jueves, 30 de julio de 2026

Carlos Cenalmor, psiquiatra: “Las personas que no dicen 'no' repiten la estrategia que tenían de niños para recibir amor y atención de los padres”

ANNA RODRÍGUEZ HURTADO     |     lavanguardia.com     |     04/07/2026

El psiquiatra explica cómo las dinámicas de la infancia pueden influir en el día a día de una persona adulta en el ámbito laboral y en la vida personal

Si somos las cosas que nos pasan, la infancia tiene mucho que decir sobre cada uno de nosotros. Las vivencias de niños y la educación recibida pueden dar sentido a la forma de ser y de actuar de adultos. Esta personalidad se ve reflejada en los momentos personales y de ocio, pero también se ve en el trabajo: no saber decir que no, necesitar la aprobación de otros, asumir más tareas de las que debe, entre otros. “Las dinámicas que hay en la familia cuando somos pequeños generan unos patrones de conducta y de entender la vida que pueden terminar afectando al bienestar emocional”, explica Carlos Cenalmor, psiquiatra, a La Vanguardia.

En su consulta, el psiquiatra y psicoterapeuta trata de averiguar qué vivencias de la infancia pueden estar detrás de una persona que desarrolle burnout u otros problemas que afectan tanto al ámbito laboral como al personal. “Esto es algo que le pasa a todo el mundo. Todavía no me he encontrado a nadie a quien no le ocurra. Va por niveles de gravedad, pero todos tenemos heridas del pasado”, sentencia.

¿Qué relación hay entre cómo fuimos educados o cómo nos trataban de pequeños y cómo trabajamos de adultos?

Suele haber patrones. Uno muy habitual, por ejemplo, es que los padres estaban ausentes en su infancia, sobre todo emocionalmente, porque eran padres que trabajaban mucho. Entonces el niño aprende inconscientemente que para ser valioso delante de sus padres tiene que trabajar mucho él también. En la vida adulta, esta persona empieza a fracasar, porque son patrones demasiado rígidos y le llevan al estrés y al malestar.

¿Puede compartir otro ejemplo?

Otro ejemplo muy típico, y esto pasa mucho en mujeres, es la típica hermana mayor o mediana que vive en su casa una situación caótica y ella se hace cargo emocionalmente de la familia, de cuidar a los hermanos o simplemente se vuelve una niña buena y responsable porque la situación no permite que saque realmente sus emociones o sus necesidades. Ese patrón de “yo me aguanto lo mío y me trago mis cosas por no molestar más” luego se lleva, de adulto, al trabajo. Son esas personas responsables que se hacen cargo de todo, pero no expresan lo que necesitan y acaban explotando porque es demasiada carga.

¿Qué les ha pasado a las personas que no se atreven o no saben decir que no, sobre todo en el ámbito laboral?

Las personas que no dicen que no repiten la estrategia que tenían de niños para recibir amor y atención de los padres o sobrevivir en su infancia. 

Imagínate una familia en la que hay un hermano enfermo, el padre no está nunca en casa porque está siempre trabajando y la madre está desbordada. En esa situación, ese niño o esa niña dicen: “Yo tengo que decir que sí a todo porque si no mi madre acaba deprimida”. Se convierten de alguna manera en el sostén de la familia, diciendo que sí a todo.

¿Cómo se distingue ser responsable de manera sana de una autoexigencia que surge en la infancia?

Para mí, la distinción está en qué consecuencias está teniendo en tu vida. Si es algo que te está haciendo daño, entonces seguramente venga de una herida de la infancia, porque es algo desadaptado. Si tienes autoexigencia, por ejemplo, pero es algo equilibrado, obviamente la autoexigencia está bien, te ayuda a conseguir objetivos. Pero, en ese caso, tú sabes llegar hasta un punto y luego parar y descansar, o sabes decir que no. Esa autoexigencia obviamente vendrá también de dinámicas familiares, pero no de una forma traumática, sino sana.

¿Puede alguien relacionarse con su jefe según las vivencias de su infancia?

Sí. Eso es lo que en psicología llamamos una proyección. Es como que en tu jefe, en tus superiores, estás proyectando o repitiendo la relación que tenías con tus padres. Por ejemplo, si la relación con tus padres era distante emocionalmente y solo cuando conseguías logros académicos o lo que fuera te hacían un poco de caso, con tu jefe vas a sentir que debes lograrlo todo para no decepcionarle. A esta persona le va a resultar difícil poner límites.

¿Qué preguntas hay que hacerse para saber si estamos actuando desde una autoexigencia insana?

Hay que empezar por el presente. Por ejemplo, preguntarte: “¿Estoy a gusto haciendo esto o realmente no es lo que quiero?”. “¿Lo hago con una sensación de imposición?”. Eso es muy importante, porque ahí vas a ver si es algo que te estás autoimponiendo o si realmente te sale. También preguntarte: “¿Qué consecuencias está teniendo esto en mi salud y en mi vida?”.

¿Y qué preguntas hay que hacerse en pasado?

Te puedes preguntar: “¿Yo cuándo empecé a ser así?”. Cuando les hago esa pregunta a mis pacientes, muchos dicen: “Cuando era un niño ya era así”. Entonces eso ya te dice que empezó ahí. Y luego, para hilar más fino, pregunto: “¿Qué pasaba en tu familia?”, “¿cómo eran tus padres?”, “¿qué crees que puede tener que ver con esto?”.

¿Puede una persona convivir con estos efectos durante años?

Sí, totalmente. Puedes tener 50 años o 60 años y seguir patrones aprendidos en la infancia. Mientras la gente no se atreva a desafiar sus tendencias, puede ser así toda la vida. Lo que ocurre a mucha gente es que padece de repente una crisis grave y sufre mucho. Yo lo llamo “caer al fondo del pozo”. Y ahí, con suerte, piden ayuda, porque se dan cuenta de que tienen que cambiar y poner remedio.

¿Cómo se trata esta relación del pasado con el presente?

Llevándoles, por ejemplo, de una responsabilidad insana o una autoexigencia insana a un término medio. Está genial que seas alguien responsable, es una habilidad muy buena, pero lo que tenemos que hacer es equilibrarla. No es que te vayas al otro extremo y ya no hagas nada. Es utilizar esa habilidad que tienes, pero con equilibrio. 

jueves, 23 de julio de 2026

Javier García Ruiz, psicólogo: “Muchos quieren amigos cercanos, pero pocos aceptan las incomodidades que implican”

Cristián Jiménez      |     lavanguardia.com      |     21/05/2026

El psicólogo reflexiona sobre la dificultad de construir vínculos profundos en una sociedad cada vez más individualista

La soledad se ha consolidado como uno de los grandes desafíos sociales y de salud pública del siglo XXI. Según la OMS, alrededor de una de cada seis personas en el mundo experimenta sentimientos de soledad. Más allá del impacto emocional, distintos estudios alertan de sus efectos sobre la salud física y mental, vinculándola con un mayor riesgo de ansiedad, estrés, enfermedades cardiovasculares y deterioro cognitivo.

Javier García Ruiz, psicólogo especializado en autoestima, ansiedad, perfeccionismo y fobias, abordó recientemente esta cuestión en una reflexión publicada en Instagram. En ella habló sobre la dificultad de construir vínculos profundos en la vida adulta y el coste emocional que implica mantener las relaciones personales. “Se dice que la soledad es la pandemia del siglo XXI, y en mi caso particular, en los últimos diez años he visto cómo en consulta es un tema que cada vez afecta a más gente”, señalaba.

El experto considera que muchas personas no están dispuestas a asumir las incomodidades inevitables que requiere una amistad cercana. “Si quieres mantener amistades cercanas, vas a tener que hacer cosas incómodas o molestas. Habrá días en los que tendrás que hacer un esfuerzo, aunque no te apetezca, para estar ahí para la otra persona”, explicaba. A su juicio, la tendencia actual a priorizar la comodidad personal dificulta la creación de relaciones sólidas y duraderas.

García Ruiz también apuntaba que muchos adultos encuentran dificultades para hacer nuevas amistades porque temen exponerse emocionalmente o afrontar el rechazo. En ese sentido, defendía que conectar con los demás exige iniciativa, vulnerabilidad y capacidad para tolerar cierta frustración. “La incomodidad no es solamente el precio que pagas por mantener la amistad; también es la entrada que pagas para conseguirla”, afirmaba.

Miedo al rechazo

La recomendación del especialista pasa por asumir que las relaciones humanas requieren esfuerzo consciente, exposición emocional y cierta tolerancia a la frustración. “Muchas personas nos encerramos, levantamos muros y pensamos que no tenemos que hacer ese esfuerzo para conectar con los demás, que cuando tenga que ser será, que no se puede forzar. Y la realidad es que si no lo haces, te vas a encontrar de frente con la soledad”, advertía. Para el psicólogo, evitar la incomodidad puede proteger a corto plazo, pero también dificulta la construcción de vínculos profundos y duraderos.

Frente a una sociedad cada vez más individualista, el experto reivindica el valor de cultivar amistades incluso cuando exige tiempo, energía o salir de la zona de confort. “Invertir en amistad es una de las mejores inversiones que puedes hacer, y todo lo que se pague vendrá de vuelta multiplicado con creces. No puedes elegir a tu familia, pero sí a tus amigos”, concluía. Y recuerda una idea que considera esencial: los seres humanos necesitan de los demás para sentirse felices, aunque a menudo cueste reconocerlo.

Resiliencia, gratitud y un encuentro con un "hermoso enemigo": los hitos del camino que recorren las personas más felices

MARÍA SANTOS VIÑAS     |     infobae.com     |     22/06/2026

El psicólogo Tal Ben-Shahar defiende su método, basado en la psicología positiva, para alcanzar el bienestar mediante rutinas y relaciones profundas, sin prometer resultados inmediatos ni recetas universales

Tal Ben-Shahar sostiene que la felicidad puede aprenderse y entrenarse como cualquier otra habilidad, una idea que ha defendido en sus clases durante 25 años en Harvard y que sitúa el bienestar duradero en la convergencia entre placer, propósito, vínculos humanos y hábitos repetidos.

Ben-Shahar parte de una premisa concreta: no promete soluciones inmediatas ni recetas de autoayuda, sino un método apoyado en décadas de estudios sobre psicología positiva. Su planteamiento sostiene que la felicidad estable no consiste en evitar el dolor, sino en desarrollar prácticas que permitan sostener el bienestar incluso en contextos de dificultad o estrés.

Qué propone Tal Ben-Shahar para ser más feliz

Uno de los ejes de su discurso es la repetición. Ben-Shahar subraya que distintas investigaciones en neurociencia han mostrado la capacidad del cerebro para transformarse cuando pensamientos y conductas positivas se practican de forma habitual, hasta convertirse en una segunda naturaleza.

Pensar con amabilidad, moverse cada día y agradecer lo valioso del entorno forman parte de ese repertorio de hábitos. En su enfoque, la felicidad no depende de momentos excepcionales, sino de rutinas cotidianas capaces de consolidar una vida más plena.

Otro pilar central son las relaciones personales, donde no siempre hay complacencia. Para el psicólogo, las amistades verdaderas, los lazos familiares sólidos y las relaciones románticas duraderas funcionan como amortiguadores del dolor y como amplificadores de la alegría, incluso cuando están atravesadas por conflictos que las enriquecen y ayudan al crecimiento personal.

El “hermoso enemigo” y la utilidad del desacuerdo

De ahí surge uno de los conceptos más singulares que maneja Ben-Shahar: el “hermoso enemigo”, inspirado en Ralph Waldo Emerson. La expresión describe a la persona que contradice, desafía y confronta, pero lo hace desde el respeto y con un efecto de crecimiento para la otra parte.

En el podcast Aprendemos juntos de BBVA, Ben-Shahar sostiene que las investigaciones sobre relaciones románticas muestran que, a largo plazo, la felicidad dentro de la relación requiere conflicto, no acuerdo permanente. “Los conflictos ayudan a elevar la relación, y también elevan a cada individuo”, asegura. También cita a David Schnarch y su libro Passionate marriage, donde las relaciones largas aparecen como una “máquina de crecimiento” en la que el desacuerdo cumple una función de desarrollo personal.

La gratitud ocupa otro espacio central en su propuesta. No la plantea como una cortesía superficial, sino como un ejercicio de percepción que consiste en apreciar lo que se tiene, en el doble sentido de agradecerlo y de aumentar su valor.

Móviles fuera, meditación dentro

Ben-Shahar también introduce un límite al uso de la tecnología. A su juicio, el uso compulsivo de redes sociales aleja del contacto humano real y sustituye una forma de comunidad por la relación continua con pantallas.

Por eso ha establecido zonas libres de tecnología en su propia casa. Una caja en el salón guarda los móviles a partir de las ocho de la noche y en el dormitorio no permite dispositivos, una medida que vincula directamente con su convicción de que no existe felicidad sostenible sin conexión humana.

Entre las herramientas que incorpora figura además la meditación, entendida como una vuelta a lo esencial: respirar, observar y estar presente. A eso suma el ejercicio físico, al que atribuye un efecto comparable al de los antidepresivos más potentes cuando se practica durante 30 minutos de actividad aeróbica tres veces por semana, por su capacidad para estimular la producción de serotonina, dopamina y norepinefrina. 

lunes, 20 de julio de 2026

Alejandro Martínez, psiquiatra: “La ansiedad se combate con una herramienta gratuita, rápida y sin efectos secundarios”

Redacción Clarín      |      clarin.com      |      26/06/2026

·        Una pastilla puede aliviar temporalmente los síntomas, pero no resuelve el origen del problema, asegura el experto.

El psiquiatra español Alejandro Martínez Rico es especialista en temas de mal dormir. En las últimas horas presentó su libro "Ansiedad, Déjame en paz", donde comparte las soluciones sobre los problemas que estudia. Allí no duda y lo destaca en una entrevista con el medio español ABC: "La ansiedad funciona como un detector de humo. Nos avisa de que algo no va bien. El problema aparece cuando ese detector se vuelve tan sensible que salta constantemente", destaca.

Y explica qué debemos hacer para intentar dominarla. "La respiración diafragmática es una herramienta gratuita, inmediata y sin efectos secundarios. Respirar correctamente durante unos minutos puede reducir muchísimo la activación física antes de una situación estresante".

La ansiedad también va de la mano con los problemas para dormir. "Lo importante es que no domine tu vida. Yo utilizo la metáfora de una emisora de radio: quizá no puedas apagarla completamente, pero sí bajar el volumen para que deje de condicionarte", marca el experto al diario ABC.

Los científicos explican que esto ocurre porque, al dormir, completamos tres fases, una superficial, una lenta profunda y otra REM. Las dos primeras reparan el cansancio físico y la tercera, la memoria y el intelecto.

Como el primer ciclo, o fase, dura, como máximo, tres horas a partir de ese momento el nivel de alerta y la capacidad de despertarnos es mucho más frágil. Por eso, las personas se despiertan en medio de la madrugada.

 

El problema, entonces, no es tanto despertarse sino la dificultad en volverse a dormir, que desencadena una lucha contra el insomnio. ¿Qué hacer? Un psiquiatra español asegura conocer el “truco que funciona siempre”.

 

Martínez Rico es coordinador de la clínica MH Salud Mental y el Hospital Infanta Margarita de Córdoba, España. Tiene una amplia formación académica, con más de cinco máster y diez expertos universitarios lo que le llevó a recibir el premio a la Excelencia Formativa del Colegio de Médicos de Málaga.

 

Qué es la ansiedad según la ciencia

La ansiedad es un trastorno común que afecta la salud mental de las personas y puede manifestarse de diversas maneras, como nerviosismo, estrés, miedo y preocupación. Estos trastornos son respuestas emocionales a estímulos percibidos como amenazantes o peligrosos, que actúan como un mecanismo de defensa.

 

La ansiedad puede presentarse en distintas formas. Algunas situaciones, como dar un examen o caminar solo por una calle oscura, pueden provocar nerviosismo o estrés, lo cual es útil ya que mantiene a las personas alerta y precavidas. Por lo general, esta ansiedad tiende a desaparecer una vez que la situación que la generó ha pasado.

 

Mayo Clinic destaca que las personas que tienen un trastorno de ansiedad de manera frecuente tienen preocupaciones o miedos intensos que están presentes de manera diaria. Pueden aparecer episodios repentinos de ansiedad intensa o miedo en cuestión de minutos.


viernes, 17 de julio de 2026

Patricia Ramírez, psicóloga: "El autocuidado no es para cuando sobra tiempo, es una filosofía de vida"

M. GONZÁLEZ     |     20minutos.es      |      25/04/2026

La experta en psicología habla de cómo muchas personas abandonan sus hábitos cuando están de vacaciones y de por qué es un gran error.

A todo ser humano le gusta coger vacaciones. Son esos días tan esperados que llegan tras mucho tiempo trabajando y atendiendo cientos de cosas. Por eso, cuando por fin es la fecha, ya sea para viajar a otro lugar o simplemente para descansar en casa, supone un cambio tan fuerte en la rutina que muchas personas dejan de lado incluso la práctica deportiva.

En un vídeo que ha compartido la conocida psicóloga Patricia Ramírez, conocida como Patri Psicóloga, se muestra corriendo por Praga en lo que son para ella unos días de vacaciones. "Querida señora maravillosa, querido caballero, ¿son ustedes de los que, cuando se van de escapada o de vacaciones, abandonan sus hábitos de vida saludable y con ello su autocuidado?", comienza diciendo. Con esta pregunta la experta ya invita a plantearse si realmente uno hace actividades por gusto o por obligación. 

Nada de abandonar lo que ya se ha empezado

"En vacaciones nos cuidamos también. Si ustedes en vacaciones lo abandonan todo, significa que durante su rutina lo tienen integrado a presión, no por placer. A ver si conseguimos que cuidarnos sea un placer. "Y luego, claro, te cuesta recuperar la vida cuando vuelves. Estás ahí con 'el lunes empiezo', pero el lunes no empiezas. Porque cuando te vas de vacaciones, abandonas un hábito. Y ya saben ustedes lo que nos cuesta recuperarlo...", señala. 

Efectivamente, tener un hábito no implica dejarlo de lado en vacaciones porque, al haber sido implantado, significa que se ha de seguir con él porque apetece, porque se necesita, independientemente del lugar o la temporada. "Forma parte del autocuidado de ir haciendo algo, aunque sea pequeñito, durante los días de descanso. Así no te desconectas", dice Patri Psicóloga.

El autocuidado es para siempre

"El autocuidado no es para cuando te sobra tiempo, cuando tienes una rutina o eres súper metódica. Es una filosofía de vida para cuidar de ti, para vivir con más salud física y salud mental y con un poco más de serenidad", recalca Patri Psicóloga.

Además, no se trata de mantener una disciplina estricta ni de seguir una rutina rígida durante las vacaciones, sino de encontrar un equilibrio. El descanso también forma parte del bienestar, pero eso no implica abandonar por completo aquello que nos hace sentir bien. Salir a caminar, nadar un rato, dar un paseo en bicicleta o incluso dedicar unos minutos a estiramientos puede ser suficiente para mantener ese vínculo con el autocuidado.

Es mejor crear un hábito

Y en este sentido, las vacaciones pueden convertirse en una oportunidad perfecta para reconectar con uno mismo desde otro lugar, sin prisas ni obligaciones. Al cambiar de entorno, muchas personas descubren nuevas formas de cuidarse que durante el resto del año no se plantean, como disfrutar del aire libre, moverse de manera más natural o simplemente escuchar más a su propio cuerpo.

El autocuidado no debe vivirse como una exigencia. Si se percibe como una carga, es más probable que se abandone en cuanto cambian las circunstancias. Por el contrario, cuando se integra desde el disfrute, resulta mucho más fácil mantenerlo incluso en contextos diferentes, como un viaje o unos días de descanso. Las vacaciones no tienen por qué ser un paréntesis en los hábitos saludables, sino una forma distinta de vivirlos. Adaptarlos al momento, al lugar y a las necesidades personales puede ser la clave para que, al regresar a la rutina, no haya que empezar de cero. 

Ismael Dorado, psicólogo: “Una persona que se siente valorada en su entorno laboral no vive el domingo por la tarde con la misma angustia que alguien que trabaja en un ambiente hostil”

ANNA CALPE      |      lavanguardia.com      |      21/06/2026

Integrante de la Junta Directiva de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés, Dorado analiza las causas de la popularmente conocida como “depresión del domingo por la tarde”

El domingo por la tarde, cuando el fin de semana empieza a despedirse y el lunes asoma, muchas personas experimentan una sensación de tristeza, apatía o inquietud difícil de explicar. Lo que para algunos es simplemente el final de unos días de descanso, para otros se convierte en un momento marcado por la ansiedad anticipatoria, el cansancio emocional y la preocupación por las obligaciones que están por venir.

“Si convertimos el domingo en un espacio de rumiación, llegaremos al lunes agotados antes de empezar”, explica Ismael Dorado, psicólogo y criminólogo, e integrante de la Junta Directiva de la Sociedad Española para el Estudio de la Ansiedad y el Estrés. En conversación con La Vanguardia, el especialista analiza las causas de este fenómeno, popularmente conocido como la “depresión del domingo por la tarde”, qué factores lo favorecen y qué estrategias pueden ayudar a afrontar el final del fin de semana con mayor bienestar y una actitud más positiva ante la nueva semana.

¿Por qué tantas personas se sienten mal el domingo por la tarde?

La llamada depresión del domingo por la tarde tiene mucho que ver con cómo gestionamos la frustración. Desde pequeños estamos más preparados para disfrutar de los buenos momentos que para aceptar que esos momentos también terminan. El domingo por la tarde anticipamos que el lunes comienza la jornada laboral o una nueva semana de obligaciones, y eso puede generar apatía, cansancio o tristeza. Sin embargo, deberíamos entenderlo de otra manera: el lunes también es el inicio del camino hacia otro fin de semana. Hemos disfrutado del descanso, de la familia, de los amigos o de estar solos, y ahora empieza un nuevo ciclo.

Además de esa tristeza o apatía, ¿qué otros síntomas suelen aparecer?

Uno de los síntomas más habituales es la ansiedad anticipatoria. Muchas personas pasan el domingo por la tarde pensando en todo lo que tendrán que hacer durante la semana, y eso les impide disfrutar de las horas de descanso que aún les quedan. También pueden aparecer problemas de sueño, dificultad para relajarse, irritabilidad o sensación de agotamiento antes incluso de que empiece el lunes. Es como una profecía autocumplida: pensamos tanto en el estrés que vendrá que terminamos generándolo antes de tiempo.

¿Por qué algunas personas lo sienten cada domingo y otras solo de forma puntual?

Influyen mucho la personalidad y la manera en que cada persona interpreta lo que le ocurre. Hay personas con una tendencia mayor al pensamiento negativo, a la anticipación de amenazas o a lo que en psicología se relaciona con el neuroticismo. No disfrutan tanto del momento presente porque su cabeza está siempre en lo que puede salir mal mañana. En cambio, otras personas viven el domingo como tiempo libre hasta que llega realmente el lunes. Deberíamos preocuparnos cuando esta sensación se repite cada semana, afecta al descanso, limita los planes o genera un malestar intenso que condiciona la vida personal y laboral.

¿Qué papel juega la satisfacción laboral en este fenómeno?

Juega un papel fundamental. Una persona que se siente bien tratada, valorada y cómoda en su entorno laboral no vive el domingo por la tarde con la misma angustia que alguien que trabaja en un ambiente hostil. Muchas veces se piensa que la satisfacción laboral depende solo del sueldo, pero también influyen las condiciones de trabajo, el estilo de liderazgo, el clima del equipo y la forma en que se organiza la empresa. Las empresas con mejor clima laboral suelen tener menos bajas, menos conflictos y más productividad. Cuando uno está a gusto en su trabajo, el lunes no se percibe como una amenaza.

¿Las redes sociales y la hiperconexión aumentan esta sensación de estrés antes de empezar la semana?

Sin duda. La hiperconexión es uno de los grandes estresores actuales. Creíamos que las nuevas tecnologías nos harían más libres, pero en muchos casos nos han hecho más esclavos. Antes existían límites más claros: no se llamaba a alguien a determinadas horas o durante sus momentos de descanso. Ahora recibimos mensajes, correos o notificaciones en cualquier momento, incluso durante los fines de semana o las vacaciones. Algunas empresas no permiten desconectar, pero también hay personas que no saben hacerlo. El famoso FOMO, ese miedo a perderse algo, nos mantiene siempre pendientes y nos impide descansar de verdad.

¿Cómo podemos acabar la semana con motivación para la siguiente?

Lo primero es no dar el domingo por perdido. El domingo también es fin de semana y puede ser un día magnífico para hacer planes tranquilos: pasear, ir al cine, leer, visitar un parque, tomar algo o simplemente descansar en casa. El problema no es quedarse en casa, sino hacerlo desde la sensación de derrota, como si el día ya no sirviera para nada. Conviene planificar actividades agradables y entender que el domingo puede ayudarnos a entrar en la semana de una forma más serena. No debería ser solo una transición hacia el trabajo, sino un día con valor propio.

¿Qué hábitos pueden ayudar cuando aparecen pensamientos negativos sobre la semana que empieza?

Otra herramienta muy sencilla es coger papel y bolígrafo. Escribir los pensamientos negativos ayuda a sacarlos de la cabeza y a verlos con más distancia. Después podemos cuestionarlos como si habláramos con otra persona: “¿Qué puedo hacer con esto? ¿Qué alternativa tengo? ¿Qué plan puedo proponerme?”. Los pensamientos negativos no se combaten solo pensando, sino también con acciones positivas. A veces, organizar la semana, establecer prioridades realistas o planificar alguna actividad agradable para los próximos días puede ayudar a reducir la sensación de agobio y recuperar la sensación de control.

martes, 14 de julio de 2026

Boris Cyrulnik, padre de la resiliencia: "Necesitamos héroes porque en sus luchas reconocemos las nuestras; en sus caídas, nuestros tropiezos; y en su renacimiento, la esperanza de poder cambiar"

 PABLO CUBÍ DEL AMO     |     cuerpomente.com     |     08/06/2026

El niño que llevamos dentro sigue admirándose en sus héroes. O puede encontrar otros nuevos y que van a ser importantes. El maestro de la resiliencia Boris Cyrulnik nos enseña que la esperanza puede estar en una película o en una biografía.

Los seres humanos no solo admiramos a otras personas por lo que hacen, sino por lo que nos permiten imaginar de nosotros mismos. Un niño que se engancha a Spider-Man, una adolescente que admira a una deportista que salió de un barrio difícil o un adulto que encuentra consuelo en la biografía de alguien que tocó fondo y volvió a levantarse tienen algo en común.

Todos ellos están haciendo algo más que entretenerse. Están ensayando posibilidades de vida. El profesor Albert Bandura lo explicó desde la teoría del aprendizaje social. No aprendemos únicamente por experiencia directa, también mirando a otros.

Así, la figura que admiramos nos hace de guía emocional. Nos muestra que hay una salida a las dificultades. “La mayor parte de la conducta humana se aprende observacionalmente mediante modelos”, confirma Bandura.

Los héroes a los que admiramos

Otro de los que ha abordado esta figura del modelo es Boris Cyrulnik, neuropsiquiatra, y padre del concepto de resiliencia. Antes de ser el pensador que popularizó la idea de reconstruirse tras un trauma, fue un niño marcado por la Segunda Guerra Mundial.

Su propia experiencia le sirvió para analizar cómo el ser humano puede combatir el sufrimiento y las dificultades. Sobre la figura del héroe escribió en un libro en 2016 titulado precisamente (Super)héroes. ¿Por qué los necesitamos?

Allí Cyrulnik desarrolla que los héroes nos importan porque han sufrido, han caído y han vuelto a levantarse. “Necesitamos héroes porque en sus luchas reconocemos las nuestras; en sus caídas, nuestros tropiezos; y en su renacimiento, la esperanza de poder cambiar”, escribe.

Se fija sobre todo en que los héroes que más triunfan no son inmaculados. Le interesan Tarzán, Marco, Oliver Twist, Batman o Superman, todos personajes heridos.

Un ejemplo de superación

Si repasas sus historias, estos personajes han pasado por una pérdida, abandono o una injusticia. Supermán es huérfano y expatriado en otro planeta. Batman perdió a sus padres, como Tarzán, Marco y Oliver.

Precisamente por eso, pueden acompañar simbólicamente al lector. La épica no está en no sufrir, sino en encontrar una forma de seguir viviendo después de la pérdida.

Esa idea enlaza con la teoría fundamental de Cyrulnik. La resiliencia no es hacerse invulnerable ni repetir frases optimistas. “Es iniciar un nuevo desarrollo después de un trauma”, explicaba.

Sin embargo, matiza que eso no depende solo de la voluntad individual. Hacen falta seguridad, tener buenos lazos de apoyo social y afectivo. Y haber tenido una educación adecuada.

Los héroes son mediadores

Por eso sus héroes no son ídolos esculpidos en mármol. Son mediadores. Ayudan a ordenar el dolor, a ponerlo en un relato y a imaginar un futuro. “Los necesitamos para construirnos cuando somos pequeños y también para repararnos cuando estamos heridos”, explicaba el psiquiatra.

No obstante, hemos de matizar la relación con estas figuras idealizadas. Cyrulnik dice que de niños necesitamos héroes porque somos pequeños e indefensos, pero que de adultos esa necesidad puede convertirse en signo de debilidad personal y social.

No es lo mismo inspirarse en alguien que entregar el propio criterio a un salvador. Ahí ese héroe deja de ser espejo y se convierte en dueño de nuestra voluntad. Delata una baja capacidad de decisión.

Ser adulto también es asumir nuestros retos. Precisamente por esa infantilización o por una realidad social complicada surgen los líderes políticos autoritarios, revestidos de esa aura de héroes.

Los tres papeles que juegan

La psicóloga Elaine Kinsella quiso analizar las funciones sociales y psicológicas que tienen los héroes.

Encontró tres papeles: protegen simbólicamente, elevan a las personas y sirven de modelos morales. Es decir, nos pueden dar una sensación de apoyo, orientación y mejora personal.

Otros estudios, como los de Scott Allison, también apuntan que las historias heroicas cubren necesidades cognitivas y emocionales como sabiduría, esperanza, inspiración y crecimiento.

La clave está en que el héroe no solo nos deslumbra con sus capacidades. También enseña cómo moverse cuando la vida se complica.

El viaje del héroe

La sociología, la filosofía y la literatura han estudiado cómo se construye el héroe. Casi todas las historias tienen una estructura narrativa similar.

El héroe sale de casa, atraviesa pruebas, desciende a una zona oscura y regresa triunfante y transformado. Esta estructura ha funcionado desde las primeras leyendas hasta la actualidad.

El escritor Bertolt Brecht, sin embargo, ya advertía, como apuntábamos, del riesgo de aplicarlo en política. “Desdichado el país que necesita héroes”, escribió.

La frase no niega el valor de la valentía, sino que alerta a las sociedades que delegan su responsabilidad en figuras carismáticas y providenciales. ¿Tengo que darte nombres?