viernes, 22 de mayo de 2020

Telèfon de l'Esperança

MARTA RIUS     |     Xarxanet    |    20/04/2020
Entitat Redactora: Ravalnet

Amb 200 persones voluntàries, el Telèfon de l'Esperança de Barcelona augmenta les atencions i les línies per atendre els neguits generats durant el confinament.

El Telèfon de l'Esperança de Barcelona (682 900 500) dona servei de comunicació i orientació urgent i immediata des del 1969. Ofereix atenció les 24 hores, 365 dies i és portat a terme per un voluntariat preparat específicament per a aquesta finalitat. Amb la coordinació de la Fundació Ajuda i Esperança, 200 persones voluntàries estan atenent des de casa durant la crisi sociosanitària del coronavirus.

Anne Garcia, responsable de comunicació i relacions externes i Sergio Garcia, psicòleg de l'entitat responen l'entrevista.

Amb la crisi del coronavirus heu hagut d'ampliar el servei?.- Anne Garcia: Sí. Inicialment teníem una línia, la 682 900 500. Vam ampliar una línia més, 682 300 003, i ara hem ampliat una tercera i una quarta línia: 681 101 080.

Quantes trucades rebeu des que ha començat el confinament? Ha crescut la mitjana?.- A. G.: Les trucades han anat creixent. El 31 de març vam rebre 87 trucades i el 18 d’abril hem rebut 182 trucades.

Quines són les trucades que més ateneu: angoixa, por, solitud..?.- Sergio Garcia: En aquests moments de pandèmia i confinament, són diverses les preocupacions. Per una banda, hi ha sentiments d’angoixa i preocupacions tant pel present com pel futur immediat. En les persones grans, sobretot, por a contagiar-se de la malaltia i por a no disposar d’una atenció sanitària adient en el cas de necessitar-ho, ja que els hospitals sembla que estan al límit de la seva capacitat. Les persones joves i adultes, amb relació al futur pròxim, manifesten també por a la situació econòmica i laboral que es derivi d’aquesta situació.

En totes les persones hi ha també preocupació i por a que alguna persona propera pateixi la malaltia i que, en aquesta circumstància, si algun ésser estimat ha de ser ingressat a l’hospital es trobi sol allà. I en cas de morir, no es pugui acomiadar de la manera que podria fer-ho en circumstàncies normals.

Després d'un mes de confinament, la ciutadania comença a ressentir-se?
S. G.: Evidentment. A mesura que va passant el temps, la gent està més nerviosa, augmenten les tensions amb les persones amb qui es conviu o augmenta el sentiment de solitud.

Quines eines de suport faciliteu en les trucades?.- S. G.: Escoltar, deixar que la persona parli i s’expressi, no fer judicis. Legitimar l’emoció, és a dir, transmetre que té dret a sentir-se com se sent. Nosaltres hem de mantenir, com a escoltes, com a voluntaris, la calma i la serenor... En definitiva, acompanyar emocionalment i donar suport.

I les persones voluntàries, com ho porten? Com cuideu de qui cuida?
A. G.: Les 237 persones voluntàries que estan atenent les trucades des de casa i que, per tant, estan en situació de confinament, no són persones alienes al que està passant. Per aquest motiu entenem que és imprescindible cuidar als qui cuiden oferint un servei de suport emocional i psicològic.

Amb aquest servei d’atenció psicològica volem posar a l’abast dels voluntaris i voluntàries, eines per a fer front a les situacions alienes i a les pròpies, ja que com qualsevol persona estan subjecte a patir circumstàncies derivades de la pandèmia i que pot comportar també soledat, temors o incertesa, semblant als casos que nosaltres mateixos estem atenent.

El Telèfon de l'Esperança de Barcelona ha posat a disposició pública un número de compte bancari per rebre suport econòmic per garantir el servei: ES34 2100 0837 9002 0029 8184. O per Bizum amb l'identificador 33444.

martes, 19 de mayo de 2020

La cara psicológica del coronavirus: donde todos podemos ayudar

Vanessa Abrines Bendayán    |   Psicoterapeutas.com   |   13/03/2020

Soy Vanessa Abrines, Psicóloga sanitaria núm 16642.  Creo que los aspectos psicológicos de todo lo que está sucediendo con el coronavirus, son esenciales para todos nosotros. Os paso la guía psicológica de lo que suele sucedernos a todos en estos casos para que podamos ayudarnos unos a otros, que es de lo que se trata.

De repente, lo que decían que era una “gripe más” está requiriendo un rápido e impredecible cambio de hábitos en todos nosotros. Y ¿qué pasa cuando esto sucede?.

Que me siento en peligro y siento que las personas a las que quiero también lo están. Eso hace que nuestro organismo dispare una respuesta natural de defensa.

Respuesta natural de defensa
El estado natural de defensa va desde la negación (“no está pasando nada en realidad…”) al pánico (“vamos a morir todos…”), y la oscilación a veces entre estos dos estados. Ninguno de los dos extremos va a ayudarnos a nosotros mismos ni a otros, por lo que hemos de conocer lo que pasa en nuestro cuerpo para poder actuar de forma responsable.
¿En qué consiste la respuesta de defensa, lo que es normal que sienta estos días?
  • Lo normal es que sienta confusión, inestabilidad, sensación de no realidad a veces, incluso caos.
  • Lo normal es que tenga pensamientos contradictorios, desde “esto es una tontería” a “me voy a aislar de todo”.
  • Lo normal es que tenga muchas dudas sobre cómo actuar (“si salgo a la calle no soy responsable, pero si me quedo en casa no voy a soportar la ansiedad…”).
  • Lo normal es que quiera estar todo el rato hablando del coronavirus y viendo las noticias en tiempo real…o lo contrario, en algunos casos, no querer saber nada del tema.
  • Lo normal es que tenga miedo (aunque eso no significa que vaya a pasar nada malo, sino que el miedo es humano y forma parte de la vida).
  • Lo normal es que algunas personas sientan ansiedad por la sensación de pérdida de libertad (como si me sintiese acorralado).
Pasar del estado de defensa al estado de cooperación
Es importante que aprendamos a pasar del “estado de defensa al de cooperación” para ayudarnos a nosotros mismos y los demás. Las pautas más indicadas en los dos casos serían:

Ayudarme a mí mismo:
  • Ser consciente de mis sentimientos y aceptarlos en mi cuerpo. Voy a sentir inestabilidad, confusión, dudas…y miedo seguramente. Sentir miedo no es peligroso, y no hay que huir de sentirlo porque es normal en estos momentos.
  • Planificar rutinas en casa: como el cambio de hábitos es muy brusco (teletrabajo, no coles…) nuestro cerebro se descompensa porque está acostumbrado a sus rutinas y tienen que modificarse de golpe. Nuestro cerebro quiere predecibilidad y como no podemos dársela en cuanto al tiempo que tardaremos en volver a la normalidad, hay que dársela con pequeñas rutinas diarias que sé que puedo mantener, día a día, mientras el virus va remitiendo:
  • Rutinas diarias de ejercicio físico: en casa también podemos movernos, aunque sea haciendo gimnasia con youtube. El ejercicio físico es el gran aliado de la mente.  
  • Rutinas diarias de cuidado físico: dormir a las horas habituales aunque no vaya a clase o a trabajar y comer a las horas que solía hacerlo antes.
  • Rutinas de aprendizaje: leer, aprender algo nuevo…para que mi cerebro continúe estimulado.
  • Rutinas de desconexión de las noticias: es muy importante no saturarnos de información. Si estamos 24/7 escuchando lo mismo, nuestro cerebro se satura y aumenta el malestar y la confusión. Es bueno estar bien informado, pero a la vez tener momentos de ver una serie o jugar a algo… que nos permita desconectar del tema.            
  • Rutinas sociales: Los demás es lo mejor que tenemos para estar bien. Compartir momentos, conversaciones, cocinar juntos… ayuda mucho a convivir con la incertidumbre. Los demás son nuestra fuerza. Está demostrado que la unión y el cariño entre las personas compensa el impacto de los estresores.
  • Evitar conflictos innecesarios: cuando estamos irritados o confusos, también es fácil que saltemos a la mínima. En estos momentos es mejor no “entrar al trapo” de pequeños conflictos, ya que esto nos satura aún más.
  • Tomar decisiones día a día desde la responsabilidad y no desde el miedo. No es divertido no salir a la calle, ni tener la sensación de pérdida de libertad. Pero con esta sensación, y asumiendo que es normal, tenemos que decidir lo que es mejor para todos, y eso es lo que las autoridades sanitarias dicen que tenemos que hacer.
  • Ayudar a los demás: (y los demás no es una masa desconocida. Son mis padres, mi pareja, mis abuelos, mis amigos, mis profesores, mis médicos…):
    • Escuchar a las personas que se sienten asustadas, sin enfadarnos con ellas por eso. Ayudándoles a entender que sus sentimientos son normales y que no están solos.   
    • Soy el modelo del otro, me guste o no. Cuando estamos en una situación de incertidumbre y sentimos confusión, nos fijamos en los demás. Lo hacemos sin querer. Si estoy en la farmacia y el de delante compra 4 cajas de paracetamol, me voy a asustar de forma automática y voy a tender a hacer lo mismo. Si el de delante compra 1 caja, voy a sentir más tranquilidad y responsabilidad. No sólo los virus se contagian, los sentimientos y los comportamientos también.   
    • Así, ayudo a otros siendo responsable, siguiendo las pautas de las autoridades sanitarias para que siga habiendo comida y fármacos para todos, para que mi ansiedad no contribuya a que otros se asusten aún más y salgan corriendo a saturar los hospitales. Tenemos que ayudar a los sanitarios y todos somos protagonistas en esta ayuda.
    • Ayudar a los demás en la construcción de pequeñas rutinas, como a nivel individual y en que no estén expuestos constantemente sólo a información alarmante, que aumenta sus estados de malestar.
    • Cuidar la información que compartimos por redes. Sólo aquello que aumente la responsabilidad de todos y no el pánico es lo que deberíamos compartir.
Cuidarnos unos a otros es lo que nos toca y en nuestra sociedad, hemos demostrado a lo largo de diferentes episodios de nuestra historia (como sucedió por ejemplo en el 11M) que somos solidarios y que sabemos hacer equipo. Esa es nuestra verdadera fuerza.


lunes, 18 de mayo de 2020

8 cosas que solo las personas con ansiedad entienden

LAURA SÁNCHEZ   |     Diario Femenino    |    02/02/2018

No todo el mundo puede entender lo que una persona con ansiedad está pasando.


Son unos 10 millones de personas en España los que sufren trastornos de ansiedad y a pesar de la cifra, se trata de un problema que genera mucha incomprensión a su alrededor. Algunos piensan que son nervios, otros que es debilidad y la mayoría piensa que estás exagerando. Queremos dar a conocer lo que de verdad significa sufrir ansiedad y hemos encontrado algunas cosas que solo las personas con ansiedad entienden.

Lo que te pasa cuando tienes ansiedad
Uno de los problemas a los que se enfrentan las personas con ansiedad es la interacción con los demás, cómo ven los demás su problema y la incomprensión que genera. Es difícil comprender a una persona con ansiedad si nunca has pasado por ello, pero el esfuerzo merece la pena.

1.Te cuestionas todo

La ansiedad genera dudas e incertidumbre. Te cuestionas todo, desde cómo vas a poder pagar el alquiler si te pones enferma hasta analizar cada frase y cada gesto de tu amiga porque has detectado cierta actitud de rechazo hacia ti. ¿O no ha sido así? Tal vez solo ha tenido un mal día. Y esa mirada de tu jefe, seguro que hoy no has hecho tu trabajo perfecto y puede que te despidan un día de estos. Y a tu pareja, ¿qué le pasa? Parece molesto contigo, a lo mejor le has dicho algo que le ha hecho daño. Por cierto, ¿has cerrado la puerta con llave?

2.Deja de darle vueltas

Te han dicho tantas veces la frase: "es que le das muchas vueltas a todo" que ya casi ni te afecta. Pero al principio sí, ¿verdad? Al principio hasta te podías enfadar porque ya quisieras tú no darle vueltas a todo, no encontrar motivo de preocupación en cada situación, dejar de pensar por un momento, poner la mente en blanco y que todas esas cosas dejaran de dar vueltas en tu cabeza, solo unos minutos sin ruido te vendrían genial.

3.Cálmate

Aunque la palabra estrella que escuchan las personas que sufren ansiedad es: "cálmate" y su variantes, "relájate", "tranquila"...una sola palabra que te puede hacer perder el control, sobre todo si te lo dicen en plena crisis de ansiedad, cuando estás con el corazón que se te sale del pecho, las manos dormidas y ahogándote porque no puedes respirar. "Si pudiera calmarme, lo haría", díselo con la realidad.

4.El miedo, ¿a qué?

No solo son las fobias que te van surgiendo en el camino mientras la ansiedad te acompaña, es que la ansiedad genera miedo. Miedo amplificado a cosas concretas y miedo inconcreto, miedo al miedo. Una situación que los demás no pueden comprender por más que traten de empatizar o de ponerse en tu lugar. No intentes explicárselo, procura que simplemente lo acepten.

5.Siempre estás cansada

Tu mente no para porque, efectivamente, estás dándole vueltas a las cosas continuamente. Las preocupaciones no cesan de crecer y los pensamientos recurrentes y obsesivos no te dan tregua. Tu mente está agotada y, por lo tanto, físicamente también lo estás. Ese cansancio que los que te rodean no entienden y al que tratan de buscar cualquier origen. Pero la causa está ahí bien clara: en tu ansiedad.

6.La crisis no avisa

La gente piensa que con evitar las situaciones que más ansiedad te provocan es suficiente, pero a estas alturas ya te habrás dado cuenta de que una crisis de ansiedad o un ataque de pánico no avisa. A veces se producen sin ninguna causa concreta o al menos reconocible. Ocurre sin más.

7.No es solo ansiedad

Vivir con ansiedad tiene una serie de consecuencias. Si la lista de síntomas de la ansiedad es interminable, también lo son sus consecuencias. Insomnio, evitación de situaciones, afrontar el miedo, aliviar las contracturas musculares, reducir los problemas de estómago, sortear el riesgo de depresión, el peligro de la adicción a los fármacos, la fatiga crónica. No es solo ansiedad.

8.No es imaginación, es real

Seguro que en alguna ocasión una persona de sinceridad extrema te ha dicho que no te comprende, si no tienes ningún problema en la vida. ¿Cómo es posible que vivas permanentemente preocupada y con miedo? Seguro que más de una vez te han dicho que estás exagerando, que eres una tremendista y que haces un problema de la nada. Pero no estás imaginando tus preocupaciones ni tus miedos, son de verdad porque la ansiedad los hace reales.


sábado, 16 de mayo de 2020

La infancia confinada reclama su papel en la pandemia más allá de "aguantar, resistir y portarse bien"

ANA I. MARTÍNEZ    |   ABC   |   Madrid   |   06/05/2020

El estudio «Infancia confinada» analiza cómo han vivido la situación del encierro los niños y adolescentes, quienes recuerdan que ellos también forman parte de la sociedad por lo que sus necesidades y reclamos no deberían pasarse por alto
«Me preocupa que mis padres no tengan suficiente dinero para pasar esto, que se queden sin trabajo y no poder ver durante mucho tiempo a mis abuelos, a mi padre y a mis amigos porque los quiero muchísimo». «Hay muchos niños más pequeños que yo (vecinos/ primos) que parecen agobiados y con ganas de hacer actividades con movimiento, quisiera que pudieran salir al menos para dar un leve paseo, se qué puede ser malo por peligro de contagio, pero al menos que vean la luz del sol de la calle y respirar aire para no agobiarse tanto y pasar la cuarentena mucho mejor». «Los profesores están considerando que poner deberes es crear una buena rutina pero en realidad lo que crea es estrés entre que hay fechas límites y las páginas donde los ponen no van bien, es un desastre». Estas son algunas de las opiniones expresadas por niños y niñas españoles durante el confinamiento. Y demuestran que no son tontos, que saben perfectamente lo que está suponiendo la pandemia del coronavirus, de sus consecuencias económicas o del estrés que suponen los deberes. Un mundo «de locos» no solo para los adultos. También para los más pequeños de la casa y una situación ante la que tienen mucho que decir y quieren ser escuchados.

Así lo refleja el informe «Infancia confinada», elaborado por los sociólogos Iván Rodríguez y Marta Martínez, junto a la abogada especializada en infancia y adolescencia Gabriela Velásquez. El estudio se ha realizado con el apoyo de Enclave de Evaluación y Enfoque de Derechos Humanos y el prólogo está escrito por Luis Pedernera, presidente del Comité de los Derechos del Niño de Naciones Unidas.

«Los niños se enteran de todo. Son conscientes de lo que pasa y es algo de lo que la sociedad no se da cuenta», recuerda Gabriela Velásquez. «De hecho, han expresado sus propias críticas sobre lo que está pasando -continua-. También sus preocupaciones más allá de su propia familia». En definitiva, el coronavirus les ha hecho reivindicar a todos los sectores (político, social, etc.) «una responsabilidad solidaria con las generaciones presentes y futuras».

Quieren ser escuchados

El informe da voz a los menores de 18 años. Precisamente la infancia ha sido una de las grandes protagonistas, especialmente en las últimas semanas, y a la vez una gran olvidada. Mientras que algunos expertos defendían la necesidad de su salida, otros, como el Gobierno, los tachaba de ser « vectores de enfermedad», algo que no es cierto, y se resistía a dejarlos sin salir. Algo que cambió el pasado 26 de abril tras cierta polémica.

«No puede haber políticas sociales sin tener en cuenta a la infancia porque son temas que les afectan», subraya la experta. Cabe recordar, sin ir más lejos, la Convención sobre los Derechos del Niño. «Todo ello muestra ese reclamo de los menores a que se les escuche, ya que ellos forman parte también de esta sociedad, tienen conciencia de lo que sucede, capacidad crítica y solo piden ser escuchados porque tienen mucho que decir», añade Velásquez.

El informe recoge cómo los niños y adolescentes dirigen sus demandas de forma hacia diferentes actores sociales: sociedad en su conjunto (42%), Gobierno (21%), familias (19%) y centros educativos (17,65%). Y todo ello bajo un mensaje común: que ellas y ellos también están siendo afectados por el confinamiento, que debemos escucharlos y tomarlos en cuenta y considerarles en este escenario.

El estudio, realizado entre 425 menores entre el 21 de marzo y el 7 de abril, asegura que «las niñas, niños y adolescentes han sido grandes sostenedores de esta pandemia en el ámbito privado». Sin embargo, han sido llamados a «'aguantar, resistir y portarse bien' por parte de los portavoces políticos».

Ellos también han acatado el confinamiento porque consideran que es una medida necesaria para evitar el contagio (94%). Y son conscientes de lo que les supone estar encerrados: aunque es por el bien de todos, se trata de una privación de libertad. Especialmente son las chicas mayores de 13 años las que identifican de manera más agudizada las restricciones que el confinamiento conlleva, según el estudio.

Las condiciones de habitabilidad han influido -y mucho- en cómo han llevado el encierro los menores. Solo 4 de cada 10 niños encuestados disponía de terraza o patio y el aburrimiento, el principal sentimiento perturbador producido por el confinamiento (61,6%), no era igual para unos que para otros: los que dicen haberse sentido «aburridos todos los días» sin disponer de una terraza o un patio es del 31,6%, mientras que esta cifra se reduce en 8 puntos entre quienes sí disponían de este espacio (23,2%). Así no es de extrañar que los menores aseguren que están «en una cárcel» pero «en casa».

Los abuelos: un pilar fundamental

A su vez, un 36,7% reconoce estar preocupado por la situación. Y la enfermedad es el principal motivo que genera dicho sentimiento. De hecho, algo más de 83 de cada 100 niños consultados señala el hecho de que alguien de su familia pueda enfermar o morir por culpa del coronavirus como algo muy preocupante, seguido de que sus abuelos y otras personas mayores tengan que pasar el confinamiento solos (64,9%). «Mi padre sigue yendo a trabajar todos los días a la fábrica y me da miedo q se contagie» o «A veces me siento estresada y estoy preocupada porque mi abuela se murió (hace años ya) y mi abuelo está solo (no tiene compañía en este tiempo)» son algunos de los testimonios manifestados por los niños. De hecho, no ver, tener cerca o ayudar a sus abuelos es algo que echan mucho de menos.

«La relación abuelos-nietos es muy importante. Y, durante el confinamiento, hemos comprobado que los mayores no vivían en la misma casa que los menores. Por tanto, esa lejanía hace que se amplíe también la preocupación hacia ellos», comenta la experta. Dicha preocupación, a medida que fue pasando el tiempo, generó miedo y tristeza entre los niños, asegura Velásquez.
La tercera gran preocupación de los menores es «que haya personas en mi familia que pierdan su trabajo» (43.9%). Niños y adolescentes no son ajenos a las consecuencias de la pandemia. El informe señala que «la economía familiar y su posible deterioro es un motivo de preocupación muy evidente que, además, parece estar conectado con un deterioro de la satisfacción vital de niñas y niños». Especialmente las chicas porque «tienen más solidaridad en su discurso», puntualiza la experta.

Conscientes de los problemas

Otra de las situaciones que afectan a los menores son los deberes. «Las tareas escolares están desempeñando un triste papel estresor para estos niños y niñas, que muy probablemente se están enfrentando a ellas con menos medios familiares y recursos personales, además de menor disponibilidad por parte de sus padres y madres para acompañarlos en su realización: el 45% de estos niños y niñas declara no conseguir acabarlas», recoge el estudio. «Apenas duermo por falta de moverme y el ejercicio que hago no me es suficiente y me estreso mucho con los deberes porque han adelantado temario sin explicarlo», manifiesta una las encuestadas. «Que los profesores no manden tantas tareas. Para mi que la palabra cuarentena para los maestros significa cuarenta tareas al día», asegura otra.

Entre los aspectos positivos del encierro, los menores apuntan a una mejora de la relación con sus progenitores. La mayoría (84,8%) está totalmente de acuerdo con que sus padres están con ellos el tiempo que les gustaría y saben que pueden hablar con sus padres si lo necesitan. Por último, sueñan principalmente con que todo esto se acabe (56,44%).


Las infinitas posibilidades del interés

MARIANA ALVEZ     |     Psicología Positiva   |    Uruguay   |   12/05/2020


Esta vez trataremos sobre la emoción positiva del interés, muy asociada a la curiosidad y la motivación.

El interés lo podemos definir como esa emoción que despierta cuando algo nuevo capta tu atención, cuando sientes una necesidad de explorar a fondo lo que has descubierto. Es el responsable de que te mantengas centrado en algo, requiere de esfuerzo y atención. Gracias a él podremos concretar metas, nos motiva a la acción, a movernos.

Quienes activan esta emoción experimentan tanto curiosidad por el mundo que los rodea como por su propio mundo interior. Esto los lleva a estar en una constante búsqueda de nuevas experiencias, se atreverán a conocer personas interesantes, visitar lugares exóticos, aventurarse en la vida y descubrir oportunidades donde los demás no ven nada.

 El interés permite sumergirte en situaciones excitantes, que harán que tu capacidad intelectual se enfrente a nuevos desafíos, cuanto más aprendes más quieres saber.

Para mantenerlo vivo, debes investigar por tu propia cuenta las temáticas que te llamen la atención, buscar material asociado a eso. Conversar con personas que sepan sobre lo que quieres aprender. Podrás pensar en nuevos desafíos de aprendizaje e incorporación de nuevos hábitos también.

Si eres una persona dispersa, la meditación puede ayudarte a mejorar tu foco, también trabajar por periodos cortos de 25 minutos o media hora. Como toda emoción positiva puede ser efímera, pero recuerda que es renovable, así que podrás volver a sentirla si logras recordar por qué algo te causó interés en un primer lugar y puedes evaluar si eso es algo que vale la pena seguir trabajando o no.

El interés puede contribuir a tu inteligencia y creatividad y hasta te puede volver experto en un tema o habilidad que quieras trabajar. Es el creador de infinitas posibilidades de crecimiento personal, intelectual y emocional. ¡Manos a la obra para construir una vida más rica!
  


miércoles, 13 de mayo de 2020

Aitor Francos: un poeta en el hotel del duelo


BRUNO PARDO PORTO    |    ABC    |    10/04/2020

Es poeta y psiquiatra, y estuvo destinado en el hotel medicalizado Miguel Ángel, de Madrid, hasta hace unos días. Allí no podía verle la cara a sus pacientes, pero los ayudaba desde el otro lado del teléfono. Sobre todo trataba duelos atípicos, de personas que no pudieron despedirse de sus fallecidos

Hace tiempo que Aitor Francos no es capaz de sentarse a leer un novelón, y apenas logra concentrarse para escribir. Cuando vuelve del trabajo solo quiere distraerse, evadirse un rato, llamar a casa, a Bilbao. «Tengo que llamar todos los días, hablar todos los días con mi madre. Parecía que nunca nos iba a pasar, pero ahora el miedo a la pérdida es real», afirma, severo, al otro lado del teléfono.

Aitor es poeta y psiquiatra, y hasta hace unos días estaba destinado en el hotel medicalizado Miguel Ángel de Madrid. Allí no llegaban los casos más graves por coronavirus, pero sí vidas destrozadas, mentes tratando de asimilar una situación extrema. «Lo más grave son los duelos. Personas que han perdido a hermanos, a parejas, a padres… Duelos atípicos, que van a ser patológicos porque no han podido despedirse, porque no lo han procesado», continúa.

Aitor escucha mucho, y lamenta. Lamenta no haber podido mirar a los ojos a esos pacientes, a los que tuvo que atender por teléfono en su mayoría, pues a las habitaciones solo se podía entrar por extrema necesidad. Él sabe todo lo que se pierde sin la mirada, sin el tacto, él sabe todo lo que hay más allá del verbo. «Hay que escuchar, estos pacientes tienen que volver a narrar en su cabeza lo ocurrido. Eso ayuda a que se pongan peor, y a que se angustien más, pero es necesario para que ese duelo no se encapsule, no se disocie». Al principio de la pandemia escribió estos versos: «También a la tierra del dolor / hay que darle la vuelta como a los calcetines». Y este otro: «Cuidar del dolor también es ser un buen padre».

Él no disocia, y al volver a casa le acompañan ciertas historias. Esta vuelve una y otra vez: la de una mujer infectada por coronavirus que trabajaba en un hospital, y que ha perdido a su madre, y que no puede quitarse de la cabeza la idea de que ha sido ella la que ha matado a su madre. «En esta crisis se ha quedado desatendida la psicología y la psiquiatría, que es normal, porque había que movilizar las fuerzas a otro lado. Pero ahora creo que va a haber una avalancha de personas que van a necesitar nuestra ayuda», asevera.

La realidad siempre ha sido dura, pero nunca tan extraña, mareante. «Es terrible la vivencia de irrealidad, de pensar que algo no pueda estar pasando y que esté pasando, y más terrible aún es la normalización de eso, que eso a vaya a ser una rutina, una constante», subraya. Eso le descentra, le impide sumergirse de lleno en la ficción, solo obras breves. «No sé si recuperaré la capacidad de leer a Dostoievski», dice. Tampoco es que le preocupe mucho ahora mismo. Esto es de un poema reciente: «Como un mueble entristecido por una / lluvia obsoleta que cayó aquí hace bien poco, / me siento con un libro / a vigilar la escena».

Lo ocurrido le ha cambiado sus esquemas mentales, devolviendo lo esencial a la cima. Antes que la literatura, la vida; antes que el trabajo, la familia. «Me imagino que le está pasando a otros. No es un mal cambio, pero tener que haber llegado a esto para darnos cuenta habla de cómo somos como sociedad, de lo ensimismados que estamos», remata.

sábado, 9 de mayo de 2020

La ternura del corazón, más necesaria que nunca en los tiempos duros

VALERIA SABATER    |   La Mente es Maravillosa   |   18/04/2020


La ternura es el lenguaje de la bondad y la conexión emocional. En tiempos duros, actúa como ese corazón que sabe ser hogar. También, como ese acto altruista guiado por el cariño  capaz de generar cambios, de ser una ayuda auténtica, a la vez que útil.

En tiempos duros, la ternura del corazón es más necesaria que nunca. Si Charles Darwin nos señaló que las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más rápidas ni las más inteligentes, sino aquellas que mejor se adaptan a los cambios, le faltó añadir un pequeño aspecto. Nos referimos, cómo no, a la bondad, a la ternura, a la capacidad de servir de ayuda y apoyo al grupo social.

Más allá de lo que podamos pensar, estas dimensiones son las que más revierten en nuestra supervivencia. La ternura, comprende un crisol emocional inmenso. En ella cabe la empatía, la cercanía, la capacidad de sentir y ofrecer un afecto altruista al conectar con algo o alguien. El corazón que experimenta todas estas sensaciones trasciende más allá de la línea del egoísmo para ser de ayuda a los demás.

Ternura es cariño puro y gratuito envuelto en delicadeza. La misma que puede definir a cualquier profesional en su labor cotidiana: al médico, a la enfermera, al auxiliar que atiende a los ancianos, al psicólogo, al maestro… También al padre que cuida de sus hijos, al amigo que se preocupa de sus amigos y al desconocido que en un momento dado decide visibilizar al invisible y servir de apoyo.

Como bien decía Nicolás de Maquiavelo, las grandes dificultades son más livianas cuando abunda la buena voluntad. Si impera la ternura, ganamos todos.

La ternura del corazón, la base de la preocupación empática

La Universidad de Groninga, en Amsterdam, Países Bajos, llevó a cabo una investigación en el 2012 muy interesante a la vez que ilustrativa. Decimos esto porque hasta no hace mucho, la ternura era una de esas emociones descuidadas por el campo de la psicología. Así lo explica uno de los grandes entendidos en esta materia, como es Paul Eckman.

Para este pionero en el estudio de las emociones, dicha dimensión es la que confiere calidad a nuestros vínculos. Sin embargo, en el estudio que realizó el departamento de psicología social de esta universidad, destacan que la ternura de corazón es una pieza esencial en lo que conocemos como preocupación empática. Veamos en qué consiste.

En momentos de dificultad necesitamos una conexión emocional profunda

Cuando uno atraviesa por momentos complicados, hay un tipo de ayuda que valoramos más que cualquier otra. Es aquella que nace del corazón, la que es espontánea, la que se preocupa de verdad y que logra arroparnos desde el afecto. Hay en cambio quien solo presta una ayuda «instrumental», quien nos hace el favor solo porque toca, porque es la obligación o porque solo busca quedar bien.

En el estudio referenciado evaluaron precisamente la preocupación empática para entender qué dimensiones la conformaban. Algo que pudo verse es que en ella hay conexión emocional profunda. Hay una ternura de corazón capaz de vincularse de manera significativa con quien sufre, con quien necesita apoyo o ayuda. Es una respuesta emocional en la que confluye la compasión, la simpatía y el afecto.

La ternura de corazón, siempre tan necesaria

La ternura de corazón no solo favorece el comportamiento prosocial. Tal y como señalábamos al inicio, es un promotor de la supervivencia grupal, del bienestar y también de la felicidad.
En el universo emocional, la ternura es la que identifica al vulnerable sintiendo un deseo activo por servir de apoyo, por ser un refugio seguro donde el otro pueda guarecerse, hallar equilibrio y refuerzo a sus necesidades.

Quien se permite cultivar la ternura, jamás se cansa de cuidar a los suyos, de hablar ese lenguaje que tanto revierte en las relaciones de pareja, que tanto nutre los vínculos con los hijos e incluso con los amigos. Ser tierno, al fin y al cabo, no es ser débil. Es ser lo bastante valiente como para ir más allá de uno mismo y llegar al otro de manera activa, tanto en actos como en sentimientos.

Tiempos duros, corazones valientes

En tiempos duros necesitamos corazones valientes. Necesitamos mentes claras que sepan intuir necesidades y corazones tiernos capaces de romper el molde del egocentrismo para crear anclas, puentes y lazos entre las personas. Algo así solo se puede dar desde el cariño, desde ese material en el que se integra la compasión, el efecto y la responsabilidad personal hacia el otro sintiéndolo a su vez, como parte de un mismo.

En días complicados necesitamos personas que sumen y no que resten, figuras altruistas y llenas de coraje que saben transmitir comprensión, que saben ser hogar cuando fuera hace frío y otros se sienten perdidos. Todos estos comportamientos a su vez, revierten también en uno mismo.

Como bien decía Platón, buscando el bien de nuestros semejantes, al final, encontramos el nuestro. De eso se trata, de practicar cada día el sentido de la palabra humanidad; es decir, la capacidad de sentir afecto, comprensión y solidaridad hacia los demás. Solo así, seguiremos avanzando como especie, solo así esculpiremos las bases de un auténtico progreso… basado en la armonía y el afecto.
Tengámoslo en cuenta.