sábado, 26 de diciembre de 2020

Cuando el optimismo se convierte en una puerta abierta hacia una mejor salud


ANTONIO LOZANO   |   La Vanguardia   |   08/12/2020

  

En su último ensayo, el psiquiatra y pensador Luis Rojas Marcos afirma que la paz física y mental descansa en gran medida en que encaremos con ánimo positivo la inestabilidad de nuestra existencia. 

El pensamiento del filósofo Heráclito de Éfeso, por mediación de la interpretación no siempre precisa de Platón, se asocia principalmente con el devenir, es decir, con el concepto de que todo fluye de un modo constante y, por lo tanto, de que el cambio es el motor de la existencia. Al mismo Heráclito se debe una cita repetida hasta el infinito, “El carácter de un hombre es su destino”, que sintetiza la idea de que nuestra forma de ser determinará el curso de nuestra vida. Si tuviéramos que reducir al mínimo el contenido del último ensayo del psiquiatra Luis Rojas Marcos (Sevilla, 1943), Optimismo y salud (Grijalbo), extraerle la esencia por así decirlo, deberíamos recurrir a estos dos cimientos del clásico presocrático.

 

El que fuera jefe de los Servicios de Salud Mental del municipio de Nueva York y director del sistema de sanidad y de hospitales públicos de la misma ciudad, sostiene que nuestro bienestar, tanto físico como mental, radica en gran medida en nuestra capacidad para encarar con ánimo positivo y resuelto la inestabilidad que es consustancial a la existencia, ese tránsito hecho de transformaciones, desvíos, reveses, contingencias, imponderables, imprevistos, sorpresas… Nuestro control pues sobre esa nave a la que llamamos “vida” es limitado, abundan por el camino fallos técnicos, meteoritos y otras fuerzas hostiles a las que muchas veces no hemos convocado, pero en nuestra predisposición a no entrar en pánico antes de que aparezcan y a no dejar que nos hunda ni su recuerdo ni la convicción de que volverán a presentarse están cifrados el equilibrio y el sosiego imprescindibles.

 

Las grandes ventas y la extensa cobertura mediática que ha merecido Optimismo y salud –y aquí nos perdonarán el que nos colguemos una medalla al recordar que la web de este dominical acogió la primera entrevista sobre el libro concedida por su autor– revelan también el don de la oportunidad detrás de la elección de este momento tan crítico para su publicación. Como ha ido repitiendo el doctor Rojas Marcos en una intensísima campaña promocional con la que ha corroborado que a sus 77 años le sobran energías –algo que ya sabían los informados de que cada año sigue acudiendo puntual a su cita con el maratón de Nueva York–, el contexto actual de miedo y parálisis que genera la pandemia del coronavirus supone una prueba de fuego para la solidez de nuestro espíritu de resistencia y demanda un esfuerzo colosal por conservar la calma y la ilusión.

 

Maldito coronavirus – “El coronavirus atenta contra nuestro sentido de futuro –señalaba el escritor en su entrevista con Magazine Lifestyle–, la mitad de nuestras conversaciones versan sobre lo que vamos a hacer mañana, las próximas vacaciones, el año próximo… Al resquebrajarse este pilar de nuestra existencia y expandirse la incertidumbre –sólo hemos de pensar en los millones de personas desempleadas–, se disparan la angustia y la vulnerabilidad, con el riesgo de derivar en depresión”.

 

¿Pero cómo ser optimistas para empezar, más allá de las luces o sombras del momento histórico? Además del yugo de serie que supone la finitud de la vida y la certidumbre de que el dolor y una cuota más o menos amplia de desgracias son insoslayables, Rojas Marcos destaca el papel pernicioso que han tenido algunas religiones y una parte destacada de los filósofos de los siglos XIX y XX. La visión de la vida como un valle de lágrimas, la idea de que estamos en manos de la voluntad de un ser superior –y aquí cabrían, entre muchos otros ejemplos, un proverbio judío “Si quieres hacer reír a Dios, cuéntale tus planes” o el concepto de predestinación calvinista–, el acento de muchas corrientes de pensamiento en el sinsentido y el vacío existenciales parecen haberse confabulado para desposeer a la persona de margen de acción y hundirla en el desánimo. El resultado de todo esto ha sido la asociación tradicional de la persona de carácter animoso con la ingenuidad. Por la misma regla de tres, toda actitud positiva no podía tener reflejo en nuestro bienestar, quedándose en un gesto espurio e infantil.

 

Cuenta Rojas Marcos en Optimismo y salud que, a partir de la década de los 90 del siglo pasado, la ciencia da un vuelco a estas creencias, que por desgracia siguen tan arraigadas en nuestro interior. Todo empieza con un cambio de enfoque algo anterior en el tiempo: la medicina ya no se entenderá como un instrumento volcado exclusivamente en combatir enfermedades sino en mejorar y alargar nuestro paso por la Tierra. Surge así el concepto de “la calidad de vida”. La medicina no intervendrá sólo cuando haya problemas graves sino como garante del bienestar en todo momento, no procederá cuando salten las alarmas sino que trabajará para prevenir que salten. Las medidas anti incendios pasan a ser tan importantes como los equipos destinados a extinguirlos.


En el marco de este viraje, el optimismo comienza a ser estudiado científicamente y logran descifrarse sus componentes básicos: 1) la esperanza: inclinarnos por pensar que nuestros deseos se van a realizar. 2) el control: atribuirnos la capacidad de gestionar y solucionar lo que nos preocupa en vez de fiarlo al azar o a la suerte. 3) el relato: desarrollar un estilo explicativo, o forma de procesar y contarnos lo que nos ocurre, que rehúya culparse donde no haya culpa o quedar atrapado en ella cuando sí la haya, al tiempo que privilegie apostar por el hecho de que los errores y daños obtendrán reparación. 4) la memoria biográfica: centrarse en los buenos recuerdos y silenciar en lo posible los malos a la hora de enfrentarnos a una adversidad.

 

Si el concepto latino de “Mens sana in corpore sano” estaba ligado originariamente a la tranquilidad de espíritu que comportaba el rezo –la primera línea de las Sátiras de Juvenal del que se extrae dice: “Se debe orar que se nos conceda una mente sana en un cuerpo sano”–, hoy gozar de una mente y un cuerpo saludables pasa en gran parte porque esa voz interior de cada uno de nosotros no se encomiende a un ente trascendente y todopoderoso, sino que se entregue a la elaboración de un discurso empoderador en torno a sus acciones y decisiones, así como a una proyección hacia lo que está por venir que ahuyente toda tentación de incurrir en fatalismos. Y esta voz interior habría de ampliarse a voz exterior por cuanto el doctor Rojas Marcos aboga por los beneficios de hablar en voz alta, un ejercicio que asociamos ridículamente a la locura cuando, en su opinión, tendríamos que fomentarlo desde la infancia ya que permite un seguimiento más fiable de nuestro estado anímico y ordenar y afianzar ideas. emociones y sentimientos que pueden diluirse de no sacarlos fuera.

 

Pero tampoco hay que obviar que esta voz interior suele requerir esfuerzo y que los genes tienen parte de culpa al permitir que muchas personas boicoteen su derecho a la satisfacción, que no a la felicidad, un término demasiado inalcanzable y contaminado para el autor. Este trabajo y dedicación que con frecuencia reclama el optimismo no dispone de atajos, según el doctor, una de cuyas manifestaciones más flagrantes serían las fórmulas sencillas y estandarizadas que sirven tantos manuales de autoayuda.

 

Ojo avisor –Aún más crucial, apunta, es tomar conciencia de que una incapacidad sostenida de encontrar motivos para el optimismo puede esconder una primera señal de que nos encaminamos hacia una depresión, de aquí que hayamos de estar muy atentos a estados prolongados de apatía, tristeza y fatiga, tanto psíquica como física. Activar esta suerte de auto evaluación adquiere una urgencia especial en el marco actual, cuando la normalidad ha sido secuestrada sine día por un virus que dificulta y encoge el presente a la vez que estrecha los horizontes. Y si detecta problemas, no dude en buscar la ayuda de especialistas, muchas veces hay que espantar el síndrome de Sant Jordi y aceptar que hay dragones que no se vencen solos.

 

¿Algunas medidas concretas para muscular el optimismo, para allanarle el camino a la satisfacción, para fabricar un escudo de una aleación que repela las tormentas? Por el libro de Rojas Marcos desfilan con generosidad. No deje que el sesgo negativo de las noticias le hagan creer que el Apocalipsis está cada día a la vuelta de la esquina; encuentre tiempo para ese tipo de interrogantes profundos que suelen quedar sofocados por la aceleración de la vida cotidiana, caso, por ejemplo, de “¿cómo puedo ver la vida de otra forma?”, o, “¿cómo mejorar las relaciones con mi entorno?”; practique ejercicio físico de forma regular y márquese retos (si el psiquiatra fue capaz de empezar a correr maratones con casi cincuenta años, ¿por qué usted no?).

 

Bueno, tal vez no haga falta aspirar a tanto pero, dentro de sus posibilidades, ponga en órbita a su ritmo cardíaco; establezca la misma distancia con una visión victimista de sí mismo que la que pondría con gérmenes o vampiros; ligado a lo anterior, equilibre las necesidades de su autoestima como si fuese un niño pequeño, llénela de confianza y positividad pero sin agasajarla tanto que derive en presunción y tiranía; comparta sus emociones y sentimientos, una introversión blindada provoca que se enquisten elementos tóxicos que la extroversión y la conversación ayudan a desbloquear…

 

En definitiva, escúchese, trátese con cariño, desahóguese, espante los males imaginarios y las predicciones funestas, decántese por lentes de colores claros a la hora de observar lo que le rodea. Es una simplificación dañina y absurda considerar que la naturaleza de uno es monolíticamente optimista o pesimista, señala Luis Rojas Marcos, nadie ve el vaso siempre vacío o siempre lleno, del mismo modo que supone un error ampararse en la herencia genética para justificar sin más un carácter que se incline por sistema hacia lo negativo. Puede que el optimismo en ocasiones requiera dedicación y tiempo pero acostumbra a recompensar al que lo busca. Tomando una perla de sabiduría del maestro Yoda, “Abandonarte la Fuerza no puede. Constante ella es. Si encontrarla no puedes, en tu interior y no fuera deberás mirar.

lunes, 21 de diciembre de 2020

Alucinaciones: definición, causas y síntomas


OSCAR CASTILLERO MIMENZA     |     Psicología y Mente

¿Por qué hay personas que sufren alucinaciones? ¿Qué ocurre en sus cerebros?

La percepción es el proceso mediante el cual los seres vivos captan la información proveniente del entorno con el fin de procesarla y adquirir conocimiento sobre este, pudiendo adaptarnos a las situaciones que vivimos. 

Sin embargo, en muchos casos, haya o no un trastorno mental, se producen percepciones que no se corresponden con la realidad, pudiendo agruparse estas alteraciones perceptivas en distorsiones o engaños, principalmente.

Mientras que en las distorsiones perceptivas se percibe de manera anómala un estímulo real, en los engaños perceptivos no hay un estímulo que desencadene el proceso perceptivo. El ejemplo más claro de éste último tipo de alteración perceptiva son las alucinaciones.

Alucinaciones: definiendo el concepto

El concepto que acabamos de mencionar, alucinación, ha ido evolucionando a la largo de la historia y enriqueciéndose su descripción con el paso de los años. Se puede considerar la alucinación como una percepción que ocurre en ausencia de un estímulo que lo desencadene, teniendo quien la padece la sensación de que ésta es real y que ocurre sin que el sujeto pueda controlarla (siendo esta característica compartida con obsesiones, delirios y algunas ilusiones).

A pesar de que generalmente son indicadores de trastorno mental (siendo un criterio diagnóstico de la esquizofrenia y pudiendo aparecer en otros trastornos, como durante los episodios maníacos o durante depresiones), las alucinaciones también pueden aparecer un muchos otros casos, como trastornos neurológicos, consumo de sustancias, epilepsia, tumores e incluso en situaciones no patológicas de elevada ansiedad o estrés (en forma de paroxismo nervioso por el objeto de nuestra ansiedad, por ejemplo).

Veamos a continuación un ejemplo que nos ayude a entender qué es una alucinación

“Un joven llega a la consulta de un psicólogo. Allí, indica a su psicólogo que ha acudido a él porque tiene mucho miedo. Inicialmente se muestra reticente a hablar con el profesional, pero a lo largo de la entrevista confiesa que el motivo de estar en su consulta se halla en que cada vez que se mira al espejo oye una voz que habla con él, insultándole, diciendo que no llegará a nada en la vida y manifestando que debería desaparecer”.

Este ejemplo es un caso ficticio en el que el supuesto paciente ha percibido un estímulo que realmente no existe a partir de una situación concreta (mirarse al espejo). El joven realmente ha tenido esa percepción, siendo para él un fenómeno muy real que no puede dirigir ni controlar. De este modo, podemos considerar que tiene todas las características antes mencionadas.

Sin embargo, no todas las alucinaciones son siempre iguales. Existe una amplia variedad de tipologías y clasificaciones, entre las cuales destaca la que se refiere a la modalidad sensorial en la que aparecen. Además, no todas aparecen en las mismas condiciones, habiendo también múltiples variantes de la experiencia alucinatoria.

Si clasificamos la experiencia alucinatoria según la modalidad sensorial en la que aparecen, podemos encontrarnos con varias categorías.

En primer lugar se pueden encontrar las alucinaciones visuales, percibidas a través del sentido de la vista. En este caso el sujeto ve algo que no existe en la realidad. Estos estímulos pueden ser muy simples, como por ejemplo destellos o luces. Sin embargo, pueden verse elementos más complejos, como personajes, seres animados o escenas vívidas.

Es posible que se visualicen estos elementos con medidas diferentes a las que serían percibidas de ser estos estímulos reales, denominándose alucinaciones liliputienses en el caso de percepciones de menor tamaño y gulliverianas en el caso de verlas agrandadas. Dentro de las alucinaciones visuales también se encuentra la autoscopia, en la que un sujeto se ve a sí mismo desde el exterior de su cuerpo, de una forma semejante a la relatada por pacientes con experiencias cercanas a la muerte.

Las alucinaciones visuales son especialmente frecuentes en cuadros orgánicos, traumatismos y consumo de sustancias, si bien también aparecen en ciertos trastornos mentales.

Respecto a las alucinaciones auditivas, en que el perceptor oye algo irreal, pueden ser simples ruidos o bien elementos con significado completo como el habla humana. 

Los ejemplos más claros son las alucinaciones en segunda persona, en la que como en el ejemplo antes relatado una voz habla al sujeto, las alucinaciones en tercera persona en que se oyen voces que hablan del propio individuo entre ellas o las alucinaciones imperativas, en las que el individuo oye voces que le ordenan hacer o dejar de hacer algoLas alucinaciones de esta modalidad sensorial son las más frecuentes en trastornos mentales, especialmente en la esquizofrenia paranoide.

En lo que respecta a los sentidos del gusto y olfato, las alucinaciones en estos sentidos son poco frecuentes y suelen relacionarse con el consumo de drogas u otras sustancias, además de algunos trastornos neurológicos como la epilepsia de lóbulo temporal, o incluso en tumores. También aparecen en esquizofrenia, normalmente relacionadas con delirios de envenenamiento o persecución.

Las alucinaciones hápticas son aquellas que hacen referencia al sentido del tacto. Esta tipología incluye gran cantidad de sensaciones, tales como las de temperatura, dolor u hormigueo (siendo éstas últimas denominadas parestesias, y destacando entre ellas un subtipo denominado delirio dermatozoico en el cual se tiene la sensación de tener pequeños animales en el cuerpo, siendo típico de consumo de sustancias como la cocaína).

Al margen de éstas, relacionadas con los sentidos, se pueden identificar dos subtipos más.- En primer lugar las alucinaciones cenestésicas o somáticas, que provocan sensaciones percibidas respecto a los propios órganos, normalmente vinculados con procesos delirantes extraños.

En segundo y último lugar las alucinaciones cinestésicas o kinésicas se refieren a sensaciones de movimiento del propio cuerpo que no son producidos en la realidad, siendo típico de los pacientes de Parkinson y del consumo de sustancias.

Como ya se ha comentado, al margen de por donde son percibidas también resulta útil conocer cómo son percibidas. En este sentido nos encontramos con diferentes opciones.

Las denominadas alucinaciones funcionales se desatan ante la presencia de un estímulo que desencadena otro, esta vez alucinatorio, en la misma modalidad sensorial. Esta alucinación se produce, empieza y acaba a la vez que el estímulo que la origina. Un ejemplo sería la percepción de alguien que percibe la sintonía del telediario cada vez que oye el ruido del tráfico.

El mismo fenómeno ocurre en la alucinación refleja, solo que en esta ocasión la percepción irreal se da en una modalidad sensorial diferente. Es el caso que se da en el ejemplo antes expuesto.

La alucinación extracampina se da en los casos en que la falsa percepción se da fuera del campo perceptivo del individuo. Es decir, se percibe algo más allá de lo que podría percibirse. Un ejemplo es ver a alguien detrás de una pared, sin otros datos que pudiesen hacer pensar de su existencia.

Otra modalidad de alucinación es la ausencia de percepción de algo que existe, denominada alucinación negativa. Sin embargo en este caso el comportamiento de los pacientes no se ve influido como si percibiesen que no hay nada, de modo que en muchos casos se ha llegado a dudar de que haya una verdadera falta de percepción. Un ejemplo es la autoscopia negativa, en la que la persona no se percibe a si misma al mirarse a un espejo.

Por último, cabe destacar la existencia de pseudoalucinaciones. Se trata de percepciones con las mismas características que las alucinaciones con la excepción de que el sujeto es consciente de que se trata de elementos irreales.

Hemos podido ver algunas de las principales modalidades y tipos de alucinaciones pero, ¿por qué se producen? 

Si bien no hay una única explicación al respecto, diversos autores han tratado de arrojar luz sobre este tipo de fenómenos, siendo algunas de las más aceptadas aquellas que consideran que el sujeto que alucina atribuye erróneamente sus experiencias internas a factores externos.

Ejemplo de ello es la teoría de la discriminación metacognitiva de Slade y Bentall, según la cual el fenómeno alucinatorio se basa en la incapacidad de distinguir la percepción real de la imaginaria. Estos autores consideran que esta capacidad de distinción, la cual se crea y es posible de modificar a través del aprendizaje, puede deberse a un exceso de activación por estrés, falta o exceso de estimulación ambiental, una alta sugestionabilidad, la presencia de expectativas en cuanto a qué se va a percibir, entre otras opciones.

Otro ejemplo, centrado en las alucinaciones de tipo auditivo, es la teoría de la subvocalización de Hoffman, la cual indica que estas alucinaciones son la percepción del sujeto de la propia habla subvocal (es decir, nuestra voz interna) como algo ajeno a sí mismo (teoría que ha generado terapias para tratar las alucinaciones auditivas con cierta efectividad). Sin embargo, Hoffman consideraba que éste hecho no era debido a una falta de discriminación, sino a la generación de actos discursivos internos involuntarios.

Así, las alucinaciones son formas de "leer" la realidad de forma errónea, como si existiesen elementos que realmente están ahí aunque nuestros sentidos parezcan indicar lo contrario. Sin embargo, en el caso de las alucinaciones nuestros órganos sensoriales funcionan perfectamente, lo que cambia es el modo en el que nuestro cerebro procesa la información que llega. Normalmente, esto significa que nuestros recuerdos se mezclan con los datos sensoriales de un modo anómalo, uniendo estímulos visuales experimentados anteriormente a lo que va sucediendo a nuestro alrededor.

Por ejemplo, esto es lo que ocurre cuando pasamos mucho tiempo a oscuras o con los ojos vendados de modo que nuestros ojos no registrar nada; el cerebro empieza a inventar cosas a causa de la anomalía que supone no recibir datos por esa vía sensorial estando despiertos.

El cerebro que crea un entorno imaginario.- La existencia de las alucinaciones nos recuerda que no nos limitamos a registrar datos acerca de lo que ocurre a nuestro alrededor, sino que nuestro sistema nervioso cuenta con los mecanismos para "construir" escenas que nos cuentan qué es lo que ocurre a nuestro alrededor. Algunas enfermedades pueden llegar a desencadenar alucinaciones de modo incontrolado, pero estas forman parte de nuestro día a día, aunque no nos demos cuenta.

viernes, 18 de diciembre de 2020

Cómo superar el resentimiento: 7 ideas clave


ARTURO TORRES      |      Psicología y Mente

El sentimiento de hostilidad dirigido contra alguien puede llegar a convertirse en todo un problema.

Las emociones pueden llevarnos a reaccionar de manera rápida ante situaciones que requieren de una respuesta urgente, pero, paradójicamente, también nos pueden anclar en el pasado si no sabemos gestionarlas bien.

El caso del resentimiento es el ejemplo más claro de esto último: a través de él, una experiencia pasada es capaz de mantenernos reviviendo una y otra vez el sentimiento de molestia que alguna vez vivimos, pero que en realidad no tendríamos por qué estar sufriendo en el presente.

En este artículo veremos varias claves acerca de cómo superar el resentimiento, reorientar nuestras emociones y dejar de sentirnos frustrados por algo que ya no tiene la importancia que le damos.

Superar el resentimiento, paso a paso

Estas son algunas claves para entender de qué manera se puede superar el resentimiento. Eso sí, no hay que perder de vista el hecho de que cada caso es único y hay que saber adaptar estas ideas al modo en el que se vive en un contexto y un momento determinados.

1. Delimita el motivo de tu resentimiento

La gran mayoría de las ocasiones en las que se experimenta resentimiento, este está dirigido hacia una persona o colectivo concreto (independientemente del tamaño de este último).

Por eso, el primer paso para afrontar este fenómeno psicológico es detectar contra quién estamos dirigiendo esa hostilidad. Esto es algo que puede resultar cuestión de segundos en algunos casos, pero en ocasiones resulta algo complejo, especialmente cuando aquello contra lo cual adoptamos actitudes negativas es algo más bien abstracto.

En todo caso, identificar este elemento nos ayudará a deshacer esa dinámica de hostilidad del modo más rápido posible.

2. Anota las consecuencias negativas de sentir resentimiento

El principal motivo por el que interesa desprenderse del resentimiento es dejar de hacerse daño de uno mismo.

Es importante tener esto muy en cuenta, ya que si no lo hacemos, se dará la paradoja de que el hecho de fantasear con la humillación o derrota de quien creemos que nos ha hecho daño es algo que nos mantiene sumidos en un estado que nos hace sufrir, de manera que le damos a esa otra persona más poder sobre nosotros de la que tendría normalmente.

Por eso, párate a pensar y haz un listado de las consecuencias negativas de sentirte tal y como te sientes al albergar esa antipatía hacia alguien, sin olvidar que el tiempo también es un aspecto a tener en cuenta: cuanto más prolonguemos esta fase, más durarán sus daños.

3. Asume que aceptar no es perdonar

A veces, perdonar es prácticamente imposible, o tan complicado que el coste de intentarlo supera las posibles consecuencias positivas en términos de esfuerzo y tiempo. Por eso, piensa en la diferencia entre perdón y aceptación.

Para tratar con una persona o tenerla cerca en el día a día, no hace falta que sea nuestra amiga, que podamos confiar en ella o que nos caiga bien. Aceptar que algunas personas no están hechas para tener un papel importante en nuestras vidas es necesario para superar el resentimiento que en algunos casos podamos albergar contra alguien.

4. No dejes que el cero contacto te esclavice

A veces, alejarse de una persona es bueno para superar la primera fase del enfado, pero esta etapa no debería prolongarse demasiado si no queremos que las consecuencias negativas de ver nuestra libertad restringida a la hora de movernos se convierta en una fuente más de malestar y resentimiento.

5. Aprende a no tomártelo como algo personal

No tomarse algo de manera personal no significa congraciarse con alguien y asumir que no pretendía herirnos. En efecto, el mundo está lleno de personas que dadas las condiciones adecuadas puede pretender herirnos, pero eso no significa que debamos darle importancia a sus intenciones.

Si adoptamos una perspectiva distante, veremos que los sucesos solo tienen importancia si se la damos, y que a no ser que les demos protagonismo a quienes nos ofenden, podemos hacer que lo que opinen de nosotros o el hecho de que nos intenten incomodar no tenga importancia.

6. Asume que la gente no es perfecta

Finalmente, nos ahorraremos muchos momentos de enfado y resentimiento si aprendemos a aceptar que cometer errores no es en sí motivo para que nos enemistemos con alguien, incluso si eso tiene consecuencias significativamente negativas para nosotros.

La vida no es perfecta y todo el mundo tiene momentos en los que les fallan las fuerzas o en los que se toman las decisiones equivocadas. Si eso nos produce frustración es una cosa, pero no implica que debamos culpar a alguien por haberse equivocado.

7. Cambia de estilo de vida

Incluso aunque tengamos motivos muy válidos para estar resentidos con alguien o con un grupo de personas, quien más se ve perjudicado por esa situación es uno mismo.

Por eso, saber cómo superar el resentimiento no es tanto un acto por el que valoramos si tenemos motivos para culpar a alguien de algo malo que ha ocurrido, como un acto para pasar página y centrarnos en otros aspectos de la vida que nos resulten más estimulantes.

Y como es muy complicado pensar de manera diferente haciendo exactamente lo mismo, es importante que modifiques ciertas cosas de tu día a día. Nuevas aficiones, nuevas amistades, nuevos lugares... Todo esto te permitirá cerrar una etapa de tu desarrollo y pasar a otra en la que el pasado no te limite tanto y puedas mirar atrás sin que el malestar te domine.

martes, 15 de diciembre de 2020

Los 10 consejos del popular psiquiatra Enrique Rojas para ser feliz: la clave es valorar bien


ReligiónenLibertad   |   11/12/2020

De su nuevo libro «Todo lo que tienes que saber sobre la vida»

El psiquiatra Enrique Rojas da consejos para la vida, que ayudan a afrontar las dificultades con madurez y serenidad.

El popular psiquiatra y divulgador Enrique Rojas, catedrático con más de 3 millones de libros vendidos, publica ahora Todo lo que tienes que saber sobre la vida, un libro lleno de sabiduría práctica, que anima a tener ideas claras, fortalecer la voluntad, ser generoso, educar las pasiones y apoyarse en la fe. El libro está organizado en 12 capítulos y el último recoge estos 10 consejos.

Diez consejos para ser feliz

1. La felicidad consiste en ser capaz de cerrar las heridas del pasado.

"La felicidad consiste en tener buena salud y mala memoria. Los psicólogos y los psiquiatras sabemos lo importante que es ayudar a nuestros pacientes a hacer la cirugía estética del pasado, cerrando heridas de forma definitiva y sabiendo encajarlas de forma adecuada en el organigrama de nuestra biografía".

Una persona que no puede cerrar esas heridas puede convertirse, advierte, en una persona "agria, amargada, resentida y echada a perder. En términos psiquiátricos, se convierte en neurótica por esa rampa deslizante y se va viendo invadida de conflictos no resueltos que, antes o después, asoman y la dañan y vuelvcen tóxica".

Entre los autores que han vivido experiencias duras, sobre todo en la cárcel y bajo amenaza, y han escrito de ellas con desapego y perdón, recomienda a Santo Tomás Moro, el cardenal Van Thuan, el misionero en el gulag Walter Ciszek, el escritor ortodoxo Aleksandr Solzhenitsyn o el dramaturgo y político checo Vaclav Havel.

2. Aprender a tener una visión positiva de la vida

"Esto hay que aprenderlo, como casi todo", advierte. "La clave está en el esfuerzo psicológico, un trabajo de artesanía personal mediante el cual vamos siendo capaces de descubrir la dimensión más positiva de la realidad, ese segmento que se esconde en el fondo de los hechos y que tiene unas notas positivas que nos puede enseñar lecciones muy sabias".

Implica la resiliencia, "la capacidad para sacar fuerzas de una experiencia traumática y darle la vuelta y de ese modo ser capaz de ser inexpugnable, pétreo, inalterable, blindado... es todo arte, y significa adquirir una fortaleza extraordinaria para lograr la superación".

3. Tener una voluntad de hierro

"Necesita ser educada desde los primeros años de la vida. Es una pieza clave en la psicología que, si es sólida, consigue que nuestros objetivos y metas lleguen a buen puerto. Toda educación empieza y termina por la voluntad. Tener una voluntad firme es uno de los más claros indicadores de madurez de la persona".

4. Tener un buen equilibrio entre corazón y cabeza

Amor e inteligencia forman un bloque bien armado. tener una afectividad sana implica mover bien los hilos de las relaciones con los demás, cargándolas de sentimientos verdaderos, auténticos, sin doblez, descubriendo que lo afectivo es lo efectivo. Y a la vez saber utilizar bien los instrumentos de la razón: la lógica, el análisis, la síntesis, el discernimiento. Ser capaces de respirar por estos dos pulmones a la vez".

5. Es necesario tener un proyecto de vida coherente y realista

El proyecto de vida, explica el psiquiatra, implica cuatro grandes temas: amor, trabajo, cultura y amistad. Debe ser coherente (con "el menor número de contradicciones posibles"). Debe ser realista, "ajustarse a los hechos de la vida personal y del entorno, aunque con ilusión". Hay que cuidar el amor, hay que estar en un trabajo "que agrade y que saque lo mejor de uno mismo", la cultura da libertad y criterio, y la amistad se construye con afinidad, donación, confidencia.

6. Poner los medios para hacer felices a otras personas

Al volcarnos en hacer felices a los demás olvidamos nuestros problemas y dificultades y eso es bueno. "¿Qué puedo hacer para dar unas gotas de felicidad a los que me rodean?" es una pregunta para hacernos con frecuencia. "Hay más alegría en dar que en recibir", dice el psiquiatra, citando una frase que San Pablo dice que es de Jesucristo (aunque no aparece en los Evangelios). También en psiquiatría y psicología, muchos pacientes mejoran en cuanto perseveran un tiempo en servir y ayudar a los demás.

7. Capacidad para apreciar las pequeñas alegrías de la vida cotidiana

"Se trata de saber parar el reloj y detener el tiempo que corre fugaz y apresarlo para, en esos momentos, saborear el instante, sencillo pero muy positivo. Hay una felicidad grande que se refiere a la exploración de cómo va nuestra vida en sus conjunto, y otra felicidad pequeña, que aspira solo a saber disfrutar de lo menudo, de lo cotidiano, desde un paisaje bonito a una excursión por la montaña a la lectura de un libro que nos tiene absorbidos, pasando por una comidad o una cena agradables..."

8. Saber valorar las cosas que uno tiene y las que uno ha conseguido

"Lo importante no es haber conseguido ciertas metas -que lo es- sino reconocerlo, apreciarlo, evaluarlo, reconocer que detrás de ellos ha habido lucha, esfuerzo, volver a empezar", advierte Enrique Rojas. Es bueno poder ver cómo se ha ido desarrollando nuestra vida, con sus frutos, "sus avatares y las mil y una peripecias" que nos han sucedido.

9. Darle a las cosas que nos pasan la importancia que de verdad tienen

Con equilibrio de razón y emoción podemos juzgar en su justa medida lo que nos afecta, y quitar importancia a muchas cosas que nos llevan a la tristeza y melancolía. Hay que saber mirar con perspectiva, poniendo distancia. Para eso, es decisivo saber hacia donde queremos ir. El fracaso es a menudo necesario para el desarrollo y la maduración de la personalidad. Con esa perspectiva, no nos derrumbamos en los momentos malos, sino que nos crecemos ante la adversidad. Sobre esto, Rojas recomienda el libro de Ricardo Yepes Stork "Fundamentos de antropología" (Eunsa, Pamplona, 1996).

10. No equivocarse en las expectativas: frenar ambiciones excesivas

La existencia humana siempre tendrá límites y barreras y, como dice el refrán, "no hay que pedirle peras al olmo". "La felicidad absoluta no existe, es una utopía", al menos en este mundo. Pero se puede aspirar a una felicidad razonable, desde la moderación. Al final consiste en "descubrir quién quiero ser, hacia dónde quiero dirigirme, y luego aceptar con serenidad las adversidad y las cosas que al final no salieron bien".

El libro, de unas 240 páginas, aborda varios temas como el amor y el enamoramiento, la madurez sentimental, cómo tener una personalidad madura y equilibrada, la educación sexual y la pornografía (en todas las edades), algunas ideas para vivir bien en pareja, por qué los hombres son emocionalmente más inmaduros que las mujeres, como elegir bien un cónyuge, cómo ganar en fuerza de voluntad y cómo afrontar las adversidades de la vida.

sábado, 12 de diciembre de 2020

El profesor no sabe detectar situaciones de acoso escolar porque carece de formación


ANA I. MARTÍNEZ    |     Madrid     |     ABC     |    01/12/2019

Carmen Cabestany, secretaria de la asociación No Al Acoso Escolar/NACE, desgrana los datos del I Estudio sobre la percepción de la sociedad española sobre «bullying», desarrollado por Totto y Gestionando Hijos.

«El acoso escolar es, a mi juicio, el presagio de lo que va a ocurrir en un futuro en la sociedad. Estamos hablando de algo importante», ha asegurado este miércoles Leo Farache, director de Gestionando hijos, con motivo de la presentación del I Estudio sobre la percepción de la sociedad española sobre « bullying» en colaboración con la firma Totto.

El acoso escolar es, en la actualidad, una realidad silenciada. En España, 1 de cada 5 niños escolarizados son víctimas del acoso. Un dato preocupante que empeora con otro: solo el 15% de las víctimas se atreven a contárselo a familiares, profesores… «Faltan datos, sensibilidad y ganas de hacer cosas para afrontar y resolver este problema que no solo atañe a la comunidad educativa. También a empresas, familias, ámbito sanitario, etc.», ha alertado Carmen Cabestany, profesora secretaria de la asociación No Al Acoso Escolar (NACE), quien ha mostrado su satisfacción por este informe ya que ofrece datos muy alarmantes pero vitales para empezar a actuar.

Una de las conclusiones del estudio es que sólo 2 de cada 10 profesores se sienten preparados para resolver situaciones de acoso. «No es que los docentes quieran mirar para otro lado. Es que hay falta de formación», ha explicado Cabestany, quien ha recordado que en la carrera, nadie forma a los futuros docentes en este asunto y sí en otros, como en nuevas tecnologías. De ahí su falta de capacidad de actuación.

«Además, el acoso no se produce delante del maestro. Así que si no lo sabe detectar a tiempo e intervenir, no es porque no quiera sino porque el profesor no sabe», ha explicado.

Para los expertos, la formación es vital para acabar con este problema social y más teniendo en cuenta que 1 de cada 2 españoles ha presenciado alguna vez una situación de «bullying», una cifra que asciende a 8 de cada 10 en el caso de los jóvenes (18-24 años). Además, según el estudio, 1 de cada 3 jóvenes que ha presenciado un caso de acoso escolar se ha quedado al margen.

«A mí, muchas veces me comentan que en mi época había más acoso y no pasaba nada», ha comentado Farache. «Nos silenciaron», ha defendido con rotundidad. «Hoy tenemos un nombre: 'bullying'. También información. Y, además, el 94% de los españoles considera que el acoso escolar es un tema de gran importancia en el que toda la población debe involucrarse». A este respecto, la secretaria de la asociación NACE ha añadido: «Este último dato es muy significativo porque antes no se hablaba del acoso escolar. A partir de aquí, ya podemos empezar a caminar en la buena dirección».

Acoso psicológico

La encuesta, que se ha realizado sobre un total de 2019 personas, de las cuales, 1369 son madres y padres, 370 son docentes y 218 jóvenes de entre 18 y 24 años, desvela que 1 de cada 4 españoles aseguran que sus hijos han sufrido «bullying» en alguna ocasión. El 65% afirma que el acoso ha sido de tipo psicológico. Y los progenitores percibieron ciertos cambios en sus menores: el 60% declara que estaba más triste y el 43% que no quería ir al colegio.

«El acoso verbal se ha normalizado. El 'bullying' psicológico es muy alto porque todos los acosos tienen componente psicológico», ha explicado Cabestany. «El acoso de exclusión es, sin embargo, el más oculto -ha continuado-. Y cuesta más que los profesores lo detecten. Es cuando el acosado se esconde, se aísla, se automargina. Y no precisamente por su culpa».

En este sentido, los progenitores y docentes tienen ciertas claves que pueden utilizar para saber si su hijo o estudiante es víctima. Tal y como ha explicado la experta, se basa en la regla CCC (cuerpo, carácter, campanas), para progenitores, y CCCC (cuerpo, carácter, campanas, costumbres) para docentes. La primera C hace referencia al cuerpo del niño (se pone capuchas, se tapa más de la cuenta, miran al suelo, arrastran los pies...); la segunda al carácter (el niño que sufre acoso está más irritable, el brillo de la mirada lo pierden, lloran, tienen alteraciones con el sueño o las comidas, etc.); la tercera a las campanas o novillos (es decir, el absentismo escolar) y la cuarta a la costumbre (es decir, los docentes ven que el niño llega tarde a clase porque no quiere coincidir con los acosadores en las escaleras o pasillos del colegio o piden ir al lavabo a deshoras porque evitan ir en el recreo o se acercan mucho al profesor).

Niños «tiranos»

En cuanto a las causas del acoso, 7 de cada 10 encuestados afirma que el problema radica en la familia. El 72% de los españoles piensan que los niños que ejercen «bullying» provienen de familias cuyos padres les dejan hacer lo que quieren. «No siempre pero es el perfil que puede degenerar en un acosador porque está acostumbrado incluso a maltratar a los padres (no violencia física pero sí psicológica) para salirse con la suya», ha dicho la docente.

A su vez, el 89% de los españoles piensa que cada vez se dedica menos tiempo a la educación de los hijos en casa. El dato aumenta si se les pregunta a los profesores, que lo creen en un 95% de los casos.

Precisamente, los docentes no lo tienen nada fácil a pesar de ser uno de los máximos protagonistas del acoso escolar porque es en el colegio dónde se produce. Su falta de formación provoca que el 77% considere que su carencia le impide afrontar esta situación. Además, el 76% de los profesores consideran que el «bullying» afecta mucho al desempeño de su actividad en el centro escolar y el 67% consideran que son ellos los responsables de gestionar estos conflictos.

Padres y profesores, juntos

Sin embargo, el 83% de los españoles cree que los profesores no tienen suficiente autoridad y no se les respeta, y el 85% de los españoles creen que los padres contribuyen a que a los profesores no se les respete.

«Esto es muy grave», ha advertido Carmen Cabestany, que ha insistido en la necesidad de que padres y docentes caminen de la mano. «Los niños tiene dos pies y dos manos. Para dar pasos firmes en la vida, deben caminar de una mano del profesor y, de la otra, de los padres. Si no tenemos esa unión clara, estamos causando un perjuicio al alumno e hijo», ha subrayado. La docente también ha señalado que los primero que dicen los padres de un posible acosador es: «Mi hijo no, quien ha dicho esto, donde está la prueba».

Llama especialmente la atención que el estudio contemple que el 95% de los españoles cree que las instituciones deberían incluir un protocolo de actuación frente al «bullying». Algo que ya existe. Tal y como ha explicado la secretaria de la asociación NACE, depende del director del centro activarlo. «Si el centro no tiene interés en que salga ese caso de acoso escolar, están sesgados los protocolos desde la base. Y si encima los profesores dicen que no han visto nada porque carecen de formación, el acosador niega acosar, los 'chivatos' se callan... El protocolo se cierra porque sale negativo. Esto es lo que sucede en la mayoría de los casos», ha alertado Cabestany, por lo que ha insistido en la necesidad de ver el acoso escolar como un problema social porque se da «en el ámbito de la administración».