay que volver a la silla en la cabecera, a mirar a los ojos al paciente. Hay que recuperar el contacto físico, dar la mano al enfermo, explorar tocando, consolarle con afecto. Que el paciente tenga claro que te pones en su lugar y sientes como se encuentra», señala Eduard Peñascal, quien remarca que «esa vuelta a los orígenes de la profesión» no supone renunciar ni un ápice a los avances logrados. «Hay que aprovechar toda la tecnología actual, pero sin que esta sustituya al acercamiento entre médico y pacientes».
«Me acuerdo de la icónica imagen de Gregorio Marañón sentado junto a la cama de un enfermo y pienso que hoy debería ser igual, habría que transmitir la misma cercanía, pero con el ipad o el ecógrafo portátil en la mano», concluye Peñascal.
Nota.- Si interesa leer el artículo entero, se puede buscar en el periódico y la fecha que se indica casi en la cabecera. Entero es muy interesante, pero he omitido más de una página saltándome párrafos que me han parecido de menos importancia.

viernes, 19 de junio de 2015

Ocho formas de superar pensamientos indeseables.

MARIANA ALVEZ | 04/04/2015
Les comparto este artículo de Alberto Rubín Martín. Licenciado en Psicología y Máster en Psicología de las Organizaciones y del Trabajo http://lifeder.com/
Tener pensamientos recurrentes indeseables, es una de las experiencias más irritantes e incómodas.
Pueden ser pensamientos relacionados con alguna relación personal, dinero o cualquier situación del trabajo y el problema es que son difíciles de controlar.
La forma más intuitiva de tratar con esos pensamientos es intentar suprimirlos, aunque como han demostrado muchos estudios, ese método no funciona y de hecho, hace que persistan aún más.
¿Entonces qué alternativas se pueden utilizar para evitar estos pensamientos? Voy a comentar algunos:
1-Distracción centrada
La tendencia natural al intentar evitar un pensamiento es pensar en otra cosa, distraerse; buscamos cosas en las que centrar nuestra atención.
La distracción funciona, aunque solo si te centras en una cosa específica en lugar de dejar vagar la mente. De hecho, dejar vagar la mente está asociado con infelicidad.
Por tanto, concéntrate en una película, un libro, una canción, un deporte, cualquier tarea doméstica, etc.
2-Evita el estrés
Otro método para evitar pensamientos persistentes es estar muy ocupados. Se cree que las prisas no dejarán espacio para pensar en lo que no queremos.
Cuando esto se ha comprobado científicamente, ha resultado que los pensamientos indeseables vuelven incluso más fuertes.
Se trata de estar ocupado, pero no bajo presión y con estrés.
3-Aplaza el pensamiento
Mientras que tratar de suprimir un pensamiento, hace que vuelva más fuerte, posponerlo puede funcionar.
Cuando se pide a las personas que pospongan sus pensamientos ansiosos a un periodo designado de 30 minutos, funciona como forma de dejar de lado los pensamientos indeseables.
Por tanto, un método que se puede usar es designar un periodo de tiempo para pensar en todas las preocupaciones. 
4-Terapia paradójica
Este método se basa en intentar concentrarte y buscar el pensamiento repetitivo en lugar de suprimirlo.
Parece paradójico que centrarse en un pensamiento ayude a dejarlo ir, aunque varias investigaciones demuestran que esto puede funcionar. Esta técnica está basada en el principio de la exposición: exponerse de forma repetida a un estímulo guía a su control y a la habituación ante el mismo.
Funciona especialmente para los pensamientos obsesivos y para el comportamiento compulsivo.
5-Aceptación
Existe evidencia de que intentar aceptar pensamientos indeseables en lugar de combatirlos, puede funcionar.
Se trata de “observar” los pensamientos, no tratar de discutirlos o evitaros, sino contemplarlos y dejarlos ir.
6-Meditación
La meditación produce una actitud de compasión y de ausencia de juicios. Además, también es una forma adecuada para superar los pensamientos repetitivos.
7-Autoafirmaciones
Una autoafirmación es algo que te dices a ti mismo y que está enfocado en tus rasgos positivos. Por ejemplo, “valgo mucho y me merezco ser feliz”, “lo voy a hacer bien”, “estoy relajado y no tengo preocupaciones”.
La autoafirmaciones se usan para fomentar creencias y rasgos positivos. Entre otros beneficios, los más importantes son que aumentan la autoestima y el autocontrol.
También puede ayudar para pensar en algo positivo y constructivo en lugar de en los pensamientos repetitivos.
8-Escribir
Ha sido demostrado muchas veces que escribir sobre los pensamientos, experiencias y sentimientos tiene beneficios para la salud. Además, ayuda a reducir pensamientos recurrentes indeseables.
Puedes escribir un diario en el que comentas tus experiencias diarias, los problemas que te van surgiendo o las cosas que te preocupan.

Estimado señor Nash

OPINIÓN | Enfermedades mentales | Esquizofrenia
La figura del matemático será imprescindible por lo que simboliza para las personas que conocen su lucha contra la enfermedad.

VÍCTOR SÁNCHEZ ABENIA  | El País | 26/05/2015

[Víctor Sánchez Abenia, el firmante de este artículo, es un estudiante polifacético que asistió al último Taller de Entrevistas de la Escuela de Periodismo UAM/El País en la segunda semana de mayo. Uno de los ejercicios del citado taller era la realización de entrevistas entre alumnos; Víctor se ofreció a hacer de entrevistado y escogió personificar en el estrado al famoso matemático John Nash, cuya mente prodigiosa fue objeto de un libro que luego fue una muy conocida película. Demostró, ante las preguntas de la compañera que lo entrevistó, un conocimiento impresionante del matemático, su ídolo. Nash murió el domingo en Estados Unidos, víctima de un fatal accidente de circulación. Aquella entrevista en la que Víctor hizo de Nash es inolvidable para los que la escuchamos. Por eso le pedimos ayer al joven estudiante que escribiera un texto explicando por qué le parecía fascinante la personalidad de su admirado Nash, cuya enfermedad mental dijo compartir.
Víctor Sánchez estudia FP en Cocina y Gastronomía, ha realizado el servicio de voluntariado europeo en Francia, ha comenzado el grado en Filosofía, Política y Economía y tiene otros proyectos para su formación; tiene una discapacidad del 33%.- JUAN CRUZ]
Estimado señor John Forbes Nash:
Usted, que llegó hasta donde nadie antes había atisbado.
Suele decirse que en la vida hay personas que luchan a ratos y que estos son prescindibles pero importantes… Que aun siendo prescindibles, son aún más importantes si luchan mucho tiempo. Otros que luchan toda la vida, —los menos en número, pero grandes—, son los imprescindibles por su incalculable valor intangible. La figura de John Forbes Nash, a mi entender, había sido y será una imprescindible. Lo seguirá siendo por el legado que dejó, por lo que simboliza para las personas que conocen su lucha contra la enfermedad que padeció toda su vida, y que le estiman.
Entendámoslo como lo que es: la esquizofrenia es una de las enfermedades más devastadoras que existen para el hombre. Y eso si es que esta puede entenderse como tal. Cuando en una nueva ley se considera delictivo un hecho que en la antigua no se castigaba, no se puede aplicar teniendo efectos retroactivos. Es decir, un delincuente no puede ser castigado retroactivamente. Sin embargo, sí hay una enfermedad o síndrome, que se reproduce en la especie humana entre un 0,85% y un 1% sobre la población total. Y si entendemos que la naturaleza es sabia… ¿Cómo podría ser que, al igual que una ley no puede juzgar a posteriori de forma negativa, una enfermedad fuera contra la ley de Darwin? Es posible que la esquizofrenia o psicosis se pueda llegar a plantear como algo que la ciencia todavía no ha acertado a denominar, con datos científicos suficientes para comprenderla del todo.
Por lo que se sabe la esquizofrenia consiste en un fallo (¿?) químico en el cerebro por el cual la dopamina, — el líquido que transmite la información entre neurona y neurona—, se dispara a niveles muy por encima de lo normal. Las ramificaciones de las neuronas no llegan a tocarse para transmitir los impulsos eléctricos que llevan la información entre conglomeraciones o circuitos neuronales y necesitan de la dopamina para transmitir dicha información. Si el nivel de dopamina es muy alto, la información se produce incluso por encima de lo realmente cuantificable por los sentidos. Esto es especialmente interesante en el caso de John Nash. Suele darse la paradoja de que, cuanto mayor sea la inteligencia de una persona que padece psicosis (esquizofrenia, trastorno esquizo-afectivo, o trastorno bipolar), mayor es la elaboración y el nivel de perfección respecto a la realidad o irrealidad de la paranoia en cuestión. Es decir, a mayor inteligencia del sujeto en cuestión, existe una elaboración fantástica de la paranoia y su desarrollo, que es prisma de la realidad-irrealidad que nuestro cerebro vuelca sobre la máscara de nuestros sentidos. ¿Y si John Nash no descubrió su Teoría de juegos? ¿Qué quiere decir? ¿Qué la copio de otro? ¡No! ¿Qué se la inventó la paranoia de su cerebro? Tampoco…
Más bien pienso dos cosas. Siento que la agonía vital del gran John Nash podría partir del sufrimiento por su enfermedad, y que su teoría de juegos, la desarrolló íntimamente ligada a la solución de “su realidad” versus “irrealidad” o enfermedad, de su realidad como matemático. Una persona sana puede verse abocada a comprar por lo que le dicten sus sentidos, sus emociones, o sus anhelos. Todos tenemos en menor o mayor medida un grado de esquizofrenia, ya sea en la salud de nuestras mentes, o diagnosticada.
Fíjense, cómo se va enmarañando la cosa, pues esto también tiene que ver con la teoría de los juegos… No se puede maximizar el mejor resultado porque es posible perder, y también hay que maximizar el reparto de coste en caso de déficit… John Forbes Nash fue un genio. Toda persona que tiene esquizofrenia diagnosticada, y la suerte de entender que lo que le pasa es una enfermedad y que lo que verdaderamente le persigue o le acosa no existe, tomará a Nash como estandarte y abanderado de la lucha por la salud y la vida, y no se verá como algo negativo en la sociedad. John Nash reconoció abiertamente su enfermedad y fue un testigo positivo de ella, contrarrestando así el estigma. Toda persona que se encuentre en el principio de esta enfermedad puede proyectarse sobre el icono del Genio Nash, e incluso se convencerá de que él o ella también es un gran o una gran genio.
Las inversiones son varias: la primera, de optimización del resultado a lo que supone una rentabilidad posible y no perfecta. La segunda es invertir en ese luchador o luchadora. La tercera inversión es devolver a esa persona, apoyándose en la forma como lo hizo John Nash cuando había muchos menos medios para ello. Nash, como persona que lucha toda la vida, como imprescindible, es un testigo de vida para otros.
El profesor John Forbes Nash, ahora fallecido en estas trágicas circunstancias, descubrió en el afecto (como nos toca a todos en la vida) la ecuación con la que pudo encajar en su vida la enfermedad, la fórmula que pudo ayudarle a superar su situación cuando los medios existentes, y medicaciones distaban mucho de las actuales.
Por todo ello me fascinará siempre John Forbes Nash. Existen unas ciertas teorías pseudocientíficas, tanto en la civilización de los mayas, como en la antigua cultura egipcia sobre que a algunos recién nacidos se les practicaba una tara deformándoles el cráneo, de forma que crecían sin tener capacidad para hacer tareas básicas. Sin embargo, tenían una gran capacidad de abstracción (como Nash).
En estas culturas el neonato con la cabeza deformada desarrollaba la esquizofrenia y era capaz de ver el futuro cuando crecía si seguía la costumbre o tratamiento médico, la medicina de los mayas y egipcios, que se distingue de la occidental en connotaciones éticas. Estas personas con esquizofrenia eran incapaces de hacer tareas simples, pero podían ver el futuro. Pongamos que así le ocurrió en su Teoría matemática a John Nash. No desarrolló una Teoría de Juegos al uso, sino una salida existencial a su problema creado y resuelto con la misma capacidad de su mente, y que vislumbró al ver el futuro de las Matemáticas. John Nash destacó en su carrera debido a su hándicap, fue y es modelo de muchos. Pero, sin duda, fue su capacidad de dar afecto —como reconoció cuando recogió el Nobel—, la mayor incógnita que cada ser humano debe resolver sepa o no de matemáticas.

lunes, 15 de junio de 2015

La ONU se preocupa por la multiplicación de "nuevas drogas"


·        La fabricación masiva de nuevas sustancias va más rápido que su prohibición
AFP | El Mundo | 04/03/2015

El Organismo Internacional de Control de Estupefacientes (OICS), dependiente de la ONU, ha mostrado su preocupación por la multiplicación de nuevas drogas, fabricadas para soslayar las prohibiciones, y que suponen un "problema cada vez más grave" de salud pública en el mundo.
"La aparición cada vez más masiva, en los últimos años, de sustancias nuevas se ha convertido en un grave problema de salud pública y en un fenómeno verdaderamente mundial", ha señalado la OICS en su informe mundial, publicado este martes.
A fecha de 1 de octubre de 2014, se habían registrado en el mundo 388 nuevas sustancias, un 11% más que el año anterior y el doble de lo que se contabilizó en 2009, señala el documento.
Fabricadas a toda velocidad en laboratorios de todo el mundo, estos productos, entre los que se encuentran las drogas de síntesis, se adelantan a las legislaciones, cuya maquinaria de prohibición es mucho más lenta que la elaboración.
En el documento, la OICS cita la utilidad de poner en marcha leyes "de productos análogos", como la que ha implantado Estados Unidos, que permite frenar el comercio de estas nuevas sustancias incluso antes de que se ilegalicen.
Cocaína
Por otro lado, la organización ligada a la ONU también ha registrado una bajada importante de la oferta mundial de cocaína procedente de Sudamérica. En América del Norte y, en menor medida también en Europa, la oferta en 2014 ha descendido a niveles de 2006, subraya el informe.
El origen de este cambio, aclara, se debe a la reducción de las superficies destinadas al cultivo de cocaína en Colombia, Perú y Bolivia, los principales productores mundiales, entre 2007 y 2013.
En Estados Unidos, cerca del 1,8% de la población consume actualmente cocaína, frente al 2,5% que lo hacía en 2006.
En su informe, la OICS ha lamentado las legislaciones que han autorizado el cannabis en Uruguay y algunos estados de Estados Unidos, valorando que son contrarias al derecho internacional.

¡Que se busquen la vida!

PSICOLOGÍA
¿Evita cualquier sufrimiento y tropiezo a sus hijos? Si ha contestado sí, reflexione. Un exceso de protección puede crear adultos inseguros y dependientes

PATRICIA RAMÍREZ | El País | 14/06/2015                                                                                                                                  

Padres y madres tenemos la mala costumbre, y en España es muy común, de sobreproteger a nuestros hijos. Miedo a que sufran, a que no sean capaces o a que se sientan frustrados y hundidos por no alcanzar sus metas con autonomía son algunas de las causas que se esconden detrás de esta actitud. El sufrimiento de los hijos se convierte en el de los padres, que llegan a sentir angustia, malestar general, excesiva preocupación, anticipaciones catastróficas de las desgracias e infelicidad de su prole.
Muchos progenitores tratan de allanar el camino a sus hijos con tal de evitar su sufrimiento, lo que es una de las peores lacras desde el punto de vista de la psicología. Hacerlo evita el aprendizaje, impide que la persona explore nuevas emociones, que se encuentre ante dilemas interesantes para resolver o retos a los que buscar soluciones. Cada vez que evitamos a nuestros hijos una situación que pensamos que puede hacerles pasarlo mal, les estamos negando una oportunidad de crecimiento personal, una manera de explorar sus límites e impedimos que descubran lo capaces que son.
Ejemplos existen cientos, desde ayudarlos a hacer los deberes para que terminen antes o porque pensamos que no lo harán solos, a servirles la comida para que no la derramen… Sobreproteger es impedir que los hijos exploren las consecuencias de no ser responsables, y justamente son los resultados de lo que hacemos o no los que realmente motivan los cambios.
El arte de enseñar es el arte de ayudar a descubrir” - Mark Van Doren
Los límites de la sobreprotección están en cuidarlos “demasiado”, evitando así que se enfrenten de forma natural a los problemas que sí tienen que vivir, a las soluciones que ellos tienen que buscar y las consecuencias propias de cada acto. No se trata de promover una conducta temeraria por parte de los padres y dejar que se enfrenten a responsabilidades impropias de la edad, sino de no educar en una burbuja en la que se encuentren falsamente seguros y al margen de una realidad que educa para la vida, la presente y la futura.
Lo que nunca puede perder de vista su hijo es la sensación de seguridad. Si le agreden, alguien le pone en peligro, sus amigos le sugieren actividades peligrosas o fuera de lugar para su edad, tiene que sentir la tranquilidad de que sus mayores le van a aconsejar, poner límites y proteger física y moralmente.
Los niños que se han educado demasiado a resguardo tienen mayores problemas en el futuro para enfrentarse a emociones básicas como son la frustración, el miedo, la ansiedad o la tristeza, que deben aprender a gestionar. Nuestros hijos, en un futuro, tienen que llorar el desamor, sufrir una equivocación en su puesto de trabajo, la crítica de su jefe, la soledad del que empieza una vida independiente, la pérdida de un ser querido y el amigo que deja de serlo porque le falla. Gestionar de forma eficaz estos sentimientos forma parte del crecimiento personal de todos nosotros. Si se evitan estas situaciones a nuestros hijos con el fin de que no sufran, no estarán preparados para ser adultos maduros y emocionalmente responsables. Estos niños pueden mostrar más miedo, inseguridad, tiranía y exigencias dado que están acostumbrados a que les sirvan y les resuelvan todo, tienen menos capacidad de esfuerzo, son más apáticos y vagos. Analicemos cinco ventajas de “buscarse la vida”:
1 Educar en la responsabilidad. Deje que se quede sin ropa limpia y planchada que ponerse. Los chavales van acumulando en la silla de su dormitorio y usted repite cada día que la eche en el cesto de la ropa sucia. Hasta que un día usted comprueba que apenas le queda ropa en el armario y hace su trabajo. Tampoco escriba una nota disculpando las tareas que su hijo no ha hecho en casa por evitarle una regañina de un profesor. Hasta que los niños no se exponen a las consecuencias de ser irresponsables, no tienen la necesidad de cambiar.
2 Fomentar la autonomía. Que dependan de ellos mismos para resolver problemas y buscar soluciones en la vida en general. Si no les dejan hacerlo, deducen que el esfuerzo lo tienen que realizar los padres y que son ellos los que deben adivinar qué necesitan.
3 Fomentar el emprendimiento. Imagine que su hijo preadolescente o adolescente le pide dinero para hacerle un regalo a su madre o padre en su cumpleaños. Se lo da y, además, se siente afortunado de tener un hijo detallista. En lugar de facilitarle el dinero, propóngale un plan de negocio. ¿Quieres dinero? Dime cómo vas a ganarlo. No se trata de educar en el materialismo, sino de ser creativos, tener ideas y obtener un beneficio por ellas. Puede que si le incita a montar un negocio casero, empiece a cambiar su mentalidad. Igual le da un masaje y cobra un dinerito, o le propone llevar a su hermano pequeño a una actividad. Deje que discurra y le ofrezca ideas. De todas formas, al final le facilitará el dinero, pero habrá tenido que pensar y esforzarse para ganarlo.
4 Desarrollar su autoestima. La persona que se involucra en su desarrollo, que invierte esfuerzo en conseguir sus metas, que tropieza y se vuelve a levantar y al final lo consigue, se valora de forma positiva. La lectura que saca de sí misma es “yo puedo a pesar de la adversidad, puedo y lo consigo”.
5 Trabajar su seguridad y confianza. Quienes se han educado para resolver situaciones y lo han logrado saben que tienen recursos. Muchos hombres y mujeres se califican como “buscavidas”. Son aquellos que saben que, pase lo que pase, serán capaces de sobrevivir.
Si desea ir soltando la cuerda y permitiendo que se caiga, que se equivoque, que viva las emociones adecuadas, no olvide que dar mimos, mucho amor y seguridad no están reñidos con el concepto de sobreprotección. Pero deje que ellos encuentren la solución a un problema. Aprenderán a disfrutar y a sentirse orgullosos de sus logros si se sienten protagonistas de ellos.
Si tiene dudas sobre la tarea que tiene que realizar su hijo solo o sobre si está siendo sobreprotector, hágase estas preguntas: ¿esto lo debería saber hacer mi hijo?; ¿es algo que, con un poco de esfuerzo y perseverancia, podría conseguir si yo no intervengo?; ¿si le expongo a la posibilidad de no conseguirlo o que se quede sin hacer, las consecuencias son peligrosas para él o solo incómodas? (como que le llamen la atención en el colegio si no lleva la tarea); ¿ayudarle en esto se ha convertido ya en un hábito cómodo por parte de mi hijo?; ¿qué beneficios tiene para él o ella que yo le resuelva esta situación?; ¿son los beneficios más adecuados que las desventajas que conllevan?
Recuerde que cada vez que sobreprotege a su hijo le impide que entrene una nueva destreza. Uno de los aprendizajes más importantes es el que se basa en el ensayo y error. Casi todo lo que aprendemos y automatizamos en esta vida es fruto del ensayo y de la repetición, desde las jugadas que realizamos cuando practicamos fútbol a la capacidad de organización necesaria para que dé tiempo a hacer los deberes por la tarde. Tenga cuidado, en su afán por ser padres perfectos terminarán por educar hijos inútiles.

Su hijo es maravilloso y para usted como padre es el más guapo, el más hábil, el más ágil e inteligente. Pero si solo se acostumbra a que lo elogie cada día, sin hacer el esfuerzo necesario para ganarse el halago, necesitará constantemente su dosis de endiosamiento para sentirse bien y seguro. Necesita fracasar, aprender que es estupendo en muchos aspectos, pero saber también que tiene áreas de mejora que entrenar.