domingo, 14 de junio de 2026

Soledad en tiempos de hiperconectividad: cuatro claves para abordarla y fortalecer el bienestar

Por *INECO      |      infobae.com      |      08/05/2026

En exclusiva para Infobae, especialistas de Ineco brindan claves para identificar señales de desconexión emocional y proponen recursos prácticos


En un contexto donde la tecnología nos permite estar en contacto las 24 horas del día, muchas personas refieren sentirse más solas y desconectadas que antes.

Para comenzar a entender este fenómeno es necesario distinguir entre dos términos que a menudo se confunden: soledad y aislamiento social. Mientras que el aislamiento se refiere a la falta objetiva de vínculos o interacciones sociales, la soledad es una experiencia subjetiva: no se trata simplemente de estar solo, sino del malestar que aparece cuando percibimos una brecha entre las conexiones que deseamos y las que efectivamente tenemos.

La diferencia es crucial porque explica por qué individuos con muchas personas a su alrededor pueden sentirse muy solos. La respuesta emocional a la soledad es complicada y cuando persiste, puede convertirse en un ciclo vicioso y afectar gravemente la salud mental, incluyendo respuestas como ansiedad, depresión y un impacto significativo en la autoestima.

La soledad crónica, según múltiples estudios, no solo nos puede afectar desde una perspectiva emocional, sino que también puede estar relacionada a una tendencia en cascada de mala salud general.

Lo que comienza como una experiencia subjetiva puede convertirse en una combinación más amplia de enfermedades físicas y psicológicas si no se aborda a tiempo, incluyendo una mayor susceptibilidad a enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 e incluso deterioro cognitivo, entre otras. Por lo tanto, si se considera la soledad como un problema de salud real y relevante, reconocer que existe es un primer paso fundamental para poder intervenir.

“A pesar de esto, es importante aclarar que no toda la soledad es problemática: sentirse solo ocasionalmente es una experiencia humana compartida. El desafío surge cuando este sentimiento se manifiesta muy frecuentemente e incluso comienza a influir en cómo pensamos, sentimos o nos comunicamos con otras personas en general. En este caso, algunos patrones específicos de pensamiento y acción, como anticipar el rechazo, evitar compromisos o no estar realmente presentes para los demás, pueden perpetuar y también profundizar esta desconexión”, señala la licenciada María Consuelo Véliz (MN 78833), miembro del Departamento de Psicoterapia de INECO.

Recomendaciones para el abordaje efectivo

A continuación, la licenciada Véliz brinda algunas sugerencias:

Recomendación 1

Identificar pensamientos desadaptativos que sostienen la soledad, como “nadie me entiende”.

Muchas personas que se sienten solas presentan pensamientos automáticos como “a nadie le importo” o “voy a ser una molestia”. Aunque detectar estos pensamientos pueda ser un desafío, cumplen un rol importante en cómo nos conectamos con los demás. Identificar estos patrones de pensamientos desadaptativos y ver cómo impactan en nuestro comportamiento puede ser un buen primer paso para empezar a cambiar.

Recomendación 2

Cuestionar y reformular estos pensamientos

Por ejemplo, si aparece el pensamiento “voy a hacer el ridículo”, preguntarse qué evidencia tenemos realmente. ¿Hay formas alternativas de ver esta situación? ¿Cuál es la evidencia que tenemos de que realmente va a suceder esto? Al reemplazar esos pensamientos por pensamientos más equilibrados, nos sentimos menos ansiosos y más capaces de relacionarnos con los demás.

Recomendación 3

Activarse conductualmente, aunque no haya ganas. Por ejemplo desarrollar una actividad social.

La soledad frecuentemente resulta en evitación: no responder un mensaje, cancelar planes, no iniciar contacto. La activación conductual sugiere lo contrario, planear pequeños pasos concretos como aceptar una invitación, escribirle a alguien o involucrarse en una actividad social. La motivación rara vez se ve antes de la acción, a menudo aparece después.

Recomendación 4

Desarrollar habilidades sociales y emocionales, como conversar.

El desafío a veces no es solo lo que pensamos, sino cómo actuamos frente a los demás. Si hacemos uso de estrategias para la adquisición de nuevas habilidades sociales y su entrenamiento, como iniciar conversaciones, mantenerlas, escuchar activamente y expresar opiniones de manera asertiva, podemos empezar a sentirnos más conectados.

Si la sensación de soledad se vuelve persistente o genera malestar significativo, es importante consultar con un profesional o equipo de salud mental que pueda brindar un acompañamiento adecuado.

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*Grupo INECO es una organización dedicada a la prevención, diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales.  A través de su Fundación INECO, investiga el cerebro humano.

sábado, 13 de junio de 2026

Lola López, psicoanalista: "La depresión tiene tanta presencia porque las exigencias a los individuos son muy altas"

El confidencial     |     elconfidencial.com     |     09/06/2026

Cada vez más personas sienten que no pueden sostener el ritmo de vida actual y alerta sobre el impacto de la presión constante, la hiperproductividad y la dificultad para comprender las propias emociones

La ansiedad, la depresión y la sensación constante de no llegar a todo forman parte del paisaje emocional de millones de personas. Para la psicoanalista y ensayista Lola López Mondéjar, este malestar no surge de la nada: responde a una sociedad que impone expectativas cada vez más difíciles de sostener psicológicamente.

Durante una extensa conversación en el pódcast Arpa Talks, la autora de Sin relato e Invulnerables e invertebrados reflexiona sobre el auge de los trastornos emocionales, la hiperexigencia contemporánea y la dificultad actual para construir un relato sobre uno mismo. “La depresión tiene tanta presencia porque las exigencias implícitas al sujeto contemporáneo son muy altas”, explica.

La especialista sostiene que muchas personas viven atrapadas entre lo que creen que deberían conseguir y la capacidad real que tienen para soportar esa presión. “Hay una distancia entre sus expectativas y su fuerza psíquica para alcanzarla tan grande que aparece un juicio devaluador de sí mismo”, afirma. Para López Mondéjar, esa sensación de fracaso permanente alimenta buena parte del sufrimiento psicológico actual.

La psicoanalista también pone el foco en la ansiedad, uno de los problemas de salud mental más extendidos. A su juicio, detrás de muchos ataques de pánico y cuadros ansiosos existe una incapacidad creciente para comprender y elaborar lo que sentimos. “Hay una atrofia de la capacidad narrativa”, señala. Según explica, muchas personas experimentan angustia sin poder identificar su origen ni poner palabras a sus emociones.

En ese sentido, defiende que el psicoanálisis no busca ofrecer respuestas rápidas ni recetas cerradas, sino ayudar a construir una mirada más consciente sobre la propia vida. “Es un proceso más que de crear un relato cerrado, de observarte, de construir un yo observador”, resume. La autora insiste en que el objetivo no es alcanzar una explicación perfecta sobre uno mismo, sino desarrollar una mayor capacidad de reflexión y comprensión emocional.

López Mondéjar relaciona además este malestar colectivo con el ritmo acelerado de la vida contemporánea. Considera que vivimos en una dinámica constante de productividad y estímulos que deja poco espacio para pensar. “Tenemos tantas cosas y hacemos tantas cosas tan rápidamente que apenas da tiempo a crear un acontecimiento biográfico”, asegura. A su juicio, esa velocidad dificulta la construcción de recuerdos significativos y de una identidad sólida. Frente a ello, reivindica recuperar tiempos y espacios más pausados. Hablar con amigos, caminar sin distracciones, comentar una película o simplemente detenerse a pensar son, para ella, formas de resistir a una cultura marcada por la hiperactividad permanente. “Tenemos que reducir el ritmo, bajar la aceleración”, defiende.

La autora también cuestiona el modelo social basado únicamente en el éxito económico y la productividad. “El dinero por el dinero me parece una perversión”, afirma. Para López Mondéjar, las condiciones materiales básicas para una vida digna pasan por “aire limpio, casa, trabajo, vínculos y posibilidad de tener propósitos de futuro”. Cree que muchas personas podrían vivir de forma más plena si esas necesidades esenciales estuvieran garantizadas.


Otro de los conceptos que atraviesa su reflexión es la “fantasía de invulnerabilidad”, una idea que desarrolla en sus ensayos y que describe a individuos hiperadaptados a las exigencias sociales. Según explica, existe una presión constante por mostrarse fuerte, exitoso y emocionalmente impenetrable, algo que termina desconectando a muchas personas de su propia fragilidad.

“Ni la enfermedad, ni ser padre, ni ser víctima de algo pueden ser una identidad masiva”, sostiene. La psicoanalista considera que parte del bienestar emocional pasa precisamente por aceptar la complejidad humana y abandonar la necesidad de definirse únicamente a través de una etiqueta o un rol concreto.

En un momento en el que la salud mental ocupa cada vez más espacio en el debate público, las reflexiones de López Mondéjar apuntan a una idea central: detrás de muchos problemas emocionales no solo hay cuestiones individuales, sino también una forma de vida marcada por la presión constante, la aceleración y la dificultad para encontrar sentido a lo que nos ocurre

domingo, 7 de junio de 2026

Cómo es la nueva terapia contra la depresión que se enfoca en encontrar caminos hacia la alegría

ALEXIS PAIVA MACK      |      latercera.com      |      07/05/2026

Un estudio publicado en JAMA determinó que el tratamiento de afecto positivo (PAT, por sus siglas en inglés) presentó resultados prometedores en ensayos clínicos. Los autores aseguran que este tipo de terapia se centra en que los pacientes aprendan nuevas habilidades que mejoran el estado de ánimo.

Una investigación publicada a finales de abril en la revista científica JAMA se centró en estudiar cómo una terapia relativamente nueva, llamada tratamiento de afecto positivo (PAT, por sus siglas en inglés) puede afectar la anhedonia.

Esta última, en términos sencillos, es la incapacidad de experimentar alegría o placer.

Según distintos especialistas, la anhedonia es uno de los síntomas más comunes y peligrosos de la depresión. Sin embargo, usualmente no es uno de los que más tratan los diferentes tipos de terapias.

El profesor de psicología en la Universidad de Vanderbilt, Steven Hollon, quien ha investigado la depresión y la ansiedad durante décadas, declaró recientemente al Washington Post que la psicoterapia y la medicación pueden ser medidas altamente efectivas para reducir las emociones negativas.

En sus palabras: “Hacemos un buen trabajo ayudando a las personas a sentirse mejor”.

No obstante, comentó Hollon, lo que ha sido más difícil de lograr es que las personas con depresión o ansiedad se sientan realmente bien.

Los resultados de la investigación publicada en JAMA fueron “sorprendentes”, según el académico de Vanderbilt.

Qué es el tratamiento de afecto positivo (PAT) y cómo se desarrolla este tipo de terapia

La profesora adjunta de psicología clínica en la Universidad de Virginia Commonwealth, Anne Haynos, explicó al citado periódico que el PAT está diseñado para ayudar a los pacientes a encontrar más alegría, conexión y sentido.

Afirmó que, usualmente, el objetivo de los terapeutas es reducir los síntomas de depresión o ayudar a superar una fobia o ansiedad social.

El PAT, en cambio, se centra en que los pacientes aprendan diversas habilidades que mejoran el estado de ánimo, tales como incorporar actividades positivas a sus vidas y centrarse en disfrutar de esas experiencias.

“Esto representa un cambio de paradigma en el diseño habitual de las terapias”, comentó Haynos.

La psicólogos clínica y profesora de psicología en la Universidad Metodista del Sur, Alicia Meuret, quien dirigió el estudio publicado en JAMA, explicó al Post: “Sabemos que la anhedonia se desarrolla cuando el sistema de recompensa del cerebro se vuelve menos sensible a las experiencias positivas”.

“La terapia de afecto positivo busca ayudar a las personas a recuperar la capacidad de experimentar placer y motivación cuando el estado de ánimo positivo es bajo, actuando directamente sobre el sistema de recompensa del cerebro”.

Meuret precisó que el objetivo del PAT no es ignorar las emociones negativas, sino aumentar la resiliencia y ayudar a la mente a estar más receptiva a las razones para sentir esperanza.

Agregó que aspectos como la generosidad y la amabilidad no solo pueden ser agradables. También, aseguró, pueden mejorar el estado de ánimo.

“Por supuesto, todos tenemos días en los que nos sentimos desmotivados, en los que nos cuesta tener sentimientos positivos, en los que nos sentimos desconectados, en los que nos sentimos insatisfechos. Por eso, las técnicas PAT pueden ayudar a cambiar este estado, redirigiendo intencionadamente la atención hacia los aspectos positivos de una experiencia“.

A modo de ejemplo, dijo que le suele pedir a sus pacientes que asistan a una reunión social y presten atención a los aspectos positivos de ese momento, tales como el sabor de la comida o qué se siente hablar con un amigo que no se ha visto en mucho tiempo.

Afirmó que aunque no todas las experiencias son positivas, el tiempo y la reflexión pueden ayudar a que se rescaten elementos positivos.

La investigación realizada por Meuret y sus colegas concluyó que el PAT puede ser más eficaz que la terapia tradicional para ayudar a las personas a reeducar su cerebro y experimentar emociones más positivas y menos negativas.

“Esperábamos que el tratamiento del afecto positivo (PAT) fuera mejor para mejorar el afecto positivo y la anhedonia, y que el tratamiento del afecto negativo (NAT), centrado en disminuir los síntomas de depresión y ansiedad como la ira o la tristeza, fuera mejor para disminuir el afecto negativo. Pero en todos los casos, el PAT fue superior”.

“Este fue un hallazgo realmente importante, sobre todo porque pudimos replicarlo tres veces”, dijo Meuret, refiriéndose a la cantidad de ensayos clínicos que hizo su equipo.

La profesora distinguida del Departamento de Psicología de la Universidad de California en Los Ángeles, Michelle Craske, quien también participó en la investigación publicada en JAMA, aseguró que han visto indicios prometedores de que las personas que se someten al PAT modifican las vías neuronales de su cerebro.

“Reaccionan con mayor intensidad, activan las regiones cerebrales que normalmente se activan cuando anticipamos algo positivo o experimentamos algo de forma más positiva. Con este tratamiento, estamos activando vías neurobiológicas específicas”, declaró al Post.

Pese a sus hallazgos, los autores reconocieron que el estudio tuvo limitaciones.

“Si bien nuestros resultados sugieren precedencia temporal y controlan los efectos autocorrelacionados, no establecen causalidad ni descartan variables externas no medidas”, escribieron en la publicación.

Anticiparon que se necesitan más investigaciones con muestras más grandes para descifrar en detalle los potenciales beneficios y efectos de este tipo de tratamiento.

Cabe recordar que, si tienes dudas sobre tu salud mental, siempre es recomendable acudir a especialistas para evaluar tu caso y las mejores formas de abordarlo.

viernes, 5 de junio de 2026

Cristina Gutiérrez Lestón: “Me parece bien la idea de agentes-tutores; padres y maestros han perdido autoridad y hay que recuperarla”

EVA MILLET      |     lavanguardia.com      |     06/05/2026    

Miles de escolares pasan cada año por La Granja Ability Training Center, un centro educativo que trabaja competencias emocionales básicas para niños desde hace veinte años

En 1984, los padres de Cristina Gutiérrez Lestón fundaron una granja-escuela a los pies del Montseny para acercar el medio rural a los niños. Cuando su hija se incorporó la empresa familiar, poco imaginó que acabaría dirigiendo un centro pionero en España en educación emocional por el que pasan más de 40.000 criaturas cada año. Pero, como argumenta Cristina, si las emociones nos acompañan día a día y muchas decisiones y conflictos son provocados por ellas: ¿Por qué no aprender a gestionarlas, ya desde niños, como se aprenden otras materias? Con este punto de partida ha creado el Método La Granja©, que celebra su veinte aniversario, y ha escrito tres libros sobre el tema.

¿Es necesario aprender a gestionar nuestras emociones?

Tradicionalmente, valores como la empatía, el agradecimiento y la generosidad se aprendían observando los referentes, tangibles, de cada uno: nuestros padres, abuelos y maestros. Incluso, la religión. Lo que pasa es que estamos en un momento de aceleración, en el que imperan las pantallas, donde niños y adultos pasan muchas horas y hay mucha agresividad, conflictos y estrés. La llamada “generación ansiosa” es un hecho y las pantallas han sido una de las grandes impulsoras. Todo ello nos aleja del autoconocimiento, nos desregula emocionalmente y nos acerca a estos niveles, muy elevados, de patología mental que estamos viendo.

Las exigencias de la crianza también han aumentado: hoy los padres han de ser expertos en cosas que hasta hace poco se consideraban intuitivas, como la gestión emocional. ¿No es demasiado?

Si los padres no saben gestionar sus propias emociones será difícil educar emocionalmente a los hijos. Yo siempre hablo de un concepto clave: la gravitación emocional o la tendencia de los humanos a dejarnos llevar por las emociones más potentes que sentimos, que son el miedo, la ira y la tristeza; por este orden. Este es un buen punto de partida: entender que la naturaleza no te empuja hacia la felicidad, el amor y la alegría, sino hacia estas otras tres emociones, más “oscuras”, que, además, son las más contagiosas. Es importante ser consciente de ello.

Se habla de una epidemia de salud mental, pero el tema de la gestión emocional lleva tiempo sobre la mesa: ¿De que ha servido, entonces, si la gente no está bien?

Porque falta práctica: se habla mucho de emociones, pero no se practica cómo regularlas. Es como enseñar a conducir solo con la teórica… Hablar de emociones sería la parte teórica y está muy bien, pero si no hacemos la práctica, no sirve de nada: esa es la verdadera educación emocional.

Lleva más de dos décadas dedicada a este tema: supongo que ha visto resultados positivos…

Sí, y no solo a nivel profesional; también lo hemos medido de manera científica. Desarrollar las competencias emocionales (es decir: ser conscientes de lo que sentimos y tener herramientas para lidiar con ello), nos servirá durante el resto de su vida. Mejora el bienestar, es algo científicamente comprobado. Lo que pasa es que estamos en un momento, te diría, de ‘tsunami’ y gravitamos hacia el miedo, la ira, la tristeza y la agresividad.

Hablando de agresividad: ¿Qué le parece el proyecto de la Generalitat de introducir ‘mossos’ de paisano en los centros educativos más conflictivos?

En La Granja formamos a policía municipal y veo que, bien llevada, esta idea de agentes-tutores, un modelo de policía de proximidad que trabaja dentro del ámbito escolar y comunitario, es genial. ¿Por qué? Porqué estamos viendo que figuras tradicionales de autoridad como los padres, los maestros, el director de la escuela, los médicos incluso, han perdido el poder; no se les respeta ¡Hoy se pega a maestros, a médicos! Por tanto, hemos de usar la autoridad de aquellos que todavía la tienen. Es importante recuperarla y ser una tribu que educa. En un pueblo, por ejemplo, el policía municipal es quien se encarga de velar por una buena convivencia, con lo cual, si hay centros que piden esta figura y van ‘mossos’ formados, con esta mirada, a mí me parece muy bien.

¿Conoce alguna experiencia similar?

En Terrassa, en una escuela con la que colaborábamos, había problemas de bullying —que, no olvidemos, es violencia—. Se puso en marcha una colaboración entre el centro y la policía local que, al principio, fue polémica, pero cuando se vio la efectividad, todo cambió.

Usted alerta del pesimismo como una emoción cada vez más potente, pero, tal y como está el mundo, con guerras, desigualdad, crisis climática, escasez de vivienda… ¿Es posible criar sin pesimismo?

Si criamos así lo que tendremos es una generación de pesimistas, de gente dependiente. Lo contrario al pesimismo es la ilusión, la perseverancia y la pasión, por lo que hay que tratar de buscar un mensaje más positivo. Desigualdades siempre ha habido y mucho más fuertes: hace un siglo las mujeres no podían votar, morías de enfermedades que hoy se curan en la sanidad pública… En muchas cosas estamos en una de las mejores épocas de la humanidad. Yo sigo teniendo esperanza: somos capaces de muchas cosas buenas y es posible cambiar el discurso, porque —y eso es algo básico en la gestión emocional—, si hablamos siempre desde el pesimismo y la fatalidad, lo contagiamos a nuestros hijos.

Otra opción de muchos frente al panorama incierto es sobreproteger a la prole. Usted siempre ha alertado sobre ello: ¿por qué?

Porque la sobreprotección es la enemiga de la autonomía, crea personas dependientes; tendremos que estar toda la vida detrás de ellos. Además, si no permito que mi hijo se frustre, le estoy engañando, porque en algún momento no conseguirá lo que quiere. Y se puede frustrar con cinco años, llorar un poco y empezar a aprender, o a los veintiuno y, a lo mejor, empezar a autolesionarse… Como padres, decidimos cuándo empezar a entrenarlos en algo tan básico como es aprender a tolerar la frustración.

En los últimos años ha irrumpido la llamada “crianza respetuosa”, una etiqueta que se reivindica como la forma adecuada de educar a los niños. ¿Qué opina de esta tendencia?

Depende de lo que se entienda como “respetuosa”, que para mí no significa que el niño haga lo que quiera. Es importante prestar atención a lo que ser respeta: yo pediría a los padres que respetaran cosas de sus hijos como su capacidad de ser autónomos y de tolerar la frustración. Si les evito la frustración, no los estoy respetando; estoy respetando mi miedo a que se frustre. También puedes “respetar” el miedo de tu hijo, pero creo que es mejor respetar su valentía, su capacidad de afrontar ese miedo. La valentía es una habilidad imprescindible para la vida, porque el miedo es una emoción muy peligrosa si no se tiene bajo control.

¿Cuáles serían las otras habilidades emocionales básicas?

La primera es la autoestima, es decir, la capacidad de querernos. Pero si hay sobreprotección, no habrá autoestima, porque si sobreproteges a tu hijo, diciéndole cosas como: «Ya llevo yo la mochila», «Ya discuto yo la nota del examen», lo que le estás diciendo es: «Sin mí, tu no puedes. No puedes confiar en ti mismo», lo que generará una baja autoestima. Y la otra habilidad básica es la empatía, que ayuda a despertar mi voluntad de ayudar a los otros. Es decir: hay que cuidar la relación con uno mismo y con los otros.

En política cada vez abundan más los niños consentidos, siendo Donald Trump un paradigma: como experta: ¿Nos podría decir qué emociones carece —o excede— el presidente de EEUU?

Creo que Trump tiene una mezcla de lo que se llama la “triada oscura”: por un lado el narcisismo, ese «yo primero». También tiene un rasgo patológico que es la psicopatía, no digo que sea un psicópata, sino que es alguien que no percibe cómo se sienten los otros. Y la tercera sería el maquiavelismo: ese «cómo me puedo salir siempre con la mía». Es también muy iracundo… La verdad es que no es una persona emocionalmente inteligente y, por tanto, su gravitación tiende hacia el miedo: considera que con la amenaza puede conseguir lo que quiera y por eso la utiliza de forma constante. Y a corto término, esto funciona —también en las empresas y en otros puestos de responsabilidad—, pero cuando ya pasa un tiempo, la gente se cansa; y creo que esto ya está empezando a pasar con Trump 

miércoles, 3 de junio de 2026

La “sencilla pero potente” técnica que recomienda un psicólogo para reducir la ansiedad

MARTA SIERRA     |     infobae.com     |     21/05/2026

Esta estrategia, conocida como la respiración cuadrada, permite devolver cierta sensación de control en un momento de tensión

La ansiedad no entiende de horarios ni de lugares. Puede aparecer en mitad de una jornada de trabajo, durante un trayecto en transporte público o incluso en casa, cuando aparentemente todo está en calma. La sensación de alerta constante, el aumento del ritmo cardíaco o la dificultad para concentrarse forman parte de una respuesta que muchas personas experimentan a diario y que normalmente en ocasiones resulta difícil de controlar.

Aunque cada caso es diferente, los especialistas coinciden en que aprender a gestionar la ansiedad es un proceso que requiere tiempo y práctica. No existen fórmulas mágicas capaces de hacer desaparecer el malestar de inmediato, pero sí herramientas que pueden ayudar a rebajar la intensidad de esos síntomas y devolver cierta sensación de control en momentos de tensión.

Entre las técnicas más utilizadas se encuentran los ejercicios de respiración. Precisamente sobre ello habla el psicólogo Ángel Macías (@angelmaciaspsicología en TikTok) en uno de sus vídeos, en el que explica una estrategia sencilla que puede ponerse en práctica prácticamente en cualquier lugar y sin necesidad de materiales externos. “Reduce tu ansiedad utilizando esta sencilla pero potente técnica. Se denomina respiración cuadrada y consiste en los siguientes pasos”.

Qué es la técnica de la respiración cuadrada

La estrategia de la respiración cuadrada se basa en seguir un ritmo concreto mientras la persona centra su atención en la respiración y en una imagen mental. “Con los ojos cerrados nos vamos a imaginar un cuadrado. Vamos a coger aire durante cuatro segundos y vamos a mantenerlo otros cuatro. Luego vamos a soltar aire durante cuatro segundos y luego mantenemos de nuevo durante otros cuatro”, explica Macías. El psicólogo recomienda repetir varias veces el mismo ciclo hasta notar una reducción progresiva de la ansiedad.

El nombre del método no es casual. Según detalla el especialista, la visualización juega un papel importante en el proceso. “Se llama respiración cuadrada porque a la vez nos vamos imaginando que dibujamos los vértices del cuadrado cada cuatro segundos”, afirma. Esa combinación entre respiración y concentración busca apartar la atención de los pensamientos que alimentan el estado de alerta.

La explicación del psicólogo parte de una idea sencilla: la forma de respirar influye directamente en cómo se siente el cuerpo. “Cuando tenemos ansiedad estamos en alerta y cuando estamos en alerta respiramos raro”, sostiene. En situaciones de nerviosismo, la respiración suele acelerarse y hacerse más superficial, algo que puede incrementar todavía más la sensación de angustia.

Por ello, controlar el ritmo respiratorio puede convertirse en una forma de enviar señales de calma al organismo. “La respiración, te guste o no, determina tu estado mental y emocional y, cuando una persona está tranquila, suele respirar más de esta forma que de la que lo haces ansioso (en alerta)”, añade Macías. El objetivo no es eliminar por completo la ansiedad de forma inmediata, sino reducir la intensidad física y mental que acompaña a esos episodios.

El experto también destaca la importancia de dirigir la atención hacia el momento presente. Contar los segundos durante cada fase del ejercicio ayuda a romper el bucle de pensamientos que suele acompañar a la ansiedad. “Cuando contamos los segundos, nuestra atención no se centra en pensar cosas ‘mágicas pendejas’, sino en el presente y en conectar con otra cosa diferente a lo que hago de forma ansiosa”, explica.

Aunque la respiración cuadrada no sustituye a la ayuda profesional cuando existe un problema de ansiedad persistente, sí puede convertirse en una herramienta útil para afrontar momentos concretos de estrés. Su sencillez permite practicarla en cualquier entorno y adaptarla a distintas situaciones cotidianas.

lunes, 1 de junio de 2026

Marian Rojas Estapé, psicóloga: "Si un padre le soluciona todos los problemas a un niño bloquea su corteza prefrontal"

 EL CONFIDENCIAL      |     elconfidencial.com      |      09/05/2026

Intervenir de forma constante ante cualquier dificultad impide que el cerebro infantil aprenda a gestionar el miedo, la frustración y la toma de decisiones

Un niño intenta atarse los cordones, se frustra, duda… y antes de que pueda intentarlo de nuevo, un adulto se adelanta y lo hace por él. La escena es cotidiana y nada del otro mundo, pero para la psicóloga Marian Rojas Estapé encierra una enseñanza clave sobre cómo se forma el cerebro infantil y, a largo plazo, la personalidad adulta. 

La experta explica que cada vez que un niño se enfrenta a un reto, por pequeño que sea, su cerebro entra en acción. Por un lado se activa la amígdala, la zona encargada de detectar el peligro y generar miedo. Al mismo tiempo, entra en juego la corteza prefrontal, que analiza la situación, busca soluciones y ayuda a tomar decisiones. Es ese diálogo interno el que permite avanzar pese a la inseguridad inicial.

El problema está en que el adulto interrumpa constantemente ese proceso. “Si el padre le soluciona todos los problemas a un niño, está bloqueando su corteza prefrontal”, señala Rojas Estapé. En lugar de aprender a pensar alternativas, el menor recibe el mensaje de que no puede solo y de que el miedo manda. Así, la amígdala se refuerza, mientras la parte racional del cerebro apenas se entrena.

Con el tiempo, ese desequilibrio deja huella. Niños sobreprotegidos pueden convertirse en adultos con dificultades para tomar decisiones, con temor al error o con una gran dependencia emocional. No porque carezcan de talento o inteligencia, sino porque nunca aprendieron a tolerar la incomodidad ni a confiar en su capacidad para resolver problemas.

La psicóloga insiste en que educar no es eliminar los obstáculos del camino, sino enseñar a transitarlos. Acompañar al niño, observar desde cerca y ofrecer apoyo cuando lo necesita no implica resolverle cada dificultad. De hecho, permitir que se equivoque y que experimente frustración moderada es una forma de fortalecer su cerebro y su autoestima.

En una sociedad cada vez más orientada a la inmediatez y al confort, el mensaje de Rojas Estapé invita a parar y reflexionar. Proteger no siempre es ayudar. A veces, el mayor regalo para un niño es dejarle pensar, intentar y descubrir que puede enfrentarse a los retos de la vida por sí mismo.